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Octubre 2006

Editorial
Durante estos días se han escuchado quejas un tanto bizarras de parte de fumadores inveterados quienes argumentan tener tanto derecho a fumar como los no fumadores a no hacerlo. Pero la Cámara de Diputados y un legislador porteño dan la nota.

No fumar como hábito
A un año de su sanción el 1 de octubre entró en vigencia el capítulo VI (“De la protección al no fumador”) de la ley 1799 que “prohíbe fumar en lugares cerrados de acceso al público y espacios comunes de los mismos” del ámbito privado. Un avance en materia de salud pública.

FOA
La fundación que financia sus actividades patrocinando una mega muestra anual de arquitectura, diseño interior y paisajismo (Casa FOA) desde hace 23 años, utiliza los ingresos para el desarrollo de investigación, docencia y asistencia social.

Breves
Comunas: nuevos límites, Obra demorada por falta de gasoil, Cestos antivandálicos en el Sur, Enrejan el Puerto, Megaconstrucciones en Puerto Madero.

De maestros y rechazados
Los rechazados de hoy pueden ser los imprescindibles de mañana. Una nota de Oscar Taffetani.

La Argentina insolente
“Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento”. Una polémica intervención de Hugo Sirio.

Licitan sistema contra incendios
En el predio de 300 hectáreas de la Reserva Ecológica de Costanera Sur se producen recurrentes incendios que afectan a la flora y la fauna del santuario. El nuevo sistema mejorará su prevención.

Proponen eliminar feriado
La secretaria de la oficina gubernamental contra la discriminación propuso al Poder Ejecutivo la eliminación del feriado nacional del 12 de octubre, aniversario del descubrimiento de América.



EDITORIAL

A un año de su sanción, el 1 de octubre entró en vigencia el capítulo VI (“De la protección al no fumador”) de la ley 1799 que “prohíbe fumar en lugares cerrados de acceso al público y espacios comunes de los mismos” del ámbito privado. En marzo pasado se había puesto en práctica la misma prohibición para el ámbito público.

Durante estos días se han escuchado quejas un tanto bizarras de parte de fumadores inveterados –acostumbrados a la dupla café-cigarrillo en bares y restaurantes– quienes argumentan tener tanto derecho a fumar como los no fumadores a no hacerlo. Es obvia la falacia de este razonamiento toda vez que está ampliamente demostrado por la ciencia médica que el humo del cigarrillo que flota en el aire es más nocivo aún que el que inhala el fumador. La combinación de moléculas de muchas de la sustancias presentes en el cigarrillo con el oxigeno del aire que respiramos potencia en algunos casos hasta cincuenta veces el daño que provocan. Cabe recordar que una buena parte de las mismas no son naturales de la hoja de tabaco sino aditivos químicos que la industria agrega para realzar el sabor o incrementar la dependencia del adicto.

Aesta altura en que el término “fumador pasivo” ha pasado a ser parte del vocabulario corriente, resulta extraña la insistencia de los fumadores que sienten vulnerados sus derechos aunque prefieran ignorar el de sus semejantes. Pero una resolución de la Cámara de Diputados de la Nación es sencillamente incomprensible. Al rechazar una orden judicial a favor de un empleado jerárquico del congreso Nacional, la Cámara se expidió en estos términos “El riesgo de fumar no implica de manera alguna que el fumador vaya a contraer enfermedades ya señaladas como el cáncer de pulmón o a morir de esos males. No hay certeza alguna, sino mera posibilidad”.

En 2004, la Cámara de Diputados aprobó una resolución por la que se prohibía fumar en la sala de sesiones, sus delegaciones y en las reuniones de la comisión, fundamentando el perjuicio que esto ocasiona a la salud. El nuevo pronunciamiento parece introducir un concepto novedoso: el humo del cigarrillo es riesgoso para la salud de los legisladores en el recinto, pero no para los empleados del Congreso en sus oficinas.

