Macri acusa a los Kirchner. "Están detrás
de la ridícula causa en contra mio por las supuestas
escuchas ilegales" dice el Jefe de Gobierno. Sus dichos
no superan la mera especulación política. Sin
embargo una serie de elucubraciones nos ha permitido organizar
el siguiente guión con la intención de darle carnadura
a las sospechas de Mauricio. Renunciamos a copyright alguno.
El material es de libre reproducción, incluso para Durán
Barba.
El revés de la trama
La truculenta iniciativa arrancaría con la destitución
de la Policía Federal de Jorge “El Fino”
Palacios en 2004. Se habría tratado en realidad de un
arreglo. La idea sería tenerlo como reserva para futuras
operaciones. Y no tardaría en presentarse la primera
oportunidad. Enterado Kirchner de las apetencias políticas
de Macri habría instruido al Fino para que estreche vínculos
con él. Haciendo valer el rol de liberador del joven
Mauricio de su cautiverio, el Fino le pide conchabo como director
de seguridad del Club. El Presidente de Boca accede y allí
comienza a consolidarse la amistad entre ambos. Genuina de parte
de uno, pero artificiosa y torva del otro, el espía kirchnerista
infiltrado en Boca.
Llegaría finalmente la prueba de fuego para Jorge Palacios.
Macri confía ciegamente en él. Lo nombrará
como titular de la Policía Metropolitana. Sus credenciales
como profesional de primera línea habían sido
revalidadas con sendos galardones de la DEA y el Estado de Israel,
méritos que ningún otro policía haya conseguido
jamás.
Hay que mencionar, sin embargo, que el ex comisario tenía
alguna que otra cuestión pendiente con la Justicia local.
Hubo desprolijidades de su parte en el manejo de la investigación
en el atentado contra la AMIA y Palacios termina siendo procesado
por el juez federal Ariel Lijo. Mauricio no lo puede creer y
tiene que resignar a su mejor hombre, sin saber que en realidad
se estaba desprendiendo de un espía kirchnerista infiltrado
en su gobierno.
También ignoraba el Jefe de Gobierno la bomba de tiempo
que le dejaba el Fino: una estructura de inteligencia destinada
a comprometer su gestión y hacerlo aparecer como partícipe
de una asociación ilícita. Aquí vale un
tirón de orejas a Mauricio: el exceso de bohonomía
y credulidad –propias de un emprendedor honesto y exitoso–
son un obstáculo en el sucio mundo de la política
(o la “politiquería” como el mismo acostumbra
a denostar con justa razón).
La pata judicial de la conspiración
K
Pero la historia del increíble armado pergeñado
por Néstor Krchner tiene una pata judicial, sin cuya
participación, la arremetida contra el empresario no
hubiera prosperado. ¿A qué juez recurrirá
el ex Presidente? A uno que tiene un pasado contaminado con
escándalo sexual (lo recordó Macri al anunciar
su recusación) y un presente con fallos pro K: se trata
del Juez Oyarbide. (La causa contra Jaime en su Juzgado sería
una mera cortina de humo).
El juez federal lo procesa entonces como partícipe de
una asociación ilícita con fundamento en dos circunstancias:
las supuestas intervenciones amparadas o solicitadas por Macri
del teléfono de Sergio Burstein de Familiares de la AMIA
y el del extravagante parapsicólogo Néstor Leonardo.
Aquí vale tomar partido en favor de Mauricio, ¿Quién
no se jugaría para defender a la propia hermana de uno,
si tuvo la mala idea de contraer matrimonio con un advenedizo
caza fortunas? Palabras más palabras menos, ésta
es la médula de la confesión de Mauricio a Gabriela
Cerruti en una serie de charlas para el libro El Pibe, de la
legisladora y ex periodista.
Burstein: un aliado K
El caso Burstein es harina de otro costal y para iluminar la
escena vaya este dato: Burstein se convirtió al kirchnerismo
después que los K compraran la pista iraní, tan
cara a los familiares de víctimas de la voladura de la
mutual judía.
Nobleza obliga, Sergio Burstein anuncia que le han pinchado
uno de sus teléfonos, la señal de partida para
poner al descubierto la supuesta participación necesaria
de Macri. Del cruce de llamadas surge un celular de Ciro James,
a su vez hombre de confianza de Jorge Palacios, implantado por
éste como eje de toda la oscura (aunque brillante en
términos de astucia) maniobra de Kirchner. Lamentablemente,
como resultado de su obediencia debida tanto Ciro James como
Palacios están presos, pero si fueran condenados en juicio
Néstor instruiría a la presidenta para que emita
el respectivo perdón presidencial al día siguiente.
No le quepa duda.
Una incógnita: el rol de los jueces
misioneros
No queda claro el rol de los jueces misioneros Rey y Gallardo
en esta historia. ¿Habrá sido Kirchner quien les
pide su participación? Si así fuera ¿son
entonces parte del complot? ¿Qué móvil
habrán tenido aquellos para arriesgarse a legitimar los
pedidos de escuchas solicitados a la SIDE en decenas de oportunidades,
implicando a Burstein, abogados y empresarios en causas por
robo y/o asesinato para justificar los pedidos de intervención
oficial?
Aquí la cuestión no cierra, ya que quien tiene
vínculos con políticos y empresarios en Misiones
es Macri, no Kirchner. Macri pensó en su momento presentarse
como senador por Misiones, de la mano de su amigo, el ex gobernador
de la provincia Ramón Puerta y, entre otros contactos
logrados en la época que ganaba licitaciones como titular
de la empresa Socma, emplea actualmente como presidente de la
Corporación Buenos Aires Sur y jefe de su campaña
política 2011 a Humberto Schiavoni hijo. Humberto Schiavoni
padre fue uno de los dos integrantes del jury misionero que
votó en contra (hubo otros cinco votos a favor) de la
destitución de los ex jueces investigados por haber permitido
las escuchas ilegales contra familiares de víctimas de
la AMIA.
En la página 122 de la sentencia de procesamiento a
Macri, Oyarbide transcribe declaraciones de Gabriela Cerruti:
El capítulo misionero es, sin dudas, el eslabón
más débil en la hipótesis de conspiración
kirchnerista. Pero la caja de los K es tan enorme como su odio
contra Macri, y no hay que descartar que haya entrado en juego
para tentar a los ex magistrados.
Mauricio y el 2011
Como quiera que sea la destitución de Oyarbide parece
estar a la vuelta de la esquina. Macri acaba de presentar una
prueba irrefutable de la conspiración kirchnerista contra
el jefe de gobierno. En una conversación que el senador
Maya sostuvo con Oyarbide en noviembre del año pasado,
éste (en un arrebato de sinceridad, impropio de su investidura)
le habría confesado estar presionado para “llevarse
puesto a Macri”. Aunque no haya testigos, la prueba es
contundente. Todo lo demás es cartón pintado.
¿Marcará ésto el principio del fin de la
era K y la definitiva consolidación de la gran esperanza
blanca para las presidenciales 2011?