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revista La Urdimbre nro. 108 - ENERO 2012
Esta es la edición número 108, enero 2012, de nuestra revista mensual gratuita

Liberan cóndor rehabilitado en zoo de Buenos Aires
cóndor liberado en Catamarca

SUBTES: Forever Young
Pr Agrupación Amigos del Subte
con melodías de época. A partir del 8 de enero, domingos de enero y febrero a las 18 hs.
Visita guiada en el Edificio de la ex Munich
ex confiteria munich
liberan molinetes en lapsos matutinos y vespertinos
Protesta sindical por aumento en subtes


las funciones se reanudarán el próximo mes de febrero
El Planetario equipado con tecnología de última generación
plaanetario Galileo Galilei
La "Defensora" y la especulación inmobiliaria
Por Enrique Viale, Sebastián Pilo y Jonatan Baldiviezo*
para su posterior puesta en valor
La Ciudad propone expropiar la ex Confitería El Molino


¿A quiénes defiende Alicia Pierini?
en la ex esma
Presentan archivo de la memoria de la diversidad sexual
archivo de la memoria de la diversidad sexual
para invertir en el Centro Cívico de barracas
Venderán el Edificio del Plata

derrumbe de edificio bartolomé mitre 1200
Evitable pérdida de patrimonio y de una vida
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Nota en Edición Impresa de La Urdimbre, marzo 2007
En 1967 se publicaba en Buenos Aires la primera edición mundial de “Cien Años de Soledad”
Por Redacción La Urdimbre

La novela vio la luz el 30 de mayo de 1967 en la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, una de las más prestigiosas de América Latina y estuvo en los estantes de las librerías el 5 de junio. En aquellos días –que cambiarían la literatura mundial– no fue extraño ver por las calles la ciudad a muchas personas caminando con bolsas de mercado de las cuales sobresalían ejemplares de Cien años de soledad. La euforia –que antes de salir había desatado entre escritores, críticos y lectores avezados– se repetía con igual intensidad en los lectores corrientes.

Francisco Porrúa, el director literario de Sudamericana –la mítica editorial que había descubierto a Julio Cortázar, a Juan Carlos Onetti, y puesto de moda El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrel– a última hora decidió aumentar de cinco a ocho mil el número de ejemplares de Cien años de soledad para la primera edición; la lectura de los primeros capítulos lo había deslumbrado y le hizo tomar la decisión de aumentar el tiraje.

Esa tirada inicial de ocho mil ejemplares –que a Gabo le pareció una exageración– se agotó en menos de 15 días. Una segunda edición de diez mil ejemplares dejó a la editorial sin papel y sin cupos de imprenta, por lo que durante dos meses toda América Latina hablaba de Cien años de soledad, sin que la gente pudiera comprarla ya que no estaba en las librerías.
Recientemente escogida por un grupo de 125 intelectuales como una de las 20 mejores novelas de la historia –y, junto con El Quijote, las únicas en español de la lista– sufrió muchos rechazos antes de aquella primera edición, entre ellos el de Guillermo de Torre, editor de Losada, quien consideró que la novela no valía la pena.

García Márquez había publicado, hasta aquella fecha, Ojos de perro azul, La hojarasca, Relato de un náufrago, El coronel no tiene quien le escriba, La mala hora y Los funerales de la Mamá Grande. Sin embargo, esas obras habían pasado desapercibidas para el gran público; era un escritor exclusivamente conocido en reducidos círculos literarios, que se ganaba la vida como periodista: fue el reportero estrella de El Espectador de Bogotá, enviado especial en Europa y corresponsal en Nueva York de Prensa Latina, la agencia cubana. Incluso llegó a dirigir en México dos revistas de prensa rosa o del corazón, precisamente cuando se preparaba para iniciar la redacción de su obra maestra.

Por es a época solía alquilar su talento a la publicidad y al cine –una de sus grandes vocaciones– escribiendo guiones a sueldo. Pero en tiempos no lejanos había llegado incluso vender seguros, enciclopedias y hasta botellas y periódicos viejos. En su etapa parisina había cantado, para poder comer, canciones mexicanas en cafetines del barrio Latino. Conocida es la anécdota de que la revelación –en esos términos lo explica Gabo— para encarar Cien Años de Soledad le vino cuando viajaba en automóvil con su esposa Mercedes y sus dos hijos desde la Ciudad de México a Acapulco. ¡Por fin, lo tenía!. “El tono era contarlo como contaba las cosas mi abuela”. Es decir, sin sorprenderse de lo que estaba narrando, sino contar las cosas con una naturalidad como lo hacía ella por muy extrañas que fueran.

