La esclavitud puesta al descubierto en el caso del taller incendiado,
¿será única? Según un informe de
la OIT (Organización Internacional del Trabajo, afiliada
a la UN), que data de mayo de 2005, en el mundo trabajan en
condiciones de esclavitud por lo menos 12.300.000 seres humanos.
Una cifra que es indudablemente mayor, debido a la renuencia
de algunos países a mostrar, e incluso a registrar estadísticas.
Y no se trata de "bolsones" de esclavitud. Es una
práctica extendida en todas las sociedades, de acuerdo
al mismo informe de la OIT, recogido por el semanario People’s
Weekly World del 17-9-05. De aquellos doce millones y más,
unos 9 millones y medio viven en Asia y en la región
del Pacífico.
Es notorio lo artificial de la cifra que arrojan países
de Latinoamérica y el Caribe: 1.320.000 personas en trabajos
forzados. Tampoco es creíble la cifra que registran los
llamados "países en transición", eufemismo
que alude a los países del ex bloque socialista en Europa:
210.000.
El informe distingue varios tipos de trabajo forzado, esclavo
o a medias esclavo. La mayor parte, un 64%, representa explotación
en el sector privado de la economía. Un 11% responde
a la explotación sexual y un 20% está en el trabajo
bajo compulsión. Un 5% está bajo el difuso rótulo
de "otros". Hay una categorización por sexo.
El trabajo forzado no sexual es ejercido por el 56% de hombres
y niños, y el 44% por mujeres y niñas. Se desprende
de estos porcentajes una particularización del trabajo
infantil. De esas cifras, entre el 40 y el 50% son niños.
Todo esto en medio de la mayor impunidad, aunque en los distintos
países haya una legislación laboral que penalice
la explotación. Porque esto no es suficiente. El informe
propone, como primera solución, que "una mezcla
amplia de vigorosa legislación y políticas económicas
y sociales pongan en caja el problema estructural del trabajo
forzado". Esto significaría el cambio de las políticas
globalizantes de "libre mercado".
"Con la globalización se ha incrementado la competitividad,
y las fuerzas de mercado se han vuelto más duras",
dice Carolina O’Reilly, una alta dirigente dedicada al
Programa de Acción Especial en Trabajo Forzado, en la
sede ginebrina de la OIT. "Hay enormes presiones para reducir
costos, y desde ya que los directivos inescrupulosos responden
a estas presiones mediante la sobre explotación de la
fuerza de trabajo". El informe dedica considerable espacio
al tema del tráfico de seres humanos. "Cuando la
gente tiene dificultades para ingresar en un país, recurre
a los traficantes como solución, y así ingresan
en el mundo del trabajo forzado", agrega la funcionaria,
entrevistada por el citado semanario.
Esclavitud en el Primer Mundo
Para los trabajadores, en el llamado Primer Mundo no es todo
un campo florido; sobre todo si se trata de inmigrantes. En
estos días hay masivas marchas de trabajadores latinoamericanos
en distintas ciudades de los EE.UU., ante la posibilidad de
que la administración Bush endurezca las leyes de radicación.
El gobierno parece ciego, y no ve cuánto de la estructura
económica y de servicios de ese país está
sostenida por inmigrantes que vinieron del sur del Río
Bravo.
Pero por lo general, se cree que tanto los EE.UU. y los países
de la Unidad Europea están a salvo de la lacra del trabajo
esclavo. Sin embargo, hay una "esclavitud escondida",
y tienen que ver con los padecimientos de la esclavas sexuales,
provenientes de los países del Este europeo y traídas
a los EE.UU mediante el engaño de un empleo decente en
ese país, y los de muchachas norteamericanas, alguna
apenas adolescentes, que son raptadas para recluirlas en lupanares
clandestinos, hasta que se enferman, o se mueren, o no sobreviven
a un aborto clandestino. "Descubrimos situaciones de esclavitud
en 90 lugares diferentes, a lo largo y ancho de los EE.UU.,
desde Nueva York hasta California, incluyendo Texas y regiones
del Medio Oeste", afirma en reportaje concedido al People’s
Weekly World, John Patton, uno de los directores de la ONG Liberar
a los Esclavos, que trabaja en conjunto con el Centro de Derechos
Humanos en la Universidad de Berkeley, California. Da una cantidad
de 10 mil mujeres en esa esclavitud, pero estima que esta cifra
es inconsistente, porque hay infinidad de casos desconocidos;
de allí el título de "Esclavitud escondida",
dado al informe preparado por esas instituciones. "Mientras
los EE.UU. tiene sus leyes escritas en libros (el Acta de Protección
a las Víctimas de Tráfico), las leyes federales
no hacen mucho por rescatar a los que padecen esclavitud. Y
como las víctimas sienten temor por dirigirse a alguna
autoridad, debido a su estatus "ilegal’, se mantienen
en silencio. Y de este modo, la mayor ayuda recae en instituciones
no gubernamentales con magros presupuestos", concluye
Patton.
Redes de contención y solidaridad
Cuando las víctimas rescatadas de la esclavitud llegan
a vencer el temor y huyen de los antros de opresión y
crueldad, o se las ayuda a escapar, se encuentran como náufragos
si no hay red social que las contenga. A veces, ni siquiera
pueden pensar con claridad en posibles soluciones. Y esto nos
remite de nuevo a la tragedia del taller incendiado en Caballito.
El viernes 7 de abril, unos dos mil trabajadores marcharon
desde el barrio de Flores, el de mayor concentración
de talleres esclavistas, hasta Plaza de Mayo, frente a la Casa
de Gobierno, para protestar contra los dueños de esos
talleres textiles, a quienes acusan de explotación laboral.
Se trata de gente laboriosa que, por otra parte, necesita seguir
trabajando.
No alcanza con darles $400, como las autoridades les proporcionaron
la noche del incendio, para pagar un alojamiento precario y
provisorio, o habilitar la red de hoteles que la comuna de Buenos
Aires tiene en disponibilidad. Las necesidades más urgentes
no terminan allí. Los niños precisan que se les
repongan ropa y útiles perdidos en el incendio, vehículos
que los transporten a sus escuelas. Y ya liberados de su esclavitud,
los padres merecen recibir protección por parte de los
gobiernos nacional y comunal, y ser ayudados para obtener nueva
documentación. Y todos, niños y adultos, necesitan
comer.
Los dueños de los talleres intervenidos no sólo
han cometido un delito aberrante de lesa humanidad, sino que
también tienen deudas y/o defraudaciones por las que
responder al fisco, al ANSES y al gremio que los congrega, UTC
(Unión de Trabajadores Costureros). Desde su base en
La Alameda, la UTC, que desde el año pasado viene denunciando
casos de trabajo esclavo, elaboró un proyecto de ley
que garantizaría la expropiación de las maquinas
para ser usadas por los trabajadores damnificados.
¿No se podría ir más allá, apenas
un paso más allá, y expropiar estos talleres para
convertirlos en empresas cooperativas? Sobre todo, teniendo
en cuenta la enorme deuda que sus dueños tienen con los
obreros.
Los megaoperativos de rastrillaje, los sucesivos y permanentes
controles y otras medidas por implementarse tendrán éxito
sólo si se desbaratan las organizaciones mafiosas y las
empresas que están atrás y lucran con este sombrío
negocio, se castiga a los responsables, y se convierte un negocio
vergonzante y sombrío en una empresa transparente, gestionada
por sus trabajadores.
* Escritora, periodista, docente. Coordinadora
del Departamento de Literatura y Sociedad del Centro Cultural
de la Cooperación Floreal Gorini