El televisor de los sueños
Por Hugo Presman
Tengo un televisor que transmite los sueños. Que trae
imágenes del futuro. En colores. Con mucho verde esperanza.
Ayer mi televisor enloqueció. Aparecieron imágenes
de un acto en Casa de Gobierno. Con la presencia de los presidentes
Lula, Evo, Duarte, Chávez, Correa, Kirchner y Cristina
Fernández. Y mucha gente especialmente invitada. Era
por el lanzamiento del Banco del Sur. Un sueño. Una locura.
Una utopía. Claro que para verlo hay que tener esta excentricidad
que es el televisor de los sueños. Que trae al presente
imágenes entrevistas en las utopías juveniles.
Con gente vitoreando “Patria si Colonia no.” Si,
ahí mismo donde hace apenas una década se proclamaban
las relaciones carnales, la idea de la colonia próspera
entrando de rodillas al primer mundo. Donde se llegó
a importar caca francesa. Ahí donde se aplaudía
aquello de “ramal que para, ramal que cierra”. Ahí
donde hoy están sentadas las Madres y Abuelas de Plaza
de Mayo, se promulgaban las leyes de la impunidad y el indulto.
Entre el público alcanzo a avizorar a muchos de los
que aplaudían lo contrario de lo que hoy se hace. Por
la humedad de los ojos alcanzo o imagino leer una frase de Marx:
“ En la historia, como en la naturaleza, la podredumbre
es el laboratorio de la vida”.
Está hablando Evo. En su voz y en su piel está
buena parte de la historia de las venas abiertas de América
Latina. Dice entre otras cosas que el Banco del Sur debería
dar paso a la creación de una moneda única sudamericana.
Luego pasa al atril Lula. Cuenta la historia de cómo
se gestó el Banco del Sur. De cómo se afianzó
la relación entre Argentina y Brasil. Dice de pronto:
“No existe la posibilidad de salidas individuales”.
Me parece ver en el público que Simón y José
se agarran de las manos con José Gervasio y Francisco.
Debe ser una interferencia del pasado en estas imágenes
del futuro. Sigue Lula: “O resolvemos la asimetría
en la región, con una política diferenciada para
países como Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay, o la
integración será solo parte de los discursos”.
Me acerco más al televisor. Lula dice: “Evo es
lo más extraordinario de lo que no ha sucedido en Sudamérica.
Nadie refleja más que él, la cara de Bolivia”.
Otra vez una interferencia. Es la imagen de Sucre que sonríe.
Ahora en el atril está Rafael Correa, el presidente
de Ecuador. Un economista. Que saluda a las madre s y abuelas
de Plaza de Mayo y recuerda lo que significó su lucha
para los latinoamericanos Que explica desde este lado del mostrador
que no estamos viviendo una época de cambio, sino un
cambio de época. Arturo sonríe debajo de su frondoso
bigote y sus ojos de paisano pícaro se iluminan. Rodolfo
y Juan José se dan las manos. Dice Rafael, después
de citar un par de veces a Bolívar “Tenemos que
terminar con la dependencia financiera” y explica clara
y académicamente que la autonomía del Banco Central
de Ecuador le impedía a los ecuatorianos fijar la política
monetaria pero eso no era obstáculo para que FMI tuviera
hasta hace poco sus oficinas dentro del Banco Central, ahí
donde para los ecuatorianos el acceso era limitado. Sostuvo
la necesidad de crear un Fondo del Sur integrado por las suma
de las reservas internacionales de los países de la región
tienen depositadas en las naciones del primer mundo, para que
sirvan al desarrollo de la región. “Son 250.000
millones de dólares” estimó. El dinero de
nuestros pueblos facilita la prosperidad de los pueblos del
primer mundo. Concluye diciendo “Hasta la victoria siempre”.
Me parece que este televisor de los sueños los exagera
hasta hacerlo increíbles. ¿Quién ha escrito
este libreto futurista? Este sueño de los setenta sepultado
por la derrota y las tragedias consiguientes. ¿Ray Bradbury,
George Orwell, Jorge Luís Borges? Si en esos asientos,
apenas ayer, descansaban sus posaderas Fujimori, Salinas de
Gortari, Henrique Cardoso, Jorge Batlle, Sánchez de Losada.
Ahora en el atril está Nicanor Duarte Frutos. El Presidente
paraguayo sostiene: “El Banco del Sur abre un proceso
de emancipación financiera, nos abre el camino de la
liberación política”. Luego se extiende
sobre conceptos de Rousseau sobre que sin igualdad toda libertad
es ficticia.
Ahora en el atril está Hugo Chávez. Dice que
va a ser breve después de haber escuchado todos los excepcionales
discursos que le antecedieron. Nadie le cree que eso sea posible.
