La Unión de Trabajadores de Prensa
de Buenos Aires (UTPBA) emitió, el pasado lunes 22, un
comunicado con motivo de cumplirse hoy, jueves 25, el décimo
aniversario del asesinato del reportero gráfico José
Luis Cabezas en la ciudad de Pinamar.
El comunicado de la UTPBA
“En la madrugada del 25 de enero de 1997 el reportero
gráfico José Luis Cabezas fue asesinado de dos
tiros en la cabeza y su cuerpo fue quemado, dentro de su auto,
en una cava de General Madariaga. A 10 años de ese crimen,
la mayoría de los considerados por la justicia como sus
autores y/o instigadores están libres.
“Desde aquel día en el que mataron a José
Luis, hasta el 3 de febrero de 2000, fecha en que se conoció
el fallo de la justicia respecto de los responsables del crimen,
una de las movilizaciones sociales más importantes de
aquella década impidió manipulaciones burdas,
miserias politiqueriles, maniobras de todo tipo, pistas falsas,
mientras se insistía en alcanzar toda la Verdad para
hacer Justicia, enfrentando especulaciones que pusieran un techo
político a la resolución judicial.
“Tiempos en que la disputa entre los gobiernos nacional
–que presidía Carlos Menem- y provincial –Eduardo
Duhalde– estaba lejos de ser el reflejo de un problema
“jurisdiccional” frente al crimen de José
Luis: formaban parte determinante de un contexto en el que la
economía formal, representada por Cavallo y la economía
no convencional, cuyo exponente más nombrado y menos
conocido era Yabrán, habían decidido confrontar
abiertamente, apelando a sus respectivos padrinos.
“En los casi 7 años transcurridos desde aquel
fallo de 468 páginas de la Cámara Federal de Dolores,
hasta hoy, buena parte de los actores y factores que se vieron
condicionados de actuar frente a una sociedad convencida y movilizada
contra la impunidad, se movieron en el terreno que mejor conocen
y que, frente a un juicio inexorablemente desfavorable, se habían
dedicado a preparar descontando las penas más severas
para los acusados.
“El fallo de febrero de 2000 no había llegado
al fondo. La interpretación acerca de que José
Luis fue asesinado por su tarea profesional, los indicios que
pesaban sobre el empresario Yabrán –quién
se suicidó en mayo de 1998– y las condenas para
Ríos, Prellezo, los horneros, Luna, Camaratta y el ex
comisario Gómez no alcanzaban a darle la verdadera entidad
al hecho.
“Se trató de una operación eminentemente
mafiosa, por logística y metodología, a la que
sólo se llega mediante estructuras y coberturas que están
por encima de los protagonistas condenados. Incluso, por encima
del móvil mencionado.
“Tanto las razones de fondo como los verdaderos autores
intelectuales –no sólo porque se suicidaron–
así como las responsabilidades políticas, quedaron
fuera del alcance de la condena. A esto se sumó el natural
reflujo de una sociedad movilizada que vio en parte cumplido
su objetivo: los juzgados admitían su participación,
se hablaba de un ataque a la prensa, el principal sospechoso
de ser el autor intelectual se había quitado la vida,
y se conocían penas de cadena perpetua y prisión
perpetua que suponían la cárcel por el resto de
sus vidas para los condenados.
“Frente a ello el trabajo sigiloso de los abogados del
poder mafioso –con una estructura propia y de vinculaciones
potentísimas– recorrió el camino que tenían
previsto y que mejor conocen. Hoy salvo Prellezo y Gómez,
por ahora, todos los acusados están en libertad.
“Todo esto, incluso, frente a una comunidad judicial
que se reconoce impotente ante lo que considera un bochorno
moral que no deja de tener fundamentos legales que amparan tamaña
injusticia. Las reiteradas voces de sus familiares, compañeros
de trabajo, la UTPBA, ARGRA repudiando esas libertades de hoy
suenan como la expresión más coherente en defensa
de una lucha que todos definieron como ejemplar y que no deja
de tener vigencia cada vez que una acción colectiva enfrenta
la impunidad.
“Caravanas a Dolores, Pinamar, actos en todo el país,
minutos de silencio, movilizaciones los 25 de cada mes, las
denuncias en el plano regional e internacional, la convocatoria
unitaria de la familia de José Luis junto con la UTPBA,
ARGRA, los compañeros de trabajo de José Luis
y decenas de organizaciones sociales que se solidarizaron con
esa lucha por la verdad y la justicia, fueron parte de una época
donde esa batalla contra la impunidad no permitió que
adquiriera apenas el valor de lo corporativo: los casos de Mario
Bonino, Miguel Bru, Sebastián Bordón, Teresita
Rodríguez, de gatillo fácil y masacres como las
de la Amia y la embajada de Israel, confluyeron permanentemente
en cada acto. Los unía un mismo repudio, un reclamo similar
de justicia y la convicción de que cada uno de esos crímenes
partían de las mismas condiciones creadas por un poder
mafioso, excluyente, que hacía alarde de su absoluta
impunidad.
“A 10 años del crimen de José Luis la vergonzosa
libertad de sus autores no pone para nada en duda el alto valor
de la lucha de millones de personas por la justicia y la verdad.
Por el contrario, la revaloriza. Es que este presente demuestra,
una vez más, el poder de quienes se enfrentó,
denunció, limitó y condicionó durante los
años más fuertes del “No se olviden de Cabezas”.
Enfrentando amenazas, intimidaciones, agresiones y contando
–a diferencia de lo que sucedió cuando Mario Bonino
fue asesinado– con una activa participación de
los grupos comunicacionales, quizás como parte interesada
en ese contexto político y económico que se mencionó
antes.
“La desaparición, hace más de cuatro meses,
de Jorge Julio López –principal testigo en el juicio
contra el genocida Miguel Etchecolatz-, así como la reciente
desaparición –y posterior aparición–
de Luis Gerez, son ejemplos contundentes de cómo fuerzas
de seguridad y ex integrantes, de la Bonaerense y ex Bonaerenses,
más sus cómplices y protectores políticos
y empresariales, no han dejado de actuar.
“Ese poder, que con el crimen de José Luis dejó
un mensaje, también se llevó otro, que quizás
no lo tenía tan en la cuenta: el de una sociedad movilizada
y reclamando justicia, meses, años. Aunque el objetivo
se haya logrado sólo parcialmente; objetivo que después
otros, en zonas inalcanzables para el conocimiento común,
modificaron, destrozando en las tinieblas lo conquistado por
la voluntad y decisión de una sociedad dispuesta a pelear
por la Verdad y la Justicia”.