19/05/2008
carta abierta de H.I.J.O.S.
A la Suprema Corte de Justicia de la Nación
por 400 hijos apropiados
Apropiar significa tomar como propio algo que no lo es. Tomar
como propia a una persona es un delito. Hoy hay alrededor de 400
jóvenes apropiados que no conocen su identidad.
La apropiación es un acto violento contra una persona
que pasa a ser una víctima hasta el momento en que se
le restituye su identidad. Una persona apropiada no sabe que
quienes dicen ser sus padres no lo son, no conoce su verdadero
origen, su verdadero nombre; estar apropiado es, además,
no conocer a la verdadera familia, no saber qué pasó
con sus padres. Es también desconocer que quienes lo
apropiaron están implicados en el genocidio. Por lo tanto,
los 400 jóvenes apropiados durante la práctica
sistemática ejercida por los terroristas de Estado viven
en una situación de violencia, incluso algunos de ellos
viven con los torturadores y asesinos de sus madres y padres,
sin saberlo. Por eso, porque son víctimas, no están
eligiendo: están siendo sometidos a la apropiación.
Es obligación del Estado garantizar el cumplimiento
de los derechos de los ciudadanos. Y uno de esos derechos es
el de la identidad. Por eso sería inadmisible que cualquier
integrante del Estado no cumpla su obligación de tutelar
el goce del derecho a la identidad de los 400 jóvenes
apropiados, nuestros hermanos. Sería muy grave que la
Justicia no comprenda que un joven apropiado no puede ser quien
deba decidir, porque vive sometido. Si el Estado permite que
se siga perpetuando el delito de apropiación, además
de ser cómplice, está avalando que cientos de
personas sean violentadas, porque quienes los criaron son represores:
alguien que torturó, asesinó y robó niños
en centros clandestinos de detención, tortura y exterminio
es la misma persona cuando llega a su casa. Así, estos
jóvenes conviven con represores desde hace 30 años.
Sabemos que ustedes están en condiciones jurídicas
de fallar sobre dos causas que atañen a toda la sociedad,
pero de manera más cercana a quienes somos víctimas
directas del terrorismo de Estado o familiares de ellos. Por
eso queremos expresarles nuestra preocupación ante estos
posibles fallos vinculados a la búsqueda de la identidad
de Emiliano y Guillermo Prieto Gualtieri, quienes podrían
ser algunos de nuestros hermanos apropiados que buscamos desde
hace 30 años.
Nos preocupa que la Justicia no acompañe el compromiso
de la sociedad por la verdad, la memoria y la justicia; que
no acompañe a los 400 jóvenes que aún viven
apropiados y no conocen su identidad; que no acompañe
a las Abuelas de Plaza de Mayo, las Madres, los H.I.J.O.S. y
demás organismos de Derechos Humanos en la búsqueda
de la verdad. Porque si ustedes, en carácter de miembros
de la Corte Suprema de Justicia, no colaboran en el cumplimiento
del derecho a la identidad de las personas, están siendo
cómplices de un delito.
La Justicia debe contemplar en sus fallos la gravedad de los
delitos cometidos. Quienes apropian a una persona cometen un
delito y en el caso de los jóvenes apropiados en la práctica
sistemática de la última dictadura militar, se
trata de apropiaciones cometidas en el marco de un genocidio.
Por eso, lo que ustedes dictaminen sienta un precedente histórico
en la lucha por la verdad. La Justicia debe garantizar el cumplimiento
de los derechos humanos y no la impunidad.
Cuando nos hablan de la "violencia" de una extracción
de muestra para una prueba genética que pueda devolverles
a los jóvenes apropiados su identidad, decimos que lo
violento, tanto para esa persona como para el conjunto de la
sociedad, es vivir en una mentira; violento es seguir perpetuando
el delito de apropiación, seguir negándole su
historia, su familia; violento es que alguien apropiado siga
conviviendo con represores, que son en muchos casos los mismos
que torturaron a sus padres.
30 años atrás el genocidio nos dejó sin
padres y madres, abuelos, tíos… En ese momento
supimos que los hacían desaparecer. Pero además,
nos dejó sin nuestros hermanos y nos condenó a
una búsqueda profundamente dolorosa que es saber que
nuestros hermanos están vivos, pero no podemos abrazarlos.
Nos arrancó a nuestros hermanos y los sigue reteniendo,
continuando la lógica perversa de considerarlos propiedad
de alguien. Esos jóvenes que hoy tienen entre 28 y 32
años siguen siendo víctimas y la única
forma para que dejen de serlo es que puedan conocer su identidad:
saber quiénes son, quiénes fueron sus padres,
sus abuelos, quiénes somos sus hermanos que los buscamos
hasta encontrarlos y abrazarlos.
La Justicia debe estar a la altura de las circunstancias que
la sociedad construyó y defiende: el derecho a la identidad
no puede ser puesto en duda.
H.I.J.O.S.
Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido
y el Silencio
Regional Capital en la Red Nacional
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