En materia de desvaríos no le va en zaga la presentación de un legislador porteño a una semana de vigencia de la ley 1799, cuyo acatamiento
–hay que destacarlo– ha sido altísimo, al punto tal que los inspectores del Gobierno de la Ciudad labraron unas pocas actas de infracción y sólo los primeros días de vigencia de la normativa. Diego Kravetz, titular de la bancada K en la Legislatura quiere suspender la ley para educar previamente a la población. Argumenta en ese sentido que el GCBA no ha cumplido con una serie de medidas previstas en la normativa (ver nota) tendientes a promover campañas del Ejecutivo en los medios de comunicación masiva, colegios, etc. para desalentar el hábito o apoyar su no inicio entre los jóvenes, entre otras.

Según esta novedosa manera de legislar, las leyes en general – no tan sólo ésta– deberían ir precedidas de educación, capacitación, esclarecimiento, etc. previas a su sanción. Ahora bien, si las campañas hubieran probado alguna vez ser efectivas y/o la población desarrollado masivamente la capacidad de cambiar conductas debido a ellas, ¿para que dictar entonces las leyes? Con una población educada en el cuidado del ambiente no tendríamos una ciudad tapizada de basura. Con conductores educados en el manejo responsable y el uso del cinturón de seguridad, no habría accidentes fatales, y así de seguido.

La realidad es muy distinta. Recién cuando se tornó obligatorio el uso del cinturón, para dar un ejemplo, los automovilistas más desaprensivos comenzaron a usarlo en la Ciudad para evitar sanciones, no porque sea –como lo es– una práctica benéfica para la preservación de su propia seguridad personal. ¿Por qué el legislador supone que los fumadores –tras intensas campañas de concientización– dejarían de practicar su hábito en los lugares de acceso público? ¿No saben acaso que daña a los demás y a si mismos? Dejar de fumar ¿es una cuestión de comprensión intelecutal de mensajes saludables o una seria adicción que requiere una bateria de medidas para combatirla?

Lo que el legislador no percibe es el extraordinario efecto educativo que tienen las leyes. La prohibición de fumar, para el caso que nos ocupa, educa a la población en materia de derechos y obligaciones. Pero no sólo eso, convierte a los no fumadores en custodios de la ley. En eso, el legislador se equivoca pretendiendo la aplicación mecánica de mensajes de arriba (las autoridades de la Ciudad) hacia abajo (la población en general) como “la” única forma de concientizar. Con la ley bajo el brazo cualquier parroquiano tiene ahora el derecho de levantarse de su mesa y recordarle a otro que debe apagar el cigarrillo porque está prohibido fumar en lugares de acceso público en todo el ámbito de la Ciudad o si lo prefiere acercarse al propietario del lugar mencionando su responsabilidad en hacer cumplir la normativa, cuyo no acatamiento conlleva multas significativas y, en caso de reincidencias, cierre del establecimiento por 30 días.

Todas estas inconsistencias no deberían hacernos olvidar las implicancias del hábito en el erario público, más allá de las consecuencias sociales, familiares y laborales que padece toda la sociedad. Estadísticas del 2004 indican que los servicios públicos, la seguridad social y el sector privado gastaron durante ese año unos 4.331 millones de pesos en la atención de las enfermedades relacionadas con el tabaquismo, El incremento de los impuestos al tabaco hizo aumentar la recaudación en mil millones de pesos respecto al 2003, pero la cifra sigue siendo inferior a los montos destinados a tratar las consecuencias de fumar.

Ley de la Ciudad 1799: Importante avance en salud pública
No fumar como hábito
«No dramatice Pérez. Hay otras maneras de salir a fumar afuera»

A un año de su sanción, el 1 de octubre entró en vigencia el capítulo VI (“De la protección al no fumador”) de la ley 1799 que “prohíbe fumar en lugares cerrados de acceso al público y espacios comunes de los mismos” del ámbito privado. En marzo pasado se había puesto en práctica la misma prohibición para el ámbito público.

