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revista La Urdimbre nro. 108 - ENERO 2012
Esta es la edición número 108, enero 2012, de nuestra revista mensual gratuita

Liberan cóndor rehabilitado en zoo de Buenos Aires
cóndor liberado en Catamarca

SUBTES: Forever Young
Pr Agrupación Amigos del Subte
con melodías de época. A partir del 8 de enero, domingos de enero y febrero a las 18 hs.
Visita guiada en el Edificio de la ex Munich
ex confiteria munich
liberan molinetes en lapsos matutinos y vespertinos
Protesta sindical por aumento en subtes


las funciones se reanudarán el próximo mes de febrero
El Planetario equipado con tecnología de última generación
plaanetario Galileo Galilei
La "Defensora" y la especulación inmobiliaria
Por Enrique Viale, Sebastián Pilo y Jonatan Baldiviezo*
para su posterior puesta en valor
La Ciudad propone expropiar la ex Confitería El Molino


¿A quiénes defiende Alicia Pierini?
en la ex esma
Presentan archivo de la memoria de la diversidad sexual
archivo de la memoria de la diversidad sexual
para invertir en el Centro Cívico de barracas
Venderán el Edificio del Plata

derrumbe de edificio bartolomé mitre 1200
Evitable pérdida de patrimonio y de una vida
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Nota en Edición Impresa de La Urdimbre, diciembre 2006
TRANSFORMACIONES URBANAS
Por Alfredo Roberti

Todo se aceleró cuando una jueza se hizo eco de las protestas de vecinos de Caballito por la construcción indiscriminada de torres que están cambiando la fisonomía del barrio.

Entre otras cosas, los vecinos alegaban que los servicios colapsarán porque no están preparados para atender el alto nivel de demanda de los nuevos habitantes. La jueza Alejandra Petrella, ordenó que no se proporcionen permisos de construcción en 16 manzanas de Caballito, entre Paysandú, Aranguren, Martín de Gainza y Gaona. La protesta se extiende a otros barrios destinatarios del actual del boom inmobiliario: Palermo, Belgrano, Flores, Caballito y Villa Urquiza.

La suspensión de permisos ordenada por Telerman

El Jefe de Gobierno suspendió el otorgamiento de nuevos permisos de construcción el lunes 13 de noviembre. El martes el decreto apareció en el Boletín Oficial, circunstancia necesaria para que tenga vigencia plena. “Pero los reflejos de las constructoras fueron más rápidos: —registra Sergio Kiernan en su nota “Construcción de torres: Ojalá que Telerman mienta” en edición impresa de Página 12 del sábado 18— a la vez que le armaban un corte de avenida para protestar, con obreros de casco y todo, presentaron el mismo lunes 14 pedidos de permisos para edificar torres y el martes otros 13, lo que equivale a presentar un mes entero de trámites en 48 horas”—

Más adelante afirma: “Belgrano, en un mal día, es una muestra de lo que puede pasarnos cuando nos descontrolamos y les entregamos los puntos a los especuladores: un barrio patrimonial y hermoso, quizás el más hermoso que tuvimos, es un bosque de torres sobresaturado de coches”.

Las torres: paradigma del desarrollo urbano

La manera más rápida de convertir una metrópolis en una megalópolis es dejar el planeamiento urbano en manos de las empresas constructoras: tienden a maximizar ganancias construyendo en altura y con el modelo standard caja de zapatos; no les interesan la belleza de las formas y los estilos y construirán en las zonas de mayor rentabilidad. En Buenos Aires tenemos un barrio paradigmático, Belgrano, que puede mirarse como un ejemplo de lo que vendrá si en el resto de la Ciudad se operan las mismas transformaciones.

En Latinoamérica existen dos ejemplos insoslayables: ciudad de México y San Pablo, Brasil. La ciudad capital de México es una de las más contaminadas del mundo por la emisión de gases de combustión de los millones de automóviles que circulan por ella diariamente, debido a su enorme concentración urbana. San Pablo no le va en zaga. En esta ciudad hubo un barrio equiparable a Belgrano atravesado por la avda. Paulista —un equivalente brasilero de Cabildo— que supo estar bordeada de espléndidas residencias de los barones del café.

“A partir de 1950 —consigna Henry Etienne en su dossier “Gigantismo metropolitano, gestión y transporte en San Pablo, Brasil“. fueron progresiva y lamentablemente sustituidas por modernas torres de bancos y oficinas: de sus aires de Campos Eliseos de principios del siglo XX, la Paulista guarda hoy en día tan sólo la función de centro bancario, el mayor del país”.

Marjorie Alessandrini en su nota “Las paradojas de Sao Paulo” para Le Nouvel Observateur escribe: “Es inútil intentar abrazar a la ciudad en su totalidad, se pierden horas en periféricos y circuitos interiores. La exploración pasa a fuerza por la Avenida Paulista, comparable a los Champs Elysées. Esa vía histórica, inaugurada en 1891, antaño flanqueada por lujosas residencias construidas por los barones del café, conserva apenas una que otra villa, como la Casa das Rosas, monumento histórico y lugar de exposiciones. Hoy sus cinco kilómetros alinean rascacielos, testigos de cincuenta años de pasión arquitectónica en Brasil” .

