La crisis del Mercosur y las plantas de Celulosa

Por Hugo Presman

En un mundo conformado por grandes bloques económicos y con un poder hegemónico absolutamente desbalanceado como el que hoy encarna EE.UU, el MERCOSUR ha sido un intento defensivo y de sobrevivencia de los países que avizoraron que su debilidad individual podía compensarse en una unión de intereses comunes, negociando dentro de ellos los que son contradictorios.

El MERCOSUR tiene un funcionamiento limitado, consecuencia de la inexistencia de reglas claras y compensatorias. Cuando se unen, como es lógico, países de distintos desarrollos económicos, es imprescindible fijar políticas que se adelanten a los problemas originados en los crecimientos asincrónicos.

Una comunidad económica con el objetivo último de una Confederación Política debe asemejarse a un partido de polo. En este deporte, los jugadores de mayor handicap le otorgan una ventaja a los de menor capacidad. Si un equipo de cuatro jugadores, con 10 de handicap cada uno juega con otro en el cual cada jugador tiene 5 de handicap, el primero le otorga al segundo, al iniciar el partido veinte tantos de ventaja para que la competición sea pareja. La Comunidad Económica Europea intenta tener este diseño donde las economías más poderosas (Alemania, Francia, Italia) le dan handicap a Grecia o Portugal.

El ALCA, en cambio, ha sido planificado como un match de boxeo impúdico, donde un peso pesado de 90 kilos combate usando los dos brazos con un peso mosca de 49 kilos al que se le ata una mano, y donde el primero es a su vez el árbitro y el jurado. Esto se vende como muy beneficioso para el boxeador de menor peso.

En el interior del MERCOSUR, se han puesto en práctica alguna metodología larvada intrínseca al ALCA, al cual los países integrantes del MERCOSUR se oponen con diferente entusiasmo. Aquí se practica una pelea entre un boxeador de peso liviano como es Brasil, un gallo como es Argentina y dos moscas como son Paraguay y Uruguay, bajo la apariencia de la igualdad de condiciones. A lo cual se ha incorporado Venezuela, que cumple el papel de Tío Patilludo generoso, con una genuina vocación de integración continental.

José “ Pepe” Mujica, Ministro de Agricultura y Ganadería del Uruguay, e histórico de los Tupamaros, lo expresó sin eufemismos: “ Si Brasil no nos deja entrar nuestro arroz, la Argentina nuestras bicicletas y cuando tenemos la posibilidad de acceder a inversiones se oponen, el Mercosur no nos sirve para un carajo”

En este contexto es que estalla el conflicto por las plantas de celulosa.

LAS PLANTAS DE CELULOSA

Hace muchos años que el Uruguay ha promovido y fomentado las plantaciones forestales. Sobre esta base original, se están montando las fábricas Orión de la empresa Botnia y la M` Bopicua del grupo ENCE, de España. Ambas empresas tienen antecedentes de desidia ambiental. La española en las rías de Pontevedra y la finlandesa en Valdivia, Chile.

Dejamos sentado como un versión de amplia circulación y que fuera recogida por el editorialista de Clarín Julio Blank, que la radicación original de estas dos plantas era la Provincia de Entre Ríos, y que finalmente las empresas decidieron la otra orilla del Río Uruguay por el fuerte peaje, eufemismo de coima, que se exigió en la tierra de Urquiza y de Pancho Ramírez.

Hace ya varios años que el proyecto está en marcha, sin que la Cancillería Argentina intentara adelantarse al problema en su etapa embrionaria cuando más fácil es solucionar de común acuerdo los problemas a dilucidar. Es cierto que la Presidencia de Jorge Batlle era un escollo complicado, tanto como las preocupaciones de los gobiernos argentinos zarandeados por la más profunda crisis económica de su historia.

Podrían resumirse las quejas por la instalación de estas plantas, vistas desde el lado argentino como la contaminación del excepcional Río Uruguay, la muerte de los peces, los problemas de salud para sus habitantes y la liquidación de su principal industria que es el turismo.

