Por Natalia Leiva
Hace un año atrás, los argentinos nos preparábamos
para participar de un nuevo Censo Nacional de Población.
pero la mañana del 27 de octubre de 2010 nos encontró
con una noticia inesperada: la muerte del ex presidente Néstor
Kirchner.
El hecho conmovió a toda la opinión pública
nacional. El hombre que había marcado un momento histórico
en la política argentina al enfrentarse contra el campo,
el Ejército, la Iglesia y con los medios de comunicación,
había sufrido una descompensación cardiaca.
A partir de su muerte no tardaron en circular diferentes versiones
sobre el nuevo mapa del poder político nacional. Al mismo
tiempo que muchos sectores auguraban el fin de la política
K, la ciudad se iba empapando de mensajes alentadores dirigidos
a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. “Fuerza
Cristina” y “Néstor Vive” fueron de
los más repetidos.
La herencia que Kirchner recibió el 25 de mayo de 2003
fue una deuda que ascendía a 178.000 millones de dólares
acompañado de uno de los índices de paro, pobreza
y marginación social más altos de la historia
argentina.
Desde el primer momento encaró, con decisión
y firmeza, la compleja situación del país priorizando
los derechos humanos, la lucha contra la corrupción y
la revisión de las políticas económicas
neoliberales.
Aquel 27 de octubre, una concentración de jóvenes,
niños, hombres y mujeres de todas las edades colmaron
la Plaza de Mayo de manera espontánea para despedir a
quien fuera el hombre que devolvió al pueblo las ganas
de confiar nuevamente en la política. Se acercaban llenos
de tristeza para dar su respaldo a la Presidenta, recordar a
Néstor y dejar flores, fotos e imágenes.
En la Casa Rosada fue declarado un duelo de dos días.
Una multitud de personas despedía con lágrimas
y un largo adiós al mentor de un cambio político
que llevó al pueblo a retomar las viejas banderas para
llevarlas a la victoria. Pronto se vivió un clima de
compromiso con Cristina Fernández demostrado a través
de gritos de aliento y palabras de fuerza.
El no respetaba protocolos. Consciente de que mejorar la vida
de los que menos tienen es blanco fácil de conflicto,
apostó al cambio e inició el arduo trabajo de
la reparación social.
Llevó adelante una activa política para promover
los Derechos Humanos e impulsó el enjuiciamiento a los
responsables por crímenes de lesa humanidad ocurridos
durante los años 70 realizados por el gobierno del Proceso
de Reorganización Nacional.
Muy pocos hombres o mujeres de la política argentina
fueron despedidos como él, entre abrazos, lágrimas
y acompañado por miles de jóvenes que recobraron
el interés político al sentir que un nuevo modelo
era posible.
En Río Gallegos se construyó un mausoleo que
será inaugurado este jueves 27. El mismo, medirá
13 metros de largo por 15 metros de ancho y 11 metros de altura.
Allí descansarán los restos del ex presidente
que hoy se encuentran en un panteón familiar a 200 metros
del lugar.
Al cumplirse un año de su fallecimiento, no quedan más
que palabras de agradecimiento por aquel hombre que dio su vida
por la política, que inició el arduo trabajo de
reconversión social, abrió nuevos caminos de lucha
y emprendió la hermandad de los países latinoamericanos.
Con él en el poder, progresivamente, el país
fue recuperando su pulso vital. El nuevo rumbo económico
que había tomado el país se fue afianzando a lo
largo de los cuatro años de su gobierno. ¡Gracias
Néstor! (Télam).-