24/04/2008
El choque del Tren Bala
Por Oscar Taffetani (APE)
Dicen que el Tren Bala va a andar a 320 kilómetros por
hora, sin tiempo para mirar ni para oír ni para pensar
en seres vivos —sean árboles o niños o perros—
que se paren cerca de las vías.
El Tren Bala le costará al país unos 4.000 millones
de dólares, que formarán parte de la nueva deuda
externa, ésa de la que nadie habla.
Los exiguos 1.000 km de vía del Tren Bala serán
andados por pasajeros pudientes, quienes pagarán boletos
de entre 300 y 400 pesos para moverse entre las ciudades de
Buenos Aires, Rosario y Córdoba.
En ese recorrido no habrá escalas. No habrá molestos
pueblitos de la pampa sojera y cerealera. No habrá apeaderos,
viejos o nuevos, en donde bajen o suban trabajadores silbando
bolsito al hombro; ni viejas con canastos de panes o verduras;
ni vendedores ambulantes; ni chicos que se asomen en puntas
de pie desde los andenes o que se cuelguen de los puentes reclamando
a los pasajeros un "tire dié".
Hay 602 pueblos argentinos de menos de 2.000 habitantes —dice
un relevamiento de la organización RESPONDE— que están
en riesgo de extinción. Para ninguno de ellos el Tren
Bala significará una salida o una esperanza. No hará
que las familias tengan trabajo ni que los chicos aprendan el
hábito del pan en la mesa ni que los jóvenes dejen
de emigrar a las capitales, en busca de mejores oportunidades.
Además, los grandes talleres ferroviarios del país
(Tafí Viejo, Remedios de Escalada, tantos) no servirán
para el mantenimiento del Tren Bala.
Ni las grandes fábricas de elementos ferroviarios podrán
proveer el equipamiento necesario para el Tren Bala.
El parque y los elementos serán importados de Francia
y de otros lugares del mundo relacionados con el contratista
del Tren Bala. También deberán importarse los
repuestos y el instrumental de mantenimiento.
El Tren Bala, en síntesis, será más endeudamiento,
escasa creación de puestos de trabajo y ninguna reactivación
para la industria ferroviaria nacional.
Además, será un tren para pocos, que no brindará
las escalas y posibilidades que hoy brinda el autotransporte
de pasajeros.
Una alternativa posible
Desde el llamado Proyecto Sur y desde otros movimientos políticos
orientados al rescate de la soberanía argentina sobre
sus recursos naturales, materiales y humanos, se ha lanzado
una propuestas de inversión en infraestructura y recuperación
de la histórica red ferroviaria argentina.
Paradójicamente, la red “inglesa” donde
todos los ramales confluían hacia los puertos de Buenos
Aires, Rosario y Bahía Blanca, sigue siendo la llave
para revitalizar buena parte de las regiones productivas del
país.
Ese proyecto alternativo nos habla de máquinas “made
in Argentina” que podrían desarrollar tranquilamente,
si las vías estuvieran en buen estado, una velocidad
de 120 kilómetros por hora.
Nos habla de una inversión de 3.100 millones de dólares
(900 millones menos que el Tren Bala), para reconstruir 18 mil
kilómetros de vía, construir 7.000 kilómetros
nuevos aptos para pasajeros y carga e incluso 11 mil kilómetros
nuevos sólo para transporte de carga.
También habla de un parque de 300 locomotoras, 900 coches
de pasajeros y 15 mil vagones de carga, a construirse y renovarse
en el país.
Los boletos del servicio interurbano de pasajeros —nos aseguran—
costarían mucho menos que los actuales pasajes en micro.
E infinitas veces menos que los pasajes en el Tren Bala.
Además, al usar la red histórica, el tren volvería
a llegar a las cinco regiones del país: Noroeste, Nordeste,
Cuyo, Centro y Patagonia, revitalizando esos pueblos “en
vías de extinción” y reactivando las economías
del interior.
Tecnología argentina, técnicos y profesionales
argentinos e institutos de capacitación argentinos, volverían
a ponerse en valor y a tener sentido, con el renacer del tren.
Alguna vez la Argentina —como lo muestra cualquiera de nuestros
museos ferroviarios— pudo fabricar locomotoras, coches de pasajeros
(incluso de lujo) y vagones de carga. También fabricó
rieles y durmientes.
A quien señale que al tren para todos le faltan capitales,
habrá que mostrarle cualquier gacetilla oficial de ésas
en las que se nos informa con euforia que las reservas monetarias
del país superan los 50 mil millones de dólares.
Con menos de un 10% de ese capital, el Estado nacional podría
hacer el milagro.
¿Es utópica, entonces, la propuesta de un tren
con minúsculas, un tren para todos, que nos devuelva
a los argentinos el sueño de unidad, de justicia y prosperidad
que hace mucho que no tenemos?
Quienes la tilden de “utópica” estarán
abonando, automáticamente, el proyecto de un tren para
pocos, llamado Tren Bala, que en su mismo viaje inaugural (no
es difícil imaginarlo) sufrirá una tremenda colisión
contra la realidad social argentina.