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21/11/2007
nota de opinión
Ideas para Diputados
Por Oscar Taffetani

Con el título “Una propuesta para debatir: Asignación universal para niños y niñas”, el Centro Nueva Tierra y el Instituto de Estudios y Formación de la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA), en el marco del programa internacional Mercosur Social y Solidario (MSS), han puesto en circulación un cuadernillo que es casi una declaración de principios.

“Los niños y niñas —leemos— son sujetos de derecho. Y no se acaba en el derecho a un plato de comida, un remedio o un plan de emergencia.”

“Identificar a los niños, niñas y adolescentes —dice más adelante— como ciudadanos y ciudadanas, posibilita visualizar claramente sus derechos postergados y necesidades negadas, así como su lugar en la vida social”.

“Este material —dice el fin de la Introducción— no pretende ser más que un conjunto de ideas y propuestas que aporten en la construcción cotidiana de los sueños de conquistar un país y una región donde todos y todas nuestras/os chicas/os puedan ser felices...”

(La “cuestión de género”, como vemos, ha afectado seriamente al lenguaje; pero con buena voluntad puede entenderse el sentido del texto).

Una propuesta indecente

Luego de un diagnóstico acerca de la concentración de la riqueza, el desmejoramiento de las condiciones de empleo y el empobrecimiento masivo de la población, el trabajo de Nueva Tierra / CTA se centra en la problemática de la infancia y en el reconocimiento del niño como un sujeto de derecho.

Allí se destaca el avance que a nivel jurídico representan la Convención sobre los Derechos del Niño y la ley nacional 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

Más adelante, al hablar del rol de las organizaciones sociales, el trabajo que comentamos formula una pregunta decisiva, en el plano político: “¿En qué punto hemos podido incidir en las políticas públicas existentes para que pasen de ser ‘parches’ a ser transformadoras de la desigualdad social?”

Hasta allí, en líneas generales, es posible acompañar el diagnóstico de Nueva Tierra / CTA sobre el estado de las cosas, así como la idea de que es necesario un profundo debate en las organizaciones políticas y sociales para encontrar caminos reales de organización y de lucha.

Pero a partir de ese punto, cuando los autores exponen la propuesta de la Asignación universal para niños y niñas, comienza a caminarse un terreno confuso, en donde el posibilismo y las “buenas intenciones” terminan desdibujando la propuesta política.

Porque al asimilar la asignación universal al salario familiar, se están confundiendo dos realidades muy diferentes: la de los hijos del trabajador legalizado y el trabajador “en negro” por un lado; y la de los hijos del trabajador desocupado por el otro.

Y esa confusión da como resultado un número vergonzoso: 72 pesos mensuales por hijo. Lo que significa 2,4 pesos por día y por niño.

Una madre deberá elegir, con ese dinero diario, si compra seis pañales descartables; o bien un litro de leche; o bien medio kilo de pan...

En esta Argentina donde los docentes, los trabajadores de los hospitales y los camioneros —por dar tres ejemplos— protestan, con razón, por la insuficiencia de salarios de bolsillo que rondan los 1.400, los 2.000 o los 3.000 pesos, alguien supone que los hijos de un desocupado o una desocupada pueden cubrir sus necesidades básicas con $ 72 por mes.

En esta Argentina donde un Diputado de la Nación redondea, entre dieta, gastos de representación, plus por desarraigo y asignación para pasajes aéreos, los 10.000 pesos mensuales, alguien cree que el hijo de un desocupado o una desocupada puede cubrir sus necesidades con $ 72 por mes.

¿Es que alguno se ha puesto, por un momento, a pensar en la realidad de una familia desquiciada por el hambre y la falta de trabajo, por la marginación y el abandono?

¿Nadie se ha puesto a pensar que un Plan Familias más una o dos o tres Asignaciones Universales, daría como resultado un subsidio miserable, que ni siquiera cubriría la Canasta Básica, fijada por el INDEC en $ 717,60?

Citemos, otra vez, la pregunta formulada en las primeras páginas del trabajo elaborado por Nueva Tierra / CTA: “¿En qué punto hemos podido incidir en las políticas públicas existentes para que pasen de ser ‘parches’ a ser transformadoras de la desigualdad social?”

Sería bueno que los impulsores de la valiente propuesta de 72 pesos mensuales para los chicos pobres “sujetos de derecho”, empezaran por responderse ellos mismos a esta pregunta.

La lección de Ongaro

Un legendario dirigente de los trabajadores gráficos Raimundo Ongaro, que conoció momentos de auténtico liderazgo y esplendor en los años ’60 y ‘70, solía usar una potente metáfora —la de la sangre humana— como argumento para reclamar el piso salarial.

“¿Cuántos litros de sangre tiene nuestro cuerpo?”, decía Ongaro. Y se respondía: “Un varón de 80 kilogramos de peso tiene 6,8 litros”. “Entonces —exclamaba— ¡no son ni 6,2 ni 6,4: son 6,8 litros!”

“¿Y por qué esta empresa no nos quiere pagar el salario básico que todos necesitamos para vivir? ¿O acaso el ser humano trabajador tiene menos sangre en el cuerpo que el ser humano empresario?”, remataba.

Más de una vez el loco Ongaro ganó un conflicto salarial haciendo esa apelación a los derechos humanos con minúscula, a esos derechos que valen en todos los tiempos y que fundamentan toda acción sindical y política.

Nos permitimos recordar hoy esa lección de Ongaro a los legisladores nacionales, provinciales y municipales que asumirán el 10 de diciembre.