Quien haya conocido el barrio de Belgrano hacia la década del 50 encontrará simetrías entre uno y otro caso. En los 60 comenzó un proceso gradual de transformación de las mansiones señoriales cuyos dueños las vendían para canjearlas en algunos casos por uno o más pisos en las torres que se construían para sustituirlas.

Otro ejemplo de destrucción irracional del paisaje urbano es lo que pasó en la avenida de Mayo —una de las más bellas de la ciudad por la profusión de edificios con cúpulas construidos a fines del siglo XIX y principios del XX. Sin protección del paisaje patrimonial, allí se construyeron torres que no sólo interrumpieron la línea homogénea de altura de los edificios existentes sino que son ejemplo de construcción ramplona y mercantilista. Lo peor es que la primera de esas torres fue construida por el Estado Nacional para su edificio del Instituto Nacional de Jubilados y Pensionados en Avda. de Mayo y Piedras.

¿Podrá evitarse el colapso y preservar el patrimonio urbano de la especulación inmobiliaria?

La construcción de torres donde había casas —se estima que Buenos Aires pierde una casa cada dos días— no sólo plantea el problema de la hiper concentración poblacional sino también el de la estética edilicia de la Ciudad: los edificios de propiedad horizontal afean la Ciudad que poco a poco deja de tener características propias para parecerse a cualquier otra.

Para esto último es improbable que se encuentre remedio: es una cuestión de sensibilidad artística; no porque de ella carezcan los arquitectos sino porque los edificios no se diseñan por concurso entre arquitectos, sino por decisiones de los dueños de la inversión. Pero, en cuanto al desarrollo urbano, es fácil imaginar que el dictado de un buen Código de Planeamiento Urbano ponga coto a la construcción desaforada y límites al desarrollo de áreas superpobladas en el sector norte de la Ciudad. Los legisladores porteños tienen ante sí un gran desafío: en una Ciudad que —a grandes rasgos— está partida al medio, con un Norte rico y congestionado y un Sur pobre y escasamente poblado, deberían votar un nuevo Código que remedie las asimetrías y de paso intervenga en los aspectos cualitativos del desarrollo para que los edificios del siglo XXI tengan la belleza y armonía de los que se construyeron en el siglo XIX.

Transformación grandielocuente

Un jurado compuesto por cinco arquitectos y el Jefe de Gobierno eligió el proyecto ganador en un concurso de ideas, primer paso para convertir la plaza de Mayo y las arterias circundantes en un espacio de circulación exclusivamente peatonal.

El proyecto ganador del concurso elaborado por un estudio de arquitectura aumenta la superficie actual de la plaza al eliminar los canteros y formar un piso único sin cordones de vereda. La propuesta es que los visitantes conozcan, mediante un sistema de iluminación, los distintos trazados que tuvo la Plaza desde 1802, cuando se erigió la Recova.

El proyecto propone una plaza seca: no habrá césped y sólo se mantendrán las palmeras. Si bien no habrá cambios en puntos característicos —como la pirámide, la ronda de pañuelos, y las cuatro fuentes— se retirarán los canteros y se eliminarán al menos cuatro carriles en las calles aledañas, Hipólito Irigoyen y Rivadavia, como paso previo para hacerla totalmente peatonal.
La nueva plaza tendrá un suelo de granito gris con placas de vidrio que durante el día se verán blancas, pero de noche brillarán con una serie de secuencias lumínicas que mostrarán las siete trazas que tuvo la Plaza desde 1802: la construcción de la Recova y la inauguración de la Columna 25 de Mayo (1802—1811), el proyecto de Prilidiano Pueyrredón (1857—1873), el del arquitecto Buschiazzo (1883), el del arquitecto Carlos Thays (1894), el traslado de la Pirámide al centro (1912), la primera ronda de Madres de Plaza de Mayo (1977) y la Plaza del Bicentenario (2010).

A nuestro entender uno de los aspectos que resultará muy controvertido es el planteo de los dos enfoques: el diurno y el nocturno. El proyecto prevé una plaza seca, no habrá verde salvo el de las ocho palmeras alineadas simétricamente: cuatro del lado de Hipólito Irigoyen y las otras cuatro en el sector opuesto contiguo a la calle Rivadavia. Desaparecerá la añosa arboleda perimetral. ¿Sabrán los diseñadores y sus patrocinantes que en varios de esos plátanos frente al Banco Nación se reúnen bandadas de golondrinas cuando llegan del hemisferio norte en su vuelo migratorio anual a comienzos de Primavera y vuelven a agruparse a fines del verano durante varias semanas previas a su partida antes de emprender el vuelo que las llevará presumiblemente a California en los Estados Unidos? Dudamos que lo sepan, pero en todo caso no resulta probable que hubieran pensado en los pájaros de haberlo sabido, si menos aún han tomado en cuenta a las personas que usan la plaza cotidianamente.