Durante estos días se han escuchado quejas un tanto bizarras de parte de fumadores inveterados –acostumbrados a la dupla café-cigarrillo en bares y restaurantes– quienes argumentan tener tanto derecho a fumar como los no fumadores a no hacerlo. Es obvia la falacia de este razonamiento toda vez que está ampliamente demostrado por la ciencia médica que el humo del cigarrillo que flota en el aire es más nocivo aún que el que inhala el fumador. La combinación de moléculas de muchas de la sustancias presentes en el cigarrillo con el oxigeno del aire que respiramos potencia en algunos casos hasta cincuenta veces el daño que provocan. Cabe recordar que una buena parte de las mismas no son naturales de la hoja de tabaco sino aditivos químicos que la industria agrega para realzar el sabor o incrementar la dependencia del adicto.

Aesta altura en que el término “fumador pasivo” ha pasado a ser parte del vocabulario corriente, resulta extraña la insistencia de los fumadores que sienten vulnerados sus derechos aunque prefieran ignorar el de sus semejantes. Pero una resolución de la Cámara de Diputados de la Nación es sencillamente incomprensible. Al rechazar una orden judicial a favor de un empleado jerárquico del congreso Nacional, la Cámara se expidió en estos términos “El riesgo de fumar no implica de manera alguna que el fumador vaya a contraer enfermedades ya señaladas como el cáncer de pulmón o a morir de esos males. No hay certeza alguna, sino mera posibilidad”.

En 2004, la Cámara de Diputados aprobó una resolución por la que se prohibía fumar en la sala de sesiones, sus delegaciones y en las reuniones de la comisión, fundamentando el perjuicio que esto ocasiona a la salud. El nuevo pronunciamiento parece introducir un concepto novedoso: el humo del cigarrillo es riesgoso para la salud de los legisladores en el recinto, pero no para los empleados del Congreso en sus oficinas.

En materia de desvaríos no le va en zaga la presentación de un legislador porteño a una semana de vigencia de la ley 1799, cuyo acatamiento
–hay que destacarlo– ha sido altísimo, al punto tal que los inspectores del Gobierno de la Ciudad labraron unas pocas actas de infracción y sólo los primeros días de vigencia de la normativa. Diego Kravetz, titular de la bancada K en la Legislatura quiere suspender la ley para educar previamente a la población. Argumenta en ese sentido que el GCBA no ha cumplido con una serie de medidas previstas en la normativa (ver nota) tendientes a promover campañas del Ejecutivo en los medios de comunicación masiva, colegios, etc. para desalentar el hábito o apoyar su no inicio entre los jóvenes, entre otras.

Según esta novedosa manera de legislar, las leyes en general – no tan sólo ésta– deberían ir precedidas de educación, capacitación, esclarecimiento, etc. previas a su sanción. Ahora bien, si las campañas hubieran probado alguna vez ser efectivas y/o la población desarrollado masivamente la capacidad de cambiar conductas debido a ellas, ¿para que dictar entonces las leyes? Con una población educada en el cuidado del ambiente no tendríamos una ciudad tapizada de basura. Con conductores educados en el manejo responsable y el uso del cinturón de seguridad, no habría accidentes fatales, y así de seguido.

La realidad es muy distinta. Recién cuando se tornó obligatorio el uso del cinturón, para dar un ejemplo, los automovilistas más desaprensivos comenzaron a usarlo en la Ciudad para evitar sanciones, no porque sea –como lo es– una práctica benéfica para la preservación de su propia seguridad personal. ¿Por qué el legislador supone que los fumadores –tras intensas campañas de concientización– dejarían de practicar su hábito en los lugares de acceso público? ¿No saben acaso que daña a los demás y a si mismos? Dejar de fumar ¿es una cuestión de comprensión intelecutal de mensajes saludables o una seria adicción que requiere una bateria de medidas para combatirla?

