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11/12/2009
Acerca del Poder
Por Hugo Presman

El poder económico es siempre brutal. Capaz de perpetrar las peores atrocidades. Justificada con consignas o proclamas enaltecedoras. Y consigue ocultar su barbarie con las vestimentas coloridas de la civilización. Está siempre pero parece que no se ve. Por acostumbramiento o porque la lógica del poder es penetrar en las conciencias y actuar desde ahí.

Cuando el oprimido incorpora como propio el discurso del opresor, la colonización pedagógica se ha completado. A su vez, cuando algunos o muchos despiertan, el poder les hace sentir su presencia. “El poder es impunidad” afirmaba con claridad e impudicia el empresario Alfredo Yabrán. La misma impunidad que demostraron los comerciantes del puerto de Buenos Aires junto a sus colegas de Montevideo y la monarquía portuguesa asentada en el Brasil perpetrando el genocidio paraguayo y la destrucción de ese país con su Estado ( proteccionista) más desarrollado del siglo XIX. El exterminio del indio como consolidación de los ganaderos con nuevas tierras apropiadas, en tren de convertirse en oligarquía. Los asesinatos de la Semana Trágica, los fusilamientos de la Patagonia, entre muchos otros.

Para desmontar el modelo de sustitución de importaciones, había que terminar con su expresión política el peronismo, con la industria que se apropiaba de parte de las divisas que generaba el sector agropecuario y sobre todo por llevar en su vientre el mal a extirpar: la clase obrera, los sindicatos y los delegados gremiales que tenían y tienen muchas veces el atrevimiento de poner límites al derecho de propiedad en las fábricas. No se vaciló en bombardear Plaza de Mayo, y ya triunfante fusilar clandestinamente en José León Suarez e ilegalmente en la Penitenciaría de Las Heras.

El fusilamiento de general Valle en 1956 parece una remake de la de Dorrego en 1828, ejecutada por Lavalle pero inspirada y alentada por la Pandilla del Barranco porteña con su figura funesta: Bernardino Rivadavia. Escribió Jorge Abelardo Ramos: “En la época colonial existía un grupo de hacendados y comerciantes llamados por los mismos europeos, la pandilla del barranco. Estos señores, entre quienes había un Martínez de Hoz, antepasado del célebre Joe, se intercambiaban señales desde las alturas del Parque Lezama, con los buques ingleses. El objeto era eludir el control de la Aduana.” Y la concepción de cómo el poder escribe la historia está claramente expresada en Salvador María del Carril, uno de los que instigó a Lavalle a perpetrar el crimen, y que años más tarde presidió la Suprema Corte de Justicia. Le escribió unos días después del fusilamiento del general Lavalle, llamado una espada sin cabeza: “Fragüe el acta de un consejo de guerra para disimular el fusilamiento de Dorrego porque si es necesario envolver la impostura con los pasaportes de la verdad, se embrolla; y si es necesario mentir a la posteridad, se miente y se engaña a los vivos y a los muertos”

En otras circunstancias históricas, no dudarían con el golpe de 1966 y más tarde el de 1976, acudir desde los fusilamientos en Trelew al terrorismo de Estado. Es una cronología conocida pero su aprehensión es meramente enunciativa y banal sino se interioriza que el poder no reconoce límites en la protección de sus intereses. Y sin embargo posa de civilizado al punto que si se le pregunta a un ciudadano de clase media devenido en vecino donde está la violencia o la inseguridad, afirmará que en los piqueteros, los sindicalistas, los cabecitas negras, los negros, los peruanos, los paraguayos, los villeros, los delincuentes, etc.

Las anécdotas no explican los procesos históricos, pero a veces lo ilustran. Son como el chimichurri, que le dan sabor al asado. Rescato dos para entender cómo funciona el Poder Económico en la Argentina y la cortedad de sus miras. “El 25 de septiembre de 1955 - recuerda Miguel Gazzera-el General Lonardi concedió una audiencia a lo que quedaba de la conducción de la CGT. Los compañeros estaban en la antesala cuando por el despacho paso un marino. Se detuvo, les preguntó quienes eran y qué esperaban. Respondida la pregunta, los miró detenidamente y les hizo explotar esta sentencia: “Sepan ustedes que la revolución libertadora se hizo para que en este país el hijo del barrendero, muera barrendero. Era el Contraalmirante Arturo Rial” “Peronismo, autocrítica y perspectiva de Miguel Gazzera, Pagina 64, citado por Norberto Galasso “Cooke: de Perón al Che. Una biografía política” Página 51

La otra, que expresa la continuidad del real poder en la Argentina.
“- ¿Las cenas son siempre iguales? – preguntó una vez Zulema Yoma al personal de la residencia de Olivos.
-Cambia el menú. Cambian los presidentes. Lo que nunca cambian son los invitados- fue la respuesta (Horacio Verbitsky Página12 1-11-2009).

A su vez, la burguesía industrial, que en los ensayos se la denomina como burguesía nacional, fruto de su origen- no de un desarrollo autónomo, sino como consecuencias de las crisis del capitalismo- se caracteriza por su endeblez, por ser tributaria de políticas estatales para su mantenimiento o consolidación al tiempo que es contradictoriamente antiestatal, alienada ideológicamente a los sectores agropecuarios, está definida con precisión por uno de sus representantes, el petrolero Carlos Bulgheroni: “Los empresarios somos cortesanos del poder”. En su conjunto le dan la razón al ensayista Alejandro Horowicz que afirma: “La Argentina tiene clase dominante pero no clase dirigente”

Una clase dominante sin proyectos incluyentes y capaces de recurrir a la violencia extrema para mantener sus posiciones o acrecentarlas.

