Informe de los Reconocimientos Judiciales (Inspecciones
oculares) llevados a cabo en el Teatro Colón, en el Centro
de Exposiciones y en la Biblioteca Nacional.
Reconocimiento Judicial en el Teatro Colón
Tal como fuera anunciado, los días 28 y 29 de diciembre
de 2009, se llevaron a cabo los reconocimientos judiciales ordenados
por el Juez Guillermo Scheibler, en el Teatro Colón,
en el Centro de Exposiciones y en la Biblioteca Nacional, respectivamente.
El lunes 28 a las 10 hs., comenzó la inspección
en las instalaciones del Teatro Colón en presencia del
Juez Scheibler, funcionarios y personal del Juzgado Nº
13 en lo Contencioso y Administrativo de la C.A.B.A., actores
por parte de la demanda (trabajadores del Colón: Sara
Tonazzi, Diana Fasoli, Pastor Mora y Máximo Parpagnoli),
el Arq. Fabio Grementieri como perito de parte por la demanda,
los abogados de la demanda; por parte del EATC (Ente Autárquico
Teatro Colón) la Lic. Mónica Freda y el Ctdor.
Lucas Figueras, abogados del EATC Dr. Bosquet y Dr. Lefler,
el procurador de la C.A.B.A. Dr. Monner Sans y la asesora principal
de las obras del Teatro Colón Arq. Sonia Terreno.
El recorrido comenzó por el foyer principal (entrada
principal) del Colón, para pasar luego al Salón
Dorado y finalmente a la Sala. Esta primera etapa duró
aproximadamente una hora y media, a lo largo de la cual, la
Arq. Terreno explicó al Juez los pormenores y detalles
de la restauración llevada a cabo en cada uno de los
lugares, las técnicas utilizadas y el resultado pretendido.
En ese aspecto (todo lo referente a la restauración de
lo ornamental, estucos, dorados, maderas, textiles, etc.) prefiero
no abrir juicio sobre lo visto y oído, ya que al estar
en presencia de un experto como lo es el Arq. Grementieri, me
parece procedente que sea él quien, a través de
un informe técnico, opine acerca del estado de la puesta
en valor de dichos lugares. Si, voy a emitir una opinión
subjetiva que, repito, no pretende ser la de un experto, sino
la de quien ha trabajado durante 25 años ininterrumpidos
en nuestro Primer Coliseo, fotografiando no sólo los
espectáculos que se llevaban a cabo sino cada uno de
los rincones de ese maravilloso edificio. Lo que vi, no me gustó.
La intervención me pareció muy agresiva, la casi
totalidad de los colores están cambiados y el aspecto
general da la impresión de lugares nuevos. Hasta aquí
lo subjetivo. Reitero que, si lo realizado está bien
o mal hecho, es un veredicto que dejo a cargo del perito que
estaba presente.
Entrando a lo puramente objetivo, quiero señalar en
primer término los agujeros de diez centímetros
de diámetro que, en número no menor a cuarenta,
se encuentran diseminados por todo el techo del Salón
Dorado (nave central y laterales) destinados a ser la boca de
salida del nuevo sistema de refrigeración que se instalará
en dicho salón. Son absolutamente visibles, y el impacto
y contaminación visual que ocasionan es insoslayable.
Fue el mismo Juez Scheibler, quien preguntó a Terreno
si esos agujeros se disimularían en el futuro a lo que
Terreno dijo que no.
Pasando luego al sector del deambulatorio de platea y palcos
(pasillo de circulación que comunica por fuera toda la
herradura de la sala), se pudo constatar las perforaciones practicadas
en el muro histórico para realizar salidas de incendio
adicionales. Hoy, dichas perforaciones ya está convertidas
en puertas anti pánico. La justificación de esas
salidas todavía es objeto de polémica, así
también como su impacto acústico en el futuro.
En el sector de la Sala, se pudo observar el mayor avance en
cuanto a la finalización de su puesta en valor. Sólo
falta colocar los cortinados de los palcos y las butacas. Se
pudo comprobar el cambio del piso del foso de la orquesta, sin
que hubiera respuesta sobre si dicho cambio alterará
o no la acústica del foso. Ha sido recuperado el sistema
de nivelación del piso de la platea y se han modificado
las entradas laterales al foso de la orquesta. Nuevamente dejo
en manos de Grementieri, la opinión acerca de la restauración
de los elementos ornamentales y decorativos de la Sala.
