El responsable oficial del Parque Tres de Febrero,
emitió una resolución prohibiendo la oferta de
sexo en el Rosedal. La zona es frecuentada por unos 200 travestis
y unos 3000 clientes todas las noches. La medida resultó
efímera, no llegó a ponerse en práctica.
A García Elorrio lo desautorizó su jefe, mientras
los travestis se aprestaban a manifestar frente al Palacio de
Gobierno.
Pero el conflicto hizo aflorar un tema que había tenido
un primer capítulo protagonizado por los travestis y
vecinos de la calle Godoy Cruz y en un contexto más amplio
la cuestión de oferta de sexo en el espacio público.
En el 2005 los travestis se mudaron al Parque Tres de Febrero,
zona en la que no hay iglesias o escuelas en un radio de 200
metros como marca el Código Contravencional de la Ciudad.
La decisión de no innovar se confirmó el lunes
23 tras una protesta que organizaciones de travestis realizaron
frente a la Jefatura de Gobierno y de los duros cuestionamientos
tanto del titular de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA),
César Cigliutti, como de la de la Defensora del Pueblo
de la Ciudad, Alicia Pierini, entre otros.
El ministro de Medio Ambiente del Gobierno de la Ciudad, Juan
Manuel Velasco, recibió a los representantes de la Asociación
de Travestis, Transexuales y Transgénero y comunicó
que se suspendía la aplicación de la resolución
firmada por el subsecretario de Áreas Protegidas, Javier
García Elorrio (según Marcelo A. Moreno en Clarín
del 25/07, el “funcionario municipal que quiso anticiparse
al sentimiento de Macri e intentó limpiar –¿étnicamente?–
al Rosedal de travestis”. En la reunión se acordó
crear una Mesa de Diálogo para consensuar medidas de
protección para el área.
“En la mesa de diálogo vamos a proponer que el
Estado escuche nuestras demandas concretas”, sostuvo Lohana
Berkins, titular de la Asociación de Lucha por la Identidad
Travesti y Transexual (Alitt) en declaraciones al matutino Página
12. “Que reconozca nuestro derecho a la vivienda, al trabajo,
a la salud, que no use el propio Estado estos debates hechos
para la televisión, que no estigmatice. Es una forma
absolutamente violenta, nos desconoce como ciudadanas, y nos
trata como si fuéramos la peor escoria.”
El macrismo, a través de Martín Borrelli, adelantó
la posición del PRO en la Legislatura al afirmar que
el Rosedal no es un lugar compatible con la oferta de sexo.
“Es cierto que se tolera la prostitución a más
de 200 metros de casas, templos y escuelas –afirmó
el legislador–pero la ley también dice que el Estado
puede declarar áreas no autorizadas para ello. En el
Rosedal se llegó a una situación de abuso, parece
un prostíbulo a cielo abierto. Cuando asumamos el Gobierno
evaluaremos soluciones”.
Los gatos de Palermo
Quienes ejercen el oficio en la vía publica, sean transexuales
o prostitutas, son en general personas de escasos recursos para
quienes el comercio sexual es en realidad una salida laboral
con escasas alternativas de sustitución. Pero, en el
ramo hay un nivel superior: los “gatos”. Sobre un
caso en particular discurre Ernesto Magneto en una nota aparecida
originalmente en el medio colega palermonline.com.ar:
Palermo tiene muchas historias. Muchos paseos, monumentos y
edificios refinados. Es uno de los barrios más atractivos
de nuestra ciudad. Muchos turistas acuden atraídos por
sus hermosas calles. ¿Pero por qué negar otro
de sus atractivos? Los gatos. Y no precisamente los que están
en el botánico.
Es que si uno se dedica a recorrer el consabido rubro 59, el
de las ofertas de sexo, podrá constatar que muchas de
las características telefónicas pertenecen a Palermo,
y, a diferencia de otros barrios como el Centro o Constitución,
los “pisos” de nuestro vecindario son en su inmensa
mayoría de categoría alta o media alta, pues en
este tipo de producto, sin duda, existe también una oferta
y una demanda.
