19/06/2008
Conflicto agrario
Otro camino para superar la crisis
(Agencia Walsh) Un grupo de intelectuales y
trabajadores del campo popular manifestaron su pensamiento respecto
del conflicto entre el gobierno y “el campo”, que
mantiene en vilo a toda la sociedad argentina y que, tendría
otras solucione posibles. En el escrito se plantea cómo
se llegó a esta situación de tensión, se
proponen algunas solucione posibles en beneficio de los trabajadores
y de la nacionalización de varios sectores en juego.
Desde el 11 de marzo, cuando el gobierno nacional tomó
la decisión de aumentar las retenciones y hacerlas móviles
en función de los precios internacionales, escaló
un conflicto que ha concluido instalando una polarización
política entre el gobierno y las entidades del campo.
No es verdad que tengamos que aceptar a libro cerrado los argumentos
y las propuestas de ambos sectores, como si no hubiera propuestas
y medidas superadoras.
Detrás de las demandas de eliminación de las
retenciones móviles, las entidades del campo han enarbolado
un programa de liberalización del mercado exportador
de alimentos, con el fin del acaparar el máximo posible
de las rentas extraordinarias, mientras difunden el planteo
ideológico que el Estado no debe meterse con los negocios
privados.
Bajo la cobertura de un falso federalismo se promueve una plataforma
de medidas afín a los intereses del agro-negocio y la
Sociedad Rural , con el acompañamiento y la fuerza social
de los pequeños productores que han quedado entrampados
en un lock-out agrario que favorece a los grandes capitalistas
del sector y apunta a crear las condiciones favorables a una
restauración neoliberal.
Las clases propietarias y los grupos agrarios más concentrados
no toleran siquiera una tibia e inconsecuente regulación
estatal y distribución de renta, enarbolando sus intereses
privados y su ganancia creciente por sobre la alimentación,
el salario, la educación y la salud de todo el pueblo
argentino. Hoy el campo acumula superganancias que no se encuentran
en ninguna otra rama de la producción. Esa situación
impar es la que permitió batir records año tras
año, incluso a costa de desplazar de sus tierras ancestrales
a los campesinos pobres del norte argentino y de las condiciones
laborales precarias e irregulares de más de un millón
de peones rurales.
La derecha cuestiona las retenciones móviles en tanto
mecanismo regulador que permite divorciar los precios internacionales
de los locales y amortiguar el impacto inflacionario de un encarecimiento
de las exportaciones. El lock-out se ha transformado también
en una trinchera política desde donde promueven regresivamente
el retorno al período previo al 2001.
Los cacerolazos que hemos visto en la Capital y otros centros
urbanos, pese a su heterogeneidad inicial, se han ido configurando
en la antítesis de la rebelión del 2001, motorizados
por sectores altos de la sociedad, muchos de ellos rentistas,
y por la oposición de derecha que ya se había
manifestado en las elecciones legislativas y en las presidenciales
de octubre pasado.
La mayoría de los medios de comunicación, grandes
grupos concentrados que detentan el poder comunicacional y el
cuasi monopolio de la palabra y la imagen, han jugado un rol
protagónico como aglutinantes de una derecha invertebrada,
distorsionando la realidad, creando una atmósfera política
artificial y una opinión popular ficticia.
La principal preocupación del gobierno frente al lock-out
ha sido reafirmar su autoridad política frente a un desafío
sectorial que rompe el equilibrio de alianzas que ha sostenido
su gestión, desde el inicio se ha apoyado en el modelo
sojero que ahora cuestiona. Recurrió a todas las variantes
posibles: discursos agresivos y contemporizadores, amenazas
y negociaciones y ha quedado políticamente debilitado.
Incapacidad política y errores de implementación
técnica unificaron el campo opositor y le hicieron perder
aliados naturales.
Profundizó este esquema con el consiguiente desplazamiento
de productores, afectando la soberanía alimentaria, fortaleciendo
los “pools” de siembra y los grupos exportadores
(Dreyfus, Cargill, Nidera, Bayer…), permitiendo la escandalosa
apropiación diferencial entre los impuestos pagados por
los productores y lo realmente ingresado a las arcas del Estado.
No casualmente estos grupos económicos no han sido casi
mencionados en la crisis actual ni por el gobierno ni por las
entidades del campo.
