Con el
título “Una propuesta para debatir: Asignación
universal para niños y niñas”, el Centro Nueva
Tierra y el Instituto de Estudios y Formación de la Central
de los Trabajadores de la Argentina (CTA), en el marco del programa
internacional Mercosur Social y Solidario (MSS), han puesto en
circulación un cuadernillo que es casi una declaración
de principios.
“Los niños y niñas —leemos— son sujetos
de derecho. Y no se acaba en el derecho a un plato de comida,
un remedio o un plan de emergencia.”
“Identificar a los niños, niñas y adolescentes
—dice más adelante— como ciudadanos y ciudadanas, posibilita
visualizar claramente sus derechos postergados y necesidades
negadas, así como su lugar en la vida social”.
“Este material —dice el fin de la Introducción—
no pretende ser más que un conjunto de ideas y propuestas
que aporten en la construcción cotidiana de los sueños
de conquistar un país y una región donde todos
y todas nuestras/os chicas/os puedan ser felices...”
(La “cuestión de género”, como vemos,
ha afectado seriamente al lenguaje; pero con buena voluntad
puede entenderse el sentido del texto).
Una propuesta indecente
Luego de un diagnóstico acerca de la concentración
de la riqueza, el desmejoramiento de las condiciones de empleo
y el empobrecimiento masivo de la población, el trabajo
de Nueva Tierra / CTA se centra en la problemática de
la infancia y en el reconocimiento del niño como un sujeto
de derecho.
Allí se destaca el avance que a nivel jurídico
representan la Convención sobre los Derechos del Niño
y la ley nacional 26.061 de Protección Integral de los
Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.
Más adelante, al hablar del rol de las organizaciones
sociales, el trabajo que comentamos formula una pregunta decisiva,
en el plano político: “¿En qué punto
hemos podido incidir en las políticas públicas
existentes para que pasen de ser ‘parches’ a ser
transformadoras de la desigualdad social?”
Hasta allí, en líneas generales, es posible acompañar
el diagnóstico de Nueva Tierra / CTA sobre el estado
de las cosas, así como la idea de que es necesario un
profundo debate en las organizaciones políticas y sociales
para encontrar caminos reales de organización y de lucha.
Pero a partir de ese punto, cuando los autores exponen la propuesta
de la Asignación universal para niños y niñas,
comienza a caminarse un terreno confuso, en donde el posibilismo
y las “buenas intenciones” terminan desdibujando
la propuesta política.
Porque al asimilar la asignación universal al salario
familiar, se están confundiendo dos realidades muy diferentes:
la de los hijos del trabajador legalizado y el trabajador “en
negro” por un lado; y la de los hijos del trabajador desocupado
por el otro.
Y esa confusión da como resultado un número vergonzoso:
72 pesos mensuales por hijo. Lo que significa 2,4 pesos por
día y por niño.
Una madre deberá elegir, con ese dinero diario, si compra
seis pañales descartables; o bien un litro de leche;
o bien medio kilo de pan...
En esta Argentina donde los docentes, los trabajadores de los
hospitales y los camioneros —por dar tres ejemplos— protestan,
con razón, por la insuficiencia de salarios de bolsillo
que rondan los 1.400, los 2.000 o los 3.000 pesos, alguien supone
que los hijos de un desocupado o una desocupada pueden cubrir
sus necesidades básicas con $ 72 por mes.
En esta Argentina donde un Diputado de la Nación redondea,
entre dieta, gastos de representación, plus por desarraigo
y asignación para pasajes aéreos, los 10.000 pesos
mensuales, alguien cree que el hijo de un desocupado o una desocupada
puede cubrir sus necesidades con $ 72 por mes.
¿Es que alguno se ha puesto, por un momento, a pensar
en la realidad de una familia desquiciada por el hambre y la
falta de trabajo, por la marginación y el abandono?
¿Nadie se ha puesto a pensar que un Plan Familias más
una o dos o tres Asignaciones Universales, daría como
resultado un subsidio miserable, que ni siquiera cubriría
la Canasta Básica, fijada por el INDEC en $ 717,60?
Citemos, otra vez, la pregunta formulada en las primeras páginas
del trabajo elaborado por Nueva Tierra / CTA: “¿En
qué punto hemos podido incidir en las políticas
públicas existentes para que pasen de ser ‘parches’
a ser transformadoras de la desigualdad social?”
Sería bueno que los impulsores de la valiente propuesta
de 72 pesos mensuales para los chicos pobres “sujetos
de derecho”, empezaran por responderse ellos mismos a
esta pregunta.
La lección de Ongaro
Un legendario dirigente de los trabajadores gráficos
Raimundo Ongaro, que conoció momentos de auténtico
liderazgo y esplendor en los años ’60 y ‘70,
solía usar una potente metáfora —la de la sangre
humana— como argumento para reclamar el piso salarial.
“¿Cuántos litros de sangre tiene nuestro
cuerpo?”, decía Ongaro. Y se respondía:
“Un varón de 80 kilogramos de peso tiene 6,8 litros”.
“Entonces —exclamaba— ¡no son ni 6,2 ni 6,4: son
6,8 litros!”
“¿Y por qué esta empresa no nos quiere
pagar el salario básico que todos necesitamos para vivir?
¿O acaso el ser humano trabajador tiene menos sangre
en el cuerpo que el ser humano empresario?”, remataba.
Más de una vez el loco Ongaro ganó un conflicto
salarial haciendo esa apelación a los derechos humanos
con minúscula, a esos derechos que valen en todos los
tiempos y que fundamentan toda acción sindical y política.
Nos permitimos recordar hoy esa lección de Ongaro a
los legisladores nacionales, provinciales y municipales que
asumirán el 10 de diciembre.