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20/05/2011
a propósito del campeonato mundial de tango de Buenos Aires
Bailar nunca es sólo bailar
Material realizado por el equipo de investigación periodística de la agencia Télam.

En el siglo XXI el baile se llega a tomar como un complemento interesante para mantenerse en estado, pero ante el espacio y con la música, el hombre se juega la vida, nace, vive y muere, con el tango, la salsa, el flamenco o el rock and roll.

Y así se la verá mañana a Alison Murray, la tanguera canadiense que participará en las finales del Campeonato Metropolitano de Tango, en el colegio San José, cuando con un recurso de amparo en la mano, se abrace a su marido y se entregue al 2 x 4.

Con ella irán los demás extranjeros que bailan tango y no pudieron participar este año en el certamen por una discriminación inconstitucional.

Murray, sin proponérselo, será una heroína del tango del mundo en la ciudad de Buenos Aires, donde ella sólo quería bailar. Pero bailar nunca es sólo bailar.

Tal vez colgados de su falda irán también los provincianos que sin una pareja con antigüedad mínima de dos años de domicilio en la ciudad Autónoma de Buenos Aires, se tuvieron que quedar al borde de la pista, mientras su compañero o compañera bailaba con otra persona, que sí era de la ciudad.

En el baile, en un club, una peña o en una fiesta, los bailarines se juegan la aceptación social, el amor de su vida o el perdón por el amor frustrado, en cada paso. Casi nada. Los profesionales se juegan la vida, la comida, el techo, la historia o el porvenir. Los milongueros, que no bailan para vivir pero viven para bailar, apuestan su prestigio, una noche de amor o un desayuno compartido. Que no es poco.

Si lo sabrá Juan Carlos Copes cuando perdió una final de un campeonato de tango con un gordo tremendo, conocido como Virulazo en el estadio Luna Park.

Los viejos dicen, como una frase misteriosa, que "no hay tango sin fuego" y se refieren sobre todo a la pasión. A un amor que lo consume todo. Ellos saben porque lo dicen, pero parece que el significado es más amplio todavía.

Las historias sobran. Mañana, en el Colegio San José, Alison Murray sumará sólo un eslabón más a la cadena de relatos fantásticos de las experiencias de los hombres cuando se abre el espacio y la música empieza a sonar.-(Télam)