Acto seguido fuimos al escenario, dónde se pudo apreciar
el cambio del piso del disco giratorio y constatar, según
teníamos referencias, que los dos trabuquetos (puertas
trampas que comunican el piso del escenario con el bajo escenario)
no estaban. Según se dijo se los haría más
adelante ¿Olvido? Fue en el escenario, que el Juez Scheibler
preguntó a Terreno sobre el impacto de las reformas sobre
la acústica. En la contestación de Terreno, se
percibió el cambio ostensible del discurso que, por lo
general, tiene frente a los medios de comunicación y
al público que visita las obras. Terreno dijo textualmente,
que los pliegos hablaban de una acústica equivalente
y que ellos, los adjudicatarios, se iban a ajustar al pliego;
también resaltó los conceptos de acústica
objetiva y subjetiva. No fue para nada el discurso que usan,
en otras ocasiones, al respecto de que acústicamente
no habrá ninguna variación. Es obvio, hablar delante
de un Juez no es lo mismo que hacerlo en los medios de prensa,
hay que ser muy precisos y prudentes en lo que se dice. Eso
fue evidente. También resulta curioso que no se encontraran
presentes ninguno de los asesores y/o consultores participantes
en las obras.
Luego se bajó al tercer subsuelo para ver el estado
de las reformas realizadas al sector escenotécnico. Allí
comprobamos que el nuevo montacoches que da al exterior sobre
la calle Cerrito, está prácticamente terminado.
El mismo en su parte superior invade la casi totalidad de la
vereda, lo que plantea el interrogante de ¿quién
o quiénes autorizaron dicha invasión, ya que la
misma contraviene todos los códigos y normas de edificación
urbana?
Por otro lado, a nivel de la calle, a pocos metros de la fachada
del lado Viamonte, pudimos observar cuatro grandes torres de
hormigón de aproximadamente 4 metros de altura y un metro
de ancho, cercanas al montacoches. Estas nuevas estructuras
son torres de inyección de aire (ventilación forzada),
y la contaminación visual que producen es ostensible.
El nuevo montacoches, girado en su posición actual,
es de mayores dimensiones que el anterior y, según sostienen
los profesionales de las obras, otorgará mayor fluidez
a la producción del Colón. El problema sigue siendo,
tal y como lo planteáramos hace años, que cuando
uno gira la vista hacia la derecha del enorme espacio generado
por el giro del elevador, se encuentra con el túnel de
circulación entre este espacio y el montacargas del escenario,
túnel que no ha sufrido variación alguna en sus
dimensiones. Esto es, porque las paredes del mismo corresponden
a muro histórico y fundacional sobre el cuál descansa
la fachada de la calle Cerrito. Es decir, que más allá
de haber ampliado la boca de entrada, la circulación
de los decorados y elementos escenográficos para acceder
al escenario deberá realizarse con la misma velocidad
y flujos de antaño, ya que el túnel conserva intactas
sus dimensiones. Nuevamente hacemos la pregunta: ¿cuál
fue el objeto de seguir con esta obra si estaba demostrada su
ineficiencia a la hora de mejorar el sistema de producción
del Colón?
Pasando al sector específico de los talleres de producción,
se pudo constatar la desaparición del taller de escultura
(tercer subsuelo), hoy ocupado por baños y camarines,
y sin ubicación futura en las instalaciones de la sede
histórica. Lo mismo ocurre con el taller de mecánica
escénica (herrería artística), cuyo lugar
será ocupado por dependencias artísticas: posiblemente
sala de relax o gimnasio. Finalmente el taller de escenografía
del tercer subsuelo, taller Saulo Benavente, comienza a transformarse
en sala de ensayo de la ópera, sin explicar dónde,
a partir de esta transformación, se llevará a
cabo el intenso trabajo escenotécnico que allí
se realizaba. El resto de los talleres: maquinaria y sus depósitos
están sin intervención visible.
A lo largo de todo el recorrido se pudo observar que la intervención
edilicia es prácticamente total. La mayoría de
los pasillos por los que se circulaba registraban distintos
grados de demolición, así también como
los lugares y ambientes que daban a los mismos.
