Los mocovíes somos diez mil. Somos sobrevivientes de
la conquista. Muchos de nosotros, incluido yo, no tenemos una
hectárea de tierra sino que tuvimos que ir a las localidades
más cercanas para alquilar un campo y poder tener un
pedazo de tierra y vivir allí. Nuestra lucha por la tierra
es muy fuerte, nos ha llevado a lo más profundo del dolor
cultural que ha quedado en la memoria colectiva de nuestros
pueblos.
El hermano blanco muchas veces no alcanza a entender el sentido
espiritual que tenemos sobre la tierra. Nuestra mentalidad con
la tierra tiene que ver con lo espiritual, con el sentimiento,
con la libertad de poder vivir un espacio. Cuando hablamos de
un espacio de vida, hablamos de un espacio en donde podamos
desarrollarnos, donde podamos tener un contacto mucho más
directo con el cosmos, mucho más contacto con la vida;
en donde la vida se expresa, la vida podemos sentirla entre
nosotros. Sin tierra y sin espacio suficiente para vivir nos
sentimos como ahogados, como asfixiados. Muchas veces nosotros
los mocovíes sentimos, en casi el mismo momento, que
con un hermano indígena del sur o de cualquier punto
del país estamos luchando por una misma causa. Aunque
sin comunicarnos y sin hablar personalmente sentimos esa necesidad
de que nos juntemos por este tema. Eso es quizá algo
nuevo para el hermano blanco. Hay entre nosotros como una comunicación
espiritual, de sentimientos, en que percibimos que en este año
ésta es la lucha, en otro año será otra.
Sin comunicarnos, sin hablarnos, sin conocernos. Esta es parte
de la cosmovisión que tenemos.
Para ilustrar cómo sentimos y cómo nos ubicamos
en el espacio donde desarrollamos nuestra vida: nosotros nos
sentimos perdidos, perturbados, cuando existen muchas cosas
cuadradas. No en la existencia concreta sino en todo el orden
rígido que nos complica. Por ejemplo, el de medir hectáreas
de tierras, cuando para nosotros el espacio es un espacio sin
límites, un espacio natural, un espacio en donde queremos
tener contacto justamente con el cosmos en donde nosotros viajamos.
Un espacio donde nosotros viajemos por el espacio.
Sabemos que todo gira alrededor del sol, pero nuestros abuelos
dicen que gira no solamente la Tierra, sino que gira el sol;
y no solamente el sol sino las estrellas; y que de alguna manera
giramos todos juntos en el espacio. Y ese giro es circular como
un espiral, digamos. Hay un relato tradicional de nuestros abuelos,
en donde se habla de la creación del hombre y del árbol
que llegaba hasta el cielo. Ese árbol que llega hasta
el cielo es como un remolino, es un hueco, un agujero que nace
desde la tierra hacia el exterior, hacia otros planetas. Entonces
por allí, digamos, llegamos los seres humanos hacia la
Tierra.
Puede ser que muchos piensen que el relato no tiene que ver
con esta cuestión de la tierra pero en nuestra cultura
sí tiene mucho que ver. En ese árbol bajaron gente,
personas, que son como cualquiera de los pueblos indígenas,
pero que les gustó tanto la Tierra que se quedaron como
para adueñársela. Por querer adueñarse
de la tierra se cortó ese árbol y ese árbol
está cortado. Yo, porque no me creo muchas cosas, voy
a hablar con mi abuelo y le pregunto: ¿qué tiene
que ver esto con lo que la ciencia dice?, porque parece que
no tiene nada que ver. Me dice “la ciencia no ha determinado
todavía lo que nosotros creemos”. Entonces yo le
pregunto, ¿y ese árbol crece para arriba o para
abajo? “No, ese árbol no crece ni para arriba ni
para abajo. Ese árbol está creciendo hacia nosotros
actualmente”. Porque en la mentalidad nuestra no hay arriba
ni hay abajo, no hay grande ni chico, es un espacio necesario.
Entonces él me dice “lo que no se sabe es qué
seres llegarán, por ese mismo árbol, cuando ese
árbol llegue a la tierra”. Esto es un poco complicado
pero nuestra cosmovisión cree que hay un momento en donde
los mocovíes sienten profundamente, perciben que este
año la lucha va a ser por la tierra. Este año
es donde los mocovíes nos juntamos con los hermanos wichis
en el Chaco para decir “nos sentimos asfixiados por tanta
mentira, por tanto atropello, por tanta falta de respeto”.
Y otro mensaje que muchos de nosotros aprendimos de nuestros
abuelos. En este momento además de pedir tierra para
nosotros, que se nos devuelva, estamos pidiendo a los hermanos
blancos que privatizan las tierras, que tienen muchas tierras,
que la cuiden. Yo no se qué, pero mis abuelos están
percibiendo algo, que por causa del mal trato de la tierra caemos
todos. Por eso se pide a los que tienen mucha tierra que las
cuiden, porque no la conocen. Hoy muchos vienen a adueñarse
y no conocen cuál es el secreto de la tierra y cuál
es el poder de esa tierra.
Nuestra pelea por la tierra en el Chaco es muy fuerte. Años
atrás nosotros no nos animábamos a hacer este
tipo de lucha, pero nos dimos cuenta que si no salimos nosotros
los indígenas a luchar, nadie va a hacerlo por nosotros.
Es una lucha de muchos años. Se va a terminar cuando
la mayoría de los hermanos blancos que administran el
Estado entiendan el significado de lo que es para nosotros la
tierra. No es un valor monetario. Vale más que una vida
para nosotros. ?
Extraído de Revista La Educación en nuestras manos,
N° 77, diciembre de 2006.