¿OTRO CAFÉ TRADICIONAL
MENOS?
El inminente cierre de un bar tradicional
del Sur movilizó a parroquianos y simpatizantes dispuestos
a impedirlo. En una época de grandes cambios quieren
mantener inalterable un lugar de encuentro y memorias compartidas.
Se resisten a canjear el plástico y el acero del progreso
por la calidez de la madera y el café demorado en la
charla con amigos. Juntaron más de 14 mil firmas y apelan
a legisladores, funcionarios y jueces. Pero las leyes del mercado
podrían sepultar las ilusiones de estos porteños
nostalgiosos.
Movida vecinal para evitar el cierre
del Bar Británico
Por Eduardo Scirica
“No al desalojo!!! Los vecinos y amigos del “Bar
Británico” adherimos a mantener abierta esta casa
de San Telmo, con su tradición, su cultura y su incalculable
historia, que también es nuestra...” reza el texto
que los vecinos firman para evitar el cierre de un bar que integra
la lista de la Comisión de Protección de Cafés,
Bares y Confiterías Notables, de la Ciudad de Buenos
Aires.
–El bar representa toda mi vida. Hace 45 años
que estamos alquilando. Cuando vine en 1957 de un pueblito del
campo en La Coruña, la Argentina andaba muy bien. En
1960 alquilamos con mis dos socios”, dice Pepe Miñones.
Recuerda innumerables historias. En sus mesas Ernesto Sábato
escribió silenciosamente “Sobre héroes y
tumbas”. Entre tantas historias, una vez durante el conflicto
entre Azules y Colorados, se cruzaron los combatientes en el
bar Británico. Los militares querían que los comensales
se retiraran, pero los parroquianos no quisieron saber nada
y hasta terminamos atendiéndolos antes que se agarren
a los tiros a la salida, cuenta Pepe.
La historia del bar comenzó en 1928 y se le puso el nombre
porque en la zona vivían muchos ingleses. Durante la
guerra de Malvinas y en 1983, se llamó bar Tánico.
Es frecuentado por escritores, artistas, bohemios y vecinos
de la zona.
El Británico, ubicado en la esquina de Defensa y Brasil,
es un bar abierto todos los días las 24 horas. En los
fines de semana se suelen encontrar aficionados de ajedrez jugando
partidas contra reloj, dibujantes, poetas y escritores que se
acercan a ofrecer sus obras; vecinos que se juntan para debatir
acciones a seguir para solucionar distintos problemas del barrio,
intelectuales, artistas, bohemios y toda clase de personajes.
El proyecto de los locatarios es que el bar siga conservando
el mismo estilo, su identidad, tradición, historia y
costumbres. Como los tres socios son mayores y tienen algunos
problemas físicos, quieren que continúen con el
bar el hijo de uno de ellos y Carlos Encina, un mozo que atiende
a los clientes desde hace 23 años. El proyecto del dueño
es otro. Quiere darles a los locatarios -que pagan un alquiler
de 4.500 pesos mensuales- 20 mil pesos en indemnización
por todo concepto y vender al mejor postor. El último
contrato venció en diciembre de 2004. Cuando finalizó,
el dueño les ofreció un alquiler sin contrato,
de palabra, argumentando los vaivenes de la situación
económica del país. Después de más
de 40 años de trato, los gallegos aceptaron. En octubre
del año pasado el dueño los citó con un
escribano y firmaron unos papeles que en realidad posibilitan
el desalojo. En enero les avisó que el 31 de marzo se
tenían que ir.
–Todo tiene un principio y un fin. Cuando empecé
tenía 23 años, ahora casi 70. Aunque trabajo 8
horas, en un momento trabajé 12 horas diarias. Este bar
representa mi vida, toda una historia que quedó acá,
cuenta José.
“En esta hora decisiva, los vecinos y amigos del bar
nos estamos dando cita en sus mesas, a discutir la manera de
preserva este lugar histórico ubicado nada menos que
en el Casco Histórico fundacional de la ciudad de Buenos
Aires. Invitamos a toda la comunidad y a los visitantes extranjeros
que se acerquen a firmar, brindando así su apoyo para
la preservación y difusión de nuestro patrimonio
cultural y la conservación de nuestra identidad barrial”,
convocan los carteles publicados en el Bar Británico.
