Beatriz Pichimalen dialogó con La Urdimbre. La cantante
de temas mapuches habló de su perigrinaje —físico
y mental—para reencontrarse con su origen negado. Mapuche
sólo por parte de madre, el viaje de reencuentro con
las raíces más profundas de su identidad la
han convertido en orgullosa adalid de las reinvindicaciones
de sus (y nuestros) hermanos de los pueblos originarios.
En un soleado sábado por la tarde de Primavera nos
encontramos con Beatriz Pichimalén para grabar una
charla programada desde su actuación en la escuela
Della Penna, en el barrio de Catalinas Sur. A lo largo de
una hora de conversación registramos la fascinante
historia de una niña nacida en Los Toldos, traída
por su familia a Buenos Aires, cuando pierden sus tierras
ancestrales, y que decide volver —ya muchacha de 20
años— a buscar “no sabía qué”
pero urgida por la necesidad de averiguar quien era. “Ocurre
que mi madre no nos habló nunca de la historia de nuestra
familia y del pueblo mapuche de Los Toldos, el dolor era muy
grande”.
La familia queda sumida en la pobreza cuando deben dejar
las tierras que cultivaban desde tiempos inmemoriales por
no poseer títulos de propiedad.
“El último cacique que hubo se llamó
Simón Coliqueo. Tuvo cuatro mujeres, nosostros descendemos
de la última. Hay una historia muy interesante con
Coliqueo, es el que está reconocido como amigo de los
blancos, el hace un pacto con Mitre. Si bien Coliqueo había
hecho todos los arreglos, la tierra no estaba parcelizada.
Eran 16.400 hectáreas que le entrega el General Mitre
a Coliqueo y su gente, su tribu. En el año 1945 se
hizo un informe de una comisión del Congreso de las
tierras de Coliqueo y yo me vengo a encontrar con ese libro
hace unos diez o quince años atrás, por un hecho
fortuito. Están ahí los territorios entregados
parcelizados. Muchos años más tarde en el año
78, en pleno proceso militar, entregan a los descendientes
de Coliqueo los títulos, familia por familia. Entonces
los que no teníamos título de propiedad, cuando
vinieron los desalojos para venderle al mejor postor tuvimos
que irnos.”
“Inclusive la gente mapuche que tenía título
de propiedad también vendió sus tierras para
irese a vivir a la orilla del pueblo. Hasta ahí llegó
la negación tan grande. Yo conocí muy pocas
familias que decían ‘Yo no me voy a ir del campo,
a mí me dieron el título y yo no lo voy a vender’,
pero la mayoría se fue, sólo algunos se quedaron.
Bueno, ahora se armó un barrio cerca del pueblo que
se llama “Los Eucaliptus” y lo que hoy pasa, saltando
las distancias, es que justamente el barrio se levanta como
comunidad mapuche, viene gente hablante mapuche de Chile y
se está haciendo una revisión profunda de la
Historia”
(continua en el próximo número)