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Cuando el auge de los secuestros, tuvimos a Blumberg y entonces fue inseguridad = secuestros. Durante meses ese fue el tema dominante en los medios masivos de comunicación, en la prensa radial, escrita y televisiva y se analizaron entonces la conformación de las bandas, si tenían o no relación con la policía bonaerense, las reformas al Código Penal pedidas por Blumberg, entre otros.
Después de Cromañón, inseguridad pasó a ser igual a boliches truchos, los padres de las víctimas un equivalente desdibujado de Blumberg y los temas dominantes fueron ... ¿Las prácticas dolosas de los empresarios? ¿Los inspectores corruptos? ¿La venta libre de pirotecnia? ¿El rol de los padres o la falta de control sobre sus hijos adolescentes? No, los temas dominantes fueron la responsabilidad del Jefe de Gobierno, las acusaciones de la oposición y el plesbicito para revalidar su cargo.
Decimos “fueron” porque el escándalo de Ezeiza y la droga
han desplazado ahora el foco de atención de los medios y lo que fuera
noticia, aun con el tratamiento que estamos criticando, durante las tres primeras
quincenas del año ha sido relegada a un lejano segundo plano y a las
páginas interiores de los diarios.
La Urdimbre rema contra la corriente
No es el caso de La Urdimbre y tampoco el de otros pequeños medios
que–aun sabiendo del minúsculo alcance de sus opiniones–
no renuncian a dejarlas como documentos de una agenda alternativa. Aquí
queremos plantear, entonces, que el tratamiento del enfrentamiento político
de oficialismo y oposición en la Ciudad, las declaraciones cruzadas
de ambos bandos, el avance de la recolección de firmas o las marchas
de los familiares ocuparon el espacio físico de los medios y mental
de la población con asuntos subsidiarios.
Lo esencial –podríamos decir parafraseando al principito– es invisible a los ojos de quienes no quieren ver.
¿Por qué se llegó a reducir una tragedia producto de
una trama compleja de situaciones, hábitos culturales y prácticas
enquistadas en la sociedad a un Boca–River de la política local?
Como quiera que se haya instalado ese sesgo en la información, el resultado
terminó siendo una compulsa electoral por un sí o un no, que
dominaba hasta hace unos días el panorama político y periodístico
local. Quizá la explicación haya que buscarla en el mecanismo
que hace del conflicto noticia, determina la agenda y propone un sucedáneo
de la reflexión profunda. En su lugar se instala la pseudo reflexión
a que nos tienen acostumbrados periodistas que no escapan a la lógica
de un sistema que impone los temas acerca de los cuales deben reflexionar.
Veamos algunos de los temas omitidos no sólo por los medios sino también
por legisladores, funcionarios y por la política en general, en torno
a Cromañón.
Tema escamoteado Uno: el uso libre de pirotecnia
El incendio en Cromañón comienza cuando un niño dispara una bengala. He aquí algunas de las preguntas que no se han formulado ¿Qué hacía un elemento potencialmente tan peligroso en manos de un niño? ¿Por qué la pirotecnia que produce daños a la propiedad y a las personas sigue siendo de venta libre? ¿Qué tendría que ocurrir para que se prohiba la venta y se restrinja su uso a espectáculos de fuegos artificiales ejecutados por profesionales con licencia habilitante? Todos los años, el Hospital Santa Lucía informa de un alto número de pacientes con daños severos a la vista y otros nosocomios de serias quemaduras como resultado de la manipulación de cohetes y otros elementos explosivos durante los fiestas de fin de año. Hay personas que perdieron dedos y ojos por el estallido de artefactos de pirotecnia y no son infrecuentes los episodios de quemaduras graves en casos de quienes llevaban esos artefactos en los bolsillos.
Ni que hablar de las bengalas. Recordemos al chico que murió hace
unos años atravesado por una bengala disparada desde la tribuna rival
durante un partido en la cancha de Boca o la mujer que hacía cola esperando
entrar al acuario Mundo Marino en San Clemente del Tuyú y también
perdió la vida al ser alcanzada por uno de estos artificios que formaba
para parte del show. Las bengalas tienen su lugar en el ámbito militar,
naval o en operaciones de rescate. No deberían estar en los shows y
menos aún al alcance del público.
Una pregunta más ¿A quién se perjudica si se restringiera
la venta de pirotecnia en general? Aparentemente a Fabricaciones Militares
que la produce aquí y también a China, de donde se importa libremente
en cantidades, sospechamos, muy superiores por sus bajos precios y también
a las fábricas que la producen clandestinamente.
Antonio Brailovsky, ex adjunto a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, recordaba en una nota –a propósito de la explosión de una fábrica de pirotecnia clandestina en Florencia Varela– que la diferencia entre pirotecnia autorizada y pirotecnia ilegal es ilusoria. “Por una parte, los explosivos están hechos para estallar y en eso no se diferencian los legales de los ilegales.