Desde el lado uruguayo, luego de desechar los problemas ambientales, argumentan las ventajas: una inversión equivalente a más del 10% del PBI uruguayo, la mayor de toda la historia, la ocupación de mano de obra en un país carente de industrias, y la modificación de la composición de sus exportaciones. Toman para ello un ejemplo muy ilustrativo: donde la empresa Botnia fabricará pulpa de celulosa hoy hay una astilladora de eucaliptos y pinos. En su balanza comercial exporta astillas de bajo precio e importa papel caro. Esto, en otras épocas, se conocía como el deterioro de los términos del intercambio.

LA MALA CONCIENCIA ARGENTINA

En un trabajo realizado por Sergio Federovisky para el suplemento Futuro de Página 12 se sostiene: “ El país tiene escasa autoridad moral para reclamar a Uruguay que detenga una industria presuntamente contaminante. La Argentina queda, a los ojos de cualquiera que observe con desapasionamiento el asunto, presa del doble standard. Por un lado, aparece amenazando con ir a los foros internacionales a defender su derecho al ambiente sano y, por otro, el país tiene fronteras adentro un desbarajuste ambiental imposible de disimular.

Citemos un ejemplo pertinente. Argentina fundamenta su protesta diplomática por el tema de las papeleras en el recurso compartido- el río Uruguay- que aparece amenazado por este proyecto. Hace apenas dos meses, se dio a conocer un estudio realizado por Freplata- organismo ambiental binacional rioplatense- donde quedaba en evidencia la contaminación record del Río de la Plata. El informe contenía tres conclusiones categóricas respecto a ese “recurso compartido” entre Buenos Aires y Montevideo: a) que Uruguay había revertido la contaminación de origen cloacal que se había expresado en sus costas hace una década b) que la costa de Buenos Aires había alcanzado en ese mismo tiempo y hasta la actualidad niveles de contaminación similares al Riachuelo y el Río de la Plata c) que la casi la totalidad de la contaminación del Río de la Plata como cuerpo de agua se explica por la actividad incontrolada de las industrias radicadas del lado argentino y por la ausencia de tratamiento de los residuos cloacales de las ciudades emplazadas desde Santa Fe hasta Magdalena”

PROCEDIMIENTOS TÉCNICOS

La fabricación de celulosa requiere como primer paso eliminar la lignina que contiene la madera de los árboles. Eso se consigue con procesos en base de soda cáustica. Pero la pulpa que se obtiene es muy oscura, conservando residuos de lignina. Y entonces hay que blanquearla. ¿Como se hace? Tradicionalmente con el uso de cloro. Y aquí ingresamos a la etapa más contaminante. Hay un procedimiento con cloro gaseoso o cloro elemental, que hoy está prácticamente desechado por ser extremadamente contaminante dado la gran cantidad de dioxina y furanos que producía.

El método más generalizado, usado por estas plantas en el mundo, en más de un 80% incluidos EE.UU y Canadá, es el ECF, que en términos vulgares significa libre del cloro elemental. En lugar del cloro gaseoso usa dióxido de cloro con lo que reduce la contaminación del método anterior en un 80%. Este es el sistema que usarán las fábricas hasta ahora localizadas en Fray Bentos. La misma que emplea la más moderna planta de la Argentina: Alto Paraná.

En un informe del diario Perfil del 5 de febrero, con relación a Alto Paraná, la empresa forestal más importante de la Argentina fundada en 1976 y actualmente en manos de la empresa chilena Arauco, se recogen testimonios preocupantes en Misiones : “ Hay una manera infalible de saber cuando va a llover en Puerto Esperanza y también en Wanda a cinco kilómetros y en Puerto Libertad a diez. El olor a podrido avisa. Es fuerte y pasa de las fosas nasales al cerebro en segundos. Esos días mejor no respirar. Pero cuando el tiempo está bien, y el sol pega fuerte, el vaho ahí. Algo normal para la gente de la zona, que lo advierte pero lo soporta, como tantas cosas. Podemos decir que estamos casi acostumbrados al olor. Pero para quién viene de otro lado, hay días en que es difícil respirar. Es un olor fuerte, como a repollo podrido”

El ingeniero Enrique Martínez, Presidente Instituto Nacional de Tecnología Industrial ( INTI) dice que “la utilización de éste método no es porque sea más barato, sino porque el oxígeno y el agua oxigenada son muy potentes para eliminar la lignina pero no son tan potentes para darle brillo a la celulosa una vez convertida en papel. El factor principal para que el papel alcance el grado de blancura que se desea es el dióxido de cloro.

