El pasado 1º de abril, en el portal informativo Mi Mercedes,
se leía una entrevista a Mauricio Dorín, vocero
de los Productores Autoconvocados que acampaban sobre la ruta
nacional Nº 5, pidiendo la eliminación de las retenciones
móviles a la soja.
“Los anuncios para pequeños y medianos productores
son positivos -declaraba Dorín- pero lo que más
molesta es la forma despectiva en que tratan a la soja. La soja
es el oro que tiene el país, es lo que nos ha sacado
de la crisis...”
“Si el Gobierno no quiere que se plante soja -agregaba-
lo que tendría que hacer es alentar la ganadería,
la leche, el trigo, el girasol, sacándoles las retenciones,
y no ponerle a la ganadería un pie arriba de la cabeza...”
Por último, el productor rural expresaba su agradecimiento
“a nuestros funcionarios y a la comunidad de Mercedes
por su presencia aquí...”
Ese mismo día, 1º de abril, en otro portal informativo
de otra región del país -Mendoza On Line- se publicaba
la noticia de que en la localidad bonaerense de Salto, partido
de Mercedes (es decir, no muy lejos del acampe de los Productores
Autoconvocados) había muerto un bebé de ocho meses
por desnutrición, y que su hermana melliza había
quedado internada con el mismo diagnóstico en el hospital
local. Fuentes médicas y judiciales informaron que la
causa fue caratulada “abandono de persona seguido de muerte”.
“El bebé -agregaba el despacho periodístico
- llegó al hospital en brazos de sus padres, Alejandra
Mancinello y Gustavo Javier Rafaelli, junto con su hermanita,
y se le realizó un examen en el que se estableció
que murió a raíz de un cuadro generalizado de
desnutrición severa...”
Muchas preguntas podría uno hacerse luego de analizar
estas dos noticias paralelas sobre hechos que ocurrieron el
pasado martes 1º de abril en Mercedes, provincia de Buenos
Aires, corazón de la pampa argentina.
Podríamos preguntarnos, por ejemplo, por qué
no fue el portal Mi Mercedes el que informó ese 1º
de abril de la muerte en Salto de un bebé, a causa del
hambre.
O podríamos preguntamos si dos infelices criaturas llamadas
padres -Alejandra y Gustavo- que concurren a un hospital en
medio del paro agropecuario, con un bebe muerto y otro en agonía,
son padres “abandonadores” (abandónicos,
les dicen en Psicología).
Porque si los sojeros y los funcionarios y las fuerzas vivas
de Mercedes -como reconoce Dorín- estaban mirando a la
soja cuando esos padres desesperados pasaron por el corte de
ruta, camino al hospital, bien podría decirse que la
comunidad misma de Mercedes fue la que abandonó, fue
la que dejó pasar el hambre.
Qué decir del Estado provincial, en un distrito que
se jacta de ser el más rico del país. Qué
del Estado nacional, un Estado que ha resuelto el problema de
su “déficit fiscal” gracias a las “retenciones”.
Todos dejaron pasar el hambre. Todos abandonaron.
A Alejandra y a Gustavo los abandonaron primero, al no brindarles
los medios para sobrevivir y alimentar a sus hijos en un verde
océano de soja y de maíz y de trigo. A los seis
chiquitos de Alejandra y Gustavo -el que murió este mes,
y los que quedan- los abandonaron después.
Varias cosechas récord hubo en el campo bonaerense,
en los últimos años (ya es una rutina decir que
cada nueva cosecha va a ser récord). Y “récord
de retenciones” va a poder hacer el Estado nacional al
final de esta campaña.
¿Para cuándo un récord de distribución
de la riqueza?
¿Para cuándo el récord de que ningún
chiquito se nos muera de hambre, que no se nos ahogue de hambre
en un país de vacas gordas, hinchado de soja?
Son muchas preguntas. Muchas para un par de humildes noticias.
Muchas para una sola y larga tristeza.