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Salió el número 68,
agosto 2008,
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La revista gratuita se publica cada 30 días
y se distribuye en los barrios de La Boca, San Telmo y Barracas de
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En ese formato tienen mayor
relevancia las noticias y problemáticas locales.
Ambas publicaciones están abiertas a notas, sugerencias y opiniones
de los lectores en general, siendo sus principales fuentes de información
las investigaciones periodísticas propias y las colaboraciones
de autores y medios alternativos.
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14/11/2007 Nuevos
testimonios en la causa Febres Prensa
Justicia Ya Buenos Aires
Esta semana continúan las audiencias de testimonios en
el juicio contra el represor de la ESMA Héctor Antonio
Febres en el Tribunal Oral Federal (TOF) Nº 5 de la Capital
Federal.
El martes 13 dieron su testimonio Ana Maria Soffiatini, Ana Maria
Marti, Elvio Héctor Vasallo, Ana María Isabel Testa,
todos ellos ex detenidos-desaparecidos que estuvieron secuestrados
en el campo de concentración que funcionó en la
Escuela de Mecánica de la Armada.
La primera en declarar fue Ana María Soffiantini, docente,
quien fuera secuestrada junto a los dos hijos, a metros de su
casa en Fragata Sarmiento y Juan B Justo. Fueron abordados por
un grupo de personas armadas, entre ellos el represor Astiz. Fue
conducida a la ESMA, donde fue sometida a condiciones inhumanas
de vida y tormentos: " Convivir con los gritos,
la tortura, era lo cotidiano en la ESMA."
En su testimonio relató la existencia de los traslados:
" Cada tanto, empezaban a nombrar (a
los detenidos) por los números, había
movimiento de grilletes, se armaba una fila. Esos días
eran de grandes silencios...". Describió
como supo del asesinato de Horacio Maggio, —Nariz, secuestrado
que logró fugarse de la ESMA, fue nuevamente secuestrado
y asesinado— cuyo cuerpo fue llevado a la ESMA. Los detenidos-desaparecidos
fueron obligados a ver su cuerpo sin vida. Asimismo relató
como fue asesinada Norma Arrostito. " Ese día
mataron a una compañera que amábamos mucho, que
respetábamos mucho." Asimismo detalló
como los represores relataban lo que hacían con los cuerpos
de los desaparecidos: " Ellos mismos nos decían
que cerca había un lugar llamado el campito, donde quemaban
los cuerpos de los compañeros asesinados o heridos. Se
hablaba de 'hacer el asadito'".
"¿Quiere un cuarto intermedio?" Le preguntó
en un momento el juez a cargo del TOF 5, " No,
ya esperé tantos años..." contestó
Soffiatini, y continuó con su relato. Los represores la
llevaron en una ocasión a Ramallo, su lugar de origen.
Al llegar, su hermano le preguntó ¿Cómo te
enteraste?. Su padre había fallecido, de tristeza, y ese
día lo habían enterrado. " No pude
ver su cuerpo. Tampoco el de mi compañero Hugo Onofri.
Eso quisiera que los asesinos digan: donde están los cuerpos
de nuestros seres queridos".
Finalizando su testimonio, Ana María manifestó:
"L o más terrible que intentaron hacer
en nosotros fue querer que perdiéramos la confianza en
los compañeros. No lo lograron, fue la gran batalla que
dimos ahí adentro ".
El siguiente testimonio fue el de Ana
María Martí.
¿Conoce a las victimas de la causa?, le preguntó
el presidente del TOF 5 cuando comenzaba su testimonio.
"A Margari y Garcia los conocí
en la ESMA. A Lordkipanidse lo conocí hace unos años,
no lo vi en la ESMA porque fue secuestrado después de
que me llevaran al anexo de la ESMA. A Josefa Prada de Oliveri
no sé si la vi en la ESMA, porque allí vi cientos
y cientos y cientos de personas detenidas-desaparecidas encapuchadas
y engrilladas a quienes no podría reconocer."
"Quiero decir que estuve 20 meses secuestrada
en la ESMA y un mes en un anexo", comenzó
diciendo la testigo. Fue secuestrada el 18 de marzo de 1979,
en la estación de tren El Tropezón, cerca de San
Martin. Cuando fue a sacar el boleto, el vendedor trató
de advertirla del peligro con la mirada. Fue rodeada por un
grupo de entre 12 y 15 personas.