Lo óptimo es la utilización del procedimiento TCF (libre de cloro) donde se usa como blanqueadores de la pulpa de celulosa para obtener una pasta blanca, oxígeno, ozono, o peróxido de hidrógeno. Este método es el ideal en la actualidad y es usado en Escandinavia, Alemania, Austria e implica el 7% del total de las plantas de celulosa del planeta. Según Enrique Martínez, “se obtiene un papel más opaco y con menos resistencia en la fibra. No es casual que los papeles de mayor calidad se produzcan mediante el proceso que usa el dióxido de cloro. Ahí también ha habido presión de las organizaciones ambientales para reducir la contaminación, y efectivamente hay tratamiento de los efluentes con métodos biológicos que reducen la contaminación provocada por el cloro prácticamente a cero. A pesar de las protestas, la contaminación del Río Uruguay que se está discutiendo hoy no es por el cloro sino por el nitrógeno y el fósforo, que demandan oxigeno para oxidarse y hacen aumentar la cantidad de algas en el agua disminuyendo el oxigeno. Eso es lo que hay que asegurarse de evitar en la planta de tratamiento previo para que no constituya un problema.” Y afirma categórico en este reportaje de Página 12 del 1º de febrero: “Lo que se debe hacer es estar seguros de que aquí va a haber un tratamiento de efluentes equivalente al que se hace en Finlandia. Ahí es donde no ha habido hasta ahora documentación sobre el tema y eso genera dudas”

El senador Rodolfo Terragno, en un artículo publicado en la Revista Debate, sobre el tema sostiene: “Los efluentes no se limitarán a la cantidad (reducida) de dioxinas y furanos. Las papeleras liberan otros desechos, como metanol o amonios, menos agresivos pero no inertes. La firma alemana Julius Shulte Sohne, que tiene una planta en pleno Dusseldorf, procuró resolver el problema mediante un “circuito cerrado de agua”: el líquido nunca sale de la planta. El circuito cerrado- sistema que en la Argentina emplea Celulosa Campana- es un perfeccionamiento pero no la panacea. El agua que interviene en la producción de pulpa debe ser purgada, y las impurezas son, luego, quemadas o biodegradadas. Parte de los contaminantes que no fueron a un río, suelen terminar en el aire. Los residuos sólidos van a rellenar suelos.”

El otro problema, de aparente difícil o imposible resolución es el olor a huevo podrido (ácido sulfhídrico)

Acotado los anteriores, este sólo puede ser resuelto, aparentemente, cambiando la ubicación de las plantas, alejándolas de las zonas turísticas de Fray Bentos y Gualeguaychú.

EL CUADRO POLÍTICO

Los habitantes de Gualeguaychú consideraron, con razón, en función de una parte de la información disponible, que “su río”, el turismo y su futuro estaban en juego. El gobernador Busti, de una trayectoria, para ser benevolente, sinuosa, se puso al frente de los reclamos ecológicos para no dejarse arrebatar la bandera en su interna con el Intendente de Gualeguaychú. El ex Canciller Bielsa dio aire a las protestas. Kirchner las alentó procediendo como un político en campaña y no como un jefe de Estado que debe utilizar los recursos diplomáticos para solucionar un problema internacional. Los cortes de ruta, para poner el problema en la agenda nacional, provocaron del otro lado un abroquelamiento de todas las fuerzas políticas en torno de Tabaré Vásquez, en el marco de una profunda disconformidad con las políticas en el interior del MERCOSUR

Un nacionalismo provinciano empezó a reemplazar a un proyecto continental. Greenpeace agregó combustible a las llamas con un procedimiento belicoso sacado de las artimañas de Lord Canning. Es llamativo, para no ser más duro, la forma en que actúa esta agrupación ambientalista: en los países coloniales y semicoloniales, junto con los, a veces, justos reclamos ambientalistas, se encubre una posición fuertemente anti industrialista, es decir funcional a los países industriales. En cambio en el primer mundo su mayor preocupación es la muy loable sobrevivencia de las ballenas.

