05/06/2008
¿Seguimos usando amianto?
Por Antonio Elio Brailovsky
El asbesto o amianto es una sustancia peligrosa de muy amplia
difusión. Se trata de uno de los materiales para los
cuales la relación beneficio/riesgo es más desfavorable,
lo que ha llevado a prohibirlo en muchos países, entre
ellos la Argentina. En este caso, por resolución del
Ministerio de Salud de la Nación.
La asbestosis es una enfermedad grave y a menudo mortal, provocada
por la inhalación de fibras de este material, que se
clavan en los pulmones y los van dañando. Con frecuencia,
la asbestosis lleva al cáncer de pulmón. En numerosos
casos, en el momento en que se diagnostica, sus efectos ya son
irreversibles.
Marco Polo viajó por Oriente hacia el año 1200
y cuenta que en China hay minas de un mineral del que se hace
un paño, que si se arroja al fuego, no sufre combustión.
“Estos paños no los sacan blancos del telar, sino
que los arrojan al fuego y los dejan durante una hora en la
llama: entonces se tornan blancos como la nieve y no se chamuscan
por el fuego. Otro tanto se hace asimismo a la hora de limpiarlos,
pues no se les da otro lavado para quitarles las manchas”,
dice Marco.
El uso masivo del asbesto o amianto es una consecuencia directa
de la Revolución Industrial iniciada a mediados del siglo
XVIII y la generalización de la máquina de vapor.
Por primera vez en la historia, tenemos una civilización
basada en el uso masivo del fuego. Las máquinas de vapor
reemplazaron a los esclavos en muchas sociedades y la sociedad
se mecanizó hasta niveles nunca antes imaginados.
El espectacular crecimiento de las combustiones en miles y
miles de calderas generó incendios masivos como nunca
antes había ocurrido. Para evitar que los fuegos se hicieran
incontrolables, se hacía necesario contar con algún
material ignífugo, que permitiera disminuir los riesgos
generados por esa actividad fabril. El material estaba disponible
desde hacía muchos siglos, sólo que antes no era
necesario usarlo. La Revolución Industrial transforma
el amianto de una curiosidad en una materia prima esencial.
El amianto es incombustible, resiste temperaturas muy altas
(su punto de fusión es de 1.500 grados centígrados),
es inalterable por las bacterias, resiste a la electricidad,
no se gasta, es más sólido que el acero y además
es barato. Es decir, que es el producto que necesitaba la Revolución
Industrial.
Durante todo el siglo XX se generalizó su uso alcanzando
las mayores cotas en la década de 1970, a partir de la
cual ha disminuido drásticamente en los países
desarrollados debido a sus efectos sobre la salud de los trabajadores.
El silencio sobre los daños provocados por el asbesto
tiene que ver con la enorme cantidad de usos de esta sustancia
en la industria y en la vida cotidiana. Esto no significa que
el asbesto sea técnicamente insustituible. Significa
que la industria ha buscado muchos cómplices para crear
una trama de intereses que haga más difícil su
reemplazo.
El amianto, una vez inhalado, se instala en el pulmón
y es muy difícil de eliminar. El organismo moviliza contra
él su sistema inmunitario y una primera línea
de macrófagos. A pesar de todo, las fibras desencadenan
una fibrosis, un espesamiento de los pulmones que se va manifestando
poco a poco por una insuficiencia respiratoria y también
por alteraciones genéticas en las células de la
pleura y de los pulmones, que son causa del cáncer.
Las muertes por amianto se cuentan por miles en todo el mundo
y por ese motivo, la tendencia internacional es la prohibición
de esta sustancia y su reemplazo por otras de menor riesgo.
Sin embargo, el responsable de Salud Laboral y Medio Ambiente
de Euzkadi, Jesús Ilarramendi, señala que: “Hay
un pacto de silencio. La prohibición europea sobre el
amianto no evita que esté presente en nuestra vida y
entorno laboral”.
Para ver el grado en que esas normas se cumplen entre nosotros,
hicimos un ejercicio con las personas que realizan el Curso
de Postgrado de Cómo Organizar una Defensoría
Ambiental. Se trata de una actividad docente que realizamos
por Internet la Lic. Nélida Harracá y yo, en el
marco de Cursos Ambientales On Line y la Fundación Ambiente
y Recursos Naturales (FARN).
Les pedimos a los cursantes que registraran en el lugar en
que viven qué sabían sobre la prohibición
del amianto y que después intentaran comprar una plancha
de este material. En el caso de Argentina, como ha sido prohibido
por un organismo nacional, la prohibición debería
regir para todo el país. Los resultados nos muestran
que no hay ninguna razón para quedarse tranquilos una
vez que una sustancia peligrosa ha sido formalmente prohibida.
La acción ciudadana debe continuar para verificar si
esa prohibición se cumple.