Lo que el legislador no percibe es el extraordinario efecto educativo que tienen las leyes. La prohibición de fumar, para el caso que nos ocupa, educa a la población en materia de derechos y obligaciones. Pero no sólo eso, convierte a los no fumadores en custodios de la ley. En eso, el legislador se equivoca pretendiendo la aplicación mecánica de mensajes de arriba (las autoridades de la Ciudad) hacia abajo (la población en general) como “la” única forma de concientizar. Con la ley bajo el brazo cualquier parroquiano tiene ahora el derecho de levantarse de su mesa y recordarle a otro que debe apagar el cigarrillo porque está prohibido fumar en lugares de acceso público en todo el ámbito de la Ciudad o si lo prefiere acercarse al propietario del lugar mencionando su responsabilidad en hacer cumplir la normativa, cuyo no acatamiento conlleva multas significativas y, en caso de reincidencias, cierre del establecimiento por 30 días.

Todas estas inconsistencias no deberían hacernos olvidar las implicancias del hábito en el erario público, más allá de las consecuencias sociales, familiares y laborales que padece toda la sociedad. Estadísticas del 2004 indican que los servicios públicos, la seguridad social y el sector privado gastaron durante ese año unos 4.331 millones de pesos en la atención de las enfermedades relacionadas con el tabaquismo, El incremento de los impuestos al tabaco hizo aumentar la recaudación en mil millones de pesos respecto al 2003, pero la cifra sigue siendo inferior a los montos destinados a tratar las consecuencias de fumar.

FOA
La fundación que financia sus actividades patrocinando una mega muestra anual de arquitectura, diseño interior y paisajismo desde hace 23 años, utiliza los ingresos para el desarrollo de investigación, docencia y asistencia social.

La Fundación Oftalmológica Argentina Dr. Jorge Malbrán es una organización sin fines de lucro dedicada a la docencia e investigación dentro del campo de la Oftalmología. Nació el 30 de noviembre de 1964, por iniciativa del doctor Enrique Segundo Malbrán y el apoyo de Milena Polacek de Steurer y de un grupo de colaboradores.

La Fundación está organizada en distintas áreas de trabajo:

Programa de Residencia Médica
Se creó en 1982 y es reconocido por el Ministerio de Salud Pública y la Universidad Nacional de Buenos Aires. Dura tres años y apunta a la capacitación de jóvenes profesionales en Oftalmología. Desde su creación han egresado de la FOA 44 médicos.

Ateneos, cursos y seminarios
FOA participa activamente en congresos nacionales e internacionales, organiza ateneos y seminarios intensivos de investigación. En conjunto con el Departamento de Postgrado de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral, dicta el Curso de Especialización en Córnea. El mismo está dirigido por el doctor Enrique S. Malbrán y la coordinación académica está a cargo del doctor Juan Oscar Croxatto.

Laboratorios
Los laboratorios de Patología Ocular, Bioquímica y Microbiología realizan la investigación básica para el estudio de las causas y la evolución de las enfermedades oculares y de las nuevas técnicas quirúrgicas. En los laboratorios de FOA se atienden consultas nacionales, provinciales e internacionales. Se realizan análisis de biopsias y tejidos oculares para distintas instituciones del país y del exterior. En estos Laboratorios, además, se lleva adelante uno de los registros de mayor importancia en América en lo que se refiere a especimenes de patología ocular, con más de veinte mil casos.

Biblioteca
FOA cuenta con una biblioteca especializada que, de manera permanente, pone al alcance de los profesionales y estudiantes de medicina información actualizada y publicaciones de envergadura provenientes de todo el mundo.

Casa FOA
Casa FOA surgió en 1985, como iniciativa de Mercedes Malbrán de Campos y de un grupo de señoras, con el propósito de recaudar fondos para la Fundación Oftalmológica Argentina “Jorge Malbrán” (FOA).

Casa FOA es la combinación de “diseño y arquitectura” con un propósito social.Se buscó impulsar, además de una exposición atractiva, un espacio para el libre desarrollo de la creatividad un marco organizativo que permitiera a diseñadores, arquitectos, decoradores y paisajistas compartir sus búsquedas con el público. Lleva veintitres años cumpliendo un propósito: recaudar fondos para sostener las actividades de la Fundación Oftalmológica Argentina.