Luego se inspeccionó los elementos del patrimonio mueble
que se encontraban en el edificio. En primer término,
nos dirigimos al depósito de sastrería del primer
subsuelo, donde se encuentran, en lockers metálicos cerrados,
miles de piezas de vestuario de las distintas producciones llevadas
a cabo en el Colón. La jefa del sector, Mirta Dufour
explicó que ese depósito contenía solamente
parte del patrimonio de sastrería, el resto se repartía
entre el Centro de Exposiciones y alrededor de veinte containers
que se hallaban en los talleres de Lavardén. A su vez,
la coordinadora, de parte del ente, de los traslados patrimoniales
y mudanzas, Susana Mosquera, manifestó que todos los
lockers iban a ser “presurizados”, término
que, luego explicó, se refería a que los mismos
serían envueltos en film de plástico para evitar
que, ante la posible rotura de un caño o pérdida
de agua de algún hidrante contra incendios, pudiera dañarse
el contenido. La reflexión que cabe es: si se envuelven
en film plásticos lockers que contienen materiales textiles,
con el fin de hacerlos herméticos e impermeables, pero
a su vez no se prevé el mantenimiento de una temperatura
constante y refrigerada del depósito donde se encuentran
esos lockers, el remedio puede ser peor que la enfermedad, ya
que la variación de temperatura acompañada con
la falta de ventilación, puede ocasionar severos daños
a las fibras naturales: algodón, lino, seda, etc. del
vestuario, guardado en esas condiciones.
Acto seguido el Juez Scheibler preguntó por la biblioteca
del Teatro Colón. Por primera vez en muchos meses, una
autoridad del ente, la Lic. Mónica Freda, tuvo que admitir
que la biblioteca del Colón había sido trasladada
a containers que se encontraban en los talleres Lavardén.
Quedó constancia que dicho traslado fue realizado por
gente ajena al Colón, que la jefa de biblioteca, Diana
Fasoli, en ningún momento fue notificada del mismo y
que tampoco había hecho ningún traspaso patrimonial
de los elementos bajo su custodia. Así y todo, se insistió
en revisar la última locación de la biblioteca
en el tercer y cuarto pisos. Allí, como mudos testigos
del irregular traslado realizado en fecha incierta, se encontraban
dos grandes archiveros de madera, los que tenían violentadas
sus cerraduras (en algunos casos las mismas estaban arrancadas
de cuajo) y en aquellos compartimientos que aún conservaban
sus cerraduras, estas se hallaban con llave, pero el compartimiento
había sido desfondado (arrancado su fondo) para sacar
los documentos que allí se guardaban. Demás está
decir, que tampoco había libros, fotos, programas, ni
ninguno de los elementos del patrimonio de la biblioteca.
Por último se preguntó la ubicación sobre
el mobiliario de Salón Dorado, del Salón de Bustos
y el destino de las estatuas y esculturas que adornaban el foyer
central (el busto de Beethoven y una escultura de Antonio Pujía)
así también como la que decoraba el Salón
de Bustos (El Beso). Sobre las estatuas, no se logró
que se diera una locación precisa, ni un estado de preservación
cierto. Hubo vagas referencias por parte de funcionarios del
ente que sugerían que dichos elementos estaban a buen
resguardo. Con respecto al mobiliario y demás elementos
solicitados, fuimos conducidos a un sector en el segundo subsuelo
denominado “el fuelle 2”. Para llegar a ese sitio,
hubo que atravesar el taller de Escenografía del segundo
subsuelo, dónde pudo comprobarse el maltrato proporcionado
al piso de cedro de ese taller. El mismo se hallaba en sus tres
cuartas partes inundado. La increíble explicación
de una funcionaria del ente, Susana Mosquera, fue que: “el
agua se debía al calor y a la humedad de condensación
que se acumulaba en el piso”. El incómodo silencio
que se produjo y las miradas que recibió la funcionaria
dieron la medida exacta de lo inverosímil del comentario.
Ante la reiteración del señalamiento sobre el
piso mojado, por parte de Sara Tonazzi, otra funcionaria del
ente, esta vez Mónica Freda, ensayó una explicación
un tanto más plausible aunque certificaba una gran negligencia:
"Como hace calor, la gente lo moja para refrescarse"
(sic).