Fue llevada a la ESMA, y la llevaron al sótano, donde
le sacaron una fotografía. "Víctor
Basterra, cuando sacó los documentos y las fotos, entre
eso estaba mi ficha de entrada en la ESMA, que fue publicada
en tapa en un ejemplar del Diario del Juicio",
relató Martí.
Allí fue sometida a condiciones inhumanas de vida y
tormentos. Identificó detalladamente quienes eran los
represores que actuaban en la ESMA. Fue conducida al altillo
del Casino de Oficiales, conocido como Capucha. "La
cucha, un cajón sin tapa. Allí estaba esposada
y engrillada".
Su relato sobre el paso por este campo de concentración
fue muy amplio y detallado, un enorme ejercicio de memoria.
Imaginen si tuvieran que recordar día por día
lo que fue sus vidas durante dos años, suele decir Ana
María para dar una dimensión de lo que significa.
Y lo hizo, habló de la primera persona que conoció
detenida en Capucha:
"A mi derecha había
una mujer de 50 años que se quejaba de dolor día
y noche sin parar, tenia las piernas negras de los moretones.
Cuando pasaba repetía: DIOS MÍO ESTO ES UN GENOCIDIO,
DIOS MÍO, DIOS MÍO, ESTO ES UN GENOCIDIO. Era
Alicia Eguren, la mujer de John William Cooke. Se la llevaron".
Y lo hizo, habló de los traslados:
"Lo peor de la capucha eran los traslados,
en general eran los miércoles, nos decían que
eran a centros de recuperación que la marina tenia
en el sur. Ese día no volaba una mosca, vaciaban el
sótano. Una vez me llevaron a una salita de interrogatorios
y se olvidaron de mi, y vi entrar al sótano a un enfermero
de botas blancas, llevaba una bandeja de metal con tubos de
metal, algodones y jeringas. Arriba no nos podiamos mover.
Los guardias iban llamando a los detenidos por numero. La
puerta se abría y se cerraba, los sacaban de a uno.
Me anunciaron mi traslado tres veces... Yo quería estar
en una cárcel, con una reja gruesa, gruesa, que me
separara de los represores."
El día siguiente del traslado en el sótano había
marcas de zapatillas arrastradas, olor a desinfectante. Tincho,
un detenido-desaparecido, contó que lo llevaron al sótano,
que lo inyectaron, pentonaval, que lo llevaron en un camión,
lo llevaron a aeroparque. "A él lo devolvieron
a la ESMA. Estaba medio adormecido".
Y lo hizo, habló de los bebés nacidos en la ESMA:
"Si de alguien puedo decir que lo vi todos
los días es a Héctor Febres. Era operativo,
hacia compras, torturaba, llevaba a los detenidos a las casas
de sus familiares, pero sobre todo fue responsable de la canallada
de los bebés.
Era el que se ocupaba de las mujeres embarazadas.
Yo iba cada vez que podía a la sala de las embarazadas.
Un día estaba en la pieza de las embarazadas, había
3 o 4 compañeras, entre julio y agosto, entró
Febres haciéndose el canchero, traía unas hojas
de papel, sobres y lapiceras, se sentó y les empezó
a decir que prepararan una carta para el familiar que ellas
habían elegido para que cuidara el bebé. Les
aconsejaba que pusieran los datos del bebé. Cuando
ya se iba, Febres se levantó y dijo cínicamente:
no se olviden de poner bien clarito el nombre y la dirección
de su familiar, a ver si todavía me equivoco y la dejo
en una casa con una familia que nada que ver. Vi a Febres
con un moisés, con ajuares de lujo, ahí me di
cuenta que no los entregaban a las familias.
Estos juicios, todo lo que se fue
sabiendo en los 30 años están basados en nuestros
testimonios, pero si yo agarro el testimonio del 79 y veo lo
que ha pasado ahora:
En el año 1979, en plena dictadura, a pocos meses de
haber salido en libertad, dijimos que habíamos visto
una chica muy jovencita, Bebé, Alfonsín de Cabandie,
que había tenido un varón. Sabemos que fue apropiado
por un policía de apellido Falco, y que hace un pocos
años recuperó su identidad.
Dijimos que habíamos visto
a Patricia Roisinblit, su bebé fue apropiado por un represor
de la aeronáutica, y hoy es un nieto recuperado.
Sabemos de Cecilia Viñas,
su bebé fue apropiado por el represor de la ESMA Jorge
Vildoza, y hoy está recuperado.
