Todo se aceleró cuando una jueza se hizo eco de las protestas
de vecinos de Caballito por la construcción indiscriminada
de torres que están cambiando la fisonomía del barrio.
Entre otras cosas, los vecinos alegaban que los servicios
colapsarán porque no están preparados para atender
el alto nivel de demanda de los nuevos habitantes. La jueza
Alejandra Petrella, ordenó que no se proporcionen permisos
de construcción en 16 manzanas de Caballito, entre
Paysandú, Aranguren, Martín de Gainza y Gaona.
La protesta se extiende a otros barrios destinatarios del
actual del boom inmobiliario: Palermo, Belgrano, Flores, Caballito
y Villa Urquiza.
La suspensión de permisos ordenada
por Telerman
El Jefe de Gobierno suspendió el otorgamiento de
nuevos permisos de construcción el lunes 13 de noviembre.
El martes el decreto apareció en el Boletín
Oficial, circunstancia necesaria para que tenga vigencia plena.
“Pero los reflejos de las constructoras fueron más
rápidos: —registra Sergio Kiernan en su nota
“Construcción de torres: Ojalá que Telerman
mienta” en edición impresa de Página 12
del sábado 18— a la vez que le armaban un corte
de avenida para protestar, con obreros de casco y todo, presentaron
el mismo lunes 14 pedidos de permisos para edificar torres
y el martes otros 13, lo que equivale a presentar un mes entero
de trámites en 48 horas”—
Más adelante afirma: “Belgrano, en un mal día,
es una muestra de lo que puede pasarnos cuando nos descontrolamos
y les entregamos los puntos a los especuladores: un barrio
patrimonial y hermoso, quizás el más hermoso
que tuvimos, es un bosque de torres sobresaturado de coches”.
Las torres: paradigma del desarrollo urbano
La manera más rápida de convertir una metrópolis
en una megalópolis es dejar el planeamiento urbano
en manos de las empresas constructoras: tienden a maximizar
ganancias construyendo en altura y con el modelo standard
caja de zapatos; no les interesan la belleza de las formas
y los estilos y construirán en las zonas de mayor rentabilidad.
En Buenos Aires tenemos un barrio paradigmático, Belgrano,
que puede mirarse como un ejemplo de lo que vendrá
si en el resto de la Ciudad se operan las mismas transformaciones.
En Latinoamérica existen dos ejemplos insoslayables:
ciudad de México y San Pablo, Brasil. La ciudad capital
de México es una de las más contaminadas del
mundo por la emisión de gases de combustión
de los millones de automóviles que circulan por ella
diariamente, debido a su enorme concentración urbana.
San Pablo no le va en zaga. En esta ciudad hubo un barrio
equiparable a Belgrano atravesado por la avda. Paulista —un
equivalente brasilero de Cabildo— que supo estar bordeada
de espléndidas residencias de los barones del café.
“A partir de 1950 —consigna Henry Etienne en
su dossier “Gigantismo metropolitano, gestión
y transporte en San Pablo, Brasil“. fueron progresiva
y lamentablemente sustituidas por modernas torres de bancos
y oficinas: de sus aires de Campos Eliseos de principios del
siglo XX, la Paulista guarda hoy en día tan sólo
la función de centro bancario, el mayor del país”.
Marjorie Alessandrini en su nota “Las paradojas de
Sao Paulo” para Le Nouvel Observateur escribe: “Es
inútil intentar abrazar a la ciudad en su totalidad,
se pierden horas en periféricos y circuitos interiores.
La exploración pasa a fuerza por la Avenida Paulista,
comparable a los Champs Elysées. Esa vía histórica,
inaugurada en 1891, antaño flanqueada por lujosas residencias
construidas por los barones del café, conserva apenas
una que otra villa, como la Casa das Rosas, monumento histórico
y lugar de exposiciones. Hoy sus cinco kilómetros alinean
rascacielos, testigos de cincuenta años de pasión
arquitectónica en Brasil” .
Quien haya conocido el barrio de Belgrano hacia la década
del 50 encontrará simetrías entre uno y otro
caso. En los 60 comenzó un proceso gradual de transformación
de las mansiones señoriales cuyos dueños las
vendían para canjearlas en algunos casos por uno o
más pisos en las torres que se construían para
sustituirlas.
Otro ejemplo de destrucción irracional del paisaje
urbano es lo que pasó en la avenida de Mayo —una
de las más bellas de la ciudad por la profusión
de edificios con cúpulas construidos a fines del siglo
XIX y principios del XX. Sin protección del paisaje
patrimonial, allí se construyeron torres que no sólo
interrumpieron la línea homogénea de altura
de los edificios existentes sino que son ejemplo de construcción
ramplona y mercantilista. Lo peor es que la primera de esas
torres fue construida por el Estado Nacional para su edificio
del Instituto Nacional de Jubilados y Pensionados en Avda.
de Mayo y Piedras.