El venezolano es un orador atrapante. Empieza recordando el
nuevo aniversario de la batalla de Ayacucho. Y hace un relato
literario impecable con precisión histórica. Cuenta
que ahí se juntaron los latinoamericanos de las distintas
regiones, se pusieron el uniforme, formaron un único
ejército que era nada menos que el pueblo en armas y
dieron la batalla definitiva. Cita a Bolívar, a San Martín,
a Perón, y no se priva de comentar que integran una misma
línea histórica. Cuenta la trágica historia
de los libertadores traicionados por las respectivas oligarquías
que terminaron asesinados o en el exilio. Que es eso lo que
produjo que una sola nación concluyera en 20 republiquetas.
Por un momento lo veo a Jorge Abelardo Ramos aplaudiendo desde
su silla. Ese moreno fascinante parece la reencarnación
del discurso del “Colorado”, autor de “América
Latina: un país” que luego la reelaboró
con el título de Historia de la Nación Latinoamericana”.
Recuerdo su frase que tantas veces he repetido: “Somos
argentinos por que fracasamos en ser latinoamericanos.”
Es demasiado. No se puede tener una sobredosis de sueños.
El sonido trae la consigna: “Patria si, Colonia no”.
Néstor Kirchner está ahora en ese atril que sus
adversarios aborrecen. Cuenta la anécdota cuando se encontró
por primera vez con Lula. Viajó en un avión alquilado,
con un 22% de apoyo y con la incertidumbre si Menem le iba a
dar o no la posibilidad de ir al balotage. Lo acompañaban
integrantes de carrera del cuerpo diplomático que lo
alertaban sobre el peligro de Brasil y el de luchar por la hegemonía
en el continente. Kirchner ridiculizó las posiciones
de sus acompañantes como las rémoras de un pasado.
Ese donde se consumó la balcanización. Le cedió
el atril a Cristina Fernández, quién elogió
los procesos abiertos por cada uno de los presidentes presentes
y en especial a Hugo Chávez. Y en un momento dirigiéndose
a Lula le dijo (No es textual, es un sueño, pero sin
lugar éste es el sentido): “Los argentinos, brasileros
y uruguayos tenemos una enorme deuda con el pueblo paraguayo,
por haber formado parte de la Guerra de la Triple Infamia. Ese
pueblo que era conducido por Francisco Solano López.
No es de extrañar entonces que se me critique desde la
página editorial de un diario fundado por el que condujo
los ejércitos de la Triple Infamia” .
Arturo Jauretche se ha levantado y aplaude como un loco. Juan
José Hernández Arregui le da la mano a Rodolfo
Puigros. ¡Vale la pena tener este televisor de los sueños!
Otra que Internet. Este invento permite observar como la prédica
de los que imaginaron este sueño se encarna en el futuro
o tal vez en el presente. Jorge Abelardo Ramos después
de abrazar calurosamente a Chávez, hace lo mismo con
Jorge Eneas Spilimbergo. San Martín, Bolívar y
Artigas lloran y gritan “Seamos libres y lo demás
no importa nada” Chávez los corrige y le dice:
“Seamos libres e iguales y lo demás no importa
nada”.
Miguel de Güemes, Manuela Saenz, Juana Azurduy, Simón
Rodríguez, Felipe Varela, Augusto Cesar Sandino, Emiliano
Zapata, forman filas para saludar a los presidentes. Hay muchos
protagonistas más que no entran en este sueño.
Son los que con sus sueños y sus luchas pavimentaron
el camino.Bolívar se dirige a un rincón y mientras
contiene el llanto dice quedamente: “Ha tardado, pero
posiblemente ya no sea correcto decir aquello de ‘He arado
en el mar’ Perón se acerca, le toca el hombro y
le dice: “El siglo XXI, Simón, nos encontrará
unidos”.
Diviso entre los concurrentes a mi amiga Silvia Bleichmar que
se nos adelantó hace unos meses, como dicen los mejicanos.
Me hace gestos desde la distancia y creo entender que me dice:
“Recordá lo que siempre conversábamos y
luego lo puse en el título de un libro: No me hubiera
gustado morir en los noventa”. Es cierto. Aunque esto
sea sólo un sueño.
Ahí está Helder Cámara, el obispo brasileño
que me dice: “Cuando uno sueña solo, es sólo
un sueño, cuando soñamos juntos, comienza a construirse
otra realidad”
¿Como? Que no es un sueño. Que mucho de lo que
aquí cuento está pasando. Prefiero apagar el televisor.
Tengo miedo que como muchas otras veces la realidad obstruya
o evapore la posibilidad que los sueños dejen de serlo.
Que el discurso sea sólo un catálogo de buenas
intenciones. Pero tal vez en esta oportunidad la victoria esté
de nuestro lado. Que necesi temos en el futuro acunar otros
sueños, porque aquellos que acompañaron buena
parte de nuestras vidas ya se hayan transformado en realidades.
?