El denominado “fuelle 2” es en realidad parte de
un depósito de utilería, pobremente adaptado como
depósito de elementos muebles. De hecho, apenas entramos
pudimos observar el piso con grandes charcos de agua y con zonas
parcialmente inundadas. En el fuelle se comprobó la presencia
de los muebles de los salones del Teatro. Los grandes sillones
que se encontraban en el Salón de Bustos y en los accesos
al Dorado, estaban cubiertos con film plástico y cartón
corrugado, así también como otros muebles de estilo
pertenecientes al mismo salón. Hasta ahí, llegaba
la corrección en el guardado. Luego encontramos: banquetas
tapizadas en terciopelo, muchas de ellas con brocados dorados,
practicables de maquinaria (son estructuras de madera que sirven
como elementos escenográficos), muebles modulares y ficheros
de oficina desarmados, y las vitrinas de madera y vidrio que
se utilizaban para la exposición de los instrumentos
antiguos, todo ello sin protección alguna, cubierto de
tierra y desparramado aleatoriamente. Descendimos un nivel y
accedimos a lo que sería el “fuelle 3” (parte
de un ex depósito de maquinaria). Aquí se constató
que el piso del lugar también estaba mojado y con charcos
de agua y, mezclados en un verdadero “cambalache”
digno de Santos Discépolo, se vieron: tulipas de cristal,
picos de bronces de las históricas mangueras de incendio,
documentos y planos de la producción escenotécnica,
maquetas, telas de tapicería y telones de maquinaria,
discos de pasta, jarrones, elementos de luminotecnia, instrumentos
musicales: timbales y un clave, sillas, sillones, mobiliario
de oficina, gabinetes de computadoras, etc. todo ello arrumbado,
sin orden ni cuidado alguno, sin cubiertas protectoras y llenos
de tierra.
Según Susana Mosquera, los elementos allí “guardados”
estaban a la espera de que el adjudicatario de la licitación
correspondiente los retirara para restaurarlos (¿¿¿???)
Acto seguido, se confeccionó el acta judicial de lo
inspeccionado. Durante la redacción de la misma se suscitó
un intercambio de opiniones acerca de la responsabilidad sobre
el patrimonio. Las autoridades del ente, así como las
de la Procuración de la Ciudad, dejaron en claro su criterio
absolutamente coincidente con el manifestado por García
Caffi en la Legislatura en el mes de noviembre, de que la responsabilidad
del patrimonio era de los trabajadores. Por supuesto, dejamos
sentado nuestro rotundo rechazo a semejante pretensión,
aclarando que los trabajadores no sólo no habíamos
participado en las decisiones sobre los traslados y mudanzas,
sino que existían actas ante escribano público
certificando el traspaso patrimonial de los jefes técnicos
hacia los miembros del directorio del EATC. Luego se leyó
el acta y los presentes la firmamos con lo que concluyó
el reconocimiento judicial a las instalaciones del Teatro Colón.
Reconocimiento Judicial en el Centro de Exposiciones
El día martes 29 de diciembre de 2009, a las 10 hs.,
se llevó a cabo el reconocimiento judicial en el centro
de Exposiciones, sito en la calle Coutture 2331 de la C.A.B.A.
Las personas participantes, fueron las mismas que estuvieron
presentes el día anterior en el Colón, con ligeras
variantes. No estuvieron: el Ctdor. Lucas Figueras, el procurador
Monner Sans y en vez de la Arq. Terreno, quien realizó
la recorrida fue el entonces Director Escenotécnico del
EATC, Jorge Pelosi. A lo largo de todo el reconocimiento que
llevó aproximadamente dos horas, los actores fuimos acompañados
por trabajadores del sector escenotécnico del teatro.
De igual forma que el día anterior, todo el reconocimiento
fue fotografiado y registrado en video, por personal del Juzgado
interviniente.
Primeramente se visitó el pabellón 1 del Centro,
comenzando por el sector asignado a Utilería. Allí,
el jefe de Utilería, mostró e informó al
Juez sobre el patrimonio depositado en ese lugar, destacando
que el mismo sólo era una parte y que el resto se encontraba
en containers en los talleres Lavardén. También
señaló, que el patrimonio tenía un inventario
interno, realizado por el sector para posibilitar un ordenamiento
mínimo, pero que en ningún momento se había
llevado a cabo un inventario patrimonial oficial para su traslado
y mudanza. Asimismo manifestó que algunos elementos se
habían deteriorado con el traslado y, finalmente, ante
una pregunta del Juez Scheibler contestó que la situación
y condiciones del patrimonio de Utilería cuando estaba
en el teatro, eran mucho mejores que las actuales.
Luego se pasó al sector asignado a Maquinaria en el
cual se mostró la parte de patrimonio allí guardado
consistente mayormente en telones, practicables de madera y
otros elementos del sector y refiriendo que el sector operativo
y de taller de Maquinaria se encontraba en el predio La Nube,
en Chacarita. También se mostraron al Juez las precarias
salas de descanso y vestuarios del personal, armados en espacios
abiertos y sectorizados por chapas de terciado, elementos escenográficos,
muebles de oficinas, telas, etc.
