La novela vio la luz el 30 de mayo de 1967 en la Editorial
Sudamericana de Buenos Aires, una de las más prestigiosas
de América Latina y estuvo en los estantes de las librerías
el 5 de junio. En aquellos días –que cambiarían
la literatura mundial– no fue extraño ver por las
calles la ciudad a muchas personas caminando con bolsas de mercado
de las cuales sobresalían ejemplares de Cien años
de soledad. La euforia –que antes de salir había
desatado entre escritores, críticos y lectores avezados–
se repetía con igual intensidad en los lectores corrientes.
Francisco Porrúa, el director literario de Sudamericana
–la mítica editorial que había descubierto
a Julio Cortázar, a Juan Carlos Onetti, y puesto de moda
El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrel– a
última hora decidió aumentar de cinco a ocho mil
el número de ejemplares de Cien años de soledad
para la primera edición; la lectura de los primeros capítulos
lo había deslumbrado y le hizo tomar la decisión
de aumentar el tiraje.
Esa tirada inicial de ocho mil ejemplares –que a Gabo
le pareció una exageración– se agotó
en menos de 15 días. Una segunda edición de diez
mil ejemplares dejó a la editorial sin papel y sin cupos
de imprenta, por lo que durante dos meses toda América
Latina hablaba de Cien años de soledad, sin que la gente
pudiera comprarla ya que no estaba en las librerías.
Recientemente escogida por un grupo de 125 intelectuales como
una de las 20 mejores novelas de la historia –y, junto
con El Quijote, las únicas en español de la lista–
sufrió muchos rechazos antes de aquella primera edición,
entre ellos el de Guillermo de Torre, editor de Losada, quien
consideró que la novela no valía la pena.
García Márquez había publicado, hasta
aquella fecha, Ojos de perro azul, La hojarasca, Relato de un
náufrago, El coronel no tiene quien le escriba, La mala
hora y Los funerales de la Mamá Grande. Sin embargo,
esas obras habían pasado desapercibidas para el gran
público; era un escritor exclusivamente conocido en reducidos
círculos literarios, que se ganaba la vida como periodista:
fue el reportero estrella de El Espectador de Bogotá,
enviado especial en Europa y corresponsal en Nueva York de Prensa
Latina, la agencia cubana. Incluso llegó a dirigir en
México dos revistas de prensa rosa o del corazón,
precisamente cuando se preparaba para iniciar la redacción
de su obra maestra.
Por es a época solía alquilar su talento a la
publicidad y al cine –una de sus grandes vocaciones–
escribiendo guiones a sueldo. Pero en tiempos no lejanos había
llegado incluso vender seguros, enciclopedias y hasta botellas
y periódicos viejos. En su etapa parisina había
cantado, para poder comer, canciones mexicanas en cafetines
del barrio Latino. Conocida es la anécdota de que la
revelación –en esos términos lo explica
Gabo— para encarar Cien Años de Soledad le vino
cuando viajaba en automóvil con su esposa Mercedes y
sus dos hijos desde la Ciudad de México a Acapulco. ¡Por
fin, lo tenía!. “El tono era contarlo como contaba
las cosas mi abuela”. Es decir, sin sorprenderse de lo
que estaba narrando, sino contar las cosas con una naturalidad
como lo hacía ella por muy extrañas que fueran.
García Márquez decide entonces encerrarse a escribir
la novela que lo haría famoso. Logra reunir cinco mil
dólares (los ahorros de la familia, las ayudas de sus
amigos: durante este tiempo, Gabo recibía las visitas
de Carlos Fuentes y Álvaro Mutis, siempre cargados de
regalos, que le ayudaban a subsistir a la familia). Encerrado
en el estudio de su casa durante 18 meses, García Máquez
no salió hasta tener bajo el brazo el texto terminado.
Mercedes, su esposa, no perdía la esperanza que una vez
publicada la novela las cosas iban a mejorar para todos, tal
y como lo había prometido Gabo, aunque mucho distaba
de imaginar que la obra se convertiría en el mayor éxito
editorial de la literatura latinoamericana del siglo XX: de
la obra cumbre del realismo mágico se han editado hasta
la fecha más de 35 millones de ejemplares en una treintena
de lenguas.
Pero en aquel entonces, tras 18 meses de duro trabajo de su
esposo, Mercedes contabiliza una deuda doméstica de más
de diez mil dólares. Para enviar el manuscrito de Cien
años de soledad a la Editorial Sudamericana, se dice
que el matrimonio empeñó los tres últimos
objetos de un cierto valor que les quedaban: una batidora, un
secador de pelo y la estufa.
Cuando La novela empieza a circular en las librerías
de Buenos Aires aquel lunes 5 de junio sólo faltaba una
cosa, el plebiscito a favor de los lectores, y éste se
produce más rápido de lo que nadie hubiera sospechado:
a los 15 días se agota la primera edición: la
gente acudía enfebrecida a comprar la novela del desconocido
escritor colombiano que –según anunciaba la publicidad
en un diario– hablaba de la selva, la guerra, las pasiones,
la construcción de un mundo, la historia de Macondo desde
su fundación hasta la muerte del último Buendía.
«Invitado como jurado del concurso de novela Primera
Plana-Editorial Sudamericana –rememora el poeta colombiano
Luis Fernando Afanador– Gabriel García Márquez
arribó a Buenos Aires a finales de junio de 1967. Y pudo
asistir, en persona, al nacimiento de su fama. Tomás
Eloy Martínez, periodista en ese momento del diario Primera
Plana, lo ha contado de manera inmejorable: “Aquella misma
noche fuimos al teatro del Instituto Di Tella. Estrenaban, recuerdo,
‘Los siameses’, de Griselda Gambaro. Mercedes y
él se adelantaron hacia la platea, desconcertados por
tantas pieles tempranas y plumas resplandecientes. La sala estaba
en penumbras, pero a ellos, no sé por qué, un
reflector les seguía los pasos. Iban a sentarse cuando
alguien, un desconocido, gritó ‘¡Bravo!’,
y prorrumpió en aplausos. Una mujer le hizo coro: ‘Por
su novela’, dijo. La sala entera se puso de pie. En ese
preciso instante vi que la fama bajaba del cielo, envuelta en
un deslumbrador aleteo de sábanas, como Remedios, la
bella, y dejaba caer sobre García Márquez uno
de esos vientos de luz que son inmunes a los años”».
Este año, al cumplirse el 40 aniversario de su primera
publicación, la obra que dio vida a los Buendía
y fama mundial a un poblado llamado Macondo aparecerá
impresa en una edición conmemorativa de la Real Academia
Española, algo que hasta ahora sólo había
logrado “El Quijote” de Miguel de Cervantes.
La edición, que incluirá una parte del análisis
que hizo el peruano Mario Vargas Llosa sobre la obra, tendrá
una semblanza de autor escrita por el colombiano Álvaro
Mutis y una introducción del mexicano Carlos Fuentes,
dos escritores del círculo íntimo de García
Márquez. También contará con un glosario
de términos y una “Genealogía de los Buendía.”
La presentación de la nueva edición del libro
se hará en el marco de los homenajes que recibirá
el escritor en el IV Congreso de la Lengua Española,
del 26 al 29 de marzo en Cartagena de Indias, en un año
en que también se celebra el cumpleaños 80 de
“Gabo” y el cuarto de siglo desde que ganó
el Nóbel de Literatura.