Por Eduardo Franco
El 27 de noviembre de 2010, quedó marcado en la historia
de nuestro país. Néstor Carlos Kirchner, fallecía
a los 60 años en la Ciudad de El Calafate (Provincia de
Santa Cruz) como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio.
En ese momento lo acompañaba su esposa Cristina Fernández
de Kirchner.
Ni su deteriorado estado de salud, frenó a ese ser con
una vocación política pura. Centenares de miles
de personas acudieron a brindarle su cariño, respeto
y agradecimiento. La Plaza de Mayo se unía en un gran
sentimiento de dolor y en búsqueda de una respuesta al
deceso de ese hombre que cambió sus vidas.
Lágrimas, aplausos y cánticos de recuerdo sonaron
durante dos largos días. La gente se agolpaba en las
puertas de la casa de Gobierno para poder darle el ultimo adiós,
el hasta siempre. Flores, pancartas, banderas hechas a pulso
por las personas que peregrinaban por la avenida de Mayo daban
cuenta de tamaño dolor.
Líder por naturaleza, luchó por la integración
de los países de América del Sur. Con la creación
de la UNASUR ocupó el cargo de secretario general y,
en su corto lapso, ayudó a resolver diversos conflictos
que se presentaron en la zona.
Es así que siete países sudamericanos brindaron
su respeto decretando duelo oficial: Brasil, Venezuela, Paraguay,
Uruguay, Colombia, Chile y Perú.
Es que resultan innegables las acciones de tipo socio-político-económicas
que se adoptaron durante su mandato, en el que logró
remontar las anteriores gestiones en las cuales se aplicaron
políticas neoliberales que llevaron a declarar a la Argentina
en default.
La política sufría una ruptura con la sociedad
allá por diciembre de 2001. Con la llegada del casi desconocido
político oriundo de Santa Cruz en el año 2003,
se abría otro interrogante: ¿Cuál sería
el rumbo que tomaría para recuperar a un país
desvastado y con creencias nulas por parte de la sociedad?
Ni bien asumió Kirchner comenzó a salirse del
protocolo presidencial y se fusionaba entre abrazos y pedidos
de las personas que asistían a los actos. Esta actitud,
muchas veces criticada, fue la que repitió en infinidad
de oportunidades y con la cual el pueblo comenzaba a identificarse.
Sin lugar a dudas dejó marcada su huella en la política,
tomó a los derechos humanos como bandera y se comprometió
con todos los organismos que se veían relegados.
La lucha contra la pobreza era, en ese entonces, un problema
muy serio y logró combatirla aplicando medidas que favorecieron
a la industria nacional. Así se fueron recuperando poco
a poco las empresas que se habían cerrado.
Fueron muchas las acciones que ayudaron a que la política
vuelva a tener un espacio de interés por parte de gran
parte de la sociedad. El crecimiento del PBI, el de las reservas,
y el superávit fiscal, la liquidación de la deuda
que mantenía el país con el fondo monetario internacional,
entre otras.
Hoy en día son muchas las agrupaciones integradas por
jóvenes recientemente incorporados a la vida política.
Es que ha quedado demostrado que política no es mala
palabra.
Las transformaciones muchas veces llevan a tener un arco opositor
en el cual lo único que prevalece son los intereses propios
y donde se minimizan los avances que tanto costaron obtener.
No es casualidad que el domingo 23 de octubre más de
la mitad de la población Argentina volvió a optar
por seguir profundizando el modelo de país que se viene
implantando desde la asunción de Kirchner en mayo del
2003.
En tiempos de crisis mundial, nos encontramos en una posición
inmejorable. Definitivamente a Néstor Kirchner se lo
reconocerá más aún con el paso de los años.
“Hay personas que mueren y hay otras que dan la vida”
(Télam).