El gobierno tampoco cambió la estructura tributaria
regresiva, ni adoptó ninguna iniciativa para recuperar
el patrimonio nacional rematado durante el menemismo.
A pesar de las fenomenales tasas de crecimiento del actual
ciclo económico, de la fuerte creación de empleo
y de la recuperación salarial, persisten la segmentación
y la precarización en el mercado de trabajo, se conservan
muchas de las peores leyes laborales de los ’90, e incluso
de la dictadura como la de los peones rurales. Al no adoptar
medidas para modificar efectivamente la distribución
del ingreso, la brecha entre ricos y pobres continúa
ensanchándose.
La políticas en curso no pueden asegurar, ni tampoco
se lo proponen, la reconstrucción de un sistema de transporte
ferroviario barato y ecológicamente sustentable, aunque
se proyecta un “tren bala” que nos vuelve dependientes
de tecnologías que no poseemos, que es inservible para
el transporte de cargas y que solo podrá ser utilizado
por una elite de pasajeros de altos ingresos.
Argentina posee el raro privilegio de ser el único país
que enajenó su renta petrolera y, a contrapelo de las
tendencias latinoamericanas -Bolivia, Ecuador Venezuela- no
hay proyecto alguno para recuperarla, por el contrario asistimos
a la profundización de la política menemista en
materia de hidrocarburos. Lo mismo sucede con las empresas privatizadas
de servicios públicos y la generación y distribución
de energía. Los grupos de medios de comunicación
hoy denunciados por su papel en la crisis son los mismos que
ayer fueron beneficiados con la renovación de las licencias,
basados en la ley de radiodifusión de la época
de la última dictadura militar.
Debajo de toda la parafernalia de acusaciones cruzadas se advierten
divergencias al interior del bloque de las clases dominantes:
mientras los sectores agro financieros tradicionales exigen
darle prioridad a un proceso de acumulación basado en
la exportación de bienes primarios y son indiferentes
al consumo y el mercado interno, los sectores industriales,
al contrario, aspiran a liderar dicho proceso con apoyo subordinado
del sector agroindustrial.
Cómo se resuelva esta disputa no resulta ocioso ni indiferente
para el movimiento obrero y las clases subalternas, como tampoco
lo es la intervención estatal, aún a sabiendas
que lo más probable sea un acuerdo donde el modelo primario-extractivo
- exportador no será modificado sustancialmente, con
las consecuencias sociales y ambientales y el tipo de desarrollo
que lleva implícitas, lo que exige desarrollar por parte
de todo el movimiento popular, un planteo de transformaciones
profundas más allá de dichos acuerdos.
No puede haber neutralidad ante la amenaza de que la derecha
logre parte de sus demandas y coloque sobre la agenda futura
su programa de restauración neoliberal. Una liberalización
de las exportaciones como demandan los ruralistas y los ideólogos
del establishment dispararía los precios de los alimentos
con el consiguiente efecto sobre los salarios reales de los
trabajadores y las condiciones de vida y existencia de las clases
populares.
Rechazamos enérgica y categóricamente su chantaje
y defendemos el derecho del gobierno a implementar retenciones
móviles y cupos de exportación. Pero sostenemos
que el curso que ha tomado hasta el día de hoy lejos
de ser una palanca para iniciar un cambio efectivo del modelo,
cohabita con él, favorece a los grandes propietarios
y “pool” sojeros y a los grandes exportadores, mientras
afecta a su propia base popular al mostrarse impotente para
un control eficaz de la inflación.
Los abajo firmantes pretendemos contribuir a cambiar los ejes
del debate y discutir soluciones populares efectivas para el
agro.
Sin que sea una enumeración taxativa:
• Creemos necesario afectar las ganancias de los grandes
propietarios, los grupos exportadores, comercializadores y “pool”
de siembra, que se quedan con el grueso de los beneficios. También
comenzar a discutir la nacionalización de varios segmentos
de estos sectores
• Elaborar un plan agrario que permita organizar la producción
de acuerdo a un programa racional que permita contar con alimentos
baratos y de calidad para todo el pueblo. Que contemple una
política de fomento a los pequeños campesinos
y de garantía de sus tierras, así como medidas
protectoras del ambiente y una política de estatización
de los insumos de los productores medianos y pequeños
y de impuestos diferenciados según el tamaño de
sus exportaciones.
