Ha muerto quien con la sugerente y enigmática máscara
de François Lepot cubrió guerras y cumbres, entrevistando
a personalidades relevantes del siglo pasado, como Juan Pablo
II, Indira Gandhi, Lech Walesa o el actual presidente israelí
Simon Peres. Ha muerto Enrique Oliva, porque Lepot era Oliva
y Oliva era Lepot, un mendocino nacido en la década del
veinte, de honda vocación periodística y profundas
convicciones políticas.
Doctor en Ciencia Política y miembro de número
de la Academia Nacional de Periodismo, Oliva dejó de
militar con su palabra, a los 87 años, el sábado
27 de febrero. Fue la suya una larga y fecunda vida, jalonada
de cargos y distinciones, recorrido en el que, sin lugar a dudas,
nada pudo compararse, para él, con el honor de haber
servido a la causa nacional y popular, y ser recordado por su
compromiso con un proyecto nacional con el que se identificó
desde su juventud, al integrar la Resistencia Peronista.
Seguramente, si Don Enrique Oliva pudiera escribir éstas
y otras palabras de despedida, no se presentaría como
académico, sino como el Director del periódico
“El Grasita”, tal eran las convicciones que lo llevaron
a abrazar el peronismo.
Oliva fue un militante que conoció la cárcel y
el destierro en épocas de la mal llamada Revolución
Libertadora y que, en los años de la guerra fría,
volvió al encierro por su radical oposición a
toda forma de colonialismo. En las mazmorras de las pseudodemocracias,
se le hizo pagar, durante largos cuatro años, su proclamada
rebeldía y su derecho a opinar con libertad. Finalmente,
la dictadura de Videla escribió el último capítulo
del escarnio al secuestrar a sus hijos, y obligar a Oliva a
partir a un nuevo exilio.
Pero ninguno de los castigos impuesto por la antipatria doblegó
a don Enrique, prueba de ello son sus libros y artículos
en los que abrazó, sin claudicaciones, la causa popular.
En 1986, fue el primer periodista argentino que pudo pisar Malvinas
después de la Guerra del Atlántico Sur. De la
gesta de Malvinas, expresó: “los 649 compatriotas
caídos en tierras y aguas argentinas luchando contra
el colonialismo de las multinacionales” son mártires
que “aún esperan, con los ojos abiertos, cobijarse
en la bandera criolla”.
Las grandes causas de la patria siempre contaron a Oliva en
la primera fila, dotado de su valiente palabra. Como un agudo
observador de la realidad, a fines del año pasado, no
dudó en señalar los males de la prensa escrita:
“mecantilización de la información, adicción
a la publicidad, pérdida de la credibilidad”, lo
que lo llevó a apoyar incondicionalmente las necesarias
reformas democráticas emprendidas por Argentina, Ecuador,
Bolivia y Venezuela contra los “latifundios mediáticos
de grupos privados en situación de monopolios”.
Fervoroso defensor de la Patria Grande, a mediados de diciembre
del año pasado, en sus “Rebanadas de Realidad”
alertó sobre los avances de la “colonialista Europa”
que “se lanza sobre nuestros territorios y bienes naturales”.
Entonces llamó a que los pueblos integrantes de Unasur
reaccionaran frente a las nuevas y reiteradas manifestaciones
de “la pura soberbia de la prepotencia imperial”.
En 2009, por una iniciativa de mi autoría, se honró
a Enrique Oliva / Francois Lepot como Ciudadano Ilustre
de la Ciudad de Buenos Aires. Fue, quizás una
de las últimas oportunidades, que tuvimos quienes tanto
aprendimos de su palabra militante, de hacer público
nuestro agradecimiento y respeto a un compañero de la
histórica Resistencia, que pudo despedirse advirtiéndonos
a argentinos y argentinas: “el pasado es el prólogo,
nuestro pueblo tiene un pasado heroico a revalorizar con los
bicentenarios”, porque para don Enrique Oliva, el legendario
François Lepot, “de presentar un frente anticolonialista
unido, Suramérica será invencible”.
Sus palabras, su homenaje.
*Legisladora de la Ciudad, bloque peronista.