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agrocombustibles
06/06/2008

Agrocombustibles y derecho a la alimentación en América Latina
Con el apoyo de la Embajada de Venezuela se publicó en Holanda el libro editado por Beatriz Martínez Ruiz, que reune a varios autores alrededor de la candente temática del uso de la tierra para producir combustibles en lugar de alimentos. Se transcribe la Introdución.

Introducción
Enéias da Rosa y Juan Carlos Morales González *

La expansión de los agrocombustibles se ha convertido en una cuestión central y de alta importancia en el debate internacional. Entre las justifi caciones utilizadas para impulsar dicha expansión suelen mencionarse el crecimiento de la economía mundial con exigencias energéticas cada vez mayores (sobre todo en países emergentes que entran en la rueda de los grandes países consumidores de energía); la disminución de las reservas de combustibles fósiles no renovables y sus altos costos fi nancieros y políticos (tanto para su extracción como para el control del petróleo y sus derivados); y toda la agenda relacionada con el debate sobre la crisis climática y el calentamiento global, asunto éste que no es ninguna novedad, pues es una problemática ampliamente discutida desde al menos hace quince años (ECO 92).

A sabiendas de que el tema de los agrocombustibles es cada vez más un asunto global, a escala regional –como es el caso de América Latina– los desafíos, interrogantes y problemas a los que se enfrentan las sociedades tienen que ver con cuestiones referentes a las políticas y los modelos de desarrollo, a si la implementación de la dinámica de los agrocombustibles es resultado o no de una decisión democrática al interior de nuestros pueblos, y a si dicho desarrollo no es atentatorio a los derechos humanos de los individuos y las comunidades.

Con ese propósito, FIAN Internacional, en conjunto con sus secciones en América Latina y algunas otras organizaciones continentales articuladas alrededor del seguimiento al derecho humano a la alimentación, intenta con esta publicación hacer una lectura de los impactos, riesgos y violaciones que viene ocasionando el avance de los agrocombustibles al derecho humano a la alimentación adecuada (DHAA) de nuestro pueblos.

En ese sentido, el primer capítulo aborda de manera amplia las razones que impulsaron el avance de los agrocombustibles como supuesta salida alternativa a la crisis energética mundial. Refl exiona, además, sobre el signifi cado y los riesgos derivados de transformar la agricultura –que siempre fue fuente de energía biológica para los seres humanos gracias al consumo de alimentos– en fuente energética ‘alternativa’ a la utilización de combustibles de origen fósil, sin tener en cuenta que buena parte de la crisis se fundamenta en un patrón de consumo cada vez más voraz, social y ecológicamente insostenible. También se pregunta quiénes son los actores principales de la dinámica expansiva de los agrocombustibles, enfatizando que sigue una lógica de fuerza que benefi cia, principalmente, a ciertos sectores muy poderosos.

El segundo capítulo trata de forma directa el impacto causado por la expansión de los agrocombustibles sobre el DHAA, y resalta la preocupación que genera el que dicha actividad compita con los alimentos destinados para consumo humano y animal, e incremente las ya vergonzosas cifras del hambre mundial. En este capítulo también se insiste en que los Estados deben cumplir con los pactos de los que son signatarios, principalmente el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), que conmina a los Estados a cumplir con obligaciones relativas, entre otros derechos, a la garantía y defensa del DHAA. En ese sentido, los Estados deben adoptar políticas y acciones que garanticen efectivamente el derecho a la alimentación al tiempo que, junto con la defensa de los demás DESC, se promueva la defensa de la soberanía de los pueblos ante intereses de grandes bloques económicos que impulsan, como sucede con los agrocombustibles, iniciativas explotadoras y violadoras de derechos. También se recuerda que es responsabilidad de los Estados debatir de forma amplia y democrática con la sociedad civil la viabilidad de dichas iniciativas, teniendo en cuenta los intereses nacionales y en correspondencia con la voluntad de los diferentes pueblos y comunidades.

