logo La Urdimbre
Revista
Sociedad
Ambiente
Cultura
D.Humanos
Especiales
Salud
Vida urbana
Buscar
13/03/2012
Acerca del subte y otras confrontaciones
Por Alfredo Roberti

A pocas horas de la terrible tragedia de la estación Once, Mauricio Macri se presentó a una conferencia de prensa para rechazar el traspaso del subterráneo desde la órbita del Estado Nacional al porteño.

Alegó razones de seguridad cuando todavía estaban en carne viva de la sensibilidad ciudadana las escenas de la masacre que costó la vida de 51 pasajeros en el choque de la formación ferroviaria contra la Estación terminal del ex ferrocarril Sarmiento y dejó a otros 700 con heridas de diversa consideración.

La presentación de Mauricio Macri ¿Fue un reflejo incontrolado del botón antipánico o una jugada cuidadosamente planeada, que evoca la arremetida contra Ibarra tras los sucesos de Cromagnon? Si se tratase de lo primero estaríamos frente a un Jefe de Gobierno que se descontrola fácilmente y dejaría expuesto un flanco muy vulnerable, impropio de un gobernante que aspira a ser presidente. La iniciativa política para pegarle al gobierno nacional, como antes lo hizo en la Ciudad con su antecesor en el cargo, en cambio, resulta más verosímil. Sólo que la jugada no ha sido mensurada en todas sus consecuencias.

Por empezar el Jefe de Gobierno firmó un acta acuerdo el 3 de enero aceptando el traspaso del subte a la Ciudad y lo perfeccionó haciendo uso de su recién adquirida “potestad tarifaria” con el aumento del 127% que aplicó de inmediato al costo de un pasaje que pasó de $ 1,10 a $ 2,50..

“La Ciudad ratifica en este acto la decisión de aceptar la transferencia de la Red de Subterráneos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires” dice el artículo primero de dicho acuerdo y el segundo: “En consecuencia, la Ciudad asume a partir de la firma del presente el control y fiscalización en su totalidad así como el íntegro ejercicio de fijar las tarifas del servicio, incluyendo la facultad de establecerlas por decisión unilateral”.

El convenio fue firmado luego de arduas negociaciones entre las partes. Durante esos encuentros los representantes del macrismo tuvieron amplias posibilidades de expresar su preocupación por el estado del material rodante y del equipamiento en general. Pero en el Acta no hay una sola palabra que lo refleje. Sin embargo, el macrismo pareció haber hecho la asociación entre “material rodante defectuoso o sin adecuado mantenimiento” después que chocara el tren en Once y con ello el Jefe de Gobierno se habría sentido justificado en defender la “seguridad de la gente” que viaja en subte, o más bien habría sido asesorado para que aprovechara políticamente la tragedia y así ganar unos puntos con miras al 2015.

A las críticas que ha ido cosechando el abrupto intento de desentenderse de una obligación contractual (posible sólo por el acompañamiento mediático irrestricto del emporio Clarín y el diario La Nación) se sumó Metrovías, concesionaria de los subterráneos de Buenos Aires. La empresa “salió al cruce de un informe elaborado por el Ente Único Regulador de Servicios Públicos de la Ciudad de Buenos Aires, en el que se detallan más de 11 mil fallas en la prestación del servicio y aseguraron que el documento “refiere a cuestiones que no tienen relación directa alguna con la seguridad operativa del servicio” (Ámbito Financiero 03/03/12)

Para la empresa, el informe del Ente –al cual no reconoce como organismo “competente” de fiscalización y sostiene que la Comisión Nacional Reguladora del Transporte es la encargada de controlar la concesión– “ aborda cuestiones accesorias, tales como la rotura de un vidrio en una boletería, o la falta de funcionamiento de lamparitas sobre las formaciones, cuestiones resueltas por la noche (el mantemiento de las instalaciones fijas en el Subte se realiza fuera del horario de servicio)”.
De este modo, Metrovías, concesionaria desde hace 18 años del subterráneo, sale por segunda vez al cruce del gobierno porteño. El jueves 1 de marzo negó “enfáticamente las afirmaciones realizadas por diversas autoridades del Gobierno de la Ciudad en relación a que ‘el subte tiene graves problemas en su funcionamiento y además es inseguro’”. Tanto Macri como el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, habían advertido sobre la posibilidad de un accidente en el subte similar al protagonizado por la formación de la ex Sarmiento en la estación Once.

La otra seguridad
Días después de la primera conferencia Macri se presenta a una segunda. Allí, el discurso es otro: le sacan la custodia policial de las estaciones y “la gente” queda inerme por culpa de Nilda Garré, quien le había dado un plazo de 30 días para reemplazar con metropolitanos a unos 200 policías federales.

