A pocas horas de la terrible tragedia de la
estación Once, Mauricio Macri se presentó a una
conferencia de prensa para rechazar el traspaso del subterráneo
desde la órbita del Estado Nacional al porteño.
Alegó razones de seguridad cuando todavía estaban
en carne viva de la sensibilidad ciudadana las escenas de la masacre
que costó la vida de 51 pasajeros en el choque de la formación
ferroviaria contra la Estación terminal del ex ferrocarril
Sarmiento y dejó a otros 700 con heridas de diversa consideración.
La presentación de Mauricio Macri ¿Fue un reflejo
incontrolado del botón antipánico o una jugada
cuidadosamente planeada, que evoca la arremetida contra Ibarra
tras los sucesos de Cromagnon? Si se tratase de lo primero estaríamos
frente a un Jefe de Gobierno que se descontrola fácilmente
y dejaría expuesto un flanco muy vulnerable, impropio
de un gobernante que aspira a ser presidente. La iniciativa
política para pegarle al gobierno nacional, como antes
lo hizo en la Ciudad con su antecesor en el cargo, en cambio,
resulta más verosímil. Sólo que la jugada
no ha sido mensurada en todas sus consecuencias.
Por empezar el Jefe de Gobierno firmó un acta acuerdo
el 3 de enero aceptando el traspaso del subte a la Ciudad y
lo perfeccionó haciendo uso de su recién adquirida
“potestad tarifaria” con el aumento del 127% que
aplicó de inmediato al costo de un pasaje que pasó
de $ 1,10 a $ 2,50..
“La Ciudad ratifica en este acto la decisión de
aceptar la transferencia de la Red de Subterráneos de
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires” dice el artículo
primero de dicho acuerdo y el segundo: “En consecuencia,
la Ciudad asume a partir de la firma del presente el control
y fiscalización en su totalidad así como el íntegro
ejercicio de fijar las tarifas del servicio, incluyendo la facultad
de establecerlas por decisión unilateral”.
El convenio fue firmado luego de arduas negociaciones entre
las partes. Durante esos encuentros los representantes del macrismo
tuvieron amplias posibilidades de expresar su preocupación
por el estado del material rodante y del equipamiento en general.
Pero en el Acta no hay una sola palabra que lo refleje. Sin
embargo, el macrismo pareció haber hecho la asociación
entre “material rodante defectuoso o sin adecuado mantenimiento”
después que chocara el tren en Once y con ello el Jefe
de Gobierno se habría sentido justificado en defender
la “seguridad de la gente” que viaja en subte, o
más bien habría sido asesorado para que aprovechara
políticamente la tragedia y así ganar unos puntos
con miras al 2015.
A las críticas que ha ido cosechando el abrupto intento
de desentenderse de una obligación contractual (posible
sólo por el acompañamiento mediático irrestricto
del emporio Clarín y el diario La Nación) se sumó
Metrovías, concesionaria de los subterráneos de
Buenos Aires. La empresa “salió al cruce de un
informe elaborado por el Ente Único Regulador de Servicios
Públicos de la Ciudad de Buenos Aires, en el que se detallan
más de 11 mil fallas en la prestación del servicio
y aseguraron que el documento “refiere a cuestiones que
no tienen relación directa alguna con la seguridad operativa
del servicio” (Ámbito Financiero 03/03/12)
Para la empresa, el informe del Ente –al cual no reconoce
como organismo “competente” de fiscalización
y sostiene que la Comisión Nacional Reguladora del Transporte
es la encargada de controlar la concesión– “
aborda cuestiones accesorias, tales como la rotura de un vidrio
en una boletería, o la falta de funcionamiento de lamparitas
sobre las formaciones, cuestiones resueltas por la noche (el
mantemiento de las instalaciones fijas en el Subte se realiza
fuera del horario de servicio)”.
De este modo, Metrovías, concesionaria desde hace 18
años del subterráneo, sale por segunda vez al
cruce del gobierno porteño. El jueves 1 de marzo negó
“enfáticamente las afirmaciones realizadas por
diversas autoridades del Gobierno de la Ciudad en relación
a que ‘el subte tiene graves problemas en su funcionamiento
y además es inseguro’”. Tanto Macri como
el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez
Larreta, habían advertido sobre la posibilidad de un
accidente en el subte similar al protagonizado por la formación
de la ex Sarmiento en la estación Once.
La otra seguridad
Días después de la primera conferencia Macri se
presenta a una segunda. Allí, el discurso es otro: le
sacan la custodia policial de las estaciones y “la gente”
queda inerme por culpa de Nilda Garré, quien le había
dado un plazo de 30 días para reemplazar con metropolitanos
a unos 200 policías federales.