García Márquez decide entonces encerrarse a escribir la novela que lo haría famoso. Logra reunir cinco mil dólares (los ahorros de la familia, las ayudas de sus amigos: durante este tiempo, Gabo recibía las visitas de Carlos Fuentes y Álvaro Mutis, siempre cargados de regalos, que le ayudaban a subsistir a la familia). Encerrado en el estudio de su casa durante 18 meses, García Máquez no salió hasta tener bajo el brazo el texto terminado. Mercedes, su esposa, no perdía la esperanza que una vez publicada la novela las cosas iban a mejorar para todos, tal y como lo había prometido Gabo, aunque mucho distaba de imaginar que la obra se convertiría en el mayor éxito editorial de la literatura latinoamericana del siglo XX: de la obra cumbre del realismo mágico se han editado hasta la fecha más de 35 millones de ejemplares en una treintena de lenguas.

Pero en aquel entonces, tras 18 meses de duro trabajo de su esposo, Mercedes contabiliza una deuda doméstica de más de diez mil dólares. Para enviar el manuscrito de Cien años de soledad a la Editorial Sudamericana, se dice que el matrimonio empeñó los tres últimos objetos de un cierto valor que les quedaban: una batidora, un secador de pelo y la estufa.

Cuando La novela empieza a circular en las librerías de Buenos Aires aquel lunes 5 de junio sólo faltaba una cosa, el plebiscito a favor de los lectores, y éste se produce más rápido de lo que nadie hubiera sospechado: a los 15 días se agota la primera edición: la gente acudía enfebrecida a comprar la novela del desconocido escritor colombiano que –según anunciaba la publicidad en un diario– hablaba de la selva, la guerra, las pasiones, la construcción de un mundo, la historia de Macondo desde su fundación hasta la muerte del último Buendía.

«Invitado como jurado del concurso de novela Primera Plana-Editorial Sudamericana –rememora el poeta colombiano Luis Fernando Afanador– Gabriel García Márquez arribó a Buenos Aires a finales de junio de 1967. Y pudo asistir, en persona, al nacimiento de su fama. Tomás Eloy Martínez, periodista en ese momento del diario Primera Plana, lo ha contado de manera inmejorable: “Aquella misma noche fuimos al teatro del Instituto Di Tella. Estrenaban, recuerdo, ‘Los siameses’, de Griselda Gambaro. Mercedes y él se adelantaron hacia la platea, desconcertados por tantas pieles tempranas y plumas resplandecientes. La sala estaba en penumbras, pero a ellos, no sé por qué, un reflector les seguía los pasos. Iban a sentarse cuando alguien, un desconocido, gritó ‘¡Bravo!’, y prorrumpió en aplausos. Una mujer le hizo coro: ‘Por su novela’, dijo. La sala entera se puso de pie. En ese preciso instante vi que la fama bajaba del cielo, envuelta en un deslumbrador aleteo de sábanas, como Remedios, la bella, y dejaba caer sobre García Márquez uno de esos vientos de luz que son inmunes a los años”».

Este año, al cumplirse el 40 aniversario de su primera publicación, la obra que dio vida a los Buendía y fama mundial a un poblado llamado Macondo aparecerá impresa en una edición conmemorativa de la Real Academia Española, algo que hasta ahora sólo había logrado “El Quijote” de Miguel de Cervantes.

La edición, que incluirá una parte del análisis que hizo el peruano Mario Vargas Llosa sobre la obra, tendrá una semblanza de autor escrita por el colombiano Álvaro Mutis y una introducción del mexicano Carlos Fuentes, dos escritores del círculo íntimo de García Márquez. También contará con un glosario de términos y una “Genealogía de los Buendía.”

La presentación de la nueva edición del libro se hará en el marco de los homenajes que recibirá el escritor en el IV Congreso de la Lengua Española, del 26 al 29 de marzo en Cartagena de Indias, en un año en que también se celebra el cumpleaños 80 de “Gabo” y el cuarto de siglo desde que ganó el Nóbel de Literatura.