AYa son pocos los periodistas de opinión que se autotitulan
objetivos. Los que antes posaban de tales, ahora encontraron
la veta del periodismo independiente puro. Algunos de ellos
se quejan cuando las restricciones vienen por parte del Estado.
Nunca se los escuchará gritar cuando las limitaciones
vienen de las empresas que los contratan o de las publicidades
que los auspician en espacios alquilados.
Joaquín Morales Solá se autotitula periodista
independiente, siendo el columnista de opinión estrella
del diario La Nación. El mismo que fundó Bartolomé
Mitre, el mentor de la historia oficial, cuyas tergiversaciones
y falsedades se ha tardado décadas en desenmascarar.
El diario al que definió Homero Manzi como el guardaespaldas
del “héroe”.
Ahí, en esas columnas donde palpitan los intereses de
las grandes empresas, de las privatizadas, de los laboratorios,
de alguna embajada, Joaquín Morales Solá ha escrito
el miércoles 15 de agosto refiriéndose a la doctora
Elisa Carrió: “Quizás solo quieran ponerla
presa, como lo expuso el ministro De Vido en el comienzo de
todo. ¿Para callarla? Si fuera así, es oportuno
recordar que el intento resultará fatalmente inútil,
porque el periodismo independiente está dispuesto a hacer
cola frente a la cárcel de Carrió para llevar
sus palabras al aire libre.”
O cuando celebra el triunfo de Hermes Binner (La Nación
del 3 de septiembre), alineado en su prédica antikirchnerista:
“Es un médico con cara de bueno, que aprendió
de los socialdemócratas europeos que el progreso consiste
en que la gente viva bien… Nunca lo vieron… haciendo
populismo latinoamericano en palcos electorales. Tampoco usaron
los recursos públicos para el clientelismo político
o para encender fogatas de improbable revoluciones. Los empresarios
se sintieron cómodos…”
Si el columnista es tan independiente como sostiene ¿Estuvo
de acuerdo o no, cuando su superior Claudio Escribano le realizó
un virtual ultimátum, antes que asumiera, al gobierno
elegido el 27 de abril del 2003? Como no hizo ningún
comentario crítico, se supone que lo compartía.
Y si no era así ¿Donde quedaba su independencia?
Recordemos lo que exigió el representante de La Nación
al presidente Néstor Kirchner, con la advertencia que
en caso contrario no duraría más de un año:
“1. La Argentina debe alinearse con los Estados Unidos.
No son necesarias relaciones carnales, pero sí alineamiento
incondicional. Es incomprensible que aún no haya visitado
al embajador de los Estados Unidos.
2. No queremos que haya más revisiones sobre la lucha
contra la subversión. Está a punto de salir un
fallo de la Corte Suprema de Justicia en ese sentido. Nos parece
importante que el fallo salga y que el tema no vuelva a tratarse
políticamente. Creemos necesaria una reivindicación
del desempeño de las Fuerzas Armadas en el contexto histórico
en el que les tocó actuar.
3. No puede ser que no haya recibido a los empresarios. Están
muy preocupados porque no han podido entrevistarse con usted.
4. Nos preocupa la posición argentina con respecto a
Cuba, donde están ocurriendo terribles violaciones a
los derechos humanos.
5. Es muy grave el problema de la inseguridad. Debe generarse
un mejor sistema de control del delito y llevar tranquilidad
a las fuerzas del orden con medidas excepcionales de seguridad”.
Arturo Jauretche afirmaba: “La prensa independiente no
existe y la independencia es una máscara para hacer pasar
la mercadería de contrabando como agua corriente ‘incolora,
inodora, insípida’, para que el estómago
del lector no se prevenga defensivamente”
El periodista Marcelo Zlotogwiaz–da en su columna de
la Revista XXIII del 16/08/2007, hablando de la burbuja inmobiliaria,
cita a Dean Baker economista del Centro de Investigaciones en
Economía y Política de Washington que realizó
un trabajo donde “muestra como el periodismo contribuyó
a mantener viva la burbuja haciendo uso del sesgo informativo.
Una consultora midió cuantas veces los medios citaron
en los años 2005 y 2006 a los tres más influyentes
expertos que tenían una visión optimista sobre
el mercado inmobiliario y cuantas veces a los tres más
influyentes que tenían una mirada negativa del futuro:
los primeros aparecieron 2.845 veces contra 852 de los otros.
Con la particularidad de que mientras los tres pesimistas eran
economistas independientes, los tres más citados eran
economistas a sueldo de la asociación de los bancos hipotecarios,
de la asociación de constructores, y de la asociación
de corredores de bienes raíces. El representante de ésta
última entidad David Lereah fue por lejos el que más
apareció (1796 sobre 2845 veces) En febrero de 2005 publicó
un libro apologético titulado: ¿Ud. se está
perdiendo el boom inmobiliario? que en la edición del
año pasado fue retitulado como “Por qué
el boom inmobiliario no va a reventar y como usted puede beneficiarse
de él”.
Los argentinos recordamos a los gurúes de la City, columnistas
habituales de La Nación, que eran presentados como técnicos
asépticos para asegurar la perdurabilidad y beneficios
de la convertibilidad, de las privatizaciones, de la apertura
irrestricta, del desguace del estado, de las relaciones carnales.
La Nación infló y apoyo subliminalmente la candidatura
de Ricardo López Murphy en el 2003, como luego lo hizo
con la de Mauricio Macri. Tiene todo el derecho de hacerlo,
a condición que lo blanquee y no que pose como “periodismo
independiente”
A su vez el columnista dominical del mismo medio Mariano Grondona,
entre sofismas y mentiras en griego, considera que la quintaesencia
del periodismo independiente es preguntarse como y cuando derrotar
al Kirchnerismo (La Nación 26-08-2007), hacer lobby por
Mauricio Macri y Jorge Sosbisch, y tener como visitantes abonados
a Juan Carlos Blumberg y a Elisa Carrió.
Muchas veces los periódicos y los medios en general,
le dan la razón a Obdulio Varela –el notable capitán
de la selección uruguaya de fútbol, campeón
mundial de 1950: “Los diarios contienen solamente dos
cosas que son verdad: el precio y la fecha”. O aquella
ironía de Mark Twain: “Si no lee los diarios, estará
desinformado, si los lee, estará mal informado”
.
O en este texto corto del escritor uruguayo Eduardo Galeano
llamado Instrucciones para leer el diario: “El general
mejicano Francisco Serrano fumaba y leía, hundido en
un sillón del casino militar de Sonora. El general leía
el diario. El diario estaba cabeza abajo.
El presidente Álvaro Obregón, quiso saber:
–¿Usted siempre lee el diario al revés?
El general asintió.
–¿Y se puede saber por que?
–Por experiencia, presidente, por experiencia”