En sus mesas donde históricamente surgieron ideas,
proyectos, sueños e historias, se estudian distintas
estrategias para defender un espacio público que es un
símbolo de San Telmo y de la identidad de Buenos Aires.
Salvar un símbolo para conservar la identidad barrial
Las transformaciones urbanas de los últimos años
en San Telmo, están provocando cambios que atentan contra
la clásica identidad barrial. El tradicional mercado
de Defensa y Carlos Calvo, prácticamente pasó
a ser una manzana de anticuarios. La peluquería La Moderna,
que funcionó en Defensa 1148 atendida por los hermanos
Labore entre 1952 y el 2004, se convirtió en un lugar
de venta de cueros. El crecimiento del turismo también
implica la aparición de muchos bares y restaurantes con
precios dolarizados, el aumento en los alquileres de viviendas
y pérdida de lugares históricos por el aumento
del valor de la propiedad.
Es de esperar que San Telmo no se convierta en los próximos
años en una zona exclusivamente “fashion”:
un lugar presentado al turismo como Casco Histórico sin
lugares con historia; un barrio de folletos turísticos
o de visitas guiadas, porque cada vez cuente con menos vecinos
por los costos de la vivienda. Es de esperar que San Telmo no
termine siendo un barrio difundido como arrabalero sin rastros
de arrabal; un barrio de tango sin milongas, en el cual solo
subsistan las tanguerías for export; un barrio candombero
sin negros, un barrio tradicional de Buenos Aires sin símbolos
ni espacios públicos de encuentro.
E.S.
El sábado 1 de abril activistas opuestos al cierre del
bar Británico se dieron cita en el lugar. Era el plazo
fijado por el dueño para que “los gallegos”
entregaran las llaves. Hubo un “llaverazo” de los
amigos del bar que exibieron ruidosamente las llaves de sus
casas como símbolo del despojo que sentían. Finalmente
el propietario decidió suspender por ahora la toma de
posesión de su local y el bar sigue abierto. ¿Hasta
cuándo? No se sabe. La experiencia con otros bares notables,
como el Café de Los Angelitos en Rincón y Rivadavia
para citar uno, hacen suponer que las leyes del mercado terminarán
ganando la partida. La realidad es que por cada café
tradicional que cierra debe haber cinco franquicias Mac Donalds
dispuestas a abrir.
PRENSA Y PODER EN LA DICTADURA
Después de 30 años: canallas,
canallitas y canalladas
1ra. Parte
Por Ricardo Horvath para Red Eco Alternativo
Hay varias afirmaciones que definen al periodismo
en forma clara y terminante. Heinz Dieterich dice de la prensa
que son “monopolios de adoctrinación”, Antonio
Tabucchi asegura que se trata de “medios de convicción”,
Noam Chomsky entiende que los medios de comunicación son
una industria de relaciones públicas de la élite
industrial y política. Según Lenin, “la burguesía
entendía por libertad de prensa la libertad de los ricos
de publicar periódicos, el acaparamiento de la libertad
por los capitalistas, que condujo por doquier en todos los países,
sin exceptuar los más libres, a la venalidad de la prensa”.
Se puede argüir que la última se trata de una visión
parcial ya que proviene de un marxista. Sin embargo, son muchos
los empresarios capitalistas que confesaron públicamente
sus opiniones en forma coincidente.
