Rosario, 13 de marzo — "Alerta, alerta que caminan,
los chicos organizados por América Latina”, cantaban
en medio de un calor pesado, decenas y decenas de pibas y pibes
venidos de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba
hasta la ciudad que parió la bandera, los estallidos
del ´69 y aquella figura rebelde que este año cumplirá
ochenta, Ernesto “Che” Guevara. Fue en Rosario,
en una luminosa tarde que el trencito de la vida, los cabezudos,
los títeres del compañero tucumano que siempre
emociona con la historia de su viejo y los zafreros que se reunían
a ver muñecos en los costados de las montañas,
los redoblantes de la comparsa “Todo por un sueño”
y casi un millar de personas gritaron bien fuerte: “El
hambre es un crimen. Ni un pibe menos en la Argentina”.
Desde Villa Constitución, la asociación Engranajes
junto a la Juanito Laguna, de Santa Fe, y las de Capitán
Bermúdez, militantes sociales, corazones palpitantes
y en carne viva, decoraron el local del supermercado recuperado
por sus trabajadores, ahora llamado La Toma, en pleno centro
de la ex ciudad obrera ahora devenida en territorio donde circula
el dinero derivado de la orgía de la soja.
-Vamos a hacer marchas hasta que no haya más hambre
en la Argentina -dijo una nena de luminosos ojitos marrones
a manera de prólogo.
Brenda, de Villa Constitución, balbuceó que quería
que “todos los chicos tuvieran zapatillas y pantalones”,
mientras una piba de los Pueblos Originarios radicados en Rosario,
dijo que no es posible que “a los gobiernos se les tenga
que mendigar para tener vivienda y educación. No puede
ser que nos den droga en lugar de un futuro digno”, remarcó
con claridad, contundencia y ternura invicta.
Después llegó el turno de Víctor De Gennaro,
secretario de Relaciones Institucionales de la Central de Trabajadores
Argentinos, que sostuvo que “frente a este gobierno enemigo
es necesario construir una nueva marcha que recoja la experiencia
de las anteriores. Porque yo tuve la suerte de aprender de estos
chicos que fueron capaces de transformarse a sí mismos,
que se puede cambiar, que se debe cambiar. Hoy empieza el camino
hacia la victoria. Nuestro pueblo está para más
y es necesario juntarnos”, sostuvo el referente social
y político.
A renglón siguiente, habló el poeta militante,
Alberto Morlachetti: “¿Cuál de los queridos
pedacitos de Rodolfo Walsh o Agustín Tosco hablaba de
capitalismo? ¿Qué tipo de amnesia globalizada
sufrimos los argentinos? En los años setenta se hablaba
de socialismo, no de capitalismo con rostro humano. Y eso es
lo que habrá que reverdecer para que los chicos que tienen
textura de futuro realmente lo sean. Socialismo para la liberación”,
remarcó Alberto con una pasión desbordante y contagiante.
Prometió que “la que viene será la última
Marcha de los Chicos del Pueblo. Porque vamos a llegar hasta
la Plaza de Mayo y no nos vamos a ir hasta que efectivamente
deje de haber chicos que se mueren de hambre en la Argentina.
Porque un solo chico que se muere de hambre en la Argentina
es ya un genocidio”, sostuvo en medio de aplausos y redoblantes
esgrimidos con la singular habilidad de las manos pibas de los
chicos que lucían sus pecheras con orgullo, aquellas
de la leyenda “El hambre es un crimen”.
Vinieron los saludos de las Madres de Plaza de Mayo de Rosario
y Santa Fe. Habló la querida e infaltable Queca Kofman
que sostuvo sentir “alegría por estos chicos y
bronca frente a la indiferencia de los gobiernos. Pero que el
futuro será otro a partir de este seis de marzo”,
indicó la maestra de ojos azules.
Eduardo Delmonte, de la Corriente Clasista Combativa, reivindicó
la experiencia de 2001, “algo que no está cerrado
y que seguramente hará que el futuro sea distinto cuando
los de abajo estén arriba”.
Por su parte, Carlos Chile, del Movimiento Territorial Liberación,
expresó que se sentía victorioso. “Hay que
ser muy revolucionario para estar con cuarenta pibes en los
comedores todos los días, dar respuestas a esas urgencias;
hay que ser revolucionario para dar caricias y abrazar a esos
chicos. Entonces veo que aquí hay tantos y tantos revolucionarios
que me digo: somos invencibles”, dijo con emoción
y profunda simpleza.
Héctor Quagliaro, histórico dirigente de la Asociación
de Trabajadores del Estado, reverberó su primera experiencia
en Tucumán cuando vio a pibas y pibes comiendo tierra.
Y terminó diciendo, al uso de Arturo Jauretche en su
poema del Paso de Los Libres que “es pa todos el invierno
o es pa todos la cobija”.
Por último, Pedro Peretti, de la Federación Agraria
Argentina, indicó que “sin reforma agraria no habrá
futuro para los pibes en la Argentina y que este es uno de los
temas tabúes en el país”.
De esta manera, con mucho calor y mucha pasión, entre
banderas multicolores y canciones de pibes del barrio Ludueña,
donde viviera Pocho Lepratti, el ángel de la bicicleta
al que le cantara León Gieco, terminó el acto
del lanzamiento de la campaña nacional “El hambre
es un crimen”. Una vez más, desde Rosario y hasta
cada rinconcito del país, otro Cielo fue parido por la
ternura rebelde de las Chicas y Chicos del Pueblo