A esa altura del recorrido, un compañero trabajador
del sector Utilería, Juan Carlos Monticello, manifestó
espontáneamente ante el Juez, su profundo malestar ante
las vergonzosas condiciones de trabajo en las que se encontraba
el personal del Colón afectado al Centro de Exposiciones.
Con elocuencia, Monticello hizo referencias también al
maltrato constante recibido por los trabajadores, de parte de
las autoridades del ente durante todo el año 2009 y remarcó
especialmente: el daño físico y psíquico
que dicho trato había producido sobre muchos compañeros.
Al término de la exposición de Monticello, el
Juez Scheibler le señaló que, si bien su presencia
se debía a una causa presentada por lo patrimonial mueble
e inmueble del Teatro Colón, tomaba debida cuenta de
sus palabras.
El siguiente sector fue el asignado a Escenografía,
donde se constató la precariedad del espacio dedicado
a este taller y la falta de adecuación del mismo a la
tarea desarrollada por el sector. Se pudo observar que importante
documentación sobre la producción escenográfica
de las obras, se encontraba en cajas de cartón apiladas
en estantes, sin ninguna protección. El personal de Escenografía
señaló la imposibilidad de realizar trabajos de
envergadura en esa locación, debido a la falta de las
condiciones mínimas: pisos adecuados para pintar y piletas
para preparar las pinturas y lavar los materiales utilizados,
entre otras.
Luego fuimos al sector de Tapicería en el que se pudo
comprobar gran cantidad de telas y elementos de esos talleres
almacenados en bolsas y dispuestos unos arriba de otros, a falta
de armarios y/o estanterías adecuadas para su guardado.
El jefe del taller, manifestó a su vez, lo precario de
las condiciones de trabajo y señaló el deterioro
producido por el traslado, a una máquina imprescindible
para las tareas de la sección. También se refirió
a la falta de un ordenamiento y organización coherentes
durante los traslados, toda vez que él mismo, había
tenido que rastrear el destino de elementos y materiales de
tapicería en distintos containers. Por último
hizo mención, a parte del patrimonio que se encontraba
todavía en las instalaciones del Colón (ver más
arriba- el fuelle).
El recorrido continuó en el pabellón 2 del Centro
de Exposiciones. Se vieron los sectores asignados a depósito
de: Zapatería, Peluquería y Caracterización
y Sastrería. Mejor dicho, se hicieron abrir los containers
que contenían el patrimonio de esos talleres. El Juez
pudo comprobar que, en todos los casos, el material se encontraba
estibado en cajas de cartón y al igual que en los restantes
sectores escenotécnicos, no existía inventario
oficial de lo guardado y que el personal de cada taller había
establecido un orden interno para poder ubicar y clasificar
el patrimonio de su sector. En el caso de Zapatería y
de Peluquería, muchas cajas se encontraban en el piso
o arriba de los containers por falta de espacio. Algunas estaban
abiertas y con el material a la vista.
En la parte superior de muchos containers se pudo observar
gran cantidad de elementos patrimoniales de los sectores de
Prensa (afiches, revistas, programas, libros, etc.), de Diseño
de Producción (maquetas), de Pintura de Trajes (chablones
y elementos de serigrafía), almacenados allí por
falta de espacio. En algunos casos dispuestos sin orden, apilados,
con las cajas abiertas y sin ninguna protección.
Luego fue el turno del sector de Electricidad de Sala quienes
explicaron al Juez las vicisitudes pasadas para dar energía
eléctrica y cubrir las demandas de luz artificial a las
instalaciones del Centro de Exposiciones. Este es uno de los
sectores que debieron adaptar, en el Centro, dos containers
como oficina y taller, respectivamente. No hace falta explayarse
sobre lo inadecuado que resulta un container como lugar de trabajo.
Ante la explicación suministrada al Juez sobre la instalación
eléctrica, por parte del personal, Scheibler no pudo
dejar de reconocer lo llevado a cabo dada la falta de medios
y condiciones, no obstante señaló, dejando en
claro que bajo ninguna circunstancia hacía responsable
al personal interviniente, que la precariedad de partes de la
instalación contravenía elementales normas de
seguridad. Los trabajadores de Electricidad de Sala manifestaron
que en muchas oportunidades habían manifestado esta situación
a las autoridades del ente y, en síntesis, la actitud
de las mismas había sido: “hacer lo que se pueda
con lo que hay”.
Se recorrió a continuación el espacio asignado
al guardado de elementos de Luminotecnia (reflectores y artefactos
de iluminación destinados a iluminar los espectáculos),
los que se hallaban directamente apoyados en el piso, sin ningún
tipo de protección, ni cubierta alguna. Personal a cargo
manifestó que lo allí depositado era sólo
una parte, y que, como en el caso de otros talleres el resto
se encontraba repartido entre el teatro y los containers de
Lavardén, sin inventario oficial.