Y lo que cuesta, vale. Como en el truco. Y para acceder a ellos
hay que ir como mínimo con un ancho de bastos. Además
de estar al palo. Prohibidos o no, los “gatos” forman
parte de la realidad humana desde tiempos inmemoriales, no por
algo se la denomina la profesión más antigua del
mundo.
Y es así. Por diversas razones, se acude a ellos. Algunos
no quieren pasar por el proceso de levantarse una mina. Otros
no pueden. Algunos están casados y no pueden correr riesgos.
Son múltiples las razones. Pero hay una simple verdad.
Si existen, por algo será. Y los hay para todos los estratos
sociales.
Palermo es uno de los barrios más caros, de mayor categoría,
y por lo tanto sus “pisos” también tienen
mujeres de categoría, en edificios a veces suntuosos,
con hermosos departamentos que tan caro cuesta mantener, y tocar
el portero eléctrico en cualquiera de ellos suele ser,
de por sí, una experiencia plagada de adrenalina. Para
que negarlo. La espera, percibir quien baja a atendernos, y
la aventura de entrar al departamento, suele ser un viaje especial,
tan lleno de aventura e incertidumbre.
Al constatar telefónicamente el precio, uno ya sabe
con quien puede encontrarse. Y generalmente no hay tantas sorpresas.
Si el precio se eleva por encima de los 150 pesos, no puede
haber sorpresa alguna.
Casi con seguridad la mujer esperada, casi nunca por encima
de los 25 años, tendrá un buen cuerpo, un buen
trato y hasta un cariño ficticio pero bien actuado, cuando
no hasta una profesión o estudios insospechados.
Todo esto permite que esa hora de “amor pasajero”
sea una experiencia algo más “dulce” que
otras repetidamente denigrantes. Pues al fin y al cabo, cuando
la adrenalina pasa, y el desahogo (para ser algo elegante) es
inevitable, muchas veces uno se pregunta si volvería
a repetir la experiencia. Porque claro que todo es pasajero.
Pero los orgasmos son una especie de esencia o extracto de aquella
metáfora.
Sandra, su “nom de guerre” , trabaja a la salida
de la Facultad de Psicología, donde estudia hace tres
años, unas seis horas por día en un coqueto departamento
de la calle Arenales. Es moderna, tiene buen léxico y
sabe que cuanto más dulce sea, mas repetidamente la visitarán
sus clientes. Y levantarse 900 a 2500 pesos diarios, luego de
todos los gastos, no muchos lo pueden hacer.
Además de estudiar va al gimnasio y hasta no hace tanto
concurría a un Estudio Pilates de una renombrada marca,
claro que nadie la conoce por esos lares.
Y vista desde afuera, parece una de esas mujeres tan paquetas.
Pero en la intimidad Sandra se transforma. Y además tiene
novio. Otra historia de Belle de Jour.
Cuando termine su carrera, dice, dejará de ser “gato”.
Tendrá un consultorio. El tiempo lo dirá.
Pero por ahora viste sexies tacos altos, ropa de marca que
se quita suavemente, y por debajo una lingerie casi transparente
que acompaña sus curvas. Su cuerpo es sensual y lo sabe.
También hace “domicilios”. Pero eso tiene
otro precio.
Cuando recibe en su “piso”, previo llamado, su
departamento luce limpio, casi tan perfumado como ella, con
un aire a saumerio, y entre claroscuros recibe a sus clientes
y les brinda además de su cuerpo y su cariño horario,
algún vaso de whisky de renombrada marca.
Un equipo de audio o una televisión, para quien desee
ver alguna otra cosa que Cartoon Network, son el complemento
inevitable para que los clientes vuelvan y la recomienden.
Usa sus talentos para que ellos se queden más de la
media u hora pactada. Y así, pasa sus horas hasta que
sale a la calle para volver a su casa, donde aún vive
con sus padres.
Ellos piensan que trabaja de secretaria en un consultorio y
de alguna forma lo es.
Aunque a veces también le piden que se vista de colegiala
o enfermera. Sus clientes, claro. Todas las fantasías
todas. Sandra vive en un mundo de fantasías, al igual
que sus padres. Al igual que sus clientes que fantasean con
un levante así pero real. Es que al fin y al cabo, la
vida es sueño, sólo que éste sale algo
más caro.