Han habido accidentes igualmente fatales con pirotecnia autorizada y con
pirotecnia prohibida” decía Brailovsky y agregaba: “No
existe pirotecnia inocua. Este fin de año (2003), una niña sufrió
graves quemaduras en gran parte de su cuerpo al incendiarse su vestido por
las chispas de una “estrellita”. Recordemos que la ropa de materiales
sintéticos arde con facilidad y que al inflamarse se pega al cuerpo”.
Durante su gestión, Brailovsky presentó un proyecto de Ley en
la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, en la que pedía la prohibición
de venta al público de artículos de pirotecnia. La Legislatura
se negó a tratar ese proyecto, en parte comentó Brailovsky “por
presión de los vendedores de explosivos y en parte por no atreverse
a ir contra una costumbre muy arraigada”.
En Vicente López, en cambio, el Concejo Deliberante hace un tiempo prohibió la venta de todos los artículos de pirotecnia en ese partido, sumándose así a las decisiones semejantes de Ushuaia y Bariloche.
Un año antes de Cromañón el ex defensor adjunto del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires proponía tomar la propuesta de prohibir la venta libre de pirotecnia e incorporarlo a los temas de reclamo social. “La indecisión para definir políticas de fondo sobre el tema sólo puede provocar más muertes y mutilaciones” argumentó entonces, sin sospechar en qué trágica medida se iban a elevar las cifras.
Pero, el uso libre de pirotecnia no es un tema para los medios ni para los
legisladores de la Ciudad de Buenos Aires o para los funcionarios del Gobierno
de la Ciudad. El funcionario por “120 días” que vino a
arreglar la seguridad en los bailables porteños no ha hecho tampoco
propuesta alguna en ese sentido.
Tema escamoteado Dos: el rol de los empresarios argentinos
Omar Chabán es una caricatura de los peores exponentes del empresariado nacional, pero como en toda caricatura –en la que los rasgos más salientes están exagerados– se puede reconocer el perfil en que se basa.
¿Cuántos Chabán andan sueltos por allí? ¿Cuántos empresarios tienen –como Chabán– empleados en negro, sin aportes jubilatorios, sin ART en caso de accidente y ninguna de las otras ventajas asociadas con un empleo legal? ¿Cuántos venden servicios o productos de inferior calidad a la declarada? ¿Cuántos inventan quiebras fraudulentas? ¿Cuántos exponen a sus empleados a riesgos de seguridad laboral por trabajar con equipos deficientes, o materiales peligrosos sin la protección adecuada? La lista es larga.
Sin embargo, el tema de las prácticas desleales de los empresarios a partir de Chabán no aparece en los medios, no es materia de especulación o análisis por parte de los políticos y consecuentemente, la gente no habla de eso.
Tema escamoteado Tres: las prácticas dolosas toleradas por una legislación permisivaUn documento de la Inspección General de Justicia revela que casi 16.000 edificios en la ciudad de Buenos Aires están a nombre de empresas off–shore. La comprobación de que el edificio donde funcionaba la disco República de Cromañón estaba inscripto a nombre de una sociedad off–shore denominada Lagartos, puso de manifiesto una práctica generalizada que, en la mayor parte de los casos, sólo busca evadir impuestos o lavar dinero. ¿Por qué no se introduce legislación o reglamentaciones que obliguen a shoppings, discotecas, cines, etc. y en general a empresas con edificios dedicados al comercio o al entretenimiento, a que personalicen la responsabilidad sobre la seguridad del inmueble? ¿No sería sustancialmente distinto que no sólo se prohibiesen a sociedades off–shore –cuya responsabilidad legal en el país es virtualmente nula– a ser titulares de esos inmuebles, sino que además uno o más miembros de la sociedad propietaria fueran designados responsables penales por lo que pudiera ocurrir dentro de las instalaciones?
¿Por qué permitimos que empresarios argentinos que tienen sus empresas en el país, las registren en las islas Caimán? podría haber sido un buen titular, si algún medio se hubiera querido ocupar en serio del tema, o si lo levantara después que algún legislador presentara un proyecto de ley. Pero no fue así.
El 17 de febrero último se produjo, sin embargo, una novedad de importancia en este tema. El Ministerio de Justicia anunció que se prohibían las empresas off–shore en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires, entre otros motivos debido a que no se puede accionar contra sus titulares sino sólo contra sus activos.Se fue dando de a poco, pero un día nos despertamos y la idea de que una niña de 13 ó 14 años saliera a las 11 de la noche para ir a bailar a una discoteca y volviese a las 7 de la mañana, fue de pronto algo normal. “Es mejor –se dice– que los chicos vuelvan cuando ya es de día y circulan los colectivos”. Se argumenta que las cosas malas, si van a suceder, pueden ocurrir tanto de día como de noche. Sin embargo, durante la noche desaparece el control social del mundo del trabajo, de la actividad económica y de las multitudes en las calles de la gran ciudad. De noche, la ciudad es de los jóvenes. No tenemos estadísticas, pero la inmensa mayoría de las personas que uno ve circulando un sábado a la noche por la Ciudad son jóvenes y adolescentes con un elevado número de menores de edad. ¿Es esto malo en si mismo? No, pero si hablamos de inseguridad, debemos admitir que el cambio de hábitos que habilitó la nocturnidad como territorio juvenil resulta negativo para los propios chicos.
