26/06/2008
a raíz de su tema "cacerolas
de teflón"
El cantautor Ignacio Copani denunció
amenazas
En una carta abierta da cuenta de atropellos por mail, teléfono
y correspondencia que alcanzan a miembros de su familia. Copani
interpretó su tema
"Cacerolas
de Telfón" en el reciente acto de apoyo al gobierno
nacional en Plaza de Mayo.
La carta de Ignacio copani
Queridos amigos:
En los últimos días y a raíz de haber
escrito una canción, que debe ser la número mil
doscientos y tantas de mi repertorio, he recibido infinidad
de comunicaciones. La mayoría con elogios, caricias y
aliento, que desde ya agradezco infinitamente.
Pero he recibido también otro tipo de contactos llenos
de reproches, cargados de odio, regados de violencia, intolerancia,
agresión y con un espíritu inquisidor que no creí
que anidara todavía en gente de mi comunidad.
He sido amenazado, agraviado, insultado, difamado, calumniado
y, peor aún, han sufrido ese tipo de atropello miembros
de mi familia.
No me refiero a los impunes foros de internet sino a e mails,
cartas y llamados recibidos.
Simplemente desde estas líneas aviso a quienes todavía
tengan intención de lastimarme, que lo logren o no, yo
no cambiaré ni una coma a las estrofas de mis canciones.
Aquellos que piensan que la Sra. Presidenta de mi país
me paga por verso, recital u opinión, simplemente están
expresando su propia escala de valores y asumiendo que ellos
mismos podrían torcer sus convicciones a un precio determinado.
Yo no.
Hace más de veinte años que en cada escenario
y en cada grabación me comprometo con nuestra historia
y siempre se me han cerrado puertas por hacerlo de manera honesta,
clara y sin esperar más recompensa que el abrazo compañero
de quien desea que un cantautor se exprese libremente, como
los viejos trovadores que anunciaban las bodas, los bautizos
y también los entierros.
En algunos medios de comunicación se han referido a
mí de manera descalificadora y/o despectiva. A esos mismos
medios, durante años, hemos mandado nuestro material
artístico y la información de nuestras actividades,
sin lograr que se nos diera ni un segundo para comunicarlo al
público. Ni siquiera para difundir eventos solidarios,
benéficos o canciones tan o más comprometidas
con la realidad que el tema ¨Cacerola de Teflón¨.
Lamentablemente en algunos de esos medios se ha mostrado la
canción en cuestión, sometiéndola a una
especie de ¨inspección¨ de ideas o cortes marciales
- musicales y al comentar alguna crítica agresiva, en
lugar de defender la libertad del artista para manifestarse,
se han escuchado de parte de los comunicadores, tristes y recordadas
frases como ¨él se la busca… ¨ o ¨por
algo será…¨.
Nunca discuto una crítica, sea como sea y venga de quien
venga. Pero en este caso no recibí opiniones sobre la
conformación estética del tema, de su métrica,
de sus rimas, de sus sonidos, de la destreza para ejecutarla,
sino una violenta y censuradora mirada hacia el contenido de
mis ideas y mi conducta, bien típico de tiempos de inquisición
y dictaduras.
Pablo Milanés cantó ¨Pobre del cantor de
nuestros días que no arriesgue su cuerda por no arriesgar
su vida¨…
Yo no creo haber arriesgado mi vida, sencillamente describí,
como hago siempre, un episodio de este tiempo con total sinceridad.
Ni siquiera he pretendido mostrar una valentía destacable
por la simple acción de manifestar mi pensamiento. Valientes
fueron mis compañeros y familiares que hoy están
desaparecidos. Valientes fueron Víctor Jara y Rodolfo
Walsh. Yo soy solamente un cantor.
No creo que a esta altura de mi carrera, deba dar cuentas de
los escenarios que pueda habitar. Estuve en Plaza de Mayo, cobrando
Cero Pesos, respondiendo a la convocatoria de apoyar nuestra
democracia, al igual que estuve el 25 de mayo de hace unos años,
cuando decenas de artistas hacían fila para subir a la
escena triunfal.
Estuve en esa plaza que transité como ciudadano desde
que tengo uso de razón, como estuve en Semana Santa,
como estuve con las Madres, con las Abuelas, con los ex combatientes,
con los maestros, con los pibes de la calle y como pienso estar
en cada evento al que me cite mi conciencia.
Si esta acción espontánea se convierte en un
acto de riesgo, pobres de todos nosotros.
Si crear y expresarse es un acto de arrojo merecedor de insultos
y censuras, ha triunfado para siempre la cultura del ¨no
te metas¨ y la incultura sembrada durante el sanguinario
proceso militar y la inolvidable década del noventa.
Juro por mis hijas que yo no especulo con estas cuestiones.
Que si de momento, por mi decisión de ser coherente,
pierdo trabajos y gano enemigos, es un precio que debo pagar
como tantas veces pagué.
Nada más espero, que no sea nuevamente con el exilio.