Algunos ejemplos: a principios del siglo XX Karl Bücher definía
al periódico como un texto que se redacta para vender espacio
publicitario; Lord Nordcliffe, un magnate de la prensa inglesa
de la misma época, aseguraba que “Dios enseñó
a los hombres la lectura para que yo pueda decirles a quién
deben amar, a quién deben odiar y lo que deben pensar”;
Louis Molle, editor del Washington Daily, se preguntaba acerca
de quién disfrutaba de la libertad de prensa y se respondía
que eran “los propietarios de los periódicos y sus
semejantes”. W. A. Withe, que fuera presidente de la Asociación
de Editores de Estados Unidos, afirmó sin empacho que “el
periodismo era en otro tiempo una vocación elevada, hoy
es una industria, una inversión al 8% (...) la industria
del periodismo es un negocio y nada más”, en coincidencia
con Lord Thompson al reconocer: “Yo compro periódicos
para ganar dinero, y así poder comprar más periódicos
para ganar más dinero”. Con posterioridad, ya en
1965, el liberal alemán Paul Sethe escribía que
“la libertad de expresión es la libertad de 200 ricos
a difundir su opinión”. En los ‘80 el economista
y comunicólogo norteamericano Herbert I. Schiller era terminante:
“Hoy el imperialismo de los medios de comunicación
es indistinguible del imperialismo. Ahora incorpora una parte
vital de la economía, así como también la
esencia cultural del imperialismo”.
Ante la claridad del significado de la prensa y el periodismo
en la sociedad capitalista, nos preguntamos: ¿vale la pena
analizar lo que hizo la prensa desde 1976 o realizar algo más
práctico y simplemente reproducir algo de lo escrito por
entonces en lo que pasó a llamarse la prensa canalla?
Debe quedar en claro que tras la caída del régimen
militar la prensa y los periodistas canallas se transformaron
en voceros de la “democracia”, seres “objetivos”
e “independientes”. Al respecto una reflexión
de José Saramago: “Ningún trabajo es independiente,
y no se puede hablar de la independencia del periodista. Al igual
que en 1482 se llegó a la conclusión de que era
imposible la cuadratura del círculo, hoy se llega a la
conclusión de que es imposible la objetividad”.
Mensajes y mensajeros
Una situación que sale a la luz a raíz del trágico
incendio en el taller textil de Caballito es el destino final
de las prendas que se confeccionan en esos lugares. Según
José Orellana, un ciudadano boliviano que trabajó
en uno de esos talleres con mano de obra esclava, en ellos no
se fabricarían prendas “truchas” o imitaciones
de marcas conocidas. En declaraciones a una emisora radial Orellana
afirmó que en general la producción es para marcas
prestigiosas.
En los EE. UU. Nike, la conocida marca de calzado deportivo,
fue una de las varias empresas que enfrentaron un gran escándalo
cuando se dio a conocer que sus productos eran fabricadas en
el sudeste asiático en talleres que empleaban a niños
en condiciones infrahumanas.
En el transcurso de la concentración frente al palacio
municipal, la Urdimbre dialogó con un señor de
origen boliviano –cuya ropa y calzado permían inferir
que no era un obrero como la mayoría de los manifestantes–
quien dijo que las empresas han dejado de comprarle. Se trataba
efectivamente del dueño de un taller,
Pero –inquirió
La Urdimbre– ¿es cierto que los trabajadores ganan
60 centavos por cada camisa?
–Los que dicen eso no saben nada de confección,
respondió nuestro interlocutor. No saben, por ejemplo,
que hay quienes hacen cuellos, quienes ponen botones, quienes
cosen las prendas, etc. No se puede afirmar que una persona
gana 60 centavos por camisa.
–¿Cuanto gana
entonces?
–Hasta 40 pesos por día.
–Las denuncias indican
que no llegan a ganar ni $ 300 por mes. Además ¿es
cierto que los hacen trabajar hasta 18 horas por jornada?
–Nosostros a nuestros compatriotas bolivianos no les impedimos
trabajar las horas extras que quieran. Cuánto más
trabajan más ganan.
Queda claro que hay grandes marcas cuyas prendas tienen elevados
precios al público que medran con costos irrisorios de
producción. Algunos trabajadores que salieron al aire
acusan a “coreanos y judíos”. Según
nuestro entrevistado –quienes quieran que sean sus compradores,
cuya identidad no reveló– el taller está
parado por cancelación de los pedidos. Las empresas que
encargan las prendas habrían dejado de comprar tan pronto
como comenzaron las inspecciones a los talleres.