La negativa desnuda la incapacidad (o el capricho político)
de resolver una situación aparentemente sencilla. Destinar
una par de agentes de la Metropolitana a cada una de las 91
estaciones del subterráneo luce como trámite menor.
Pero la iniciativa oficial también expone el comienzo
de la embestida del gobierno nacional que por estos días
se ha ido potenciando bajo el efecto bola de nieve. ¿Hubiera
podido Macri argumentar desprotección si en lugar de
anunciar el retiro de todos los efectivos de un saque, Garré
le hubiera ofrecido un plan con cómodas cuotas, digamos
10% mensual? ¿Cuáles son las tareas que Nilda
Garré tiene pensado para esos efectivos que están
(aún después de un nuevo plazo de 30 días)
cuidando las estaciones, que hubieran impedido un retiro gradual
a razón de una veintena por mes?
Pero la realidad es que el Acta tampoco nada dice respecto
a la seguridad policial en el subterráneo. Por default
se entiende que es resorte del Administrador, como lo son el
mantenimiento de las unidades, la limpieza de la estaciones,
etc., etc. sea que las realice directamente o, como es el caso
de la mayoría de las atribuciones, a través de
un concesionario.
La cuestión federal
La (a todas luces desafortunada) iniciativa de Mauricio Macri
ofrece otro flanco. Tiene que ver con la relación entre
las provincias y la Nación. La Ciudad Autónoma
es otra provincia con un nombre diferente. A ninguna provincia
el Estado nacional le mantiene el sistema de transporte. La
seguridad tampoco. Tanto uno como otra son resortes de los gobiernos
locales. La insistencia de Macri en no hacerse cargo de lo que
le corresponde (el subte depende de la Ciudad, lo establece
la Constitución porteña y en el año 2000
la Legislatura avaló el pase de los subterráneos
a la Ciudad), le crea una situación incómoda.
Quiere convertir al PRO en un partido de alcance nacional y
arranca con el pie izquierdo, si se nos permite la boutade.
Los votantes del interior ven con muy malos ojos las ventajas
de todo tipo que tenemos los porteños, habitantes del
conglomerado urbano más rico del país, como para
acompañar a quien insiste en aumentarlas.
Roberto Bacman del Centro de Estudios de Opinión Pública
(CEOP), lo refleja en estos términos: “A nivel
nacional el tema de los subtes perjudicó a Macri, porque
el mensaje de que no está en condiciones de manejar los
subtes lo golpea. Es obvio que el candidato del PRO necesita
un anclaje nacional, alianzas, pero para eso tiene que pasar
por encima de la noción de que es un intendente y no
puede mostrarse como alguien que tiene dificultades para manejar
tal o cual cosa. En este terreno sigue ocurriendo lo mismo que
en octubre: no hay una alternativa de oposición.”
Contraofensiva
El macrismo presentó una medida de no innovar en la justicia
local, con escasas chances de obtener un amparo; todos los constitucionalistas
–incluso los que suelen opinar en contra del gobierno
nacional– sostienen la improcedencia de romper arbitrariamente
un contrato firmado.
La respuesta del gobierno nacional fue de orden político:
Cristina Fernández envió a la Cámara de
Senadores el proyecto de ley para la transferencia del subterráneo
de la Ciudad y –para sorpresa de todos– agregó
también las líneas de colectivos con cabecera
y terminal dentro de los límites de la Ciudad Autónoma.
Todas las líneas de colectivos, sean las que circulan
en la Ciudad como las que realizan viajes interurbanos, son
fiscalizadas por la Secretaría de Transporte de La Nación.
La potestad de controlarlas es una vieja aspiración de
los gobiernos locales: actualmente la Ciudad no puede siquiera
cambiar un recorrido. Teóricamente debería ser
una buena noticia en tanto aumenta las prerrogativas de una
ciudad autónoma.
Sin embargo, no hubo conversaciones previas; la Presidenta
redobló la apuesta en una confrontación que parece
encaminarse a un endurecimiento mayor de las partes. En el caso
de los colectivos, algunos observadores opinan que también
deberá intervenir la Legislatura y no es descabellado
suponer que la Corte sea el árbitro final.
La otra cuestión inquietante es la perspectiva del aumento
desmedido en el boleto, esta vez en el transporte colectivo
que circula dentro de los límites de la Ciudad. Ya Macri
lo aplicó en el subte sin anestesia, siendo que el gobierno
nacional aun mantiene la mitad del subsidio en ese medio.
Como quiera que sea, la calidad institucional se debilita.
Sin reparar en el daño eventual, un candidato a competir
por la presidencia en 2015 pone en marcha un proceso de características
temerarias y final incierto. Del otro lado, munición
gruesa; no vaya a ser que parezcamos navegar al garete, sin
nadie firme al timón. En el medio gente de a pié
preocupada por el descenlace.