“Quién controla el pasado controla
el futuro; quien controla el presente controla el pasado”
(George Orwell ‘1984’ )
¿Usted escuchó alguna vez los nombres de Juana
Rouco Buela, Virginia Bolten, María Collazo o Teresa
Caporaletti? ¿Sabe quienes fueron esas mujeres? Casi
con certeza que no. Son parte de la historia que no se enseña
en las aulas y no frecuenta la historiografía de nuestro
país.
Convengamos que Ud. tampoco está obligada/o a saber
acerca de Silvia Bleichmar o María Inés Mato,
dos notables mujeres del presente, de las que también
hablamos en estas páginas. En cambio, Silvia Suller,
Andrea Frigerio o Nazarena Velez ¿Le suenan?
Dentro de poco también vamos a estar familiarizados
con el rostro y la figura de la niña devenida modelo
de pasarela de la noche a la mañana. Fue “descubierta”
por Pancho Doto mientras cartoneaba en Palermo (ella, a él
no le hace falta). La chica tiene 15 años y habla para
la televisión con una notable frescura. Vuelve con un
notero a la esquina de Palermo y se encuentra con dos chicos
cartoneros conocidos.
-¿Qué quieren ser cuando sean grandes? pregunta
el cronista.
–Yo futbolista, responde uno de ellos, de once años
tal vez.
Pasar de ser anónimo encubierto a sujeto descubierto,
ésa parece ser la clave de la salvación individual
a la que nos acostumbra esta cultura de la exaltación
del triunfador.
Cien años atrás las mujeres anónimas del
pueblo, que se mencionan al inicio de esta nota, se asomaron
a la posteridad por haberse destacado en una epopeya popular
sin efeméride. No fue para alejarse de los hombres y
mujeres de trabajo como ellas, sino para reafirmar su pertenencia.
Un chico de quince (algunas crónicas dicen dieciocho)
murió en los sucesos. Según la autora de la nota
central de esta edición “La policía entra
en el conventillo donde vive, y lo fusila a la vista de los
vecinos”. En otros relatos se habla de una “bala
perdida”. Como quiera que sea ¿Quién recuerda
a Miguelito Pepe? En cambio el que dio la orden tiene plaza
y calle en Buenos Aires y la escuela de la Policía Federal
también recuerda al uniformado.
“Hay que tener en cuenta que la historia es la política
del pasado, como la política es la historia del presente.
No entender como fue la política en el pasado es haber
quedado sin brújula para analizar el presente”.
(Hugo Presman).
La historia se repite (como comedia)
Una llamativa confluencia –astral tal vez– provocó
el extraño suceso que podría tener un “aire
de familia” –aunque lejano– con aquella rebelión
contra el aumento de los alquileres de 1907. Tuvo lugar en estos
días. Como por arte de magia, Jorge Telerman sacó
de la galera un descomunal ajuste al impuesto de Alumbrado,
Barrido y Limpieza. ¡Para qué! Por poco provoca
una nueva sublevación popular. Ya se habían programado
marchas convocando a la ciudadanía a resistir los aumentos.
Y no era para menos: aquí en el Sur pobre ìbamos
a pagar “tan sólo” un 50% de más.
En cambio, los ricos en el Norte hubieran tenido que desembolsar
un ¡200% extra! Pero la cuestión se diluyó
tras un repliegue del Jefe de Gobierno. Página 12 tituló
“Barrido antes de alumbrado” haciendo referencia
a la presión de la marea opositora (todos menos el PRO
de Macri) que dio lugar al traslado del asunto a una comisión
legislativa con el encargo de estudiar la cuestión. Las
cacerolas volvieron a ocupar su lugar en la cocina.
Sin embargo, las semejanzas entre aquellos acontecimientos
trágicos y la situación a que dio lugar la iniciativa
del Jefe de Gobierno saliente no terminan allì: según
la autora de la nota de referencia, el exagerado aumento en
los alquileres [que provocaron la reacción de los inquilinos
en 1907] habría sido resultado de un nuevo impuesto inmobiliario
que empezaría a regir al año siguiente. “Los
oligarcas, siempre previsores –afirma Ana María
Ramb– se curan en salud, y ya en 1907 aplican un aumento
preventivo a sus inquilinos”.
Cien años después quedan pocas dudas acerca del
resultado equiparable de ambos episodios, en ese aspecto al
menos: los inquilinos de la Buenos Aires de hoy –que ya
pagan indirectamente el precio de un boom especulativo de la
construcción– terminarían desembolsando
una cierta cantidad de pesos extra a fin de mes.
La mayor parte de los análisis políticos y periodísticos
descreen que la iniciativa tenga relación alguna con
la finalidad declarada por Telerman quien afirma haberla tomado
para corregir una situación inequitativa y así
“dejar su impronta”. Se trata –dicen–
de un acuerdo con el PRO. La recaudación extra hubiera
servido para disminuir el déficit antes de la entrega
del poder y Macri se libra de iniciar su mandato con una medida
impopular.
En materia de transferencias, leemos en el diario de los Mitre:
“Mauricio Macri prometió acabar con el pánico
nuestro de cada día, con los piquetes, con la venta ambulante,
con la usurpación de viviendas y con unas cuantas cosas
más, para las que necesita la compañía
de una fuerza policial”. (José Ignacio Lladós,
Diario La Nación 23/08/07). La inquietante afirmación
nos remite nuevamente a los comienzos del siglo pasado ¿Estará
efectivamente en los planes del nuevo gobierno de la Ciudad,
convertir a la policía –ya sea el sector de la
Federal que fuera traspasado o bien una nueva fuerza–
en un factor de disciplinamiento social, como lo fuera entonces?
Como cierre de estas reflexiones, recordamos a Bertold Bretch,
cuando dice: “El peor analfabeto es el analfabeto político.
No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan,
de la carne, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen
de decisiones políticas. Es tan burro que se enorgullece
y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No
sabe que de su ignorancia política nacen la prostituta,
el niño abandonado y el peor de todos los bandidos: el
político corrupto, mequetrefe y lacayo del gran capital”.