30/07/2009
Una semana para la indignación
Por Octavio Getino
Bastaron apenas dos o tres días para que los energúmenos
del establishment argentino –léase representantes
de la ensoberbecida oligarquía campestre, carcamanes
dinosáuricos de la iglesia, figuritas publicitadas del
gorilaje intelectual y controladores del sistema mediático
que padecemos los argentinos- hayan coincidido y no casualmente
en maniobras que sólo apuntan a desestabilizar las instituciones
de la democracia y a vulnerar los más elementales derechos
de nuestro pueblo.
Algo que pese a la sensatez con la cual uno quisiera pensar
y actuar, inducen provocadoramente a la indignación.
La violenta declaración de guerra que los grandes empresarios
del llamado campo y sus imberbes asociados vociferaron en la
Rural contra la política de un gobierno, que pese a sus
insuficiencias y errores es claramente representativo de las
mayorías nacionales, se unió a la aberrante declaración
de un arzobispo al cual no eligió absolutamente nadie
–salvo el autoritarismo propio del régimen eclesiástico
y papal- calificando de neomarxista lo que apenas representa
una tímida introducción a la educación
sexual de nuestros niños y adolescentes.
Al mismo tiempo, esto coincidió con la presencia en
La Nación de una abrillantada, más que brillante,
pluma, no menos liberal y filomitrista que los dueños
de dicho diario, la que se ocupó de elucubrar diatribas
del más rancio gorilaje contra las expresiones políticas
y culturales que acompañaron merecidamente la asunción
del nuevo Secretario de Cultura.
Y por si ello fuera poco, asociaciones y cámaras de
empresarios de medios –dueños y controladores casi
absolutos de los contenidos desinformativos y deseducadores
que predominan en el sistema mediático nacional- embistieron
en las mismas horas contra el proyecto de creación de
un sistema de TV satelital por parte del Estado argentino, por
el cual y por primera vez en nuestra historia, se intentaría
democratizar la comunicación y la información
entre todos los argentinos, como una forma, por lo menos, de
resistir al sistema monopolizador y homogeneizador que hoy nos
agobia.
Indignación, insisto que induce tal vez en demasía
a las adjetivaciones, y que resulta aún mayor cuando
observamos las tibias respuestas de parte de quienes deberían
representar en términos más enérgicos a
los intereses de nuestro pueblo.
Es el caso de buena parte de las organizaciones sociales y
políticas –incluido paradójicamente el peronismo-
todavía faltos de una respuesta contundente para poner
en el lugar que corresponde ese accionar conjunto, muy parecido
al que hoy se vive y se padece en distintas naciones de América
Latina.
Un accionar local y trasnacional que sólo apunta a retrotraer
la historia, para imponer nuevas y más sofisticadas formas
de autoritarismo y cercenar a niveles mayores que nunca los
derechos democráticos, sociales y humanos de los argentinos
y que, por lo tanto, reclama de actitudes que estén a
la altura, o más arriba aún, de aquellas amenazas
que hoy debemos afrontar.
octacine@fibertel.com.ar