El recorrido siguió por el container-oficina del sector
de Informática, donde el personal a cargo explicó
al Juez los pormenores de la mudanza reiterando que, en el caso
de Informática, tampoco se había confeccionado
un inventario oficial, antes del traslado. Se aclaró
también que el sector era uno de los sectores disueltos
por García Caffi a principio de año y que, aún
así, se continuaba cumpliendo con las labores habituales
del sector, no sólo en el Centro de Exposiciones sino
también en la Asociación Patriótica (sede
de la administración) y en otras dependencias donde personal
del Colón prestaba servicio.
Luego se solicitó la apertura de un container cerrado,
en el que se pudieron observar libros y discos que, según
las autoridades del directorio del ente, correspondían
a una donación realizada por un particular, al Colón,
en el mes de noviembre. No obstante, junto con estos elementos
se encontraron varios cuadros pertenecientes a la Biblioteca
del Colón, los que estaban rotos y en pésimo estado.
En el espacio adyacente a este último container había
cinco pianos, algunos cubiertos con cartón, otros con
cubiertas de paño y otro sin cobertura. Levantando la
cubierta de cualquiera de ellos se pudo apreciar que la madera
de estos instrumentos estaba cubierta de tierra y las patas
de uno de ellos, estaba rota. De allí, se pasó
al espacio que está delante del “auditorio”
del Centro de Exposiciones, dónde se vieron las cajas
de los instrumentos musicales de las orquestas y mobiliario
de oficina. Ya en el auditorio, los compañeros músicos:
Pastor Mora (orquesta estable) y José Piazza (orquesta
filarmónica) manifestaron al Juez, lo inadecuado del
lugar como sala de ensayo, por no cumplir, el mismo con los
requerimientos acústicos ni las dimensiones necesarias
para tal fin. Pastor Mora, hizo también una breve reseña
de lo que había sido el largo peregrinaje de lugares
de ensayo de las orquestas durante el último año
y medio, manifestando que el constante ir y venir de los músicos
y la falta condiciones mínimas necesarias en cada una
de las locaciones, habían ocasionado el deterioro y la
rotura de muchos instrumentos musicales, destacando, el elevado
costo económico que esta situación había
producido.
A continuación, se realizo la inspección del
sector de Grabación y Video. Este es un espacio que posee
cuatro containers, los que funcionan como depósito de
materiales, depósito de equipos, estación de edición
de audio y estación de edición de video y como
depósito de cintas de audio y video. El juez se mostró
interesado en este último container y preguntó
acerca de cuál había sido situación de
ese patrimonio en el pasado, cuando estaba en el teatro. Se
le informó que todo el material de archivo de audio y
video, cuando estaba en el Colón, se encontraba refrigerado
y a temperatura constante. Que, obviamente, la situación
actual ponía en serio riesgo la integridad del archivo,
ya que las variaciones de temperatura y humedad eran significativas
y el material era muy susceptible a ellas. También se
hizo referencia a la condición de sector disuelto y a
la falta de elementos (monitores y otros) registrada durante
la mudanza al Centro de Exposiciones.
El sector contiguo a Grabación y Video es el container-oficina
de Fotofilmación. En él expliqué al Juez,
los pormenores del traslado al Centro, la sustracción
de equipos (monitores, computadoras y teclados) durante el mismo,
y su correspondiente denuncia formal ante las autoridades del
ente. Hice un breve resumen de las actividades que se llevaban
a cabo en la sección y mostré ejemplos del archivo
de casi 500.000 originales analógicos (negativos color
y blanco y negro y transparencias color) guardados dentro del
container, conjuntamente con numerosas carpetas de muestras
en papel fotográfico, todo ello formando parte del archivo
de fotografía que se lleva en forma sistemática
e ininterrumpida desde el año 1967. Por otro lado, mostré
los correspondientes equipos fotográficos e informáticos
utilizados para desarrollar el trabajo. También aclaré,
la condición de sector disuelto y la ausencia de inventario
oficial del contenido del container. Por supuesto, manifesté
lo inapropiado de las condiciones de guardado dentro del container
del archivo fotográfico, esgrimiendo las mismas razones
que habían manifestado los compañeros de Grabación
y Video, con respecto al archivo de audio y video. Por último,
el Juez se interesó en la presencia, dentro del container,
de un servidor informático que posee todos los archivos
fotográficos digitales y digitalizados desde el 2006
hasta la fecha, así también como numerosos archivos
de audio y de video, ya que se trata de un servidor compartido.
