
CALESITAS PROTEGIDAS
Si bien su origen es bastante incierto, se cuenta que en 1648
un viajero inglés que recorría Constantinopla
descubrió un entretenimiento al que los pobladores del
lugar llamaban “maringiak”: un enorme plato de madera
con caballos del mismo material que giraba sobre sí mismo.
A este descubrimiento parece atribuirse el origen del juego,
aunque la etimología de su nombre —calesita, carrousel,
tiovivo— recorrió otros caminos.
Se cree que el invento llegó a Europa en 1673, cuando
Rafael Folyarte registró la primera patente de una calesita
en Inglaterra. La bautizó “merry go round”
(o “vueltas alegres”).
Como quiera que sea la primera calesita que recaló en
Buenos Aires se instaló entre 1867 y 1870 en el barrio
del Parque, que quedaba entre lo que hoy es el Teatro Colón
y el Palacio de Tribunales.
“Las actuales calesitas de Buenos Aires son un poco más
de treinta, la mayoría están instaladas en plazas
y fueron construidas por Sequalino Hermanos. Algunas de ellas
son muy conocidas, como la del Parque Lezama, comandada por
el orensano Ricardo Borrajo, especie de hombre orquesta, que
como todo calesitero, vende los boletos, reparte caramelos,
y lo que es más importante: se ocupa de la sortija. La
sortija se introdujo en la calesita durante los años
30, época en la que solía encontrarse a calesiteros
nómades, que armaban sus calesitas en cualquier potrero,
donde permanecían un tiempo y luego se mudaban a otro
sitio” (Dirección de Patrimonio, GCBA).
Una ley resguarda las calecitas y carruseles
Una ley de la Legislatura porteña sancionada en estos
días crea un “Comité para la Defensa y Fomento
de las Calesitas y Carruseles de la Ciudad de Buenos Aires”,
en el ámbito del ministerio de Cultura. La integrarán
un representante del ministerio, uno por cada una de las comunas
y dos por cada una de las organizaciones que agrupan a los propietarios
y poseedores de calesitas. El comité se encargará
de la realización de inspecciones a las calesitas y carruseles
a fin de determinar su estado y la manera de atender su protección,
conservación, restauración y mejoramiento, así
como la confección de un registro de todas las calesitas
y carruseles existentes en las plazas, parques, paseos y demás
espacios públicos de la Ciudad de Buenos Aires.
La ley fue sancionada por la Legislatura porteña el
29 de noviembre. Unos días antes los calesiteros tuvieron
otro motivo para celebrar: el Gobierno porteño les renovó
los permisos precarios por tres años más con opción
a otros dos a los encargados de 30 calesitas ubicadas en espacios
públicos. Deberán pagar un canon de $ 200 por
mes y se comprometen a abrir sus calesitas todos los días
durante un mínimo de seis horas. Las vueltas serán
de al menos tres minutos y el precio no excederá de $
1.
Las calesitas en la Comuna 4
En los cuatro barrios que conforman la futura Comuna 4 (Boca,
Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya) hay otras tantas
calesitas, siempre y cuando se adjudique a La Boca, la de Parque
Lezama. Las otras son la de Don Pepe, en Barracas, la calesita
de Antonio en la plaza Fray Luis Beltrán —Iriarte
y Luzuriaga— también en Barracas y la calesita
Pedrito, en la plaza Pompeya, en avenida Sáenz, Traful
y Ochoa.
La calesita de Don Pepe
“José Sciarotta ubicó su calesita en Aristóbulo
del Valle y Herrera en 1944, su vida fueron los chicos y la
calesita: ’Yo siempre abro la calesita aunque sea por
un chico, porque un niño en la calesita es un niño
que no está en las calles’. Allí él
regalaba pelotas de fútbol, muñecas y juguetes
cada día del niño y cada 7 de marzo, fecha en
que Don Pepe cumplía años” (lascalesitas.com.ar).
Debido a la construcción de la autopista 9 de Julio
Sur, la calesita de Don Pepe, desapareció por un tiempo,
hasta que —una vez finalizada la autopista— se instaló
en el mismo lugar que ocupaba antes. Don Pepe falleció
en 1998.
“Hace 60 años, la plaza ya era Don Pepe. Con la
barra decíamos ‘vamos a la placita de Don Pepe’
y fuimos los pibes los que le pusimos su nombre a la plaza.
Ya en aquella época Pepe era conocido por el barrio y
recibía a todos los pibes dándole juguetes o caramelos”
(Jorge Bitar, vecino citado por Sur Capitalino en la nota “El
Papá Noel de Barracas”, a nueve años de
su muerte).
La calesita de Don Pepe enmudeció también. Según
declaraciones del empleado municipal encargado del Polideportivo,
dejó de funcionar hace alrededor de un año y desde
entonces permanece ociosa. Las razones estarían relacionadas
con seguros de accidentes que no se concretan por causas burocráticas.
La calesita de Antonio
En la plaza Fray Luis Beltrán, hace 38 años que
Antonio Cid atiende su calesita cuya fabricación se remonta
a 1897. Antes estuvo en la calle Alvarado, frente al Club Pereyra.
“El primer dueño fue Beto Carbonari, boxeador y
actor de cine, que hoy —si vive— debe tener unos
97 años” rememora Antonio en charla con La Urdimbre.
“Hace cinco años apareció por aquí
y se quedó mirando un rato largo, antes de darse a conocer”
agrega.
En el recorte de una entrevista pegado en la cabina de mando,
Antonio responde a la pregunta ¿Que caracteristicas debe
tener un calesitero?. Leemos: “La principal es que te
tiene que gustar mucho lo que hacés, este es un trabajo
que no tiene feriados, francos ni fines de semana, son 365 días
del año. Mucha paciencia, los cinco sentidos siempre
atentos, a los chicos hay que cuidarlos, tener mucha precauciòn
para evitar cualquier accidente”.
Nos estamos despidiendo de Antonio prometiendo acercarle ejemplares
de la revista (la foto central de tapa terminó siendo
una instantánea de una pequeña habitué),
cuando se aproxima una vecina con una botella envuelta para
regalo: “Por el Día del Calesitero” dice
mientras se la entrega y pide disculpas por la demora.