Dicho esto conviene aclarar que existe una gran producción
de prendas truchas o sea imitaciones de marcas conocidas que
se comercializan en lugares como La Salada. No necesariamente
esas prendas provienen de talleres que mantienen a sus trabajadores
en condiciones de servidumbre. La industria de la confección
de ropa es una de las que mayor cantidad de mano de obra descentralizada
tiene. Existen innumerables emprendimientos familiares que intervienen
en una o más etapas de la confección de prendas
y cuya única explotación son los precios que reciben
por ser el escalón más necesitado en la cadena
de producción.
Comunicado de Prensa
“La Unión de Trabajadores Costureros y la Alameda
sostiene que el trágico incendio es el fruto del trabajo
esclavo vigente en los talleres clandestinos que venimos denunciando
desde hace varios meses junto a la Defensoría del Pueblo.
En el taller de Luis Viale trabajan 25 personas que junto con
sus familias conformaban un grupo humano de cincuenta personas.
La jornada de trabajo era de 16 a 18 hs. diarias sin descanso.
Por el mísero precio de 0,80 centavos por prenda confeccionaban
vaqueros para la firma JD que tiene locales en la avenida Avellaneda.
Aspirando polvillo, expuestos a tuberculosis y anemia, los niños
estaban encerrados y literalmente enrejados en la planta alta
por orden de los dueños a fin de no «obstaculizar»
la producción. Victimas de trata, traídos mediante
engaños desde Bolivia con la promesa de un trabajo digno
los obreros y obreras son esclavizados ni bien pisan la Argentina.
Más de cien talleres han sido detectados y denunciados
por la Unión de Trabajadores Costureros desde octubre
del año pasado junto a la Defensoría del Pueblo
de la Ciudad, la Organización Internacional de Migraciones
y la Procuración General de la Nación, únicos
organismos del Estado que tomaron seria y responsablemente el
tema desde entonces. A fines de octubre la Legislatura porteña
votó un pedido de informes sobre el tema.
Durante diciembre y enero la Defensoría del Pueblo emitió
resoluciones instando al GCBA a cumplir con el tratado internacional
de asistencia a las víctimas de trata que obliga a los
estados miembros de la ONU a garantizar vivienda, alimentación,
educación, salud y planes de reinserción laboral
a las víctimas de trata. Sin embargo, hasta la fecha
hubo que lidiar con obstáculos increíbles para
que los costureros esclavizados tuvieran asistencia a la altura
del flagelo que padecieron y en muchos casos hubo que ayudarlos
con la OIM y otras organizaciones.
Exigimos que se cumpla el tratado de asistencia a la víctima
y se garantice la contención social a los miles de costureros
sometidos a la servidumbre. Que se permita el accesos a la documentación
masiva y gratuita. Que se confisquen las maquinarias de estos
talleres esclavos para que sean entregadas a las víctimas
a fin de que las trabajen en forma cooperativa como parte de
un plan de reinserción laboral en condiciones dignas.
Y advertimos que en la medida en que no se adopten medidas de
raíz contra estas mafias, tragedias como la del taller
de Luis Viale se seguirán repitiendo en diferentes barrios
de la Ciudad”.
Acoso a la Asamblea 20 de Diciembre
Por Daniel Giovaninni, Prensa Asamblearia,
03/04/06.
En la tarde de hoy se vivió en el barrio de Parque
Avellaneda, un acoso a la asamblea que funciona allí
desde hace cuatro años. El local de La Alameda, Directorio
y Lacarra, donde se desarrollan varios emprendimientos económicos
cooperativos y es sede de la Unión de Trabajadores Costureros,
tuvo que ser protegido, paradójicamente dada su historia,
por una nutrida guardia de infantería, celulares, un
carro hidrante y patrulleros.
Cuando Telerman salió a comunicar que se iba a combatir
a todos los talleres clandestinos poniendo en la misma bolsa
a los esclavistas, bolivianos o no y a los que tienen desde
hace años un proyecto familiar, sumó a muchos
hombres y mujeres a la movida organizada por aquellos que ya
están caracterizados como manipuladores de los ciudadanos
bolivianos, engañados en origen y traídos a la
Argentina para trabajar en condiciones de esclavitud. A estos
se agregaron los mismos sometidos a estas condiciones laborales,
atemorizados por la pérdida de techo y comida para sí
y sus hijos.