El capítulo llama también la atención sobre las poblaciones que sufren y pueden llegar a sufrir de forma más contundente los efectos de la expansión de los agrocombustibles. Se enfatiza especialmente el hecho de que hoy por lo menos un 75% de la población más pobre del mundo vive en el campo y depende total o parcialmente de la agricultura y de los recursos naturales para garantizar su derecho a la alimentación. Éstas serán las poblaciones que deberán sufrir los impactos más directos de la expansión de los agrocombustibles. Teniendo en cuenta, además, que el otro 25% de la población pobre del mundo vive en áreas urbanas y sufre violaciones de su derecho a la alimentación por el hecho de no poder acceder a sus alimentos en cantidad sufi ciente y adecuada, su situación de hambre podría agravarse –como las semanas recientes lo han demostrado a lo largo y ancho del planeta– con los incrementos en el precio de los alimentos a consecuencia de la fiebre de los agrocombustibles.

Los siguientes cuatro capítulos intentan llamar la atención sobre varios casos de violaciones al derecho a la alimentación que han acompañado a la expansión regional de los agrocombustibles. Las realidades bosquejadas se desarrollan en Brasil, Paraguay, Colombia y Ecuador, y reflejan el escenario de desarrollo normativo de los agrocombustibles en cada país y algunas de las violaciones a los derechos humanos ya constatadas, especialmente en lo que tiene que ver con el derecho a la alimentación.

El caso de Brasil parte de una reflexión sobre el papel que el país adoptó y que viene poniendo en práctica en lo que se refiere a la expansión de los agrocombustibles en el ámbito nacional y mundial. Reflexiona rápidamente sobre los factores de orden territorial y climático, político-económico y tecnológico que han llevado al Brasil a expandir los monocultivos –sobre todo de soya y caña de azúcar– de forma extensiva en los últimos años. También profundiza en la fuerte apuesta del Estado brasileño en inversiones públicas conjugadas con iniciativas privadas, desde una perspectiva de expansión masiva de los agrocombustibles en el país y en consonancia con una agenda en la cual los agrocombustibles son pilares de una matriz energética concebida tanto para el consumo interno como para la exportación. Resalta también los impactos ya vividos y los riesgos que esta apuesta generará desde el punto de vista de la violación de derechos, tales como la alta concentración de las tierras y el aumento de su precio, la degradación del trabajo por causa de la agricultura extensiva y el monocultivo, y la escasez y aumento de precios de los alimentos en el país. Finalmente, denuncia la situación degradante y violatoria de los derechos más elementales de los trabajadores cañeros en el estado de São Paulo, epicentro del etanol en el mundo.

El caso de Paraguay aborda inicialmente el estímulo a la concentración de la tierra y de la expansión del agronegocio en los últimos años, y sus resultados directos sobre la pequeña propiedad y las familias campesinas, las cuales sufren por la falta de tierra para producir y garantizar su DHAA. Dentro de este escenario, desde 1999 el Gobierno paraguayo viene incentivando a través de decretos, leyes y resoluciones, el avance de los agrocombustibles en el país. La base de los agrocombustibles en Paraguay está vinculada a la expansión de la caña de azúcar, la cual se viene dando a un ritmo bastante rápido y está volviendo al país casi autosuficiente para el consumo interno. En lo que se refiere al agrodiésel, no hay grandes adelantos en el sector y su producción se concentra actualmente en la grasa bovina, aunque puede ser incrementada a corto plazo por la soya, que también se está expandiendo rápidamente en el país. Dentro del escenario presentado, el Estado paraguayo ha sido frágil en su capacidad de apoyo a las iniciativas que fortalezcan la pequeña propiedad, y está favoreciendo, más bien, la actividad agroexportadora y ampliando las amenazas sobre las tierras de los pequeños agricultores y la producción de alimentos. En consecuencia se genera la pérdida de la soberanía del país, y se modifica o extiende la frontera agrícola hacia áreas de bosques y selvas nativas, lo cual genera serios problemas en los ecosistemas.