Durante el día las decenas de miles de transeúntes que hoy atraviesan la plaza tendrán que caminar sobre un gran solado de baldosas traslúcidas de color gris o blanco, cuya monotonía se verá interrumpida tan sólo por las cuatros fuentes y las ocho palmeras.

De noche comenzaría el verdadero espectáculo: las luces bajo el piso transparente se irán encendiendo alternadamente o al unísono para mostrar ya sea cada uno de los trazados históricos o todos a la vez, en una plaza desierta de gente.
Entre las innumerables objeciones que ya ha recibido este planteo queremos proponer otra: la de que se haya privilegiado la noche para mostrar el “espectáculo—lección histórica” sobre una plaza sin vida nocturna, salvo en invierno, entre las 18 y las 19:30 cuando la gente sale de comercios y oficinas para volver a casa.

Pero vista desde el nivel del piso ¿qué otra cosa que un gigantesco cartel luminoso horizontal lucirá a los ojos de los fatigados transeúntes cuando la atraviesen al final de la jornada laboral? Los efectos de la parafernalia electrónica a desplegar en sus entrañas podrán apreciarse por televisión o en vivo desde los edificios circundantes. Pero ocurre que éstos, sean oficiales como la Casa de Gobierno, el Banco de la Nación, el palacio Municipal, el Cabildo, el Ministerio de Economía y el de Acción Social, la Curia y la Catedral, o privados —los que se alinean en Hipólito Irigoyen entre Defensa y Bolívar— no ofrecen la posibilidad de ingreso al público. Hay, en cambio —como dijimos— un gran caudal de público diurno: quienes trabajan en la zona, los turistas, los contingentes de escolares, etc. Pero ese público tendrá que vérselas con un inmenso espacio gris o blancuzco de material refractante, un área desolada sin árboles que den sombra, sin bancos, sin césped para tirarse a comer un sandwich en los mediodía estivales, como ahora puede verse hoy cuando el clima acompaña.

Es decir, si este proyecto prospera se habrá transformado la histórica Plaza de Mayo en un deslucido lugar de paso, con estadías masivas sólo en caso de manifestación pública. ¿Será este proyecto una concesión a esa realidad? ¿Habrán evaluado quienes los presentaron y quienes lo aprobaron la conveniencia de evitar la destrucción de flores y el césped pisoteado convirtiendo los canteros en un solado resistente a desmanes? “El Proyecto me parece genial —comenta un visitante en el blog del Gobierno de la Ciudad— pero no para la Plaza de Mayo que es el símbolo de nuestra nacionalidad y no un “manifestodromo”. ¿Por qué no demolemos (lo poco que todavía no demolimos) el Cabildo y hacemos uno virtual, con luces que lo muestre en su evolución a través de los años”. Otro enojado visitante dejo asentado esto: “San Marcos en Venecia o la Plaza Mayor de Madrid o la Plaza de la República en Florencia, nacieron así con adoquines, no las convirtió en el siglo XXI un estudio de Arquitectura” . Otro comenta: “En Europa a nadie se le ocurriría cambiar los jardines del palacio de Versalles, ni los Campos Elíseos, ni el Campo de Marte, ni la Place des Vosges por un solado de cemento”.

La Piazza San Marco en Venecia: Originada en el siglo IX como un área reducida frente a la primitiva basílica de San Marcos, fue transformada a su tamaño y forma actuales en 1177. Un bello exponente –por la imponente construcción que le da nombre– de una concepción de otros tiempos típica de países europeos.

Por último, nos preguntamos ¿Se cambiarán los horarios de las escuelas para habilitar visitas explicativas nocturnas a la nueva Plaza de Mayo? ¿Se habilitarán los juegos de luces durante una concentración opositora? La nueva plaza no parece haber contemplado usos y costumbres de la gente real y le cabe el calificativo de deshumanizada. La idea tendrá que ser revisada y sometida a consensos más amplios que el de un jurado de cinco arquitectos y el Jefe de Gobierno de la Ciudad.

La plaza Roja en Moscú: Otro ejemplo de plaza seca donde la opulencia arquitectónica del marco edilicio justifica un modesto diseño que cede protagonismo al entorno

Una cuestión de sentido común para finalizar. Si conocer los trazados que tuvo la plaza —es decir su geometría interna— es algo que nos debiera importar ¿No sería infinitamente menos traumático para el paisaje urbano instalar una cartelera luminosa con siete botones? El visitante inquieto por conocer los entretelones de la geografía de la Historia podría apretarlos para recrear esa imperdible pieza del conocimiento de la vida de los argentinos: cuales fueron los senderos interiores de la Plaza de Mayo.

Dicho todo esto sin caer en la demagogia fácil de recordar las inmensas deudas sociales aun pendientes que tienen los gobiernos con el pueblo postergado de esta Ciudad y de este país. Pero, si sucumbimos a la implacable tentación de la memoria habría que mencionarlo: en el contexto social en que vivimos, el proyecto aprobado por el Jefe de Gobierno para “peatonalizar” la Plaza de Mayo es una ostentosa provocación, cuanto menos al sentido común.