Los chicos que murieron en Cromañón, entre ellos muchos menores de edad, estaban allí porque los padres y la sociedad en general encuentran razonable que pasen la noche en esos ambientes.
¿Qué responsabilidad les cabe, entonces, a los padres de los menores de edad? La actitud de los padres en esta época es producto de las circunstancias que nos tocan vivir y en ese sentido, justo es decirlo, todos –en mayor o menor medida– somos hijos de la época.
Las prerrogativas paternales de otros tiempos han quedado sepultadas bajo el alud de la exaltación mediática de la juventud. Hay también una incómoda coexistencia con los saberes de sus hijos en materias que a los padres les son extrínsecas como Internet, los chats o los videojuegos por citar sólo algunas.
Entonces, sin el principio de autoridad que se basaba en el saber y la tradición de respeto a los mayores, ¿qué hace Ud., padre o madre, para impedir que su hija adolescente esté fuera toda la noche cuando todas sus amiguitas tienen permiso? La relación padres–hijos sufrió una transformación desde la revolución sexual y el hippismo de la década del 60, que no ha hecho sino acentuarse con el tiempo. Los padres ya no son los poseedores de autoridad inapelable y a la poca que les queda los hijos la ponen a prueba todo el tiempo. ¿Se acuerda Ud. de la chica de 14 años que se suicidó cuando su papá no la dejó ir a ver a los miembros de la banda de rock “Gun and Roses” al hotel donde éstos se alojaban en el centro porteño?
En fin, el tema da para llenar volúmenes, escuchar a los expertos,
discutirlo en casa, difundirlo por el noticiero de las 8 de la noche. Pero,
efectivamente, no lo estamos haciendo o al menos no lo hace la dirigencia
política y mediática, mientas que los profesionales e intelectuales
que podrían hacer valiosos aportes no son convocados tampoco, salvo
en algún suplemento dominical culturoso o algún ignoto programa
de cable.
Tema escamoteado Cinco: el alcohol y la droga
Como se sabe, el alcohol obnubila los sentidos y lentifica el tiempo de reacción. Buena parte de los accidentes de tránsito se debe a conductores ebrios. Conducir en estado de embriaguez está penalizado aquí como en casi todas partes. Sin embargo, circula alcohol en lugares cerrados, llenos de gente. ¿Por qué se piensa que un borracho de a pié es menos peligroso que uno al comando de un volante? ¿O acaso una persona alcoholizada en una aglomeración y dentro de un recinto no representa un riesgo para si misma y para los demás, sobre todo en caso de una emergencia?
Hemos dejado la droga para el final de este sumario de temas escamoteados por la prensa y los políticos porque nos supera. Sólo sabemos que la circulación de drogas no sería posible sin una red de complicidades entre el submundo de los traficantes, la policía y los empresarios de discos, boliches y lugares de diversión que la toleran o medran con ella.
Si el uso de tal o cual droga estimula conductas peligrosas para la concurrencia en esos ambientes, no lo sabemos. Que destruye lentamente al adicto es otra cuestión. Pero, el uso adictivo de estas sustancias es muy inferior al de su empleo social, que es ocasional y supuestamente recreativo, pero que según dicen los expertos da cuenta del notable incremento en su difusión.
Como quiera que sea, ni el consumo del alcohol ni la droga son materia de especulación asociados a estos contextos de diversión nocturna, por parte de los medios, los políticos o los funcionarios. Tampoco se dice nada acerca de la nueva modalidad de los “after–hour”, lugares bailables que abren a las 9 de la mañana y a los que asisten los chicos que vienen de los locales nocturnos que ya han cerrado. ¿No son una invitación a consumir estimulantes para mantenerse en pie? ¿Por qué están permitidos?
ConclusionesEn este breve repaso, hemos querido señalar desviaciones en torno a un suceso específico e intentamos mostrar que los medios tienden a priorizar la noticia basada en el conflicto sobre el análisis basado en la reflexión y de alguna manera fijan la agenda de discusión social. Quizá en esto haya un acuerdo tácito con el público, en especial el televidente, que espera acción y movimiento. En los grandes medios de difusión masiva las cuestiones centrales no aparecen ya sea por demasiado complejas o, presuntamente, carentes de interés para el gran público.
Por eso tenemos, por ejemplo, una televisión abierta llena de programas banales y un 50% de la población debajo de la línea de pobreza. Pero, la omisión de este drama que no se ve reflejado en titulares ni en pantallas –salvo cuando un periodista español hizo una nota en un hospital de Tucumán mostrando chicos famélicos– pertenece a una clase de negación mucho más severa que la que quisimos mostrar aquí y que ha merecido otras notas en estas páginas. La negación –y por tanto distorsión– de la realidad es un hábito mediático, político y social, como se ve, muy arraigado.
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