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revista La Urdimbre nro. 108 - ENERO 2012
Esta es la edición número 108, enero 2012, de nuestra revista mensual gratuita

Liberan cóndor rehabilitado en zoo de Buenos Aires
cóndor liberado en Catamarca

SUBTES: Forever Young
Pr Agrupación Amigos del Subte
con melodías de época. A partir del 8 de enero, domingos de enero y febrero a las 18 hs.
Visita guiada en el Edificio de la ex Munich
ex confiteria munich
liberan molinetes en lapsos matutinos y vespertinos
Protesta sindical por aumento en subtes


las funciones se reanudarán el próximo mes de febrero
El Planetario equipado con tecnología de última generación
plaanetario Galileo Galilei
La "Defensora" y la especulación inmobiliaria
Por Enrique Viale, Sebastián Pilo y Jonatan Baldiviezo*
para su posterior puesta en valor
La Ciudad propone expropiar la ex Confitería El Molino


¿A quiénes defiende Alicia Pierini?
en la ex esma
Presentan archivo de la memoria de la diversidad sexual
archivo de la memoria de la diversidad sexual
para invertir en el Centro Cívico de barracas
Venderán el Edificio del Plata

derrumbe de edificio bartolomé mitre 1200
Evitable pérdida de patrimonio y de una vida
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Nota en Edición Impresa de La Urdimbre, enero 2007
La milanesa napolitana: ¿acervo cultural?

Junto a la birome (Biro), las huellas dactilares (Vucetich) y el dulce de leche (una cocinera distraída del siglo XIX) la milanesa napolitana pasaría a integrar el patrimonio de inventos argentinos, en este caso vía reconocimiento de la Legislatura porteña. Los legisladores de la Ciudad podrían votar la ley que declara a éste y otros platos típicos “acervo cultural de Buenos Aires”.

No deja de ser un tanto inquietante que a la pregunta: ¿Cuáles son los inventos argentinos? muchos de nosotros incluyamos el dulce de leche –que según las crónicas habría sido producto de la distracción de una cocinera del siglo XIX. No menos desalentadora es la mención a los otros dos –éstos sí verdaderas innovaciones– la birome y las huellas digitales. Ocurre que ambos fueron desarrollados en realidad por dos extranjeros que emigraron a la Argentina, formados en sus países de origen. Uno fue Ladislao Biro, inventor del bolígrafo que aquí conocemos como birome, el sustantivo que recuerda a su creador y el otro Juan Vucetich, quien desarrolló el sistema de reconocimiento de identidad por medio de la huella digital.

La birome
En 1938, dos hermanos húngaros, Ladislao y Georg Biro, inventaron el bolígrafo. Ese año, el bolígrafo fue patentado en Hungría. Ladislao Biro nació en Budapest, el 29 de septiembre de 1899, emigró a la Argentina en el año 1940, se nacionalizó argentino y desarrolló una prolífica carrera como inventor profesional en nuestro país, hasta su fallecimiento en Buenos Aires, el 24 de octubre de 1985 a los 86 años de edad.

Las huellas dactilares
Iván Vucetic –el nombre original del inventor– nació el 20 de julio de 1858 en Lesina, una localidad de población serbocroata, que entonces pertenecía al Imperio austrohúngaro.

Su invento se debió a una casualidad: alguien olvidó en la oficina de su jefe una revista francesa de divulgación científica, en la que había un artículo acerca de las investigaciones inconclusas de Francis Galton sobre huellas digitales... Y Vucetich no sólo sabía francés: también tenía ingenio.

Los dibujos de las huellas digitales venían siendo investigados y se sabía que no existían dos individuos con huellas iguales en las yemas de los dedos, pero nadie, hasta Vucetich, había logrado implementar sobre esa base un sistema universalmente reconocido para la individualización de personas.

El 1 de septiembre de 1891 lo aplicó por primera vez a los 23 procesados que se hallaban en la Jefatura de Policía; para diciembre de 1891, las huellas de todos los detenidos en la cárcel de La Plata ya habían sido registradas; y para 1892 se identificó al contingente de 1462 aspirantes a agentes, de los cuales 78 resultaron con antecedentes y uno con nombre falso.

Pero la prueba de fuego fue un filicidio, ocurrido en Necochea el 29 de junio de 1892: la pesquisa no había logrado dilucidar quién había asesinado a dos niños de corta edad, y el sistema lo resolvió. La huella de una mano ensangrentada en una puerta y en el mango de un cuchillo permitió saber que Francisca Rojas había asesinado a sus hijos, Ernesto, de seis años, y Francisca Carballo Rojas, de cuatro. Hasta ese momento, el único incriminado era un inocente: Pedro Ramón Velásquez, vecino y padrino de uno de los chicos, a quien la mujer –que luego confesó su culpa– había acusado para encubrirse.

El dulce de leche
Pese a las controversias sobre su origen, la historia cuenta que el dulce de leche nació en la Argentina un 17 de julio de 1829. Los hechos nos conducen a Cañuelas, durante un encuentro entre Lavalle y Rosas. Ambos habían firmado el 24 de junio el Tratado de Cañuelas con el fin de concluir las hostilidades y llamar a elecciones para integrar la Junta de Representantes. El 17 de julio, Lavalle llegó al campamento de Rosas muy cansado de cabalgar y pidió verlo para tratar asuntos pendientes. Como éste tardaba, no resistió la tentación de echarse una siestita en un catre de campaña pero quedó profundamente dormido.
Una mulata que preparaba la “lechada” (leche caliente con azúcar) para el mate, al ver al “enemigo” acostado en el camastro de Rosas, indignada, fue a buscar ayuda para sacarlo de allí. En su premura, olvidó la leche sobre las brasas y ésta quedó hirviendo lentamente. Cuando volvió con refuerzos lo hizo al mismo tiempo que Don Juan Manuel, quien ordenó no interrumpir el sueño de su “hermano de leche” (los había amamantado la misma nodriza). Lavalle recién despertó al día siguiente, mas al retornar la mulata junto al fogón encontró la “lechada” convertida en una especie de jalea color marrón claro. Ella misma o algún soldado goloso la probó y en su entusiasmo convidó a los que estaban alrededor: había nacido el dulce de leche.

Probables consecuencias de la aprobación de la ley
Ahora, nos venimos a enterar que la milanesa napolitana no es de Milán ni de Nápoles. Es un invento que creó en los años cuarenta un restaurante que se llamaba “El Napolitano” y que los sorrentinos se llaman así por el restaurante Sorrento, en la Av. Corrientes, en donde comenzaron a hacer ravioles con un formato diferente, más grandes.

Surge la pregunta acerca de las consecuencias prácticas del reconocimiento legislativo de la milanesa y otros platos “típicamente” porteños. ¿Se incrementará el turismo internacional con glotones ávidos por saborear platos con aprobación legislativa? ¿Se mantendrán los precios anteriores en restaurantes porteños cultores de la especialidad? ¿Se podrá seguir usando el calificativo “napolitana” en el interior del país sin transgredir el copyright porteño de esta milanesa?

Esperamos que en esta oportunidad la cuestión no pase a mayores, ni desate una contraofensiva del interior en defensa de la propiedad intelectual del locro, los tamales y la humita.


Fuentes consultadas
www.elcomercioonline.com.ar/
www.oni.escuelas.edu.ar/