Soy de Formosa (y no tengo ningún interés relacionado
con el campo) y puedo asegurar de que en esta región
muchísima gente en el campo muere como mosca por desnutrición
y enfermedades que podrían ser evitadas con solo tener
agua. Pero no solo no tienen agua, ni luz, ni escuelas, ni centros
de salud (hablo salas de primeros auxilios), sino tampoco viviendas,
pesar de que el Fondo Nacional de la Vivienda fue integrado
en mas del 50% con aportes rurales, ni una sola vivienda fue
al campo. Ahí la presencia del Estado fue secularmente
nula y estamos hablando de unos 4 millones de almas en el país,
condenadas a vivir en una pobreza casi africana, según
los dichos de la Dra. Alicia kirchner al visitar áreas
rurales del Chaco que ella nunca había visto (recordemos
que en Santa Cruz prácticamente no existe población
rural).
La problemática del campo es muy compleja y ahora solo
se trata de retenciones y dentro de esto casi excluyentemente
soja, siendo entonces ésta el árbol que no nos
deja ver el bosque. Recordemos que los principales productores
de soja, no son los dueños de los campos, sino los médicos,
abogados, ahorristas, etc. que viven en la ciudad y conforman
un fideicomiso para arrendar campos y plantarlos con soja y
que según estimaciones explican mas del 60% de este cultivo.
Lo mejor seria hacerle entender al cajetilla de Lusteau. que
nunca habrá visto una vaca en vivo en su corta vida,
que paso el punto de inflexión al llevar las retenciones
del 35% fijo a un 44% móvil, (constitucionalmente, todo
impuesto que sobrepase el 33% se considera confiscatorio y por
lo tanto anticonstitucional) y esto permitió que los
2000 oligarcas se juntaran con 300.000 productores chicos y
medianos, que mayoritariamente votaron a Cristina. lo cual es
políticamente la mayor perdida de esta crisis y que son
votos que se deben recuperar ya que representan a los verdaderos
empresarios argentinos que cada vez se ven mas amenazados por
la extranjerización de la tierra. Y no esta de mas recordar
que Europa y Estados Unidos en vez de gravar, subvencionan casi
por el mismo porcentaje la producción agropecuaria.
Para cerrar la caja, Lusteau puede recurrir a los impuestos
a los movimientos financieros que son muchísimo mas importantes
que los que produce el campo, y sin ningún riesgo y sin
pagar impuestos o también a las retenciones e impuestos
a los minerales que se exportan dejando menos del 5% en el país
y beneficiándose con reintegros vigentes de la época
del menemismo y que todavía no se han tocado a pesar
de las movilizaciones de las poblaciones afectadas. Y estos
son capitales extranjeros que vienen a extraer un recurso no
renovable prácticamente gratis y dejando una enorme contaminación.
Hoy estamos asistiendo a una fragmentación múltiple;
ciudad -campo, interior- capital, agricultores- ganaderos, industriales-productores
rurales, pobres- ricos y encima ya le agregamos negros- blancos
y otras confrontaciones de intereses que deben ser dirimidas
políticamente.
Es hora de juntarnos alrededor de los intereses afines al país,
no dejemos que nos muestren lo que quieren para distraernos
de nuestros verdaderos y grandes objetivos. Esto es CONSTRUIR
LA PATRIA PARA TODOS, JUSTA, LIBRE Y SOBERANA.
Este Gobierno, mi gobierno, tiene la legitimidad y el capital
político necesario para realizar las grandes transformaciones
que necesita el país. Pero debe hacerse con inteligencia
y recurriendo quienes verdaderamente saben y entienden al país
y no a profesionales estrellas que desde un gabinete quieren
aplicar las recetas que les metieron como un CD en la cabeza.
Ya tuvimos un Cavallo que debe estar realmente convencido que
se equivocó este país de negros ignorantes y no
la sacrosanta Harvard que lo instruyó en los conocimientos
excelsos del primer mundo, fenómeno ya descrito por Jauretche
hace 50 años y que todavía no podemos remontar.
Para no equivocarnos mas, debemos deponer nuestros prejuicios
y sentarnos a dialogar como argentinos sensatos, defendiendo
nuestros intereses e ideas pero no de forma tan tajante que
no podamos llegar a acuerdos. El consenso, la persuasión,
el contemplar los intereses propios y ajenos y armonizarlos,
son la materia prima de la praxis política. Para ponerlo
en práctica sólo hay que lograr el ambiente propicio
que es facultad de los conductores y de quienes ejercen el gobierno.