El Presidente uruguayo, a su vez, respondió como el político de un país víctima y no como el mandatario, que más allá de las diferencias actuales, tiene enorme puntos de contactos con el argentino. Es impensable, por historia, por tradición y por futuro un problema de semejante envergadura entre Uruguay y Argentina. Mucho menos ir al Tribunal de la Haya, una forma de patear la pelota afuera, sin resolver el problema.

Es bueno recordar, que por un verdadero problema territorial, como es Malvinas, Argentina nunca recurrió a esta vía.

DATOS COMPLEMENTARIOS

Argentina tiene sobre el Río Paraná, en la Provincia de Buenos Aires, frente a Entre Ríos, 4 plantas de celulosa. En Entre Ríos hay una sola en Ibicuy, a 123 kms de Gualeyguachú. Santa Fe, frente a Entre Ríos tiene una sola, y Misiones, frente a Paraguay tres plantas. Ninguna utiliza el procedimiento TCF, que como sostiene Terragno, Greenpeace y el gobierno de Entre Ríos le exigen al Uruguay. Es bueno, aclarar, que la producción de todas estas plantas no alcanzan a la mitad de la que producirán las de Fray Bentos que están en cuestión.

Uruguay tiene una sola planta de papel llamada FONAPEL ( Fábrica Nacional de Papel) instalada en Colonia, que produce apenas el 2,33% de las que fabricarán Botnia y Ence .

Con relación a la cantidad de personal ocupado se habla de ocho mil personas, pero el dato tiene la trampa, hábilmente manejada, de que incluye los que intervienen en la construcción de la obra que una vez terminada, cesan en su trabajo. Estos emprendimientos, una vez concluidos, se manejan con dotaciones reducidas.

En Finlandia hay 45 papeleras, 19 fábricas de pulpa y figura en los primeros lugares en todos los parámetros, entre ellos el de calidad de vida

HAY SOLUCIONES SI HAY VOLUNTAD POLÍTICA

Lo primero que deben hacer ambos gobiernos es bajarse del caballo. Debe realizarse una reunión cumbre entre ambos presidentes. Parar por noventa días la continuación de las obras y poner todas las cartas sobre la mesa. Simultáneamente durante ese tiempo no debe haber cortes de rutas ni camiones abasteciendo las obras. Debe respetarse la soberanía uruguaya, actuando en un pie de igualdad, al tiempo que se debe recordar y poner en vigencia, en la práctica, el Estatuto del Río Uruguay que es un río compartido por ambos países. Nada que pueda afectarlo se puede hacer sin el consentimiento recíproco. Y esto no va en detrimento de la soberanía de cada país. Deben descartarse los informes sesgados del Banco Mundial y los interesados de las empresas. Poner toda la documentación existente a la luz pública y designar una comisión de 6 técnicos de prestigio, con visión amplia, tres de cada país, y un representante político por cada estado, para que en función de lo ya hecho, de los procedimientos a que se comprometen las empresas, determinen como se los mejora para compatibilizar la seguridad ambiental y la industrialización. Dicha comisión deberá expedirse en un plazo perentorio de 90 días.

Se debe actuar sin fundamentalismos inconducentes. Como dice Rodolfo Terragno: “Está claro: la industria del papel, contamina. Si no se quiere vivir en una sociedad pastoril -dependiente de naciones industriales, capaces de administrar los riesgos ambientales y no renunciar a las fábricas- se necesitan de reglas que recorten los riesgos”

Se debe ser cuidadoso para que ni los gobiernos ni los pueblos queden ni se sientan derrotados. Y en el futuro, proponer la creación de un organismo de control binacional sobre todos los cauces comunes.

Como bien dijo Pepe Mujica: “el conflicto por las papeleras se ha transformado en irracional. Argentina no es un país hermano. Yo lo siento como un gemelo”

En las dilucidación correcta de la plantas de celulosa, sin vencidos, solo con los pueblos como vencedores, se podrá empezar a reformular el proyecto histórico del MERCOSUR. Basta que las partes recuerden la visión continental de Artigas y San Martín. A partir de allí, la solución está cercana.

Si no es así, lo que el conflicto irresuelto arrojará es una enorme contaminación política, con el olor podrido de un gigantesco fracaso. Entre sus brumas puede divisarse la sonrisa satisfecha del fantasma de Canning, del cadáver político de Bush, y el vuelo de rapiña de sus halcones.

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