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revista La Urdimbre nro. 108 - ENERO 2012
Esta es la edición número 108, enero 2012, de nuestra revista mensual gratuita

Liberan cóndor rehabilitado en zoo de Buenos Aires
cóndor liberado en Catamarca

SUBTES: Forever Young
Pr Agrupación Amigos del Subte
con melodías de época. A partir del 8 de enero, domingos de enero y febrero a las 18 hs.
Visita guiada en el Edificio de la ex Munich
ex confiteria munich
liberan molinetes en lapsos matutinos y vespertinos
Protesta sindical por aumento en subtes


las funciones se reanudarán el próximo mes de febrero
El Planetario equipado con tecnología de última generación
plaanetario Galileo Galilei
La "Defensora" y la especulación inmobiliaria
Por Enrique Viale, Sebastián Pilo y Jonatan Baldiviezo*
para su posterior puesta en valor
La Ciudad propone expropiar la ex Confitería El Molino


¿A quiénes defiende Alicia Pierini?
en la ex esma
Presentan archivo de la memoria de la diversidad sexual
archivo de la memoria de la diversidad sexual
para invertir en el Centro Cívico de barracas
Venderán el Edificio del Plata

derrumbe de edificio bartolomé mitre 1200
Evitable pérdida de patrimonio y de una vida
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Nota en Edición Impresa de La Urdimbre, octubre 2007
SOLOS EN LA MADRUGADA

Las estadísticas muestran que más de una cuarta parte de la población porteña vive sola. El envejecimiento demográfico, el descenso de la nupcialidad, el aumento de los divorcios y la mayor longevidad de la población femenina determinan, además, que una elevada porción de estos hogares unipersonales estén compuestos por adultas de más de 60 años. La nota es de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.

En la ciudad de Buenos Aires, 27 de cada cien habitantes viven solos. De acuerdo a estadísticas oficiales, los matrimonios son cada vez menos frecuentes, se celebran a edades más tardías y se disuelven más a menudo. Las mujeres lideran el 86% de las denominadas familias monoparentales, aquellas en las que falta alguno de los cónyuges. Son mayoritariamente madres solas, que mantienen a sus hijos con un sueldo 30 por ciento inferior al de los varones en su misma situación.

“Si se comparan los datos censales obtenidos entre 1991 y 2005, los hogares compuestos por la jefa o el jefe solo o con empleados domésticos son los únicos que crecieron de manera significativa: 17 por ciento. Este incremento se tradujo en una disminución del promedio de personas que componen el total de hogares: mientras que en 1980 era de 3,1, en 2005 se redujo a 2,6”, describe Victoria Mazzeo, responsable de la Unidad de Análisis Demográfico de la Dirección General de Estadísticas y Censos del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El envejecimiento demográfico, el descenso de la nupcialidad, el aumento de los divorcios y la mayor longevidad de la población femenina determinaron, además, que una elevada porción de estos hogares unipersonales estén compuestos por adultas de más de 60 años.

Según la Encuesta Anual de Hogares realizada en 2006 por esa Dirección, los barrios que tienen mayor proporción de hogares con un único integrante son Balvanera, San Cristóbal, Retiro, San Nicolás, Monserrat, Constitución, San Telmo y Puerto Madero. En el otro extremo, La Boca, Barracas, Parque Patricios, Nueva Pompeya, Villa Soldati y Villa Lugano son las zonas que presentan la mayor cantidad de hogares con cinco o más miembros.
“La institución del matrimonio ha comenzado a perder su capacidad como reguladora de la vida en pareja y la procreación para dar lugar a la unión consensuada y a la convivencia entre personas que no tienen relaciones de parentesco y que, como los jóvenes que llegan a la ciudad provenientes de otras provincias para estudiar en la universidad, deciden vivir juntas porque comparten intereses afines”, analiza Mazzeo. En efecto, de acuerdo a su informe “Los cambios en la organización familiar, el incremento de las familias monoparentales en la Ciudad de Buenos Aires a partir de los ochenta”, en las últimas dos décadas quienes conviven sin haberse casado legalmente duplicaron su participación en la población mayor de 14 años: de cada 100 parejas, 27 (más de la cuarta parte del total) ya son consensuadas. Y los separados o divorciados crecieron en idéntica proporción.

El aumento de las uniones voluntarias se produjo con mayor fuerza en las edades más jóvenes y entre los hombres, mientras que las rupturas se incrementaron más a partir de los 40 años y predominantemente entre las mujeres que, por ser quienes generalmente obtienen la tenencia de sus hijos, se ven más condicionadas que los varones a la hora de formar una nueva unión.

El fenómeno de la cohabitación como paso previo al matrimonio se hizo más notorio entre quienes nacieron en la década del setenta cuando, simultáneamente, empezó a observarse una constante postergación de la formación de la familia en comparación con las generaciones anteriores. “Hace 40 años la edad promedio de la primera unión legal era de 26 años en el caso de las mujeres y de 29 en el de los hombres, pero ahora se extendió a 30 y 32 años, respectivamente”, asegura Mazzeo. “Y esto no solamente se debe a la costumbre ya instaurada de convivir previamente, sino también a que la mujer comenzó a emanciparse más temprano y prefiere desarrollar una carrera profesional antes que casarse o convertirse en mamá”. Así, la proporción de mujeres de 30 a 39 años con educación universitaria completa trepó del 14% en 1980 al 26% en 2006. Y este cambio se vio directamente reflejado en el descenso de su fecundidad, que en el mismo período bajó del 65% al 48%.

El aumento de los divorcios y de las separaciones consensuadas de parejas contribuyeron al crecimiento de las jefaturas de hogar femeninas: de acuerdo a datos de 2006, el 86 por ciento de las familias monoparentales –aquellas donde falta alguno de los cónyuges–está encabezado por madres, de las cuales la mayor parte (el 64%) está sola con sus hijos. “La propia conformación de estos hogares afecta directamente a su limitado presupuesto, ya que la única fuente de ingresos es la mujer, que debe repartir su escaso tiempo entre el trabajo y los quehaceres domésticos”.
Asimismo, pese a los avances registrados en los últimos años, las disparidades entre hombres y mujeres en el mercado laboral aún son muy grandes. El ingreso per capita promedio de un hogar compuesto por el padre solo con sus hijos en 2005 fue un 31 % más alto que el de una madre en la misma situación: 1.029 pesos contra sólo 704. “El Estado debería tomar nota de las transformaciones demográficas que está sufriendo nuestra población, para diseñar políticas sociales adecuadas que permitan atender las demandas de los sectores más vulnerables”, concluye Mazzeo.