La consecuencia fue que se juntara un número considerable
de trabajadores textiles frente a la sede del gobierno porteño
desde el mediodía. Estos, luego se trasladaron hasta
La Alameda, en la esquina de Directorio y Lacarra, donde ya
estaba esperándolos desde las 16 horas, otro grupo.
Estos bolivianos ven a la Unión de Costureros como responsable
de la situación y de las denuncias. Tamara, miembro de
la Unión, nos dijo: ”Se nos responsabiliza por
las denuncias sobre las que se están haciendo los allanamientos
pero eso no es verdad. El gobierno se está manejando
con las denuncias hechas por vecinos. Nosotros tenemos una lista
de más de cien talleres clandestinos, pero no avanzamos
hasta que no se nos garantice que se les dará asistencia
a los trabajadores, documentos, máquinas y condiciones
de trabajo”. Recordemos que el sindicato elaboro un proyecto
de ley por el cual garantiza la expropiación de las maquinas
para ser usadas por los trabajadores damnificados
Se pudo observar entre los organizadores a dos periodistas
de la comunidad, Rolando Nogales, de la Página de Rolando
y Alfredo Ayala, de Estación Latina, ambos relacionados
con los talleristas esclavistas. Junto a ellos estaba Juan Carlos
Salazar Nina, quien tiene una causa abierta por reducción
a la servidumbre, que se tramita en el juzgado del Juez Oyarbide.
El número lo completaban aquellos que habían llegado
atemorizados ante la posibilidad de perder su fuente de trabajo
familiar.
Ambos grupos de bolivianos estaban aglutinados por lo que José
Schulman, representante de la Liga Argentina por los Derechos
del Hombre, señaló como “el clásico
discurso fascista que descalifica a alguien por lo que es, o
como en este caso, por lo que no es. Gustavo Vera no es boliviano
y esto ha despertado una clásica respuesta de cancha”.
Este discurso fue abonado por el Cónsul boliviano, Álvaro
González Quint, quien en el mes de noviembre dijera que
no hablaría con Vera por ser argentino. Esto motivó
una denuncia por discriminación por parte de la Unión
de trabajadores.
La manipulación discursiva por parte de los organizadores
hizo que las demandas de los congregados se centraran en hacer
quitar la bandera boliviana que flameaba en el lugar, así
como el cartel de la asamblea que tiene las banderas de Argentina
y Bolivia enlazadas y la pancarta de la Unión de Trabajadores
Costureros –sindicato recientemente creado a instancias
de muchos trabajadores que recuperaron su libertad y su voz–
escrito en letras amarillas y verdes.
De las condiciones de esclavitud o de los seis muertos encerrados
tras las rejas del taller de la calle Luis Viale, nada.
Historias de Vida: Los pibes chorros
VÍCTOR “EL FRENTE”
VITAL
Por Hugo Presman
Víctor corre con esas zapatillas que tanto le gustan
porque llevan la “V” de su nombre, hecha en la parte
que besa el suelo. Corre sacándole unos cuantos metros
a sus compinches, Luis y Coqui. Siente que el corazón
late con fuerzas por el esfuerzo de la corrida y por la adrenalina
que recorre su cuerpo cada vez que comete un robo. Y porque
a pesar que no es un novato en el delito, cierto estremecimiento
que no es miedo, sino preocupación, le seca la boca.
Sabe que la bonaerense se la tiene jurada. Va a entrar en los
laberintos de la Villa San Francisco, en San Fernando. Ese conglomerado
que atenta contra la arquitectura y la estética, que
tiene al norte la 25 y al sur La Esperanza, que ahora son barrios.
Antes de entrar ve que Luis lo sigue de cerca, pero a Coqui,
el cansancio le ha rendido sus piernas.
Los tres tienen 17 años. Víctor hace cuatro años,
que empezó con pequeños robos, luego perpetró
algunos de envergadura que le darían prestigio, hasta
este último que le habían aconsejado que no lo
haga porque la mueblería o carpintería, no era
muy precisa la información, tenía vigilancia privada.