La negativa desnuda la incapacidad (o el capricho político) de resolver una situación aparentemente sencilla. Destinar una par de agentes de la Metropolitana a cada una de las 91 estaciones del subterráneo luce como trámite menor. Pero la iniciativa oficial también expone el comienzo de la embestida del gobierno nacional que por estos días se ha ido potenciando bajo el efecto bola de nieve. ¿Hubiera podido Macri argumentar desprotección si en lugar de anunciar el retiro de todos los efectivos de un saque, Garré le hubiera ofrecido un plan con cómodas cuotas, digamos 10% mensual? ¿Cuáles son las tareas que Nilda Garré tiene pensado para esos efectivos que están (aún después de un nuevo plazo de 30 días) cuidando las estaciones, que hubieran impedido un retiro gradual a razón de una veintena por mes?

Pero la realidad es que el Acta tampoco nada dice respecto a la seguridad policial en el subterráneo. Por default se entiende que es resorte del Administrador, como lo son el mantenimiento de las unidades, la limpieza de la estaciones, etc., etc. sea que las realice directamente o, como es el caso de la mayoría de las atribuciones, a través de un concesionario.

La cuestión federal
La (a todas luces desafortunada) iniciativa de Mauricio Macri ofrece otro flanco. Tiene que ver con la relación entre las provincias y la Nación. La Ciudad Autónoma es otra provincia con un nombre diferente. A ninguna provincia el Estado nacional le mantiene el sistema de transporte. La seguridad tampoco. Tanto uno como otra son resortes de los gobiernos locales. La insistencia de Macri en no hacerse cargo de lo que le corresponde (el subte depende de la Ciudad, lo establece la Constitución porteña y en el año 2000 la Legislatura avaló el pase de los subterráneos a la Ciudad), le crea una situación incómoda. Quiere convertir al PRO en un partido de alcance nacional y arranca con el pie izquierdo, si se nos permite la boutade. Los votantes del interior ven con muy malos ojos las ventajas de todo tipo que tenemos los porteños, habitantes del conglomerado urbano más rico del país, como para acompañar a quien insiste en aumentarlas.

Roberto Bacman del Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), lo refleja en estos términos: “A nivel nacional el tema de los subtes perjudicó a Macri, porque el mensaje de que no está en condiciones de manejar los subtes lo golpea. Es obvio que el candidato del PRO necesita un anclaje nacional, alianzas, pero para eso tiene que pasar por encima de la noción de que es un intendente y no puede mostrarse como alguien que tiene dificultades para manejar tal o cual cosa. En este terreno sigue ocurriendo lo mismo que en octubre: no hay una alternativa de oposición.”

Contraofensiva
El macrismo presentó una medida de no innovar en la justicia local, con escasas chances de obtener un amparo; todos los constitucionalistas –incluso los que suelen opinar en contra del gobierno nacional– sostienen la improcedencia de romper arbitrariamente un contrato firmado.

La respuesta del gobierno nacional fue de orden político: Cristina Fernández envió a la Cámara de Senadores el proyecto de ley para la transferencia del subterráneo de la Ciudad y –para sorpresa de todos– agregó también las líneas de colectivos con cabecera y terminal dentro de los límites de la Ciudad Autónoma.

Todas las líneas de colectivos, sean las que circulan en la Ciudad como las que realizan viajes interurbanos, son fiscalizadas por la Secretaría de Transporte de La Nación. La potestad de controlarlas es una vieja aspiración de los gobiernos locales: actualmente la Ciudad no puede siquiera cambiar un recorrido. Teóricamente debería ser una buena noticia en tanto aumenta las prerrogativas de una ciudad autónoma.

Sin embargo, no hubo conversaciones previas; la Presidenta redobló la apuesta en una confrontación que parece encaminarse a un endurecimiento mayor de las partes. En el caso de los colectivos, algunos observadores opinan que también deberá intervenir la Legislatura y no es descabellado suponer que la Corte sea el árbitro final.

La otra cuestión inquietante es la perspectiva del aumento desmedido en el boleto, esta vez en el transporte colectivo que circula dentro de los límites de la Ciudad. Ya Macri lo aplicó en el subte sin anestesia, siendo que el gobierno nacional aun mantiene la mitad del subsidio en ese medio.

Como quiera que sea, la calidad institucional se debilita. Sin reparar en el daño eventual, un candidato a competir por la presidencia en 2015 pone en marcha un proceso de características temerarias y final incierto. Del otro lado, munición gruesa; no vaya a ser que parezcamos navegar al garete, sin nadie firme al timón. En el medio gente de a pié preocupada por el descenlace.