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11/01/2011
El izquierdismo
Por Germán Herrera ( Juventud Carta Abierta Mendoza)

En éstos tiempos en los que el campo popular ha logrado avances significativos, con sus idas y vueltas, con sus limitaciones y contradicciones, la discusión abierta con algunos sectores de la izquierda que claramente representan lo que Lenin denominara izquierdismo, como enfermedad infantil del comunismo, es fundamental, ya que está en juego la formación de la juventud en una militancia seria, responsable y comprometida, en contraposición a una militancia basada en la creencia de que vivimos en una permanente situación pre-revolucionaria, la cual conlleva lecturas simples y lineales de la realidad que consideran que el poder solamente se encuentra en el Estado "burgués" y por ende de un solo asalto el mismo puede ser tomado.

El trotskysmo argentino, movimiento de la pequeña burguesía, o como últimamente fuera definido por Horacio Vertbisky, de la clase media radicalizada, ha demostrado a lo largo de éstos años algunas posiciones infantiles que se apoyan en lecturas muy limitadas sobre la situación política actual y en la no comprensión de las transformaciones y características particulares de la sociedad contemporánea, sumadas a una total incomprensión de las especificidades de nuestra Laninoamérica. Todo esto da como resultado una visión anacrónica sobre la transformación revolucionaria de la sociedad.

El concepto de hegemonía, estrechamente ligado con la estrategia de la guerra de posiciones desarrollado por Gramsci viene al caso. Portantiero señalaba que "el principal supuesto de ésta estrategia es que el poder no se "toma" a través de un asalto porque el mismo no está concentrado en una sola institución, el estado-gobierno, sino que está diseminado en infinidad de trincheras. La revolución es así un proceso social, en el que el poder se conquista a través de una sucesión de crisis políticas cada vez más graves, en las que el sistema de dominación se va disgregando, perdiendo apoyos, consenso y legitimidad, mientras las fuerzas revolucionarias concentran crecientemente su hegemonía sobre el pueblo, acumulan fuerzas, ganan aliados, cambian, en fin, las relaciones de fuerza."

El modelo neoliberal instaurado por la última dictadura cívico-militar y profundizado por los sucesivos gobiernos democráticos es el sistema de dominación que entra en crisis y que estalla finalmente en el 2001, disgregándose, perdiendo apoyos, consenso y legitimidad. En ese marco irrumpe el kirchnerismo para comenzar a dar sepultura al modelo neoliberal (aunque aún no del todo), cambiando las relaciones de fuerza, pero no por el hecho de haber llegado al "poder", al estado-gobierno, sino por dar batalla en las distintas trincheras en las que los poderes fácticos, los poderes que siempre gobernaron y que nadie votó, se encuentran establecidos. Batalla contra los medios de comunicación hegemónicos, a través de la ley de medios; contra los sectores más reaccionarios de las distintas iglesias, con la ley de matrimonio igualitario; contra la oligarquía terrateniente, por medio de la discusión abierta con la 125 y poniendo límites a la voracidad de éstos sectores a través del aumento de las retenciones; contra las castas militares fascistas y golpistas, a través de los juicios contra los represores que perpetraron los más terribles crímenes. En todos éstos terrenos aún falta demasiado por hacer, pero fue el kirchnerismo el que puso en discusión el poder de todos y cada uno de esos sectores, y no la "izquierda revolucionaria", que no pudo ganar ni un mínimo de legitimidad aún en la situación del estallido de la crisis de 2001, donde eran echados de las asambleas populares. Si ni siquiera en esa situación lograron un mínimo de consenso en la sociedad, es más difícil que lo logren ahora.

La nula comprensión de las distintas batallas que el kirchnerismo ha comenzado a dar contra los poderes fácticos diseminados en infinitas trincheras de la sociedad, lleva al izquierdismo a sostener posiciones cómodas y ficticias, y a negar y a oponerse a todos los avances, inclusive los más evidentes como pueden ser la ley de medios o los juicios contra los represores, por considerarlos medidas de un Gobierno "burgués". Éste análisis tiene como conclusión la siguiente: que no ha existido ningún cambio sustancial con respecto al modelo neoliberal, y aún más, que el kirchnerismo representaría la continuación del mismo.

Ésta lectura es peligrosa porque lleva a que el izquierdismo mantenga acuerdos tácitos con la derecha golpista para fogonear el caos y desestabilizar, aunque con objetivos distintos. Lo peligroso de tal posición reside en que de ese caos no saldrá victoriosa la "revolución socialista", sino que abre el camino para la reinstauración conservadora de la derecha represiva, fascista, xenófoba y que reestablecerá una sociedad para unos pocos, tal como ya la conocimos.

Pero justamente la idea de que el kirchnerismo no representa una ruptura con el modelo neoliberal, sino que constituye su continuación, es lo que lleva al izquierdismo a combatir por igual o inclusive con más energía al proyecto nacional y popular que al duhaldismo, al macrismo o a las distintas vertientes de la derecha, porque sería el kirchnerismo quien se encuentra en el "poder", en el estado-gobierno, ignorando el poder subyacente y aún más fuerte de los poderes fácticos situados en las distintas trincheras de la sociedad. Ésto es responsabilidad exclusiva de las conducciones de los partidos izquierdistas, conducciones que no se renuevan desde la misma creación de éstos partidos (les gusta hablar de democracia de base, pero no practicarla).

Estamos de acuerdo con que falta mucho por hacer, por las innumerables injusticias existentes aún en nuestro país, pero debemos defender y profundizar los innegables cambios que se produjeron desde 2003 hasta la fecha como la reducción de la pobreza, de la indigencia, del desempleo, de la mortalidad infantil, de la desigualdad social, etc. Es por todos estos avances que la derecha sabe claramente que en éste momento el kirchnerismo es el enemigo a vencer, y la derecha raramente se equivoca, en cambio el izquierdismo vive en una confusión permanente. Por lo pronto la tarea seguirá siendo darle batalla a todos los poderes fácticos y a todas las injusticias aún existentes, inclusive dentro del mismo kirchnerismo, pero ésta batalla se debe dar siempre en el marco del proyecto nacional y popular con la conducción indiscutible de la compañera Cristina. Dentro del proyecto todo, fuera del proyecto nada.