Le comenté que esa era otra gran preocupación
ya que todo servidor tiene estrictas condiciones de temperatura
de funcionamiento que, de no cumplirse, pueden dañar
el servidor y los datos almacenados en él. Agregué
que, en el teatro, el servidor se hallaba en una pieza destinada
en exclusividad que poseía refrigeración durante
las 24 hs. El Juez dijo conocer esta característica de
los servidores y solicitó a quien redactaba el acta del
recorrido, que consignara en la misma la presencia de un servidor.
Finalizando el recorrido en el interior del Centro se solicitó
abrir un container destinado al guardado de los elementos de
la sección de Diseño y Producción. En el
mismo, estaban guardados sin orden: los planos de ejecución
de los espectáculos, algunos en cajas, otros sueltos.,
carpetas con figurines, carpetas con fotografías, bocetos
escenográficos, materiales de dibujo, mesas de dibujo
y mobiliario de oficina.
Terminado el recorrido interno se inspeccionaron los containers
depositados fuera de los pabellones, a la intemperie. Muchos
de ellos presentaban óxido y herrumbre en su exterior.
El juez hizo abrir prácticamente todos. El material guardado
en estos containers era de diversos tipos. Se pudo observar
containers con telas de tapicería, otros con material
de utilería, también con vestuarios y trajes y
uno con latas y tachos de pintura del sector de escenografía.
En algunos se pudo constatar un fuerte olor a humedad y en todos,
la temperatura interna era excesiva. Luego se pasó a
los containers que están más alejados de los pabellones,
en los que hay depositados elementos de Electricidad de Sala.
El Juez recorrió los mismos, mientras el encargado del
sector le explicaba el origen del material guardado. Así
se vieron: lámparas del teatro, algunas de ellas verdaderas
reliquias, junto con mobiliario de oficina, cables, conectores,
paneles eléctricos y hasta una subestación que
estaba prácticamente nueva , no obstante haber sido desechada
por los responsables de las obras. Muchos elementos se encontraban
rotos. También se hizo referencia a la sustracción
de material, sobre todo bobinas de cable, durante la mudanza
al Centro y también, en este caso, la condición
de sector disuelto por la resolución Nº 7 del ente.
Por último, el Juez Scheibler pidió abrir un
container en el que se encontró la cámara acústica
de conciertos destrozada e inutilizada. Se le manifestó
al Juez, que la misma estaba en perfecto estado e íntegra
al cerrarse el Colón en el 2006 y que desde entonces
nunca había sido utilizada.
Al lado de este container, se pudieron observar cuatro torres
de iluminación que presentaban visibles marcas de herrumbre.
El juez preguntó por ellas y se le explicó que
las mismas eran estructuras móviles, con conectores eléctricos
y la capacidad de soportar reflectores y aparatos de iluminación,
que se utilizaban para crear los efectos laterales de luces
en el escenario. Asimismo Scheibler, inquirió sobre el
motivo de que dichos elementos se hallaran a la intemperie.
Jorge Pelosi contestó que se habían sacado de
un container, puesto que se necesitaba el mismo para guardar
otros elementos. El Juez dijo entender la cuestión, pero
reiteró a Pelosi su pregunta: ¿por qué
se habían dejado a la intemperie, cuando era evidente
que se estaban deteriorando? Pelosi, no respondió.
Acto seguido se confeccionó el acta correspondiente,
se dio lectura a la misma y los actores la firmamos, con lo
que se dio por concluido el reconocimiento judicial en el Centro
de Exposiciones.
NOTA: Cabe mencionar, que durante todo el recorrido en el Centro
de Exposiciones pudieron observarse diferentes objetos y elementos
dispersos por todo el predio sin asignación específica
a ningún sector, pero todos pertenecientes al patrimonio
mueble del Teatro Colón a saber: espejos de cristal con
marco y pie de madera (espejos de cuerpo entero) percheros de
madera, mobiliario de oficina, paneles de madera de distintos
tipos y tamaños, mesas de dibujo técnico, estructuras
metálicas de varios tamaños para uso escenográfico
y sillas de madera, entre otros.