¿Podrá evitarse el colapso y preservar
el patrimonio urbano de la especulación inmobiliaria?
La construcción de torres donde había casas
—se estima que Buenos Aires pierde una casa cada dos
días— no sólo plantea el problema de la
hiper concentración poblacional sino también
el de la estética edilicia de la Ciudad: los edificios
de propiedad horizontal afean la Ciudad que poco a poco deja
de tener características propias para parecerse a cualquier
otra.
Para esto último es improbable que se encuentre remedio:
es una cuestión de sensibilidad artística; no
porque de ella carezcan los arquitectos sino porque los edificios
no se diseñan por concurso entre arquitectos, sino
por decisiones de los dueños de la inversión.
Pero, en cuanto al desarrollo urbano, es fácil imaginar
que el dictado de un buen Código de Planeamiento Urbano
ponga coto a la construcción desaforada y límites
al desarrollo de áreas superpobladas en el sector norte
de la Ciudad. Los legisladores porteños tienen ante
sí un gran desafío: en una Ciudad que —a
grandes rasgos— está partida al medio, con un
Norte rico y congestionado y un Sur pobre y escasamente poblado,
deberían votar un nuevo Código que remedie las
asimetrías y de paso intervenga en los aspectos cualitativos
del desarrollo para que los edificios del siglo XXI tengan
la belleza y armonía de los que se construyeron en
el siglo XIX.
Transformación grandielocuente
Un jurado compuesto por cinco arquitectos y el Jefe de Gobierno
eligió el proyecto ganador en un concurso de ideas,
primer paso para convertir la plaza de Mayo y las arterias
circundantes en un espacio de circulación exclusivamente
peatonal.
El proyecto ganador del concurso elaborado por un estudio
de arquitectura aumenta la superficie actual de la plaza al
eliminar los canteros y formar un piso único sin cordones
de vereda. La propuesta es que los visitantes conozcan, mediante
un sistema de iluminación, los distintos trazados que
tuvo la Plaza desde 1802, cuando se erigió la Recova.
El proyecto propone una plaza seca: no habrá césped
y sólo se mantendrán las palmeras. Si bien no
habrá cambios en puntos característicos —como
la pirámide, la ronda de pañuelos, y las cuatro
fuentes— se retirarán los canteros y se eliminarán
al menos cuatro carriles en las calles aledañas, Hipólito
Irigoyen y Rivadavia, como paso previo para hacerla totalmente
peatonal.
La nueva plaza tendrá un suelo de granito gris con
placas de vidrio que durante el día se verán
blancas, pero de noche brillarán con una serie de secuencias
lumínicas que mostrarán las siete trazas que
tuvo la Plaza desde 1802: la construcción de la Recova
y la inauguración de la Columna 25 de Mayo (1802—1811),
el proyecto de Prilidiano Pueyrredón (1857—1873),
el del arquitecto Buschiazzo (1883), el del arquitecto Carlos
Thays (1894), el traslado de la Pirámide al centro
(1912), la primera ronda de Madres de Plaza de Mayo (1977)
y la Plaza del Bicentenario (2010).
A nuestro entender uno de los aspectos que resultará
muy controvertido es el planteo de los dos enfoques: el diurno
y el nocturno. El proyecto prevé una plaza seca, no
habrá verde salvo el de las ocho palmeras alineadas
simétricamente: cuatro del lado de Hipólito
Irigoyen y las otras cuatro en el sector opuesto contiguo
a la calle Rivadavia. Desaparecerá la añosa
arboleda perimetral. ¿Sabrán los diseñadores
y sus patrocinantes que en varios de esos plátanos
frente al Banco Nación se reúnen bandadas de
golondrinas cuando llegan del hemisferio norte en su vuelo
migratorio anual a comienzos de Primavera y vuelven a agruparse
a fines del verano durante varias semanas previas a su partida
antes de emprender el vuelo que las llevará presumiblemente
a California en los Estados Unidos? Dudamos que lo sepan,
pero en todo caso no resulta probable que hubieran pensado
en los pájaros de haberlo sabido, si menos aún
han tomado en cuenta a las personas que usan la plaza cotidianamente.
Durante el día las decenas de miles de transeúntes
que hoy atraviesan la plaza tendrán que caminar sobre
un gran solado de baldosas traslúcidas de color gris
o blanco, cuya monotonía se verá interrumpida
tan sólo por las cuatros fuentes y las ocho palmeras.
De noche comenzaría el verdadero espectáculo:
las luces bajo el piso transparente se irán encendiendo
alternadamente o al unísono para mostrar ya sea cada
uno de los trazados históricos o todos a la vez, en
una plaza desierta de gente.