• Regular el comercio exterior y los precios mediante
una junta nacional de granos y carnes, adoptar una clara reforma
fiscal desgravando las cargas tributarias al consumo, modificando
las alícuotas del impuesto inmobiliario y a las ganancias.
• Eliminación del IVA de los productos esenciales
en el consumo popular y aplicación efectiva de la Ley
de Abastecimiento.
• Es imperioso derogar la ley de Videla del peón
rural y garantizar el blanqueo de todos los trabajadores en
negro, así como garantizar la capacidad adquisitiva de
los salarios para todos los trabajadores y del subsidio a los
desocupados.
Con esta declaración apuntamos a que una tercera voz
a favor de las mayorías populares comience a cobrar cuerpo
frente a la crisis actual.
Primeras firmas:
Claudio Katz, Guillermo Almeyra, Maristella
Svampa, Hugo Calello, Susana Neuhaus, Guillermo Gigliani, Alejandro
Bercovich, Mabel Bellucci, Eduardo Faletty, Ezequiel Adamovsky,
Claudia Korol, Clara Algranatti, Jose Seoane, Antonio Bitto,
Jorge Marchini, Jorge Sanmartino, Eduardo Lucita, Bruno Fornillo,
Martin Bergel, Hernan Ouviña, Diana Mauri, Ricardo Orzi,
Guido Galafassi, Agustín Santella, Gustavo Robles, Emilio
Taddei, Judith Feldman, Leandro Sowter, Mabel Twaites Rey, Aldo
Casas, Nora Ciapponi, Antonio Por, Beatriz Morales, Claudio
Pandolfi, Pablo Guillermo FRISCO, Irene Muñoz, Herman
Schiller, Guillermo Caviasa, Julio Vergara, Ariel Petruccelli,
Alejandro Medici, Franco Catalani, Manuel Gonzalo Navarro, Aníbal
Viguera, Alberto Wiñaszki, Eduardo Gorostegui, Nicolás
Lion. Meriem Choukroum, Mariano Féliz, Liliana Soto,
Daniel Pereira, Octavo del Valle, Fernando Stratta, Joaquin
S. Gomez, Carlos M. Herrera, Hernan Camarero, Silvana Ferreira,
Omar Acha, Hernan Apazza, Agustín Nieto, Leandro Andrini,
Héctor Menendez, José Luis Heller, Luis Galand,
Luciano Alonso, Natalia Vega, Alejandro A. Cieri, Diego Heluani
Carlos “Perro” SantillánFabio
Resino – Pte. FACTA-Coop. BAUEN, Luciana Santillán-Coord.
Corriente del Pueblo Jujuy.Bloque Piquetero NacionalFrente de
Trabajadores Combativos-Movimien to 29 de Mayo (FTC-Ml29), Movimiento
Teresa Rodriguez La Dignidad (MTR La Dignidad ),
Unión de Trabajadores en Lucha (UTL), Movimiento Brazo
Libertario (MBL), Trabajadores Ocupados y Desocupados Unidos
(TODU), Movimiento Teresa Rodriguez 12 de Abril (MTR 12 de Abril).
Enrique Gandolfo (Secretario General de
SUTEBA Bahía Blanca y de la CTA Bahía Blanca –
Coronel Borrego). Norberto Señor (Secretario General
de la Seccional Gran Buenos Aires Sur de ATE). Alejandro Mascareño
(Secretario General Seccional Almirante Brown – Presidente
Perón de ATE). Susana Ancarola (Secretaria de Prensa
Seccional Gran Buenos Aires Sur de ATE). Luis Angió (Delegado
General de la Comisión Interna Seccional Buenos Aires
del Banco Provincia de Buenos Aires). Jorge Montero (Delegado
General de la Comisión Interna de Destilería Shell
de Dock Sud). Carlos González (Delegado General de la
Comisión Interna de SIDERAR Haedo – UOM). Juan
Pablo Casiello (Secretario Adjunto de la Seccional Rosario de
AMSAFE). Comisión Interna de Acetatos Quilmes –
AOT. Gustavo Ibaldi y Jorge Pérez (integrantes de la
Agrupación Verde de SUTEBA Almirante Brown).Marcos
Britos y Pablo Goodbar