Sin embargo, todo había salido bien aunque el botín
sólo servirá para que con la parte que le corresponde,
pueda llevar a Belén al Tropitango, o tal vez, si le
dan ganas a escuchar a Leo Matiolli que tanto le gusta. Ya está
adentro de los pasillos y se siente más seguro. Una sonrisa
le ilumina la cara, aunque sabe que la yuta lo viene siguiendo.
Mañana Crónica dirá, piensa Víctor:
“ Otro asalto de pibes chorros, que se ocultaron en una
villa”.
Mira el cielo y percibe que la lluvia acompañará
posiblemente su salida nocturna. Es el sábado 6 de febrero
de 1999 y Víctor, con Luis pisándole los talones
se meten en el rancho de Inés Vera. O en argot de los
pibes chorros, van a colar rancho
II
“Pibe chorro no se nace: se hace... La generación
de jóvenes que hoy son conocidos como pibes chorros son
casi todos niños de origen humilde, nacidos en la década
del ochenta y llegados a la adolescencia a mediados de los noventa.
Estos fueron años en los cuales las condiciones sociales
de los sectores populares sufrieron cambios notorios. Hasta
mediados de los setenta la pobreza en la Argentina había
sido predominantemente de transición...Es decir, la mayoría
de los pobres estaba en proceso de ascenso social y paulatinamente
iban abandonando su condición de carentes. Pero a partir
de mediados de los setenta y todos en los ochenta, esa tendencia
se revierte, la pobreza se vuelve estructural y se dispara un
proceso general de pauperización. En ese contexto, los
humildes pierden posibilidades de ascenso social, con lo cual
se estancan en su condición de carentes….Estas
transformaciones estuvieron ligadas a modificaciones del mercado
laboral.” *
III
Dos móviles policiales entran por la callejuela donde
los pasos de Víctor y Luis parecen que aún resuenan.
El móvil 12179 en los que van el Sargento Héctor
Eusebio Sosa “alias” El Paraguayo” y los cabos
Gabriel Arroyo y Juan Gómez. En el otro, el que lleva
el número 12129 van Ricardo Rodríguez y Jorgelina
Masón.
IV
“Para los hijos de marginados y desempleados-o de aquellos
que acceden a empleos inestables y de baja remuneración-la
calle, el grupo de pares o el tiempo libre sin ocupación
específica se vuelven espacios de referencia. Imposibilitados
ya de incorporar los valores tradicionales (porque han perdido
sus sentidos y sus referencias) muchos jóvenes comienzan
a generar nuevos sistemas de creencias, vida y cultura. Dado
ese estado de cosas-ante la falta de proyectos a largo plazo-la
violencia empieza a ser vista como una expresión del
coraje y la destreza física. Y se vive en una especie
de inmediatismo, entendido como la necesidad del disfrute repentino
e ilimitado en tiempo y espacio.”*
V
Inés Vera tiene esa solidaridad que teje las carencias
para sobrevivir. Las armas que recibe las tira detrás
de un ropero. El dinero lo esconde debajo del colchón.
La única habitación es pequeña y es difícil
esconderse si la cana finalmente entra en el rancho. Pero Víctor
y Luis saben que sin la tenencia de armas, si finalmente los
apresan, el tiempo entre la detención y la libertad,
será insignificante.
Víctor sabe que ahí en la Villa, tiene una red
implícita de protección. Muchos de sus botines
fueron repartidos entre todos. Como aquella vez que desvió
un camión de La Serenísima que permitió
que las familias, con pibes, es decir la inmensa mayoría
de San Francisco comieran yogur durante varios días.
Y otra vez que robaron un camión con camisas Lacoste
y las repartieron. El Frente no puede dejar de esbozar una sonrisa,
mezcla de complicidad y picardía, mientras susurra: “Parecíamos
todos chetos, loco”
VI
“Durante los ochenta los jóvenes con bajos niveles
de escolarización, posiblemente hijos de obreros manuales,
comenzaron a experimentar la imposibilidad de repetir la trayectoria
de sus padres. Vieron disminuidas sus opciones de encontrar
un trabajo estable, con una remuneración básica
que les permitiera cubrir sus necesidades y las de sus familias…..Probablemente
si encontraban trabajos eran en el sector informal, mal remunerados
sin estabilidad ni beneficios sociales.
