Desde hace un par de meses, todos los días, después
de leer los diarios hago lo mismo: pellizcarme para salir de
dudas acerca de si lo que leí es cierto, o si estoy soñando.
Resulta que el Gobierno, de origen peronista, popular y de tendencia
centroizquierdista, se ve en la obligación, por imperio
de las circunstancias, de dedicar el 90% de sus energías
al pago de la deuda externa, tema que se ha convertido en el
eje central de la vida del país, para lo que se llega
a apelar incluso hasta a terminología ligada al sentimiento
nacional profundo que puedan albergar las masas. Es así
como términos tales como «patriotismo» y
«Bicentenario» se usan todas las semanas en relación
con el giro de divisas al exterior para pagar deudas...
Si se observa lo que hay del otro lado del mostrador, el lugar
para el asombro es indudablemente aún mayor: se puede
observar a la flor y nata del liberalismo vernáculo más
rancio, en el que se aglutinan, entre otros, dirigentes ligados
a los círculos más elitistas de los sectores rurales,
medios de comunicación centenarios de indudable tendencia
librecambista, políticos de inocultable tendencia derechista,
ex funcionarios de elitistas bancos extranjeros devenidos en
políticos supuestamente preocupados por el bienestar
del pueblo, columnistas políticos de inocultables estrechas
relaciones con los sectores más recalcitrantes de los
EE.UU., pensadores económicos partidarios del más
acérrimo «laissez-faire» -aquel que propone
que ni siquiera haya una moneda nacional, sino que cada banco
emita la suya y el público elija- y hasta ex altos funcionarios
que en los noventa aplicaron la convertibilidad, todos, pero
todos, todos, mancomunados defendiendo el no pago de la deuda
externa con reservas. Como si se pudiera pagar la deuda con
«billetes del estanciero», o directamente, haciendo
un corte de manga simbólico, no pagarla si no hay superávit
fiscal. ¿Que diría un acreedor del país
si se le hubiera dicho, al momento de comprar un bono argentino,
que ese bono no se pagaría con las reservas? A no dudarlo,
la deuda externa se pagó siempre con las reservas. Y
cuando no se pagó fue porque... ¡no alcanzaban
las reservas! Aun en los momentos de enorme y suculento superávit
fiscal, la deuda externa se pagó... ¡con las reservas!
Y es muy fácil entenderlo dado que el superávit
o el déficit fiscal es en pesos, mientras que la deuda
externa hay que pagarla en dólares, por lo que de una
u otra manera el Banco Central le otorga al Tesoro las reservas
necesarias para pagar. De otra manera, los saltos abruptos para
arriba y para abajo que experimentaría la cotización
del dólar serían el tema diario de todos los argentinos.
¿Se imagina el lector lo que implicaría que un
buen día, con superávit fiscal o sin él
el Tesoro saliera a comprar unos quinientos millones de dólares
para pagar un bono? Es por eso que siempre se pagó, se
paga, y se pagará ... con las reservas.
¿Canibalismo?
Ahora bien, si esto es así, ¿cómo puede
ser que se haya armado tamaño lío por este tema
que nunca debería haber dejado de ser una cuestión
meramente técnica? ¿Sólo por «canibalismo
político»? Puede ser que una buena parte de la
comedia de enredos que diariamente vivimos con las reservas
provenga del típico chicaneo político que suele
imperar en la Argentina. Pero en este caso particular, parece
haber algo más atrás. Y parece tratarse de algo
que si se ventilara
lo suficiente probablemente disuadiría a muchos de quienes
hoy se oponen al pago de la deuda con las reservas a dejar de
lado su actitud. Ocurre que atado al tema del pago de la deuda
está -y no por casualidad- el tema del canje del remanente
de la deuda, o sea, el paso que falta para normalizar del todo
las relaciones económicas y financieras con el resto
del mundo. El Gobierno desea que el canje de títulos
de deuda se efectúe de manera ventajosa para el país,
o sea que quienes tienen títulos de deuda impagos de
la Argentina los canjeen por títulos nuevos con una quita
nunca menor del 65% que recibieron los bonos que se canjearon
en 2005. Por lo contrario, quienes fogonean la idea de cuidar
las reservas a cualquier costo, lo que quieren es que 2010 y
2011 pasen lo más rápido posible, que el canje
naufrague o no se haga, que el Banco Central acumule más
y más reservas, sea mediante la compra de los excedentes
de las exportaciones sobre las importaciones o sea impidiendo
cualquier giro al Tesoro para que éste pague su deuda.
