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| Vacas
en la Ciudad: A lo largo de los muelles de Puerto Madero
decenas de vacas plásticas adornan el paisaje urbano.
Una muestra colectiva de arte, en apariencia permanente. |
15/04/2006
Composición
Tema: La vaca
Por Hugo Presman
Las maestras sarmientinas solían intentar despertar
la imaginación creativa de sus alumnos con un tema excluyente
de composición: la vaca. Sobre ella debían inspirarse
el hijo del peón que la cuidaba y el colegial de una
gran urbe que solo la había visto en un dibujo de Billiken.
Este estereotipo se basaba posiblemente en la historia falsificada
que habían aprendido las maestras sarmientinas y en la
presencia de los valores de una sociedad pastoril que la oligarquía
imponía a su imagen y semejanza. La maniquea dicotomía
sarmientina de civilización y barbarie había concluido
en el siglo XIX con el triunfo del Sur en las guerras civiles,
es decir de los comerciantes porteños y los ganaderos
bonaerenses que conformarían a partir de 1880 un sólido
bloque. Justamente a partir de ese año la Argentina se
incorporaría activamente al comercio mundial como proveedora
de alimentos en un ciclo que concluiría con la crisis
de 1929.
Era la Argentina de las mieses, del granero del mundo, reflejada
en la poesía de Leopoldo Lugones y Rubén Darío.
Era la Argentina del Centenario, que los conservadores añoran.
La de las vacas gordas y los peones flacos. La Arabia Saudita
pastoril, donde los dueños de la tierra tenían
“la vaca atada”. Esa que les permitía llevarla
en el barco a Europa para que sus descendientes tomaran la leche
fresca recién ordeñada en el barco. La que le
permitía tirar “manteca al techo”. La que
llevaba a los franceses a afirmar ante cualquier despliegue
de poderío económico la frase: “rico como
un argentino”. El origen era la propiedad de las tierras
más fértiles del planeta, el desenfreno sexual
de los toros con las vacas, proceso prosaico que en términos
científicos el economista David Ricardo denominó
renta diferencial.
La vaca era entonces para muchos tema de composición.
Para unos pocos la explicación de su poderío y
riqueza. Los dueños de las vacas y su hábitat,
afirmaban las maestras sarmientinas, eran la civilización.
Los caudillos que expresaban las embrionarias artesanías
provinciales eran la barbarie. La magnífica prosa de
ese escritor excepcional que fue Sarmiento le daba un maravilloso
contexto literario a una falacia que atravesaría la historia
del país y la docencia.
COMPOSICIÓN LA VACA
Uno de los primeros que llevó a un libro, con prosa
infantil, el tema la vaca fue el artífice de la Triple
A, José López Rega, que en su libro “ Astronomía
Esotérica” interrogaba: “No has visto lector
los ojos tristes de una vaca”. Luego continuaba con una
serie de lamentos capaces de convertir en vegetariano a cualquier
carnívoro empedernido. La pregunta complementaria nunca
hubo oportunidad de formulársela al cabo devenido en
comisario. Nunca se imaginó los ojos de desesperación
de los seres humanos que mando a asesinar.
Actualmente el matarife José Alberto Samid, un alérgico
a la AFIP, un propietario de frigoríficos que por arte
de magia se evaporan ante el ente recaudador, volviéndose
inexistentes, pregonador de algunas medidas plausibles ha escrito
en su libro “ La historia de la carne”, el siguiente
texto: A LA VACA
“Ajena a los intereses políticos
y económicos que se movilizan a su alrededor, ella nos
ofrenda generosamente su vida para sostener la nuestra.
Con la misma generosidad brinda su leche
para alimentar a la niñez, sin ser responsable que la
incapacidad del gobernante impida que la leche llegue por igual
a todos los niños.
Sufre con estoicismo sequías e inundaciones
en campos que deberían ofrecerle mejores condiciones
de vida.
Anda descalza, mientras su cuero sirve para
que nosotros podamos calzarnos.
Padece la ignominia de morir en plena juventud,
por la avaricia de aquellos que la matan sin reparar a veces
que lleva otra vida en su vientre.
Ese afán de rápida rentabilidad
la relega a poblar cada día planteles más reducidos,
mientras se multiplican aquellas nacidas en Brasil, Estados
Unidos y otros países.
El hombre aprovecha todo de la vaca, pero
ella nunca se aprovecha del hombre.
Escuchamos decir “un aplauso para el
asador”, mientras ella no recibe jamás una demostración
de gratitud.
Por todo ello, y mucho más, dedico
este libro a la vaca, la mejor amiga del hombre”
Seguramente en la expresión “y mucho más”
se encuentra el agradecimiento de Samid a la vaca que lo convirtió
en un empresario rico con patrimonio inexistente. Paradojas
de la Argentina.
LOS CORTES DE LA VACA Y LAS CLASES SOCIALES
En los cortes argentinos de la vaca para convertirla en alimentación,
está configurado un mapa social. Si consideramos que
la cabeza de la vaca mira al norte y la cola al sur, los mejores
cortes están en el sur. Ahí están el cuadril,
la nalga, el vacío y el lomo. Los cortes consumidos,
en general, por los sectores de mayores ingresos. En el centro,
ahí donde socialmente está la clase media, se
encuentran los bifes de costilla, el asado, y el matambre. Y
en el norte, cerca de la cabeza, los cortes que consumen los
sectores populares: bife ancho, paleta, osobuco, falda con hueso,
carnaza común y azotillo.
La religión judía prohibe comer a sus seguidores
practicantes los cortes de la parte trasera de la vaca. Alfredo
Coto, cuando era un modesto carnicero y no el poderoso supermercadista
actual, se dirigía a los matarifes judíos y les
compraba a precios economicos los cortes más caros que
eran despreciados, según cuenta Luis Majul en su libro
“Los dueños de la Argentina”,
Sociología en el interior de la vaca. Sociología
sobre el cadáver del animal. Un enfoque que permite más
matices que el que se encuentra en el escenario de la vaca viva
y la distribución de la propiedad territorial.
LA VACA Y LA EVOLUCIÓN TECNOLÓGICA
De aquellas épocas en que el gaucho mataba un animal,
consumía una ínfima parte y desechaba el resto
a la actualidad, en donde no queda nada sujeto a desperdicio,
han pasado muchos años. Hasta la bosta sirve de abono.
La reproducción ha perdido su aspecto lúdico privando
a las parejas ocasionales de un presunto placer pasajero. La
masturbación del toro y la inseminación artificial
de la vaca no se encuentran reflejadas en los lamentos de telenovela
de López Rega y Samid. La impetuosidad del macho puede
terminar en un cálculo equivocado, en el deterioro de
su miembro y en el llanto desconsolado del propietario del animal
que pierde una importante inversión.
De manera que la única satisfacción que le quedan
a vacas y toros es ser aseados, perfumados y con las cucardas
correspondientes ser llevados a la Sociedad Rural, donde son
admirados y elogiados. Claro que, como contrapartida, tienen
que escuchar los discursos clonados de los presidentes clonados
de la centenaria entidad.
Incluso pueden ser involuntarios vehículos de protestas.
En la inauguración de la Exposición Rural del
año 2005, las vacas lucían una cucarda negra por
las retenciones lácteas.
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