… En conclusión: los hijos de estos jóvenes
directamente no conocieron en sus padres el modelo de estabilidad
laboral, dignidad personal y progreso social que predominó
en la generación de sus abuelos.”*
VII
Un extraño silencio es todo lo que se percibe
desde la puerta cerrada en el rancho de Inés Vera. Un
presentimiento empieza a provocarle desazón a Víctor.
Se mete bajo la mesa tapado por el mantel de hule que llega
hasta el piso. Su madre, Sabina Sotello había hecho lo
imposible para que abandone este recorrido que le advertía
terminaría en un reformatorio o en un cajón. Había
abandonado un trabajo tranquilo para convertirse, luego de un
curso, en vigiladora privada en un supermercado. Pensaba que
ese ejemplo iba a torcer el rumbo y el destino de El Frente.
Su hermano mayor, Pato, trabajaba también en un supermercado,
con turnos de 12 horas, en un cargo de supervisor. Su hermana
Graciana, casada, vivía en Pacheco.
El ruido de dos móviles rompe el silencio. Frenada brusca,
puerta de los vehículos que se abren y se cierran apresuradamente,
botas que golpean contra el piso.
El miedo estrangula la garganta de Víctor y Luis. La
realidad no es como en las policiales de la tele, piensa Víctor.
Ahí el protagonista nunca manifiesta temor. Ahí
el muchachito nunca muere. Ahí, la muchachita, María
su novia hasta hace pocos días, terminaría casándose
con él. Tal vez lo que está pasando no sea real.
Pero Luis que retrocede desde la puerta hasta la mesa, le demuestra
que no es un sueño y que los golpes contra la puerta
son el comienzo de la pesadilla.
VIII
“Fue durante el transcurrir de estos procesos,
que crecieron la mayor parte de quienes son definidos hoy como
pibes chorros. Es un marco en el que se quiebran las antiguas
estructuras laborales y familiares que habían organizado
la existencia de la mayor parte de la sociedad durante décadas,
al mismo tiempo que ciertas formas de consumo básico
también se tornan progresivamente inalcanzables…..Sabemos
por lo tanto, que quienes en la década de 1990 llegaron
a convertirse en pibes chorros tienen como rasgo compartido,
entre otras cosas, el haber sufrido desde su infancia desestructuración
y privaciones…En noviembre de 1999, los jóvenes
desocupados (de entre 15 y 24 años) duplicaban la tasa
nacional de desempleo alcanzando el 27%. Las cifras indicaban
también que el 40% de los jóvenes estaban bajo
la línea de pobreza. En el 2004, 6 de cada 10 jóvenes
eran pobres. *
IX
Mucho tiempo después, su madre Sabina Sotello,
trataba de recordar porque a Víctor, le habían
apodado El Frente. No había una definición precisa.
Sus amigos sostienen que se ganó ese apodo “porque
siempre iba al frente”. Contra la cana y contra aquellos
jóvenes de su generación o un poco mayores “que
no respetaban los códigos”. Esos que impiden robar
donde se vive o cobrarle peaje al vecino. Esos que le había
enseñado su “maestro” Mauro. El que conquistó
y sedujo en la cárcel a Nadia. El que le contagió
el sida a su gran amor. El que no ha vuelto a delinquir desde
el 24 de diciembre de 1996, cuando quedó en libertad.
Todo eso iba creando un halo heroico de Víctor. Mientras
la madre trabajaba, organizaba un comedor en la casa y traía
a la gente para que comiera.
Cristián Alarcón, autor del libro “Cuando
me muera quiero que me toquen cumbia. Vida de pibes chorros”
afirma: “El Frente podía donar lo que llevaba en
el bolsillo por la causa más incorrecta o más
loable para todos; no había distingos morales en sus
dádivas, en sus salvaciones cotidianas de la carencia
ajena, ni en sus regalos intencionados. El Frente daba lo que
tenía con un desapego que aún hoy, tal como lo
recuerdan los unos y los otros en la villa, parece haber sido
la bondad amoral de un niño pródigo”
Su madre sostiene: “Tengo un hijo que es un héroe,
ex combatiente de Malvinas. Otra hija por suerte bien casada.
