Durante 2008 las escuelas públicas no van a recibir
fondos para el mantenimiento de sus edificios. Paradójicamente
la medida fue dispuesta por las autoridades de la Ciudad, junto
a una muy promocionada Declaración de Emergencia Edilicia.
Este año el Poder Ejecutivo a través de la Dirección
General de Infraestructura, administra en forma discrecional
450 millones de pesos, para la adjudicación directa o
licitación privada de obras, que se supone son urgentes,
a fin de garantizar el normal desarrollo de las clases.
Hasta ahora se pusieron en marcha una decena de obras vinculadas
a la instalación de gas, y otras tantas, de reparación
en albañilería y pintura; en este último
caso, meras refacciones “para la foto de los diarios y
las imágenes por TV”. Las urgencias y problemas
estructurales de cientos de escuelas quedarán, con suerte,
para más adelante.
Mientras tanto, la comunidad de padres –a través
de las Asociaciones Cooperadoras- no saben de dónde saldrá
la plata para pagar la limpieza semestral de tanques de agua,
la desinfección de las aulas, la recarga y reemplazo
de matafuegos, la provisión de tubos de luz, la compra
de artículos de limpieza y de escritorio para el normal
desenvolvimiento administrativo en los colegios durante el ciclo
lectivo 2008, y las urgencias en pequeños arreglos de
electricidad, plomería o cerrajería, por citar
algunos ejemplos. Estos gastos se financiaban con un subsidio
de Mantenimiento.
Estas y otras medidas tomadas por el Gobierno de la Ciudad
señalan la voluntad política de sacar a los padres
de las escuelas, que colaboraban, opinaban y controlaban el
gasto.
Reuniones de inicio de clases donde directores imponen pautas
de funcionamiento -sin la debida discusión y consenso-,
y un desconocimiento absoluto hacia las Asociaciones Cooperadoras
-que son las instituciones dedicadas a colaborar con la escuela-,
configuran un verdadero retroceso que se remonta a la última
dictadura militar, época signada por el autoritarismo,
el centralismo y la total ausencia de participación ciudadana.
El gobierno porteño también suprimió otro
subsidio de similar monto, denominado CO.DI.CO., mediante el
cual podían realizarse refacciones de baja a mediana
envergadura pero necesarias, que aseguren las mínimas
condiciones para el dictado de clases. Las llamadas obras mayores
las realizaba esa Dirección de Infraestructura, con muchas
falencias, demoras y sobreprecios. Esa misma dependencia es
la que administra actualmente, sin los controles adecuados,
los 450 millones que le adjudicó la Legislatura a fines
del año pasado.
Dicho sea de paso, en la misma sesión donde se aprobó
esa quita de fondos, los diputados aprobaron aumentar los subsidios
a las escuelas privadas. Toda una señal, ¿no?
Así vemos cómo los gobernantes avanzan con anuncios
grandilocuentes, adelantando rápidas soluciones en forma
mediática, y retroceden abruptamente en la realización
concreta, y en la supresión de mecanismos democráticos,
participativos y transparentes, para la administración
de parte del presupuesto educativo, y para la construcción
de una mejor escuela pública.
* Delegado Titular de las Asociaciones Cooperadoras
del Distrito Escolar 4º (comprende los establecimientos
de educación pública de los barrios de San Telmo
y La Boca).