El caso de Colombia pone de manifiesto la complejidad que caracteriza el desarrollo de las políticas favorables a la expansión de los agrocombustibles, las cuales son cónsonas con los intereses de la elite nacional, de los diferentes sectores agroindustriales e inclusive del crimen organizado. El caso específico de Bajo Atrato, en la región pacífica de Colombia, muestra que el cultivo de palma para la producción de agrodiésel ha ocasionado daños al medio ambiente, violaciones al derecho a la vida (a través de desplazamientos, desapariciones, masacres, asesinatos selectivos de dirigentes comunitarios) y a la alimentación de las poblaciones indígenas y afrodescendientes. La situación ha sido tan grave que la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos ya se pronunció al respecto sin que, hasta ahora, el Gobierno colombiano haya impulsado cambios o se haya revertido la expropiación de tierras y recursos, y las violaciones de los derechos humanos de las que son víctimas las comunidades de la región.

El capítulo sobre Ecuador muestra que la llegada de los agrocombustibles toma fuerza en 2004, año en el que se crea un Consejo Consultivo de Biocombustibles. Este consejo se fortalece en 2007 con poderes para definir políticas, planes y programas relacionados con los agrocombustibles, al mismo tiempo que el Congreso Nacional emite una ley que otorga a los productores agrícolas incentivos para producirlos.

En este armazón legal se prevén estudios de impacto para el avance de la producción de agrocombustibles y se persigue el objetivo de desarrollar la agroindustria para garantizar, supuestamente, la soberanía energética del país. Según datos y previsiones, este escenario desencadenará en el período que sigue un reforzamiento enorme de la producción de agrodiésel y etanol, y fortalecerá el fomento de la palma africana y de la caña de azúcar. Para desarrollar esta actividad se necesita tierra, agua y energía eléctrica, y es allí donde entra el caso del proyecto de represa Baba, situada en la provincia de Los Ríos, que es parte de una de las regiones más productivas del Ecuador. En contra de los derechos de los pueblos y comunidades de esta región, el Gobierno ecuatoriano, en cooperación con la empresa transnacional Odebrecht, pretende llevar adelante el proyecto Baba y, así, consolidar acciones ligadas al plan sobre expansión de agrocombustibles y seguramente también el control del agua en la región. El proyecto agravará la situación de concentración de tierras y de agua con el fin específico de producir combustibles en detrimento de la producción de alimentos, causando violaciones del derecho a la alimentación de las poblaciones que habitan allí y que, seguramente, tendrán que dejar sus tierras para aglomerarse, como siempre, en los centros urbanos sin alternativa de producción de alimentos.

A modo de conclusión, el capítulo final se esfuerza en hacer algunas consideraciones –y recomendaciones– sobre la cuestión de los agrocombustibles, entendiendo que con su advenimiento no se va solucionar el problema del hambre en el mundo; por el contrario, se constituye en una dinámica que en nuestros países propicia la violación del DHAA.

Así las cosas, esta publicación sirve de excusa no sólo para reflexionar en torno a las problemáticas asociadas con los agrocombustibles, sino también para inquirir sobre el modelo de desarrollo que se nos ha impuesto y el modelo que queremos, el verdadero papel que desempeñan los Estados y Gobiernos que nos rigen, las prácticas democráticas que se nos dice disfrutamos o queremos defender o construir, y el estado actual de los derechos humanos de nuestros pueblos y comunidades.

* Enéias da Rosa es secretario general de FIAN Brasil. Juan Carlos Morales González es secretario técnico de la Campaña Nacional por el Derecho a la Alimentación – Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo. Correo electrónico: porderechoalimentacion@gmail.com

Más información
Agrocombustibles y derecho a la alimentación en America Latina.pdf