La zona presentada –en la categoría
“Paisaje Cultural”– incluye el puerto, La
Boca, la Reserva Ecológica, el Centro Cívico y
el Casco Histórico, además de muchos sitios míticos
de Buenos Aires, y toda la urbanización comprendida entre
el río y la pampa. Mediante la categoría Paisaje
Cultural, la UNESCO reconoce aquellos casos donde la actividad
del patrimonio cultural tangible e intangible sirve como conector
entre la obra del hombre y la naturaleza.
La siguiente es una colaboración de marzo de 2005 de
Antonio Brailovsky , uno de los profesionales que trabajó
en el proyecto que la Ciudad presentó oficialmente a
la UNESCO este mes de marzo de 2007.
Como ustedes saben, algunos profesionales consideramos que
un sector de la Ciudad de Buenos Aires reúne las condiciones
necesarias como para ser incluido por la UNESCO en la Lista
del Patrimonio Mundial, en carácter de Paisaje Cultural.
De hecho, desde fines del año pasado, Buenos Aires está
en la Lista Tentativa de UNESCO, lo que significa que nuestro
país ya la propone para que sea calificada como Patrimonio
de la Humanidad, aunque todavía falta la confección
del dossier definitivo.
La discusión sobre los posibles méritos de Buenos
Aires tiene que ver con la evolución de lo que consideramos
como patrimonial. Al principio, lo valioso era solamente lo
que había sido creado por los europeos en sus propios
países (como el palacio de Versalles), lo que hicieron
los europeos en las colonias de ultramar (como el centro colonial
de Lima), o lo que se hizo recientemente, a imitación
de modelos europeos (como Brasilia). Y, por supuesto, alguna
cosa pintoresca de esas que existen en los países subdesarrollados,
como el Taj Mahal.
Esto hace que al revisar la lista de bienes que son Patrimonio
de la Humanidad, tengamos un exceso de muestras europeas y una
escasez de representaciones patrimoniales de países del
Tercer Mundo. Por ejemplo, si bien la Convención del
Patrimonio Mundial exige que un bien sea único y excepcional
para inscribirlo en la Lista, los franceses se las arreglaron
para declarar como Patrimonio de la Humanidad a siete catedrales
o grandes iglesias góticas, que son: Chartres, Mont St.
Michel, Amiens, Estrasburgo, Notre Dame de París, Reims
y Bourges. Todas ellas, por supuesto que con grandes méritos
artísticos, pero en este caso la UNESCO olvidó
que la Convención pide una sola. Si agregamos varias
iglesias góticas semejantes de Alemania, España
e Inglaterra, nuestra pequeña lista de duplicaciones
góticas europeas se engrosa bastante. En cambio, UNESCO
casi no tiene representadas las ciudades latinoamericanas que
se desarrollaron a fines del siglo XIX.
Se trata de poner en cuestión ese pensamiento eurocéntrico,
para el cual sólo lo que producen las metrópolis
es valioso. Al mismo tiempo, la noción de lo que consideramos
como patrimonial ha ido variando, tanto en lo que hace al patrimonio
natural como al patrimonio cultural. Al principio, lo patrimonial
era solamente lo hermoso, y esa belleza estaba medida con los
ojos de la cultura europea. Cuando el perito Francisco P. Moreno
donó las primeras tierras en la zona del Nahuel Huapí
para hacer un Parque Nacional, puso el acento en la belleza
paisajística del lugar, para que fuera apreciada por
las generaciones futuras. Y durante décadas, las comparaciones
con los paisajes de Suiza fueron inevitables.
Pero hoy tenemos un Parque Nacional en Lihuel Calel, que protege
un ecosistema mucho menos escenográfico, pero que sin
embargo merece ser protegido. Esto ocurre porque quienes trabajan
con el patrimonio natural aprendieron que no existen ecosistemas
de primera y ecosistemas de segunda, en función de que
unos son lindos y otros son feos, sino que los criterios de
protección deben ser más amplios y complejos.
Las personas que trabajan con el patrimonio cultural están
aprendiendo lo mismo. Se está poniendo el acento en la
excepcionalidad de una obra o de un paisaje, antes que en su
parecido con aquellas cosas que la cultura oficial califica
como bellas. Una mirada despojada de prejuicios puede hacernos
valorar a Buenos Aires por lo que es, y no por lo mucho o poco
que pueda parecerse a París.
• Buenos Aires es el punto de encuentro entre el Río
de la Plata y la pampa. Es la única gran ciudad del mundo
que se encuentra a orillas de un río del cual no puede
verse la otra orilla. La característica de paisaje marino,
pero de agua dulce, tiene un carácter de excepción.
