09/07/2008
VINIERON PARA QUEDARSE
Radios de media y baja potencia
Por Héctor Corti, de ANC-UTPBA
Vinieron para quedarse y está muy bien que haya sucedido
así, más allá de todos los problemas y persecuciones
que tuvieron -y tienen- que enfrentar a partir del mismo momento
de su aparición. Es que las radios barriales, comunitarias
y universitarias de media y baja potencia, las “FM truchas”,
como algunos, despectivamente, todavía intentan descalificarlas,
ya transitan la tercera década desde que este fenómeno
comunicacional “explotó” en la Argentina, allá
por los años ´80 del siglo pasado, y han demostrado
con claridad el porqué de su existencia: cumplen una función
social.
Molestan y mucho, seguro. Si no fuera así, el poder
concentrado y quienes representan sus intereses en distintos
sectores de la sociedad, no perderían el tiempo ocupándose
de estas emisoras. No impulsarían aun hoy, cuando se
trata de discutir una nueva legislación democrática
y pluralista en materia de comunicación, esos operativos
confiscatorios de equipos en nombre de la “legalidad”,
que buscan silenciar lo que ya no se puede acallar. Porque estas
radios tienen de su lado la legitimidad que le dieron las personas
que las escuchan y participan diariamente de sus programaciones.
Si se hace un poco de historia, si cada uno realiza un ejercicio
de memoria como oyente, no aparece ninguna dificultad para entender
qué pasó y por qué las emisoras de media
y baja potencia, aun con contradicciones e inexperiencias, pudieron
instalarse, permanecer y prevalecer en la opción y elección
de una buena parte de la población.
La prioridad en la grilla de programación que le dan
al interés local y regional, sea en lo social, político,
cultural, artístico, deportivo, educativo o científico
es el eje que diferencia claramente a estas radios de otros
medios nacionales, que con algunas excepciones, tienen como
regla ocuparse de estas cuestiones cuando rozan el escándalo
o la catástrofe.
Esa es la función social que cumplen. Atender con seriedad
el interés de la comunidad. Y eso significa visibilizar
las experiencias que realizan sus integrantes. Dar a conocer
los pequeños logros alcanzados. Impulsar espacios de
organización y participación. Brindar el lugar
que se merece al investigador, al educador, al artista, al deportista,
al político, a la organización social o vecinal
fuera de cualquier lógica gobernada por “el minuto
a minuto”, por la especulación sobre si tendrá
mayor o menor audiencia o si lo acompañará más
o menos anunciantes.
¿Acaso de esta manera no se ejerce el derecho a informar
y ser informado? ¿Qué otra cosa es la declamada
libertad de expresión, sino la posibilidad que tiene
cada ser humano de comunicar lo que tiene para decir? ¿Quién,
si no estas emisoras o los medios regionales, abren sus espacios
a las personas sin especulaciones?
Detrás de cada emisora hay mucho esfuerzo. Hay decenas
de miles de trabajadores de prensa, de comunicadores sociales,
que no dejan de lado la capacitación ni la creatividad
para mejorar la producción periodística y cultural
que realizan. Llevan acumulados casi tres décadas de
experiencia y van por más. Cuando la UTPBA lanzó
la campaña “Esta radio no se toca” para organizar
la defensa colectiva frente a los intentos de cierre y confiscación
de equipos, las voces y los brazos se multiplicaron para concretarla
en cada lugar.
Las radios barriales, comunitarias y universitarias llegaron
para quedarse. Ocupan un espacio que hasta entonces estuvo vacío.
Y mientras esperan que la democracia salde su deuda contemplándolas
en una legislación comunicacional que les de la “legalidad”,
continúan con la legitimidad que les otorgó su
comunidad para seguir funcionando, para no silenciarse. Y está
muy bien