Así dadas las cosas, en 2012, estos acreedores hoy disfrazados
de opositores comunes, y utilizando a una vasta mayoría
de los genuinos opositores que hacen el lamentable papel de
«idiotas útiles» a esta maniobra, podrían
presionar a cualquier nuevo Gobierno para que solucione de manera
definitiva el tema de la deuda de una manera mucho más
ventajosa para los acreedores, o sea con una quita de deuda
muy inferior al 65%, o incluso nula, dado que si las reservas
siguieran batiendo récords tendrían el argumento
de que el país contaría con los dólares
suficientes para honrar sus compromisos sin ningún tipo
de quita. Algunos acreedores de otros países, por ejemplo,
de Perú, han logrado eso en el pasado y algunos estudios
jurídicos radicados en Buenos Aires así como algunas
consultoras radicadas por algunos argentinos en EE.UU. estarían
detrás de esta inmensa maniobra que beneficiaría
a los fondos buitre y a muchos que han comprado papeles de deuda
argentina por centavos y perjudicaría seriamente al país,
que quedaría con una deuda externa muy superior a la
que resultaría si se procede a resolver la parte de la
deuda que falta renegociar desde una posición de dureza
y mientras las reservas aún no alcanzan cifras mayores.
A no confundirse entonces, a quienes se consideran a sí
mismos auténticos y genuinos opositores del kirchnerismo,
lo que les conviene es dejar que el Gobierno pueda resolver
lo más rápido y lo mejor posible el tema de la
deuda con la mayor quita posible, nunca menos del 65%. De otra
manera, si alguna parte de la oposición ganara las elecciones
en 2011, serán ellos quienes deban negociar este espinoso
tema que se les puede transformar en un terrible dolor de cabeza
si no logran imponer una quita al menos igual a la lograda en
2005, cuando el Banco Central tenía muchos menos dólares
y el país aún estaba cerca del desastre de 2001-2002.
Hay que resaltar que por eso es que en 2005 aún resultaba
más fácil negociar quitas tan elevadas. Con el
paso del tiempo es cada vez más difícil porque
las reservas suben y el país va saliendo de lo peor de
su crisis.
Vale la pena meditar un minuto acerca de las muy peligrosas
consecuencias que tendría para el país aceptar
una quita menor al 65% para el remanente de la deuda. Todos
quienes aceptaron la renegociación de 2005 podrían
accionar judicialmente contra la Argentina y eventualmente ganar
esos juicios, lo que significaría un gran aumento en
nuestra deuda externa sin ningún tipo de beneficio. Perderíamos
todos. Aunque parezca paradójico entonces, hay que concluir
que tanto al Gobierno como a la oposición genuina, la
que se opone de buena fe, que sin duda debe ser una parte muy
mayoritaria de ella, les conviene lo mismo en lo que se refiere
a este tema en particular: o sea, que se termine cuanto antes
la renegociación, y que la Argentina quede con la menor
deuda posible, negociada en los mejores términos posibles.
Para ello es imprescindible que la oposición comprenda
que está siendo utilizada y manipulada por un reducido
núcleo de argentinos que están operando y maniobrando
hábilmente contra la Argentina, a favor de especuladores
externos que compraron deuda por centavos y de fondos buitre.