Se inicia un juicio con características
inéditas al menos por dos razones. En el banquillo de
los acusados estará Christian Von Wernich, que se desempeñó
como capellán de la Policía de la Provincia de
Buenos Aires. Por primera vez, se juzgará a un sacerdote.
En segundo lugar, el debate oral y público comenzará
con Jorge Julio López aún desaparecido.
Esto nos impulsa a hacer públicas algunas consideraciones
y reflexiones.
1) Christian Von Wernich es un sacerdote al que se le imputan
delitos en ejecución del plan criminal de la dictadura.
Se juzgarán conductas que ofendieron la condición
humana. Por eso estamos ante crímenes de lesa humanidad.
Pero más allá del juzgamiento de esas conductas
criminales, el juicio a Von Wernich será también
para la sociedad argentina y las nuevas generaciones una ocasión
para desterrar cualquier razonamiento simplista y volver la
mirada sobre las condiciones sociales y políticas que
explican el autoritarismo y la violencia en Argentina. Sin el
clima de ideas, que llegó a concebir y justificar el
exterminio y la desaparición del otro; sin la complicidad
activa o el silencio de amplios sectores de la sociedad civil
y de la dirigencia política, empresarial, sindical y
eclesiástica, el genocidio que se perpetró en
nuestro país, no hubiera sido posible.
La jerarquía de la Iglesia tiene aún pendiente
su propia elaboración del pasado reciente. Aún
debe revisar la responsabilidad que tuvo no sólo en no
evitar el horror sino incluso en fundamentarlo ideológica
y teológicamente.
Algunos ministros de la Iglesia Católica pudieron actuar
como autores, cómplices, mentores o encubridores del
plan de exterminio ejecutado en la Argentina desde el 24 de
marzo de 1976. Pero también hubo obispos, sacerdotes,
monjas y laicos que asumieron su responsabilidad y compromiso
en la defensa de los derechos humanos. Y salvaron vidas. O lo
intentaron. Y por eso fueron perseguidos, encarcelados, desaparecidos,
torturados o asesinados por la dictadura militar.
El silencio sostenido durante todo este tiempo por la jerarquía
eclesiástica y roto apenas por tibios documentos, parece
fundarse en la creencia de que el prudente olvido es parte de
la reconciliación. En este marco, desde algunos sectores
pueden levantarse voces que pretendan presentar el juicio a
Von Wernich como una vuelta a los enfrentamientos del pasado
y un agravio a la Iglesia.
Sostenemos que de ninguna manera este juicio puede interpretarse
como una ofensa a la Iglesia Católica. En todo caso,
abre una puerta al cumplimiento del precepto evangélico:
hay que tener “hambre y sed de justicia”. (Mt. 5.6).
Y es sobre todo, una oportunidad histórica para profundizar
la reflexión y autocrítica sobre su propio rol
durante los años de la dictadura militar
2) Es un hecho de enorme gravedad institucional que a 9 meses
de la desaparición de Julio López, y en vísperas
del comienzo de un nuevo juicio penal, no existan datos ni pistas
cert eras sobre su destino. La investigación del caso
debe ser cuestión de Estado y el juzgado federal a cargo
contar con recursos humanos e infraestructura acordes a la trascendencia
del hecho a investigar. En tanto no sea esclarecida, la segunda
desaparición de López pone en entredicho el Nunca
Más como principio fundante de nuestra democracia.
3) La reparación, la dignidad y la seguridad de todos
los testigos y víctimas es un deber indelegable del Estado
y debe garantizarse con premura. El recientemente creado “Programa
Verdad y Justicia”, cuyo coordinador designado es Marcelo
Saín, puede realizar un aporte significativo como instancia
de articulación desde el Poder Ejecutivo que coadyude
a la aceleración de los procesos judiciales. Los testigos
son una prioridad. El programa deberá articular mecanismos
idóneos para que cesen las amenazas e intimidaciones
hacia los mismos. Es urgente que para todo ello el organismo
sea dotado del presupuesto y la infraestructura indispensables
para poder cumplir rápida y acertadamente con su cometido.
4) Consideramos que se hace imperioso encontrar fórmulas
procesales que permitan evitar la multiplicación de causas
penales y por consiguiente, la dispersión de las investigaciones
y las sucesivas citaciones a los testigos. El valor reparatorio
de la justicia se diluye y por el contrario, se produce una
re-victimización cada vez que los testigos son sometidos
a la traumática situación de recorrer despachos
judiciales, reiterar reconocimientos o repetir sus declaraciones.
5) Creemos necesario señalar que la voluntad política
de avanzar con celeridad con los procesos judiciales pendientes,
debe acompañarse con el compromiso de los tres poderes
del Estado y con políticas adecuadas de distribución
de recursos y partidas presupuestarias especialmente afectadas
a los tribunales que tienen la responsabilidad de investigar
delitos de lesa humanidad. Vemos con preocupación las
precarias condiciones en las que muchos de ellos desempeñan
su tarea. En este sentido, resulta necesaria la creación
de un tercer tribunal oral federal en la ciudad de La Plata,
a fin de evitar que en los próximos meses colapse la
actividad judicial de los dos tribunales orales existentes,
que se encuentran al límite de su capacidad para atender
el cúmulo de expedientes en trámite.
El juicio a Christian Von Wernich importa reafirmar el camino
de Verdad y Justicia que se comenzó a recorrer con certeza
desde la anulación de las leyes de impunidad. Queda mucho
por hacer. Pero es innegable que la construcción de la
verdad a través de la justicia se ha consolidado en la
Argentina cómo la única y cabal forma de reparación
que permita superar las consecuencias del terrorismo de estado
y consolidar definitivamente la institucionalidad democrática.
Adolfo Pérez Esquivel- Hugo Cañon-Aldo
Etchegoyen- Laura Conte- Victor Mendibil- Martha Pelloni- Elisa
Carca- Carlos Sanchez Viamonte- Emilce Moler-Víctor De
Gennaro-Roberto Cossa-Elizabeth Rivas- Luis Lima- Monseñor
Miguel Hesayne- Mauricio Tenembaun- Ma. Verónica Piccone-
Susana Méndez.