Los medios y las centrales empresarias mediáticas

En la reciente reunión de la SIP ( Sociedad Interamericana de Prensa) una agrupación que representa a los propietarios de medios de prensa de nuestro continente, expusieron diferentes periodistas que gustan de posar de “independientes”. Durante sus exposiciones no manifestaron ninguna discrepancia con los empleadores. En la SIP, parece haberse decretado, el fin de la lucha de clases. A nadie pareció llamar la atención de este hecho anómalo. Identidad total de intereses y de miras entre Héctor D`Amico y sus empleadores de La Nación, entre Ricardo Kirschbaum y los propietarios de Clarín, entre Magdalena Ruiz Guiñazú y María O`Donnell con el Grupo Prisa, para mencionar sólo algunos casos. Imaginemos por un segundo, un Congreso de Centrales Sindicales en donde se invitara como oradores a los principales empresarios de la Argentina como Cristiano Ratazzi, Gustavo Grobocopatel, Hugo Biolcati, Luis Pagani, entre otros, que coincidieran absoluta y totalmente con el escenario y proposiciones de los trabajadores. Sería un hecho que merecería columnas de opinión que variarían entre la sorpresa y el escándalo.

Justamente, los medios y periodistas que más se envuelven con las banderas de la libertad y la independencia, en su ámbito suelen negar al extremo lo que invocan. Instigador de todos los golpes de Estado, a favor de la libre competencia pero usufructuaria del monopolio de Papel Prensa, el diario La Nación nació como guardaespaldas de Bartolomé Mitre después de comandar, como presidente argentino, los ejércitos de la Triple Alianza.

Un liberal, como Roberto Cox, director del Buenos Aires Herald en los años de plomo formuló estas declaraciones a Página 12 el 16-11-2009, después de ser nombrado “ciudadano ilustre de la ciudad: “Yo veo bien a la Argentina. Por supuesto, con problemas. Se parece a Italia. Son países jóvenes, con historia, pero con tantas cosas buenas, tanta inteligencia, una mezcla magnífica de muchas nacionalidades. Me cuesta entender por qué los argentinos –y diría centralmente los porteños– tienen una visión tan negativa. No parecen siquiera advertir la hermosura de los jacarandás, de los quioscos, de la calle. Un amigo mío, que fue un importantísimo técnico financiero en Wall Street, me dijo: ‘Bob, Buenos Aires es un hotel cinco estrellas, con todos los pasajeros quejándose por el servicio de habitación’.” “Por supuesto que hay un problema entre el Gobierno y la prensa. Y los dos lados tienen responsabilidad. Cuando empezó el gobierno de Néstor Kirchner, yo veía en La Nación críticas ridículas. Por ejemplo, hablaban de los trajes de Kirchner. Era increíble. Por el otro lado, es cierto que a él no le gusta hablar con el periodismo, no hace conferencias de prensa. Es un grave error. El periodismo tiene algo de representante de la gente.

Ahora, si uno lee La Nación se lleva la imagen de un país que no veo para nada. La Nación cree en la censura y en la autocensura, al punto que una alumna de la carrera de periodismo de ese diario me dijo que Claudio Escribano, quien fuera director de La Nación, hizo un elogio de la censura. Dijo que se necesita. Desde ya, yo necesito leer Página/12, porque La Nación describe un país y una ciudad que yo no puedo ver ni reconocer. Y en eso, La Nación actúa como bajo la dictadura. En aquel momento, ignoraba lo que pasaba y ahora también.”

Mariano Grondona, columnista del mismo diario, con una trayectoria vinculada inveteradamente al poder económico, se desprendió de su colaborador, el periodista Luis Novaresio, por discrepar en un comentario sobre la ley de ADN. En sus columnas, las palabras república, libertad, independencia, repetidas hasta la saturación, constituyen un collar de perlas falsas.

Acerca del poder
“El poder es impunidad”. El poder económico. No duda en falsificar la historia. Instrumentar el presente. Envolver las peores causas, los intereses más mezquinos, bajo grandes banderas. Bajar un discurso discriminatorio. Encarnar la civilización, bajo lo cual se esconde la barbarie más profunda.

Desarrollar actualmente un modelo de agronegocios con un futuro de desertización de la tierra y con la minería como estafa y contaminación del agua potable. El mercado es Dios y los bancos el templo de esta religión. Los poderes menores- como la burguesía nacional- son cortesanos de los gobiernos. Estos, en muchos casos son súbditos del poder económico real. Cuando no le responden totalmente, cuando existen intereses contradictorios, sin siquiera ser revolucionarios, pero demasiados reformistas para intereses cebados en el control absoluto, empieza a ver malestar, crispación, actitudes destituyentes, cacerolazos de clase media, lockout, golpes de mercado, medios ferozmente opositores y opositores irracionales. Antes era más sencillo. Se golpeaba la puerta de los cuarteles y los uniformados, en la mayoría de los casos, restituían totalmente el poder del poder. Para tener calor popular, suelen instrumentar la identificación con el poder de gruesas franjas de los sectores medios, deseosos de ascender en la escala social y temerosa de precipitarse en esos abismos insondables de los sectores populares.

Hoy cuentan como siempre con esos sectores, con la despolitización que atraviesa a la sociedad fruto también de asimilar política con entrega, y con los medios como ejércitos de ocupación y colonización ideológica. Juan Bautista Alberdi, el más notable analista de la segunda mitad del siglo XIX, lo sintetizaba así: “Entre el pasado y el presente hay una filiación tan estrecha que juzgar el pasado no es otra cosa que ocuparse del presente. Si así no fuere, la historia no tendría interés ni objeto. Falsificad el sentido de la historia y pervertís por el hecho toda la política. La falsa historia es origen de la falsa política”