La única oveja negra fue él. No tenía necesidad,
pero robaba para dar. ¿ Querías un yogur, queso,
te faltaba algo? Ahí estaba él. Yo nunca le acepté
nada. Lo sacaba cagando. Y busqué ayuda. Fui a un lugar
donde había tres psicólogos para 140 chicos. ¿A
quién van a curar así?”. Menos probabilidades
tuvo, cuando permaneció preso en la cárcel de
alta seguridad de Mercedes.
X
“El declive y la desagregación del mundo
de los trabajadores urbanos coinciden con un fuerte avance de
la industria cultural y de la influencia de los medios masivos
de comunicación en un mercado cada vez más globalizado
Esto cobra mayor relevancia si tenemos en cuenta que los jóvenes
pertenecientes a los sectores populares, a diferencia de sus
abuelos y en muchos casos de sus padres, han sido socializados
en un medio urbano. Así, aun en aquellos jóvenes
cuya situación es de mayor vulnerabilidad y desorganización
social y, en el límite, de anomia, las demandas de consumo
son las mismas que la de los jóvenes que provienen de
otros sectores sociales, con mayores oportunidades a la vista.”
**
XI
Una mujer policía y dos hombres, con sus pistolas en
las manos ingresan en el rancho. Héctor Sosa, “el
paraguayo”, patea la mesa con la punta de la bota, según
Luis, y un indefenso Víctor grita: “¡No tiren!
¡Nos entregamos! En esa habitación de dos por cinco,
se está cumpliendo el vaticinio de su madre. Víctor
intenta tapar el primer disparo, cruzando su mano sobre la cara.
Fue inútil, el balazo le destrozó el rostro, entrando
por la frente. Paradoja macabra. Cuatros balazos adicionales,
lo remataron. Luis, con un balazo que le rozó la cabeza,
se hizo el muerto, mientras la mitad del cuerpo quedaba en el
exterior de la casilla.
Al rato empezó a llover, y así siguió los
tres días siguientes. El martes, después de tres
días de demora entregaron el cuerpo y lo sepultaron en
el sector más pobre del cementerio de San Fernando, con
su ataúd cubierto con las banderas de Boca y Tigre. Dos
micros y un camión con acoplado transportaron a la gente
que acompaño sus restos, mientras disparos al aire le
pusieron acompañamiento musical a su despedida.
XII
La tumba de Víctor El Frente Vital está
colmada de presentes y pedidos. Chicas de la villa que le piden
que les arregle sus conflictos amorosos, o pibes chorros que
le ruegan que los balazos de la yuta no los alcancen. Juan Manuel
Mansilla, que tiene 15 años, dice que se curó
de una dolencia cardíaca rezándole al Frente.
El 29 de julio, día del cumpleaños del Frente,
la familia y los amigos organizan una enorme chocolateada para
los pibes de la zona, acompañado de juegos variados.
Han pasado siete años de su muerte. Héctor Sosa,
el policía que lo fusiló, estuvo excarcelado hasta
el momento del juicio, fue juzgado y absuelto. Su abogado Alejandro
Huici, también policía, hermano de otro policía
que fuera implicado en la causa AMIA, argumentó en su
alegato que los testigos mentían porque eran todos chorros,
sosteniendo por lo tanto que no eran testigos sino cómplices.
El Tribunal de San Isidro número 3 consideró en
la sentencia no probada la materialidad del hecho.
El 18 de mayo del 2005, Sabina Sotello al frente de otras madres
cuyos hijos fueron víctimas del gatillo fácil
policial, efectuaron un escrache en la casa del sargento Héctor
Eusebio Sosa, ubicada en Garín.
Algunas de las novias de Víctor, como María, Belén,
Laura, han seguido sus vidas formando parejas. Luis Rojas, el
compañero y cómplice de su última aventura
delictiva, está preso por otros robos.
XIII
El sociólogo Artemio López, de la consultora
Equis, cercana al gobierno, publicó el 29 de enero del
2006, una impresionante radiografía sobre un presente
dramático de la juventud argentina. Entre otros datos,
pueden mencionarse los siguientes: