Ecofondo. Proyecto de plebiscito por
el agua en Colombia
Texto sobre objetivos y alcances del referendo acordado por
la comision nacional de defensa del agua y de la vida. El referendo
se propone consagrar en la Constitución Nacional que
el agua en Colombia es un derecho inherente a la persona humana
y a los demás seres vivos, y es un bien común
de uso público que pertenece por tanto a la Nación
colombiana.
En consecuencia, el acceso al agua será un derecho fundamental
y toda persona podrá acceder a ella en todos sus estados,
lo cual incluye el derecho a disponer de agua limpia o potable
para el consumo doméstico, es decir para beber y para
satisfacer las necesidades de higiene y preparación de
alimentos y que el consumo humano es prioritario frente a otros
usos. Esto implica el establecimiento de una cantidad mínima
necesaria para cada hogar, en forma gratuita, independientemente
de su situación cultural, religiosa, social, de género,
geográfica o económica.
Para garantizar plenamente tales derechos, sólo el Estado,
mediante entidades de prestación de servicios públicos
y sin ánimo de lucro, deberá realizar la prestación
y la gestión directa e indelegable de los servicios de
abastecimiento, disposición y saneamiento. Se exceptúan
de este principio las organizaciones comunitarias que se hayan
constituido para este fin como instituciones de utilidad común,
sin ánimo de lucro, o que se constituyan en el futuro
de la misma manera. Estas organizaciones comunitarias deberán
contar con el apoyo del Estado para la prestación de
un servicio adecuado y de buena calidad a las comunidades que
así se organizan para satisfacer sus necesidades.
Reconociendo que el agua es sagrada para los pueblos indígenas
y elemento fundamental del territorio de las comunidades afrodescendientes,
el Estado deberá preservar y garantizar el goce efectivo
de estos derechos de estas comunidades de acuerdo con sus usos
y costumbres.
El Estado deberá dar especial protección y fomentar
la conservación de los cuerpos de agua superficiales
y subterráneas, los ecosistemas estratégicos para
el ciclo hidrológico y en particular las zonas necesarias
para la recarga de los acuíferos. Dicha protección
incluirá la prohibición de realizar actividades
que constituyan riesgo para dichos ecosistemas y para sus funciones
en relación con el mencionado ciclo hídrico.
El desafío ante la privatización
de los sistemas de agua en Latinoamérica (Un capítulo
del libro "Oro Azul")
Por Tony Clarke y Maude Barlow
A menudo bebemos un vaso de agua sin reparar apenas en el valor
de este recurso. Sin embargo, según estimaciones recientes
de la Organización de Naciones Unidas, en el planeta
hay 1.300 millones de personas que carecen de un acceso adecuado
al agua potable, y 2.500 no disfrutan de un sistema de saneamiento
apropiado. En todo el mundo, hay seres humanos que arriesgan
la vida en conflictos bélicos por el problema del acceso
al agua dulce. Aunque estas luchas no son nuevas, pues el agua
ha sido siempre un elemento esencial para la vida y la naturaleza
del planeta, se intensifican a medida que el agua se convierte
en un recurso cada vez más escaso y lucrativo. Como ya
preveía el ex vicepresidente del Banco Mundial a finales
de los años noventa, 'Las guerras del siglo XXI se librarán
a causa del agua'.
Las batallas del agua
Uno de los puntos más conflictivos de las batallas por
el agua es Latinoamérica. De hecho, la primera gran guerra
del agua del siglo XXI estalló en Bolivia cuando el Banco
Mundial exigió, para la renovación de un préstamo
de 25 millones de dólares, la condición de que
se privatizasen los servicios de agua del país más
pobre de Latinoamérica. En cuanto se vendió el
servicio municipal de agua corriente de Cochabamba [cuya población
supera la cifra de 500.000 habitantes] a Bechtel, una poderosa
empresa estadounidense, el precio del agua aumentó de
forma notable en enero y febrero de 2000. Decenas de miles de
habitantes tomaron las calles de Cochabamba para expresar su
descontento por el aumento de los precios y los consecuentes
cortes de suministro. Al final, la escalada de las protestas
derivó en una huelga general que paralizó la economía
de la ciudad, medida que obligó a Bechtel a hacer las
maletas y huir del país. Pero no por mucho tiempo. La
gran corporación regresó de nuevo con un pleito
de 25 millones de dólares contra el gobierno boliviano,
al que exigía el pago de indemnizaciones por pérdida
de beneficios.
En otras zonas del dominio hispanohablante, se han librado
duras batallas por el agua en otros frentes, sobre todo en ciertas
regiones de Latinoamérica.
En Argentina, las asociaciones de consumidores y otros grupos
han luchado durante una década contra la privatización
de la red de agua corriente pública por parte del gigante
empresarial francés Suez, que ha generado un proceso
de corrupción generalizada, además de la contaminación
del Río de La Plata y beneficios sin precedentes.
En Uruguay, una coalición de trabajadores y asociaciones
ha promovido un referéndum nacional con el fin de lograr
una enmienda constitucional que garantice el agua como derecho
humano y bien público, fuera del alcance de las grandes
empresas con fines lucrativos. Cuando una empresa filial de
la compañía de aguas española Aguas de
Bilbao recibió la concesión del suministro de
agua con fines lucrativos en la provincia de Maldonado, los
precios del agua aumentaron y los suministros se contaminaron.
En Chile, los grupos ecologistas han protestado enérgicamente
contra la venta de los sistemas fluviales. Durante el régimen
de Pinochet, el 80% de los ríos se vendió al sector
privado con el fin de facilitar la utilización del agua
para la producción de energía y el consumo agrícola.
La compañía española ENDESA ha adquirido
gran parte de los sistemas fluviales de Chile para desarrollos
principalmente hidroeléctricos.
En Perú, los ciudadanos de las zonas más pobres
han emprendido una lucha armada contra los precios abusivos
del agua. En Lima, los pobres pagan a un vendedor privado hasta
tres dólares por metro cúbico de agua, suministro
que deben recoger y transportar en cubos por sus propios medios
y que, a menudo, contiene agua contaminada. Los ciudadanos más
opulentos, en cambio, pagan 30 centavos por metro cúbico
de agua tratada que sale por el grifo de sus viviendas.
En Guatemala, los campesinos, trabajadores y ecologistas locales
protestan contra la construcción de 5 presas en el río
Usumacinta, que recorre gran parte del territorio guatemalteco
y mexicano meridional. Además de la generación
hidroeléctrica, el proyecto se utilizará para
bombear agua desde Usumacinta hasta la península de Yucatán,
con el fin de aportar irrigación a los macrocultivos
agrícolas destinados a la exportación, proceso
que ya ha dañado la mayor parte del sistema ribereño
de Guatemala. La inundación de la tierra supone una amenaza
también para el sustento de la población local.
En México, la población indígena del estado
de Chiapas, en el extremo meridional, se prepara para emprender
una batalla contra Coca-Cola, empresa que intenta asegurarse
el control de las reservas de agua más importantes del
país. En un país donde la mayor parte de la población
sufre recortes de agua, más del 30% de los suministros
de agua dulce se encuentra precisamente en la región
de Chiapas, donde la multinacional Coca-Cola se ha posicionado
para controlar los acuíferos locales, presionando a los
gobiernos locales para utilizar leyes de zonificación
preferencial con el fin de incrementar el control privado sobre
los manantiales.
Crisis del agua
Bajo estas batallas locales subyace una crisis mundial del
agua, cada vez más aguda. En la actualidad, 31 países
sufren una grave escasez de agua. En menos de un cuarto de siglo,
se calcula que dos tercios de la población mundial no
tendrán acceso adecuado a los suministros de agua dulce.
Es más, el mundo se divide cada vez más entre
las regiones 'ricas' y 'pobres' en lo que se refiere a recursos
de agua.
Esta es, de hecho, la paradoja que caracteriza gran parte de
Latinoamérica en nuestros días. Por un lado, Latinoamérica
disfruta de gran abundancia de manantiales de agua dulce. El
20% del residuo líquido mundial -la fuente de agua renovable
que constituye nuestros suministros de agua dulce- proviene
sólo de la cuenca del Amazonas. Brasil tiene más
agua que ningún otro país, pues dispone de la
quinta parte de los recursos de agua del planeta. El territorio
latinoamericano alberga cuatro de los 25 ríos más
caudalosos del mundo -Amazonas, Paraná, Orinoco y Magdalena-,
además de algunos de los lagos más grandes, entre
los que se cuentan el Maracaibo en Venezuela, el Titicaca en
Perú y Bolivia, el Poopó en Bolivia, y el Buenos
Aires, compartido por Chile y Argentina. En consecuencia, los
latinoamericanos deberían tener una de las asignaciones
de agua dulce per cápita más elevadas del mundo,
algo menos de 3.100 metros cúbicos por persona al año.
Pero por otro lado, algunas zonas de Latinoamérica sufren
una sequía tan acuciante, que aproximadamente el 25%
del continente se considera árido o semiárido.
Se incluyen ahí no sólo desiertos naturales como
la Patagonia, al sur de Argentina, o el de Atacama en el nordeste
de Chile, sino también otros provocados por el hombre
en amplias zonas de Perú, Bolivia y el noroeste de Argentina.
Más al norte, el Caribe carece de manantiales de agua
dulce, puesto que no pueden fluir ríos por sus exiguos
territorios. En la mayor parte del Valle de México, los
desiertos naturales se funden ahora con los provocados por el
hombre. De hecho, Ciudad de México, antaño rodeada
de lagos, está esquilmando sus últimos acuíferos
accesibles. En efecto, el ciudadano medio sólo puede
acceder a 28,5 metros cúbicos anuales, menos del 1% de
los 3.100 de que debería disponer cada persona al año.
He aquí la paradoja latinoamericana: la escasez de agua
en una tierra con importantes recursos acuáticos naturales.
Más de 130 millones de personas carecen de suministro
de agua potable en sus hogares, y se calcula que sólo
una persona de cada seis cuenta con redes de saneamiento adecuadas.
La ciudad brasileña de São Paulo, pese a que pertenece
al país con más manantiales de agua dulce del
mundo, afronta una seria amenaza de racionamiento, pues su suministro
de agua depende de fuentes que están cada vez más
alejadas de la ciudad, y el coste del transporte supera la capacidad
adquisitiva de muchos habitantes. Además, la situación
empeora constantemente, pues las medidas políticas que
fomentan la agricultura industrial desplazan cada año
a millones de agricultores de pequeña escala a los barrios
periféricos de las ciudades.
Al mismo tiempo, los recursos de agua dulce latinoamericanos
sufren también problemas de contaminación constantes.
En toda la región, las cuencas de ríos y lagos
y los hábitat acuáticos se convierten a menudo
en contenedores de basura, desagües de minas o depósitos
de residuos agrícolas e industriales. La mayor parte
de las aguas residuales vierte directamente en los ríos,
lagos o canales sin tratamiento de ningún tipo. En las
zonas maquiladoras de la frontera entre México y Estados
Unidos, la contaminación industrial es tan perniciosa,
y el agua limpia llega a ser tan escasa, que los bebés
y los niños beben Coca-cola o Pepsi en lugar de agua.
Paradójicamente, el país más contaminante
de la región es Brasil, que también es el que
ostenta el récord de mayores recursos de agua dulce.
Brasil permite la contaminación química e industrial
masiva, así como los vertidos de mercurio provenientes
de las minas de oro. Sólo una parte de la Europa del
Este y China superen los niveles de contaminación acuática
de Brasil.
Paralelamente, la demanda mundial de agua dulce se duplica
cada 20 años, es decir, a un ritmo más de dos
veces superior a la tasa de crecimiento de la población.
En la actualidad, en muchas zonas del mundo los grandes derrochadores
de agua son las industrias de alta tecnología y la agricultura
industrial, no los hogares individuales. Los sistemas de riego
agrícola consumen alrededor del 65%-70% del agua, principalmente
para producir alimentos destinados a la exportación;
el 20%-25% se dedica a fines industriales, entre los que se
incluye la producción de chips de silicio de alta tecnología;
y el 10% restante es para uso doméstico. Si se mantienen
estas tendencias, antes del año 2025 la demanda de agua
excederá los recursos terrestres en un 56%.
Los científicos advierten que una seria amenaza de crisis
se cierne sobre el ciclo hidrológico del planeta. Este
ciclo regula que cada gota de agua que se evapora de una planta,
lago, pantano, río o de la superficie terrestre vuelva
a precipitar sobre los bosques, lagos, pastos, praderas, contribuyendo
así al equilibrio natural. Pero si esa gota cae sobre
una acera o un edificio, no es absorbida por el suelo y, por
tanto, no llega al mar. A medida que la superficie terrestre
se despoja de bosques y praderas, mayor es el número
de manantiales y arroyos que se agotan y menores son las precipitaciones
que vierten sobre la cuenca de los ríos.
Si la especie humana continúa expandiendo sus ciudades
e industrias al ritmo actual, cabe esperar que se intensifique
la amenaza del ciclo hidrológico terrestre hasta el punto
de que el agua deje de ser un recurso renovable. Ciudad de México,
por ejemplo, ya depende de acuíferos para el 70% de su
suministro de agua y está dilapidando estas fuentes subterráneas
a un ritmo 80 veces superior al de su recuperación natural.
Movimiento del agua
Como reacción ante la crisis mundial del agua y los
programas de los magnates de este recurso, ha surgido un nuevo
movimiento social, integrado por campesinos, indígenas,
trabajadores, consumidores y un amplio rango de organizaciones
ciudadanas comprometidas con la lucha por el agua. Su mensaje
principal es que el agua es un elemento esencial de la vida
y, por tanto, toda el agua pertenece a la naturaleza y al hombre.
El agua es un derecho humano universal. No es un recurso que
pueda convertirse sin más en un artículo destinado
a la compraventa en el mercado. Tampoco es un servicio que deba
gestionarse y distribuirse desde el sector privado en función
de la capacidad adquisitiva del consumidor. El agua, esencia
y fuente de vida en este planeta, es patrimonio común
y una responsabilidad sagrada. En otras palabras, el agua pertenece
a 'los bienes comunes', esos espacios no lucrativos de la vida
que deben conservarse para la naturaleza y la humanidad.
En su mayor parte, los programas de acción de este movimiento
del agua tienen su origen en cuatro principios interrelacionados:
[a] igualdad del agua --- el agua, como derecho humano universal,
debe distribuirse equitativamente a toda la humanidad, no en
función de los principios del mercado y la capacidad
adquisitiva; [b] conservación del agua --- el agua debe
conservarse en sus cuencas naturales, evitando su derroche o
mala utilización, con el fin de que se renueve el ciclo
hidrológico y perdure este recurso para las generaciones
futuras de este planeta; [c] calidad del agua --- esa agua,
elemento vital, debe protegerse de la contaminación causada
por los vertidos de residuos químicos o industriales;
y [d] democracia del agua --- el agua se protege y gestiona
mejor a través del sector público, con la participación
directa de la comunidad en las decisiones relativas a su extracción,
consumo y distribución.
En Latinoamérica, este movimiento del agua se manifiesta
como una nueva alianza. El 22 de agosto de 2003, 47 organizaciones
ciudadanas de 16 países americanos se reunieron en San
Salvador para emprender un nuevo movimiento llamado 'RED VIDA'.
Al mismo tiempo, definieron su plataforma de acción en
una 'Declaración para la defensa del derecho al agua'.
A través de esta nueva alianza, los grupos miembros
aspiraban a construir una red de apoyo y solidaridad con las
diversas luchas que se libran contra la privatización
de los servicios de agua urbanos; contra los diques, desvíos
y trasvases de los sistemas fluviales, que tienen una repercusión
negativa en la naturaleza y en el nivel de vida de la población;
contra la exportación masiva del agua de los ríos,
lagos y arroyos; y contra la rápida reducción
de los acuíferos subterráneos.
Antes de su constitución, los grupos miembros de RED
VIDA se sumaron a otros activistas de Asia, África, Europa
y Norteamérica para hacer frente común contra
los agentes de la privatización en el Forum Mundial del
Agua de Kyoto (Japón) en marzo de 2003. Al organizarse
en brigadas de 'el agua es vida', lograron organizar un serio
debate sobre los principales asuntos en varias sesiones temáticas,
impidiendo así que el Banco Mundial y las tres grandes
corporaciones del agua alcanzasen un consenso en cuanto a los
principales puntales de su proyecto de privatización.
En enero de 2004, los miembros de RED VIDA también desempeñaron
un papel activo en la creación y desarrollo de un 'Movimiento
del Agua Mundial de los Pueblos' en Nueva Delhi (India). En
la cumbre de Nueva Delhi, celebrada en vísperas del Foro
Social Mundial de Mumbai, intervinieron participantes de 64
países que, a su vez, desarrollaron una plataforma internacional
para la educación y la acción en asuntos relativos
al agua.
Este nuevo movimiento, no obstante, no está sólo
comprometido con la movilización de la resistencia ante
la privatización del agua, sino que pretende construir
también modelos alternativos de gestión de este
recurso. Como alternativa al modelo de 'sociedad privada-pública'
promovido por el Banco Mundial y las tres grandes compañías
del agua, por ejemplo, el movimiento ha comenzado a defender
un modelo de 'sociedad pública-comunitaria' que se ha
desarrollado y probado en Porto Alegre (Brasil).
En esta ciudad de más de 3 millones de residentes, los
servicios de suministro de agua pasaron de nuevo a manos públicas
después de un período de gestión privada,
según un nuevo modelo que requería mucha mayor
participación comunitaria en la toma de decisiones acerca
del tratamiento de los recursos. El servicio público
de agua no sólo ha resultado ser viable desde el punto
de vista financiero, sino que además ha mejorado y ampliado
los servicios de aguas de modo que satisfagan las necesidades
de toda la ciudad. Actualmente, los ciudadanos de Cochabamba
(Bolivia) están desarrollando un modelo similar de gestión
pública de los servicios de agua, basada en la colaboración
comunitaria.
Por último, parece que este movimiento en ciernes refleja
una nueva concepción de la inminencia y tenacidad de
la lucha, rasgo que lo diferencia de otros movimientos sociales.
Al organizar las campañas, los activistas del agua parecen
decididos a trazar una línea en la arena. Claramente
la población y las comunidades no pueden vivir sin agua.
Para muchos, la lucha es cuestión de vida o muerte. Por
tales motivos, la reivindicación de democracia en la
distribución de este recurso no puede y no debe ser silenciada.