Tras 14 días de paro agrario habló
la presidenta Cristina Fernández, se refirió a
un piquete de la abundancia. Esto provocó a sectores
de clase media y alta. Los mas perjudicados los pequeños
y medianos productores
El conflicto se desató el pasado 11 de marzo cuando
el ministro de Economía Martín Lousteau anunció
que aumentaban las retenciones a las exportaciones de soja y
girasol pasando del 34 % al 46 %
El sistema no sería de porcentaje fijo sino que se moverá
de acuerdo al precio internacional. El argumento es que el aumento
en el mercado mundial de los precios de las materias primas
vinculadas al agro engorda cada vez mas la renta de los dueños
del agro por lo tanto aumentar el porcentaje no hace mas que
volver lo recaudado por las retenciones al nivel que tenia en
noviembre de 2007 (fecha en que fue el último incremento).
Ayer, luego de varios días en que están cortadas
300 rutas, especialmente en el litoral como protesta a estas
medidas del gobierno, la presidenta Cristina F. de Kirchner
habló en la Casa de Gobierno y dijo que este es un “piquete
de la abundancia” y que no se iba a dejar extorsionar.
Esto provocó que sectores de clases medias y medias-altas
salieran con las cacerolas a la calles de la zona mas ricas
de la capital y se concentraran luego en Plaza de Mayo como
rememorando las jornadas del 19 y 20 de 2001. Solo que en este
caso las cacerolas sí fueron expresión de “solidaridad
de clase”. Recordemos que en las ultimas elecciones de
esta ciudad fue electo Macri, representante de la derecha porteña.
Entre el gobierno y los grupos más concentrados de la
actividad agropecuaria hay acuerdos básicos que apuntan
a concentrar la actividad del agro al “agronegocio”
por lo cual los principales beneficiarios con esta política
pertenecen a un sector transnacionalizado de la economía.
Lo cierto es que a la oligarquía argentina exportadora
esta medida no le afecta porque las retenciones que les hace
el Estado las trasladan a sus compradores internos (de semillas,
maquinarias, agroquímicos y demás insumos para
el agro) que son fundamentalmente pequeños y medianos
productores.
Estos sectores son beneficiarios de una estructura impositiva
regresiva que grava al consumo y la producción pero no
la ganancias.
Algunos datos
La soja ya ocupa la mitad de la tierra cultivada (17 millones
de hectáreas). Solo 2.800 de los 70 mil productores de
soja se quedan con las mayores ganancias de este cultivo.
Hace tres años, la zona productora de hortalizas, legumbres
y frutas de la provincia de Córdoba ocupaba 10 mil hectareas.
Hoy solo llegan a dos mil quinientas. El resto tiene cultivada
soja.
La tierra se concentra cada vez más (300 mil hectareas
en manos de “Los Grobo”, 600 mil en manos de “Irsa”)
y se han extranjerizado 17 millones de hectareas.
De las 170 millones de hectareas. agropecuarias en todo el
país, el 45% está en manos del 1% del total de
los dueños de tierras (o sea que de los 300 mil dueños,
sólo 4.000 tienen casi la mitad de las tierras cultivables)
Un puñado de monopolios concentra la producción
de insumos agropecuarios encabezados por Monsanto. El comercio
exterior es monopolizado por pocas empresas transnacionales
como Cargill, Bunge & Born y Monsanto.
La oligarquía tradicional está hoy acompañada
de grupos de siembra financiados por multinacionales. Sobre
las retenciones la mayoría de las opiniones coinciden
en que es socialmente justificable pero que debe ser integrada
a una política impositiva que grave más a los
más ricos. Agregan que es justa la aplicación
de retenciones diferenciadas hacia dentro de los distintos sectores
de la producción primaria, no sólo del campo,
sino también de la minería, la pesca, etcétera,
en función del desarrollo integral de la economía
nacional. Pero además hay que definir claramente retenciones
a quién y para qué.
Retenciones a los sectores concentrados; no para la especulación,
los negociados, el pago de la deuda externa, sí para
distribuir la riqueza.
El periodista Alejandro Jasinski señala en un articulo
que: “Dentro del frente agropecuario, son los pequeños
y medianos productores los agentes más radicalizados
en la protesta por ser los más afectados, no sólo
por las recientes retenciones, sino por la carencia de una política
nacional hacia el campo”.
La asociación que representa a estos pequeños
y medianos productores es la FAA, de origen históricamente
socialista, cuyo principal dirigente, Eduardo Buzzi, ha tenido
que salir una y otra vez ante los medios de comunicación
a explicar por qué comparten un frente de lucha con sus
verdugos, los terratenientes. Sentarse a la mesa junto a los
sectores dominantes tradicionales, le ha valido a la FAA duras
críticas, pero es resultado de la impotencia de sus bases,
cuyos intereses inmediatos no están a la orden de comprender
relaciones de fuerza mayores y no aceptarían una tibia
política de su dirigencia ante la actual medida.
A pesar del erróneo alineamiento, el dirigente de los
pequeños y medianos productores ha dicho lo correcto:
sin lograr demasiado ruido, explicó que "Este gobierno
está concentrando la riqueza en muy pocas manos, las
compensaciones (subsidios a los alimentos) son para los mismos
ganadores de siempre: las multinacionales, los grupos exportadores
y un puñado de grandes industrias”.
Por ultimo es difícil no pensar en todo este conflicto
en los miles de aborígenes, de pequeños agricultores,
de familias rurales que vienen de la ganadería familiar,
de campesinos, quienes vienen enfrentando desde hace mucho tiempo
los intentos, que se han concretado en varias ocasiones, de
desplazarlos violentamente de sus tierras para seguir ampliando
la frontera sojera.
En este conflicto los sectores populares están representados
por los pequeños campesinos excluidos que defienden sus
tierras y su cultura y los pequeños productores (la mayoría
nucleados en la FAA) que defienden su derecho al trabajo frente
a medidas del gobierno que no discrimina entre grandes y pequeños
productores. Por el otro lado están las entidades de
la oligarquía, el gobierno que hace del modelo de las
retenciones la principal vía de recaudación sin
diferenciar sectores y favoreciendo en la práctica a
los que siempre ganan, la derecha política y comunicacional
dedicada a generar análisis alarmistas, y el rol patotero
de la burocracia sindical.