De Maria Hilda Pérez de Donda, dijimos que tuvo una nenita,
fue apropiada por un represor de la prefectura, Azic. Fue recuperada
hace muy pocos años.
Ellos, los hijos recuperados son no sólo testimonio,
sino prueba muy contundente de lo que ha pasado.
Lamento que Febres no esté en esto momento.
Que deje de torturar a las familias, que no saben donde están
sus hijas, sus hijos, sus hermanos, y que saben que hay bebés,
sangre de su sangre, no los pueden encontrar, y yo no tengo
dudas que Febres, Acosta, los represores saben donde están".
Ana María fue sometida a trabajo esclavo, en la Pecera,
donde era obligada a realizar traducciones del francés.
"Me llevaban con grilletes, la mejor muestra
de la esclavitud".
Dijo de sus compañeros:
"Había un grupo importante de compañeros
en la Pecera, siempre digo que si estoy viva es gracias a
mi compañeros de la capucha y de la pecera, porque
aun ahí donde nos decían claramente que no podíamos
ser solidarios porque era ser subversivos, aun en los peores
momentos que tuve que pasar, siempre me contuvieron, fueron
terriblemente solidarios conmigo."
Lo peor que le sucedió en la ESMA:
"El 4 de octubre el tigre Acosta me informa
que mis hijos habían sido secuestrados por el Ejército".
Le dijeron que sus hijos no iban a ser devueltos a su familia
porque estaban muy politizados: tenían 6 y 8 años.
Ana María pasó su último mes de cautiverio
con sus hijitos en un anexo de la ESMA, una quinta que no logra
ubicar, donde los tuvieron secuestrados a los tres. Finalmente,
fueron llevados a Ezeiza y de allí viajaron exiliados
a España, a la casa de una abuela. Febres le siguió
los pasos hasta allí, e incluso un día le golpeó
la puerta y entró a su casa allá, evidencia de
la continuidad de la vigilancia y la persecución.
"Fue muy difícil sobrevivir. Me pasé
años explicando por qué estaba viva, porque te
decían que si estabas en libertad era por algo".
Ana María estuvo refugiada en Suiza desde 1979 hasta
2003, año en que volvió por primera vez a la Argentina.
La audiencia continuó con el testimonio de Elvio Héctor
Vasallo, de 75 años, quien fue secuestrado en marzo de
1977, cerca de su casa en Haedo. Fue llevado a la ESMA, donde
fue sometido a condiciones inhumanas de vida y a tormentos.
Allí fue sometido a trabajo esclavo durante su cautiverio.
"Nací en el 32, en el 30 ya había
habido un golpe militar, crecí escuchando como me tenia
que vestir, que tenia que leer. Han pasado 30 años, y
me digo ¿Será justicia? ¿No será
justicia? Tengo 75 años".
El último testimonio de la tarde fue el de Ana Testa,
secuestrada el martes 13 de noviembre. Exactamente 28 años
después se encontró dando su testimonio en este
juicio. Fue conducida a la ESMA donde permaneció detenida-desaparecida
hasta el 25 de marzo de 1980. Allí fue sometida a tormentos
y a trabajo esclavo. "Creo que no es importante
abundar en la tortura física sufrida, tortura era todo,
declaré en causa esma del 87 que luego fue inhibida con
las leyes (de impunidad). También
declaré en España y deben tener mis testimonios,
así que lo deben saber de memoria",
le dijo al tribunal.
La testigo se refirió a su secuestro identificando a
los represores que participaron de él:
"Palito, Fafá, Gerardo, Gordo Juan
Carlos. En 28 años y gracias al trabajo de Victor Basterra
de sacar los negativos, pudimos ponerles nombres y apellidos.
Por ejemplo palito es Donda, Gerardo es Peyón, que
está muerto, son muchos 28 años para empezar
un juicio".
Realizó una descripción detallada del sótano,
donde estuvo encerrada durante casi todo su cautiverio. Nombró
a los compañeros con los que compartió cautiverio:
"Hay mucha gente que no puede estar testimoniando
en este juicio, por ejemplo los Villaflor".
Finalizó su testimonio pidiendo por la identidad de los
hijos de desaparecidos apropiados por los represores:
"Mas allá de que se
lo juzgue en este juicio por torturas, creo poco en la justicia
(a pesar de ello) iré a denunciar cada vez
que sea necesario, porque tenemos que encontrar a los 400 chicos
nacidos en cautiverio, al menos deberían decirnos donde
están, ellos son los desaparecidos de hoy, los desaparecidos
de identidad".
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