01/05/2009
Acerca del Proyecto Macri para el Teatro
Colón
Por Máximo Parpagnoli *
Es obvio que, esto de sumar insensateces y llevar a cabo barbaridades,
viene marcando a fuego el estilo de la gestión de Macri
en el Colón, que hoy encuentra en su más dedicado
ejecutor a Pedro Pablo García Caffi y su equipo, prolijamente
avalados por el Ministro de Cultura Hernán Lombardi.
A la iniquidad de disolver la Orquesta Académica, me
atrevo a decir: uno de los pocos semilleros que quedan de nuevos
músicos sinfónicos, hay que sumarle la disolución
del cuerpo de Cantantes Líricos, el de Figurantes de
Escena, el cuerpo de Mayordomía, el de Administración
y siete sectores escenotécnicos, fundamentales para el
mantenimiento de la Producción Propia de nuestro Primer
Coliseo. No quiero extenderme en analizar lo que esto significa
para el futuro del Colón, ya bastante claro ha quedado
en las exposiciones y manifestaciones de los funcionarios en
los medios; la síntesis: convertir al teatro en una sala
de alquiler con sus cuerpos estables reducidos a su mínima
expresión o directamente inexistentes, en algunos casos.
El proyecto macrista no se detiene allí, sino va por
todo. Durante los meses de marzo y abril del corriente, miles
de piezas del patrimonio mueble del Colón a saber: elementos
de vestuario, peluquería, zapatería, utilería,
escenografía, tapicería, entre otros, han sido
metidos en containers comunes sin ningún tipo de refrigeración
o presurización adecuadas para mantener intactos dichos
elementos. Dichos containers, han sido estibados en los talleres
del Labardén apilados unos arriba de otros en lugares
donde filtra la lluvia y están expuestos a la acción
de ratas, pulgas y cucarachas.
Por otro lado, el jueves pasado, los responsables de las áreas
de grabación, audio y video, fotografía, efectos
especiales, diseño de producción y arquitectura
teatral (sectores que son disueltos por García Caffi)
fueron obligados a entregar el patrimonio de sus secciones respectivas
al Directorio del Ente, representado en ese acto por Mariano
Emiliani, actual Director Ejecutivo del Colón. El traspaso
se hizo sin beneficio de inventario, en una oficina y ante un
escribano del gobierno. Señalo este detalle, el de no
verificar el inventario ya que, como es de público conocimiento,
al Colón no se puede ingresar desde el 11 de enero de
2009 y en el caso de los sectores mencionados el estado del
patrimonio es absolutamente incierto.
Para que los cofores tengan una idea de qué es lo que
se ha “transferido”, detallo: miles de bocetos y
figurines originales de escenógrafos y vestuaristas de
renombre mundial, planos originales del Teatro Colón,
450.000 originales fotográficos (negativos color y blanco
y negro y transparencias color) con la historia y el registro
sistematizados de los últimos 40 años del teatro,
miles de horas de video de los espectáculos llevados
a cabo en el Colón durante los últimos 25 años,
miles de horas de grabación de audio con algunos registros
que superan los 50 años y casi tres terabytes (tres mil
gigabytes) de fotos, audio y video digitales con la actividad
desde enero de 2006, más: numerosos archivos analógicos
digitalizados. A todo esto, hay que sumarle cientos de miles
de dólares en equipamiento de alta tecnología
cedidos, la mayoría, en donación al Colón
por la Embajada del Japón para el desarrollo y la incentivación
de las actividades de dichos sectores y el acrecentamiento del
patrimonio documental del teatro. Hay que destacar que todo
el material detallado es documentación invaluable e insustituible,
de consulta y uso permanente no sólo por el Colón
sino por instituciones de todo el mundo.
Resulta sorprendente como Macri, Lombardi y García Caffi,
consideran a este patrimonio y a los trabajadores que lo custodian,
preservan, acrecientan y administran, como materia de disolución,
desechable, descartable, y/o trasladable.
Es de esperar que, consecuentes con la negligencia demostrada
hasta el momento, los funcionarios arrumben el patrimonio mencionado
en algún oscuro container y lo depositen en galpones,
sometiéndolo a las inclemencias del tiempo y la acción
de las alimañas produciendo su deterioro o su total desaparición.
Este hecho, ha sido puesto en conocimiento de los legisladores
de la Comisión de Cultura de la C.A.B.A.
Por mi parte quiero señalar, que a pesar de tanta destrucción,
avasallamiento, incultura y prepotencia de parte de la actual
gestión, no se percibe una reacción de la comunidad
acorde a este despropósito. Salvo honrosas excepciones,
la ciudadanía balconea en actitud autista, mientras la
depredación avanza sin pausa.
De continuar esta situación, es inexorable que se cumpla
lo que reza un proverbio oriental: “aquello que no se
cuida y preserva, está destinado a perderse”.
Sería terrible concluir que los argentinos del siglo
XXI por desidia y falta de compromiso perdimos un patrimonio
insustituible de incalculable valor cultural e histórico,
lo que equivale a decir: que no nos merecemos el Colón
que tenemos.
* Delegado de los trabajadores del teatro
Colón
L