Entre las innumerables objeciones que ya ha recibido este
planteo queremos proponer otra: la de que se haya privilegiado
la noche para mostrar el “espectáculo—lección
histórica” sobre una plaza sin vida nocturna,
salvo en invierno, entre las 18 y las 19:30 cuando la gente
sale de comercios y oficinas para volver a casa.
Pero vista desde el nivel del piso ¿qué otra
cosa que un gigantesco cartel luminoso horizontal lucirá
a los ojos de los fatigados transeúntes cuando la atraviesen
al final de la jornada laboral? Los efectos de la parafernalia
electrónica a desplegar en sus entrañas podrán
apreciarse por televisión o en vivo desde los edificios
circundantes. Pero ocurre que éstos, sean oficiales
como la Casa de Gobierno, el Banco de la Nación, el
palacio Municipal, el Cabildo, el Ministerio de Economía
y el de Acción Social, la Curia y la Catedral, o privados
—los que se alinean en Hipólito Irigoyen entre
Defensa y Bolívar— no ofrecen la posibilidad
de ingreso al público. Hay, en cambio —como dijimos—
un gran caudal de público diurno: quienes trabajan
en la zona, los turistas, los contingentes de escolares, etc.
Pero ese público tendrá que vérselas
con un inmenso espacio gris o blancuzco de material refractante,
un área desolada sin árboles que den sombra,
sin bancos, sin césped para tirarse a comer un sandwich
en los mediodía estivales, como ahora puede verse hoy
cuando el clima acompaña.
Es decir, si este proyecto prospera se habrá transformado
la histórica Plaza de Mayo en un deslucido lugar de
paso, con estadías masivas sólo en caso de manifestación
pública. ¿Será este proyecto una concesión
a esa realidad? ¿Habrán evaluado quienes los
presentaron y quienes lo aprobaron la conveniencia de evitar
la destrucción de flores y el césped pisoteado
convirtiendo los canteros en un solado resistente a desmanes?
“El Proyecto me parece genial —comenta un visitante
en el blog del Gobierno de la Ciudad— pero no para la
Plaza de Mayo que es el símbolo de nuestra nacionalidad
y no un “manifestodromo”. ¿Por qué
no demolemos (lo poco que todavía no demolimos) el
Cabildo y hacemos uno virtual, con luces que lo muestre en
su evolución a través de los años”.
Otro enojado visitante dejo asentado esto: “San Marcos
en Venecia o la Plaza Mayor de Madrid o la Plaza de la República
en Florencia, nacieron así con adoquines, no las convirtió
en el siglo XXI un estudio de Arquitectura” . Otro comenta:
“En Europa a nadie se le ocurriría cambiar los
jardines del palacio de Versalles, ni los Campos Elíseos,
ni el Campo de Marte, ni la Place des Vosges por un solado
de cemento”.
| La Piazza
San Marco en Venecia: Originada en el siglo IX como un
área reducida frente a la primitiva basílica
de San Marcos, fue transformada a su tamaño y forma
actuales en 1177. Un bello exponente –por la imponente
construcción que le da nombre– de una concepción
de otros tiempos típica de países europeos. |
Por último, nos preguntamos ¿Se cambiarán
los horarios de las escuelas para habilitar visitas explicativas
nocturnas a la nueva Plaza de Mayo? ¿Se habilitarán
los juegos de luces durante una concentración opositora?
La nueva plaza no parece haber contemplado usos y costumbres
de la gente real y le cabe el calificativo de deshumanizada.
La idea tendrá que ser revisada y sometida a consensos
más amplios que el de un jurado de cinco arquitectos
y el Jefe de Gobierno de la Ciudad.
| La plaza
Roja en Moscú: Otro ejemplo de plaza seca donde
la opulencia arquitectónica del marco edilicio
justifica un modesto diseño que cede protagonismo
al entorno |
Una cuestión de sentido común para finalizar.
Si conocer los trazados que tuvo la plaza —es decir
su geometría interna— es algo que nos debiera
importar ¿No sería infinitamente menos traumático
para el paisaje urbano instalar una cartelera luminosa con
siete botones? El visitante inquieto por conocer los entretelones
de la geografía de la Historia podría apretarlos
para recrear esa imperdible pieza del conocimiento de la vida
de los argentinos: cuales fueron los senderos interiores de
la Plaza de Mayo.
Dicho todo esto sin caer en la demagogia fácil de
recordar las inmensas deudas sociales aun pendientes que tienen
los gobiernos con el pueblo postergado de esta Ciudad y de
este país. Pero, si sucumbimos a la implacable tentación
de la memoria habría que mencionarlo: en el contexto
social en que vivimos, el proyecto aprobado por el Jefe de
Gobierno para “peatonalizar” la Plaza de Mayo
es una ostentosa provocación, cuanto menos al sentido
común.