Hay que controlar a los cuidacoches. Cuidar a los cuidacoches.
Parece que es una contradicción pero, en realidad, se
trata de un reflejo racista.
La mayoría de los llamados franelitas son pibes empobrecidos,
muchachos que buscan ganarse un peso para sobrevivir cambiando
tiempo por algunas monedas.
—Le miro el coche, don— es generalmente el breve
ticket oral que ofrecen.
Después vendrán los dueños de esos símbolos
cada vez más rápidos y feroces del capitalismo
y dejarán ciertos centavos.
¿Cuál es el problema? Molestan. Meten miedo.Están
mal vestidos porque desde hace tiempo unos pocos les robaron
casi todo y se empecinan en seguir vivos aunque los excluyan.
De allí que ahora, con el nuevo gobierno en la opulenta
y orgullosa ciudad de Buenos Aires, se aplique la medida de
cuidar a los cuidacoches. Se pone en práctica el prejuicio
racista: hay que tener a raya a los negritos. De eso se trata.
El anuncio habla de realizar un censo para saber “si
tienen trabajo” y lo llevará adelante el denominado
Consejo de Seguridad, en el ámbito del Ministerio de
Seguridad y Justicia de la metrópolis.
Seguridad y justicia para detectar si los pibes que cuidan
coches “tienen trabajo” porque si eso se descubre
habrá sanciones, penas.
No hay preocupación por la seguridad de ellos ni tampoco
interés por generar justicia social y conseguir que esas
decenas de muchachos tengan un trabajo mejor. No. Al contrario,
la propuesta en el futuro mediato es hacerlos desaparecer de
las calles. Por aquello de “ojos que no ven, corazón
que no siente”. Porque los cuidacoches son menos importantes
que los coches y no tendrían que afear las calles de
la Perla del Plata hoy manejada por un empresario siempre vinculado
a las élites de las últimas décadas.
—No estamos pensando en aumentar las penas —dijo una fuente
consultada por un diario de tirada nacional.
Pero están pensando en penar, en sancionar, en castigar.
¿Por qué un cuidacoches merece sanciones, penas
y castigos?
Simplemente porque es pobre.
Además los funcionarios del gobierno de la ciudad autónoma
piden que los vecinos denuncien a los que exigen dinero por
el cuidado de los autos. Porque está penado por el llamado
Código Contravencional. Pero si hay denuncia, habrá
investigación y luego, sí, por fin, habrá
castigo.
Durante el año 2005, sin embargo, los casos que fueron
presentados en juicio no superaron la media docena. Se ve que
los cuidacoches no son los temibles delincuentes que algunos
creen ver encapsulados en ellos.
Uno de los legisladores del gobierno de la ciudad lo dijo con
claridad: "Estamos decididos a ponerle un freno a esta
situación... Vamos a ver si se puede ampliar el sistema
de la tarjeta azul en algunas zonas de la ciudad y si podemos
instalar un mecanismo organizado en los eventos especiales".
Ese diputado no está pensando en frenar el avance de
la pobreza, sino en echar a los cuidacoches de las calles. Que
los pobres y mal vestidos vayan a vivir en guetos y que las
calles del centro sean recorridas por los ciudadanos amantes
del consumismo, los defensores del orden social injusto y los
que creen que la riqueza y la exclusión son cuestiones
naturales.