La XXIIIª Edición de CASA FOA tiene como escenario el emblemático edificio Palacio Lezama, ubicado frente al Parque Lezama, donde convergen tres barrios tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires: La Boca, San Telmo y Barracas.

El edificio, representativo de la arquitectura industrial, data del año 1910 y albergó a la ex fábrica de Fideos y Bizcochos Canale y Talleres Viuda de Canale e Hijos. Está ubicado en la Avenida Martín García al 300. La construcción está catalogada por el Área de Patrimonio del Gobierno de la Ciudad como inmueble protegido. Se destaca por su fachada principal de composición simétrica que reúne elementos eclécticos y modernistas. En su interior ha sufrido numerosas modificaciones y ampliaciones por lo que se pueden ver espacios de características arquitectónicas diferenciadas.

Breves

Comunas: nuevos límites
En la sesión del 21 de setiembre, los legisladores subsanaron errores en el trazado de los límites comunales que impedían avanzar hacia la promulgación de la ley electoral de las comunas. El nuevo trazado “resuelve inconvenientes particulares citados por la Justicia como la inclusión de las villas de emergencia en una u otra Comuna, decisión que sólo correspondía ser tomada por el poder político”. El barrio de La Boca duplicó la superficie territorial, logrando acceso directo al Río de la Plata, al incorporar la totalidad de la Isla Demarchi, conjuntamente con las setenta hectáreas de la Ciudad Deportiva del Club Boca Juniors.

Obra demorada por falta de gasoil
Obreros trabajando en 20 de setiembre y Ministro Brin, como parte de la renovación de las deterioradas calzadas de La Boca. La colocación de la carpeta asfáltica está demorada por falta de gasoil para las maquinarias, impensada derivación urbana de la crisis de suministro del vital combustible que afecta al agro y al transporte.

Cestos antivandálicos en el Sur
El ente de Higiene Urbana colocará alrededor de 2100 cestos antivandálicos en los distintos centros comerciales de la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires, que se agregarán a los que se han instalado en la avenida Rivadavia desde Lisandro de la Torre, hasta General Paz.

Enrejan el Puerto
El muelle del Puerto de Buenos Aires a lo largo de la Avenida Pedro de Mendoza está siendo vallado mediante la colocación de verjas metálicas. La medida, que restringe el acceso al área, pone de manifiesto la demorada necesidad de transferir la jurisdicción nacional del Puerto para su armónica integración a la Ciudad

Mega construcciones
Puerto Madero tendrá su shopping, otro complejo de cines, un homecenter y un supermercado, además de decenas de oficinas en un edificio con helipuerto y cientos de habitaciones de hotel. Todo eso es parte de Madero Harbour, un proyecto de 180 millones de dólares y 300 mil metros cuadrados de construcción sobre ocho hectáreas frente al Casinoi flotante, que estaría terminado en octubre de 2009.

11 de setiembre: Día del maestro
De maestros y rechazados
Por Oscar Taffetani

El impresionismo, una revolución que cambió la manera de mirar, pero también el papel de la pintura en la aprehensión, traducción y/o transformación de lo real, nació en el Salón de los Rechazados de una exposición de París, en 1874.

En aquel tiempo los museos y salones oficiales sólo aceptaban el arte conocido. Una especie de pensamiento único regía la estética, en consonancia con el orden establecido. Por eso, a Manet lo rechazaban. Y a Pissarro y a Monet y a Sisley. A Degas y a Renoir. Y después, a Gauguin y a Van Gogh.

En determinado momento, lo mejor del arte pictórico francés no estaba en el Louvre ni en los salones oficiales, sino en el Salón de los Rechazados.

Pasaron los años y hoy la victoria de los maestros impresionistas la vemos no sólo en la incorporación de las telas cuestionadas al patrimonio de los grandes museos, sino, principalmente, en la transformación operada sobre la mirada artística y sobre el concepto de belleza.

Moraleja: los rechazados de hoy pueden ser los imprescindibles de mañana.

Milani, Barba y sus alumnos
Ya hemos contado alguna vez la historia del cura Lorenzo Milani (1923-1967), miembro de una familia de intelectuales florentinos que decidió practicar la opción por los pobres en el terreno educativo, sentando los cimientos físicos y espirituales de la llamada Escuela de Barbiana.

