
En
la remera del trabajador pueden verse el logo y la leyenda del
Ministerio de Espacio Público. Se trata, puede presumirse,
de un empleado del Gobierno de la Ciudad.
Como el retorno de las cuadrillas propias —después
de años de tercerización— sorprendió
al cronista de La Urdimbre, éste quiso saber más.
Les pidió en principio confirmación de la relación
laboral con el GCBA a algunos operarios que calzan las remeras
de marras en la renovación de veredas en Catalinas Sur.
Y ¡oh sorpresa! no son “empleados municipales”.
Son asalariados de una empresa contratista. ¿Por qué
usan entonces una identificación falaz, un engañoso
disfraz?
Si no son empleados del Gobierno no deberían usar identificaciones
que induzcan a error. La explicación podría residir
en la actitud marquetinera de algunos sectores oficiales en promocionar
su trabajo y, de paso, la figura del Jefe de Gobierno de cara
a las próximas elecciones. Este “engaño”
menor no debería empañar la realidad de un plan
de obras que es notorio en la zona, cuyas principales realizaciones
se ilustran en las imágenes color de este número
de nuestra publicación.
Sin embargo, la cuestión no termina allí, tiene
un nuevo giro. Los trabajadores consultados afirman que esa única
pieza de la ropa de trabajo se las dieron (en realidad de las
prestaron) en la empresa. ¿Por qué no usan ropa
de trabajo de esa empresa, la constructora que los emplea? y ¡oh,
segunda sorpresa! porque tampoco son empleados del contratista.
¿Que son, entonces? Son trabajadores en negro, según
algunos de los consultados se animaron a admitir.
O sea, el Gobierno de la Ciudad ¿permite, promueva, alienta
o ignora, el uso del logo de uno de sus ministerios en trabajadores
con quienes no se cumplen las leyes laborales?
Hay más. La empresa contratista emplea a dos grupos de
trabajadores. Pertenecen a distintas cuadrillas y si bien hacen
el mismo trabajo de renovación de baldosas, la mayoría
de los trabajadores ignora quienes son “los otros”.
Como en uno de esos grupos afirman que están empleados
y cobran su sueldo mediante sobre reglamentario y en el otro no,
podría presumirse que el uso de la camiseta oficial pudiera
ser una forma conveniente de hacer pasar gato por liebre.
El IVC no es exhibicionista
Un caso inverso —diríamos diametralmente opuesto—
un ejemplo de actitud circunspecta, es el que exhiben (con perdón
de la palabra) las autoridades del Instituto de la Vivienda
del GCBA. La tardía exhibición (oh, oh, oh, de
nuevo) de un cartel de obra en la construcción que el
IVC lleva adelante en el predio de Espinosa 351, omite un dato
fundamental: no dice cuál es la empresa que ganó
la licitación y, como si eso fuera poco, tampoco dice
cuánto le cuesta la obra al contribuyente de la Ciudad,
porque no olvidemos se trata de fondos provenientes del presupuesto
oficial que se nutre de impuestos de ABL, ingresos brutos, etc.
que pagamos todos.
Una aclaración que despeja cualquier
certeza
En el número anterior de La Urdimbre hicimos referencia
al “desprecio oficial por el diálogo” que
había exhibido el Instituto de la Vivienda con (algunos)
vecinos de La Boca. En eso hubo un avance. Una delegación
preocupada por la construcción de Espinosa 351 fue recibida
por el gerente general del IVC, Andrés Filón.
Tal como había trascendido, la construcción es
un hogar de tránsito que albergará 56 familias,
una en cada unidad de los departamentos de dos plantas de un
programa de reconversión de conventillos, que serían
alojadas en forma temporaria a medida que se concluyan las viviendas
definitivas.
Esto fue confirmado por el funcionario, quien además defendió
la calidad de los materiales, el método constructivo y
la finalidad de la obra. A la hora de dilucidar otros interrogantes,
los asistentes a la reunión —entre quienes nos encontrábamos
en función periodística— no dimos crédito
a lo que escuchamos: “No se hizo licitación, se trata
de una contratación directa”, afirmó el funcionario.
¿Por qué suma? preguntaron los vecinos.
“Eso no los sabremos hasta que termine la obra”,
respondió impasible Andrés Filón, quien
antes había aclarado que no es arquitecto sino economista.