Reconocimiento Judicial en la Biblioteca Nacional
El día martes 29 de diciembre de 2009, a las 13 hs.,
comenzó el reconocimiento judicial en el tercer subsuelo
de la Biblioteca Nacional. En ese acto, los presentes éramos
los mismos que asistimos al recorrido del Centro de Exposiciones,
con excepción de Sara Tonazzi (actora por parte de la
demanda) y el Dr. Lefler (abogado del EATC), que tuvieron que
ausentarse. Como en los dos casos anteriores, todo el recorrido
fue fotografiado y filmado en video por personal del juzgado
interviniente.
Nos dirigimos directamente al tercer subsuelo de la Biblioteca
Nacional, único lugar en ese predio donde hay elementos
del patrimonio mueble del Teatro Colón. Al llegar al
lugar, lo que llamó la atención fue una significativa
cantidad (aproximadamente 20) dispositivos de plástico
para combatir cucarachas (tipo cucatrap), dispersos en el piso
y cercanos al sector que funciona como oficina del Departamento
de Ceremonial del Colón, a cargo de Marcela Pearson (área
disuelta y persona trasladada). Cuando le pregunté a
Marcela Pearson sobre la cantidad de dispositivos contra los
insectos, su respuesta fue: “Aquí, literalmente,
llueven cucarachas”. La “oficina” de Pearson
es sencillamente un espacio delimitado por un escritorio, una
silla, un archivero metálico y algunos afiches y fotos
enmarcadas del Teatro Colón. El aire se percibía
viciado, sin renovación forzada pese a existir sistema
de refrigeración, el cual no estaba en funcionamiento
y, por las declaraciones de quienes ahí trabajan, no
funciona nunca. También pudo percibirse que la temperatura
era sensiblemente más elevada a la de los pisos superiores.
En síntesis, el clima en ese subsuelo era húmedo,
caluroso y opresivo.
Lo primero en inspeccionarse fue un sector delimitado por una
jaula metálica en el que se pudieron observar elementos
y mobiliario de oficina pertenecientes al sector de Administración
del teatro, desparramados y con diversos grados de deterioro.
También se encontraron: gabinetes de computadoras vacíos,
algunas partituras musicales y documentos de administración
guardados en cajas, algunas de ellas abiertas y los papeles
en el piso. Conjuntamente, había cajas de cartón
con discos de pasta rotos y, tirados en el piso, elementos de
vestuario teatral (trajes). Todo ello muy sucio y en gran desorden.
Hacia un costado de este sector estaba instalado un escritorio
y un archivero de madera y, según informó el Sr.
Rafael Pallares (administrativo del Colón), en ese lugar
se desarrollaban las tareas de la sección de Copistería
Musical del Colón (sector de Servicios Auxiliares).
A continuación, nos dirigimos hacia la zona donde, según
referencias, estaban guardados los textiles de la sala (cortinados
de los palcos y de los accesos a los niveles de cazuela tertulia
y paraíso). Allí se pudo observar la presencia
de cajas de cartón de aproximadamente un metro de largo
por sesenta cm. de ancho y cincuenta cm. de altura, precintadas
y con carteles de referencia indicando el número de palco,
el nivel y otros datos de clasificación. En ellas, aparentemente,
estaban guardados los textiles mencionados. Digo aparentemente,
puesto que, a excepción de una que se hallaba abierta
y vacía, el resto estaban cerradas y el Juez en ningún
momento solicitó que se abrieran.
Por último, fuimos hacia otro sector delimitado por
otra jaula metálica, éste profusamente iluminado
con tubos fluorescentes, que albergaba todos los elementos del
Archivo Musical del Colón (miles de partituras que lo
conforman). El sector, de unos treinta metros de largo y unos
seis de ancho, está rodeado en todo su perímetro
por estanterías metálicas sin puertas, en las
que estaban depositadas las partituras del Archivo, algunas
envueltas en film, otras guardadas en cajas de plástico
o de cartón y el resto sin cobertura. En el centro del
lugar había una estantería similar a la del perímetro,
de doble cuerpo, también con partituras. Se pudo observar
la presencia de instrumentos musicales varios, pertenecientes
al patrimonio de las orquestas del Colón y distribuidos
a lo largo de todo el sector.. Sobre la salida había
una improvisada oficina con un escritorio, una computadora,
una fotocopiadora, una impresora y dos armarios de madera con
más partituras.
No habiendo otros elementos patrimoniales del Colón
allí depositados, se procedió a confeccionar el
acta correspondiente, se leyó la misma y luego los presentes
la firmamos, con lo que concluyeron los reconocimientos ordenados
por el Juez Guillermo Scheibler.
* Empleado del Colón, uno de los
cuatro trabajadores que iniciaron el amparo contra el Gobierno
de la Ciudad.