• Al respecto, vale la pena superar ese lugar común
que define a Buenos Aires como “la ciudad de espaldas
al río”. Se trata de una expresión de Le
Corbusier, quien quedó muy molesto cuando nuestra Municipalidad
le rechazó el absurdo proyecto (formulado en 1939) de
construir una serie de islas artificiales sobre el río
para llevar allí la Bolsa de Comercio y la City bancaria.
Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Buenos Aires
ha existido en función del río y su puerto ha
marcado el ritmo de su vida a través de los siglos. Por
algo sus habitantes se llaman a sí mismos porteños.
Sólo que esa relación con el río ha sido
diferente que la que podría haber surgido de tener una
avenida costanera tradicional, como ocurre en Montevideo o Mar
del Plata.
• Buenos Aires tiene un intenso uso portuario de su ribera,
pero además esa costa es un fuerte determinante de la
identidad de los porteños. En muchos sitios se recuerda
que “los argentinos descienden de los barcos”. Esa
identidad diversa, resultante de la mezcla de innumerables identidades
diferentes, tiene, también, una característica
cultural única. A menudo pedimos a nuestros visitantes
del exterior que revisen una guía telefónica de
la ciudad y se asombran de la diversidad de orígenes
de los apellidos. O los hacemos caminar por la calle Libertad,
entre Tucumán y Córdoba: allí pueden ver,
juntos, un teatro de tipo italiano, una sinagoga y un teatro
de tipo español.
Esta heterogeneidad tiene mucho que ver con la enorme vitalidad
cultural de la ciudad. ¿Somos capaces de ver lo que implica
lo que tenemos delante de los ojos todos los días?
• Buenos Aires es la única gran ciudad del mundo
que tiene una costa móvil a lo largo del tiempo. Esto
se vincula con un fenómeno geológico también
excepcional, que es la enorme capacidad de sedimentación
del Río de la Plata. Así, el río está
continuamente creando nuevas islas junto a la costa, o ampliando
su playa. La ciudad ha avanzado a lo largo de los siglos sobre
ese espacio de oportunidad, creyendo “ganarle” al
río las tierras que el propio río iba construyendo.
• En las demás ciudades del mundo, la mirada del
arqueólogo es vertical. Necesitamos cavar para descubrir
las diferentes etapas históricas de ese asentamiento.
En Buenos Aires, en cambio, la mirada es horizontal. Las etapas
históricas pueden verse por la distancia de las diferentes
construcciones a la barranca del Río de la Plata correspondiente
al momento de fundación de la Ciudad. Que es, recordemos,
la que nace en Parque Lezama y después toma Paseo Colón,
Casa de Gobierno, Leandro N. Alem, Plaza San Martín,
Libertador, Luis María Campos, etc., hasta terminar un
poco más allá de la Catedral de San Isidro. En
esas tierras posteriores a la fundación de la ciudad,
encontramos testimonios de diversos momentos de la historia
de los últimos siglos. Allí vemos las ruinas de
la antigua Aduana y su actual edificio, el viejo Puerto Madero,
el Correo Central, el Ministerio de Defensa y el de Agricultura,
las terminales ferroviarias de Retiro, las facultades de Derecho
e Ingeniería de la UBA, Ciudad Universitaria, las grandes
torres de Catalinas Norte, el nuevo Puerto Madero y la Reserva
Ecológica. Esa barranca puede llegar a ser la columna
vertebral del espacio que se define como patrimonial.
• Buenos Aires es la única gran ciudad del mundo
que tiene, a pocos metros de su centro histórico, ecosistemas
semejantes a los que existían cuando se fundó
la Ciudad. Basta con pensar a qué distancia de la catedral
de Notre Dame o de la torre Eiffel pueden encontrarse ecosistemas
semejantes a los que vieron los romanos cuando fundaron Lutetia,
en la Isla de la Cité. O a qué distancia de la
Plaza San Pedro hay ecosistemas semejantes a los que vieron
Rómulo y Remo al fundar Roma.
• La existencia de la Reserva Ecológica Costanera
Sur adquiere, así, un nuevo sentido de excepcionalidad.
No porque lo sea en sí misma. En realidad, es un humedal
como pueden encontrarse muchos en otros sitios. Pero su relación
con Buenos Aires la hace única y excepcional. Mucho más,
cuando destacamos que se trata de una reserva ecológica
artificial, sin equivalentes en el mundo.
De este modo, el paisaje porteño tiene características
excepcionales que surgen de su relación peculiar con
el Río de la Plata. Por eso, la postulación a
la UNESCO toma como columna vertebral la relación entre
la Ciudad y el río.
La categoría elegida tiene mucho que ver con esa relación,
ya que se la propone como Paisaje Cultural. La UNESCO los define
como “una obra conjunta del hombre y de la naturaleza”.
Esto permite introducir la concepción ambiental en los
temas patrimoniales, ya que los ambientalistas entendemos que
la naturaleza y la cultura no pueden comprenderse de un modo
separado. ?