La escuela del cura Milani se creó con los rechazados de las escuelas públicas italianas, con los alumnos repitentes, con los excluidos, en un pueblito perdido de la Toscana.
Milani había descubierto que el sistema educativo de su país, lejos de situarse en la realidad de un campesinado que estaba preso tanto en el campo como en las ciudades, y que no dominaba los códigos necesarios para la supervivencia, lo expulsaba de la escuela, le tomaba examen, lo aplazaba y lo echaba otra vez al campo. O a la calle.

La escuela de Barbiana funcionó y Don Milani -así lo llamaron- se dio el gusto de escribir, en colaboración con sus mismos alumnos y discípulos, el libro Cartas a una profesora, documento que aún hoy acicatea y marca el rumbo a los docentes con vocación.

Algo parecido ocurrió con Eugenio Barba (Brindisi, 1936) y con su señero Odin Teatret, fundado en Dinamarca con los rechazados de los teatros y escuelas dramáticas oficiales. Con exiliados, con homeless, con artistas circenses y de la calle, como Barba -discípulo de Jerzy Grotowski- creó un teatro modelo, que pasó sus primeros diez años sin ser público, y que finalmente salió a la calle y desplegó todo su poder de seducción y su mensaje.

Hoy, septuagenario, Barba ha tenido la satisfacción de ver que muchos de sus rechazados son docentes en escuelas y comunidades teatrales del planeta.

Florencio y Elvirita, un ejemplo cercano

La maestra mendocina Elvira Ponce Aguirre, alumna de Miss Moore y de Miss Koller –dos de las maestras norteamericanas traídas por Sarmiento– fue el gran amor del dibujante y pintor argentino Florencio Molina Campos.

Ambos descendían de familias patricias argentinas. Elvirita, de los López Osorno; Florencio, de Luis María, de Gaspar, de Manuel y de otros “Campos” que hoy habitan el santuario nacional.

Pero un día Arturo Álvarez Insúa –fundador del partido de Moreno– los encontró a esos Campos que –verbigracia– no tenían campos, viviendo en una carpa junto al río Reconquista, y decidió darles un par de lotes en Cascallares, “a pagar como puedan”.

Florencio y Elvirita, entonces, levantaron en Cascallares, con troncos de palmera, durmientes y adobe, su primera casa.

Ella no podía tener hijos y eso la mortificaba, pero él la consoló y la persuadió de que sus auténticos hijos eran todos los chicos de Moreno que estaban esperando una maestra, y una escuela.

Dos albañiles, padres de futuros alumnos, los ayudaron a levantar paredes. El intendente Vera donó bancos y escritorios, y sus hermanas bordaron la bandera. Elvirita y otras vecinas hicieron los guardapolvos. La empresa Alpargatas donó las zapatillas.

Cruzar el río era un problema para los chicos que vivían en Merlo. Entonces, Florencio Molina Campos construyó una canoa e inició la alegre rutina de pasar a los niños de una a otra orilla, remando.

Ya estaba vigente la ley 1420. Ya habían muerto Miss Moore y Miss Koller. Pero los chicos a la vera del río Reconquista, en aquellos terrenos que a duras penas comenzaban a urbanizarse, no tenían escuela. Por eso, sin esperar un subsidio ni pedir nada a cambio, ellos comenzaron a hacer lo que hacía falta.

No eran héroes. No eran seres sobrenaturales. Florencio y Elvirita, lo mismo que aquellos impresionistas franceses de 1874, orgullosos de ser rechazados, lo mismo que el cura Don Milani o que Eugenio Barba, eran maestros.

La Argentina insolente
Por Hugo Sirio

En mi casa me enseñaron bien, pero todo estaba mal. Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:

Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá. Y esta regla se cumplía en ese estricto orden.

Una exigencia de mamá, que nadie discutía... ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papá” Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar... Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.

No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.

Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia. Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa” o “escuchar cuando los mayores hablan”. Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias.

Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera. Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié “las reglas” mediante el sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente. La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible. El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor, y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas.

Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo. Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir. Así fue en mi casa.

Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había “travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo, si me lo permite).

El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas arriba. Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: la impunidad. ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad. Le explicaré: Justicia, porque “el que las hace las paga”. Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos.

Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato. Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara.

En mi casa había una “Tercera Regla” no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa: Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar. Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo que nos arruinó. La INSOLENCIA. Usted puede romper una regla, es su riesgo, pero si alguien le llama la atención, o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable.

Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes. La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio. El mal de los argentinos es la insolencia. La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza La insolencia hace un culto de cuatro principios:

  • Pretender saberlo todo
  • Tener razón hasta morir
  • No escuchar
  • Tú me importas, sólo si me sirves.

La insolencia en mi país admite que la gente pase hambre y que los niños no tengan salud ni educación. La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo, cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira. Así nos vamos a quedar sin trabajo todos. Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.

Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas? Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿Por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes?

Yo se lo voy a contestar: PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso, y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados.

Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas. Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros. No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel. Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla!!

Si es un automovilista respete los semáforos, y respete los derechos del peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA. Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada.

Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa. Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío. Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.

Para preservar el parque natural de la ciudad

Licitan sistema contra incendios


En el predio de 300 hectáreas de la Reserva Ecológica de Costanera Sur, de acceso libre y gratuito, se producen recurrentes incendios que afectan a la flora y la fauna del santuario.

El pasado lunes 18 de setiembre tuvo lugar el acto de apertura de la Licitación de Sistema de Prevención de Incendios para la Reserva Ecológica Costanera Sur. Una vez instalada la red de cañerías que prevé el nuevo sistema, la dotación de bomberos de la Reserva contará con con agua en cantidad y a presión suficientes para atacar los focos igneos en mejores condiciones que las actuales. Se podrá reducir así los lapsos entre la detección del foco y el inicio de las tareas de sofocación que hoy día dependen de la autobomba que forma parte de la dotación de elementos de combate de incendios con que cuenta la Reserva Ecológica.

La licitación amplía también el área de monitoreo ya que la mayoría de los siniestros han ocurrido fuera del alcance de las telecámaras intaladas en una única torre de control.

Los incendios en el predio de la Reserva han sido recurrentes a lo largo de los años, afectando a la flora y
–sobre todo– a la fauna del parque. Existen dudas respecto a si han sido producto de descuido, vandalismo o intereses creados. Mientras el descuido y el vandalismo se explican por si mismos, es más difícil entender como podrían operar los intereses creados. Quienes sostienen esta hipótesis, sin embargo, opinan que el valor de 300 hectáreas en el centro de la ciudad de Buenos Aires podría generar incalculables negocios inmobiliarios. Tales intereses –según esa opinión– podrían incentivar el daño para torcer la voluntad de mantener el predio como un parque natural y reserva ecológica pública y gratuita.

Proponen eliminar feriado del 12 de octubre

La secretaria de la oficina gubernamental contra la discriminación propuso al Poder Ejecutivo la eliminación del feriado nacional del 12 de octubre, aniversario del descubrimiento de América.

La iniciativa de María José Lubertino, secretaria del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), se funda en que esa efeméride es un símbolo del avasallamiento de los pueblos originarios de América por parte de colonizadores europeos, informó ese organismo.

Por decreto del entonces presidente Hipólito Yrigoyen, en 1916, se estableció el feriado del 12 de octubre como “Día de la Raza”, denominación de inspiración hispánica posteriormente abandonada. Pero el feriado se mantuvo.

La secretaria Lubertino invoca lo dispuesto por la Constitución argentina, reformada en 1994, que reconoce “la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, la personería jurídica de sus comunidades y la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan”.

Lubertino también pidió al Congreso la aprobación de un proyecto que suspende, durante cuatro años, la ejecución de sentencias judiciales, actos administrativos o procesales cuyo objeto sea el desalojo u ocupación de tierras en posesión de los pueblos aborígenes.