logo La Urdimbre
Revista
Sociedad
Ambiente
Cultura
D.Humanos
Especiales
Salud
Vida urbana
Buscar
27/10/2011
ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE NÉSTOR KIRCHNER
Un fuego difícil de apagar
Por Emiliano Vidal

¿Qué legado dejó Néstor Kirchner? En lo formal, un estilo diferente desde los actos políticos a la birome con la que solía firmar los actos administrativos —mocasines, traje cruzado y hasta esa popular lapicera están expuestos a modo de síntesis en el Museo del Bicentenario, en la ex Aduana de Taylor— podrían demostrar que no hubo otro como él en la Casa Rosada.

Pero esa vidriera, atractiva y sorprendente, fue la invitación a un interior profundo con el que se abrió el siglo nuevo en la Argentina. Humanizar una gestión de Gobierno después de padecer durante demasiado tiempo lo contrario, pudo haber sido una consigna de campaña pero no lo fue. Simplemente Kirchner se dejó ver y fue comenzando a ser Néstor. Así arrancó ese mismo 25 de mayo de 2003 al asumir la primera magistratura, jugando como un chico desde el estrado de la Asamblea Legislativa con el bastón de mando.

Eso sólo habría bastado para comprender que con él llegaba un Presidente que las nuevas generaciones comenzarían a mirar sin indiferencia.

Era el nuevo Presidente de un país rico que había sido mal gobernado, sujeto a los dictados del FMI y que, por ello, había estallado de indignación el 20 de diciembre de 2001, el país que en un gran esfuerzo político e institucional para emerger del fuego se había devorado cinco presidentes en menos de diez días.

“Me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a los que no pienso dejar en las puertas de la Casa Rosada”, dijo en su discurso de asunción.

“Vengo a proponerles -definió— un sueño que es el de volver a tener una Argentina con todos y para todos. Que recordemos los sueños de nuestros patriotas fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros, de nuestra generación que puso todo y dejó todo pensando en un país de iguales”.

Llegar con poco más del 22 por ciento de los votos por deserción de su oponente que rehusó afrontar la categórica derrota que le aguardaba en el balotaje, lo empujaba a ganar credibilidad y, al mismo tiempo, construir poder en un momento muy difícil para la Argentina.

Kirchner tomó el Estado como herramienta reparadora de las desigualdades de clases con dos objetivos: la recuperación del trabajo y el pleno empleo. Se derogó la ley laboral de los sobornos en el Senado, se volvió al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil y se fortaleció la inclusión social, la educación y la vivienda.

“Antes de Kirchner, era la noche. Yo recuerdo a la Argentina arrodillada”, dijo su amigo, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en la tarea de construir una gran unión sudamericana de las naciones. Con Kirchner se encendió la llama contra todo ataque a la democracia americana.

“No nos van a patotear”, le dijo en la cara George Bush en Mar del Plata cuando Washington intentó imponer el ALCA. Una definición coherente con la ayuda a la Cuba de Fidel Castro, al acuerdo con Lula en Brasil, al impulso al triunfo de Tabaré y después de Mujica en Uruguay; la misma línea seguida como secretario de la Unasur, cuando organizó la solidaridad con Ecuador frente a intento golpista contra Rafael Correa y también como mediador de paz en Colombia y promotor de la defensa de Evo Morales contra la derecha racista boliviana.

En los primeros meses de su Gobierno reorientó a las Fuerzas Armadas, dignificó promoviendo la renovación de la Corte Suprema de Justicia -no sin resistencia por parte de los magistrados menemistas—, transparentó el PAMI, abrió las puertas del Gobierno a las Madres de Plaza de Mayo y puso fin a las leyes de la impunidad, que habían sido derogadas en el 2000.

Pero con su determinación de anularlas y el apoyo de ambas Cámaras el Congreso puso fin a los efectos benéficos para represores criminales de esas normas del tiempo de Raúl Alfonsín, lo cual abrió definitivamente los juicios que transcurren en la actualidad. Fue también él quien logró del Parlamento la ratificación de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas Contra las Desapariciones Forzadas.

“Sabemos a dónde vamos y sabemos a dónde no queremos ir o volver”, dijo también en su memorable discurso inaugural de su gestión.

Dice Eduardo Galeano que hay fuegos humanos que son difíciles de apagar porque arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear.Lo dijo con motivo de la muerte del ex Presidente. Ese fuego ilumina hoy el camino de miles y miles de jóvenes (Télam).